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¿Cómo impactó la inflación en el gasto de los hogares?

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La inflación incide de distinta manera en el gasto de los hogares. No sólo hay diferencias por niveles de ingreso, sino también por su localización, ya que en el interior la suba de tarifas desde el inicio de la gestión de Cambiemos fue inferior a la de la ciudad de Buenos Aires, puesto que eran más altas. Hay, sin embargo, dos factores en común: el impacto del proceso inflacionario se tradujo en la reducción del consumo básico y en una pérdida del poder de compra del salario real que todavía no se recuperó en la mayoría de los casos.

Un trabajo del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de Córdoba (CPCE) señala que la estructura de la economía argentina está fuertemente influenciada por la evolución del tipo de cambio y que siempre las devaluaciones se trasladan a los precios. La Argentina tiene una alta dependencia de insumos importados para su industria, y sus exportaciones se componen de productos que integran la canasta alimentaria de los hogares, por lo que el tipo de cambio afecta por las dos vías.

El planteo del informe sobre la base de datos del Indec es que las subas tarifarias afectan más a los deciles inferiores. El primero gasta 3,2% de sus ingresos en electricidad, gas y agua, mientras que el décimo destina el 1,6 por ciento. En todos los casos, el principal componente del gasto es el rubro alimentos y bebidas: representa el 45% para el decil más bajo y 24% para el más alto.

En el caso del segmento de más ingresos, el segundo componente en importancia es transporte y comunicaciones, que implica el 20,4% de su gasto total (12,5% en el decil 1) y el tercero es esparcimiento, con el 11,5% (frente a 5,3% del más bajo).

Modo austero

Guillermo Oliveto, presidente de la consultora W, enfatizó a LA NACION que el “consumo modo austero” llegó “para quedarse”. Indicó que los argentinos comprenden que hay una “nueva normalidad” para la que deben reorganizar su estructura de gastos.

En tanto, desde la consultora Evaluacon, José Vargas indicó que hay dos etapas muy marcadas en el impacto inflacionario. Una etapa es la del año pasado, con una “fuerte baja del poder de compra”, ya que los salarios crecieron la mitad que los precios. En el desagregado por estratos sociales, las clases baja, media-baja y media registraron una caída del poder de compra de 25% promedio, mientras que en la media alta y en la alta fue del 5 por ciento.

“Este año la situación varió -agregó Vargas-. La inflación sigue siendo alta, pero cae. Se redujo la pérdida del poder adquisitivo, aunque no recupera lo de 2016”. Planteó que los segmentos medios y altos “buscaron refugios para evitar las pérdidas” y eligieron en su mayoría el dólar. A su criterio, la recuperación que tuvo el precio de la divisa no sólo se explica por la incertidumbre previa a las primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO), sino también por la demanda minorista.

Cubrir la brecha

Oliveto, en tanto, coincidió en que este año habrá una recuperación de tres o cuatro puntos del salario de los trabajadores (no alcanza para cubrir la brecha de 2016), pero insistió, asimismo, en que el consumo se ajustó a estándares “más lógicos, acordes con un modelo que combina consumo, inversión y ahorro”.

Acosta describió que en el rubro alimentos los deciles más bajos reconfiguraron sus hábitos para que el dinero les rindiera más. Por ejemplo, recortaron el consumo de lácteos, reemplazaron la carne vacuna por el pollo y eliminaron productos de panadería.

Vargas definió al consumidor como “más analítico y precavido” y proyectó que “difícilmente” se vaya a repetir el boom de consumo que empujó el PBI durante varios años del kirchnerismo. “El poder de compra se va reacomodando de manera permanente y las familias buscan un mix de financiamiento para mantener sus patrones de consumo, aunque hay fuertes diferencias por zonas”.

“La precisión reemplaza la tentación en los nuevos patrones de consumo -agregó Oliveto-. Esa modificación se instaló, no es una moda pasajera”.

Cifras que hablan

Los efectos inflacionariosse sienten en todas partes

20,4% Transporte

Es lo que representan el transporte y las comunicaciones en el gasto de una familia de altos ingresos

45% Alimentos

Es lo que representa alimentos y bebidas parael decil de ingresos más bajos

25% Caída

Es lo que cayó el poder de compra de las clases media y media-baja

La Nación

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“Los aumentos planchan aún más el consumo que retrasa su recuperación”

Los aumentos planchan aún más el consumo que retrasa su recuperación

Luz, peajes, prepagas, colegios, ABL, patentes, naftas y la cuenta –abrumadora– continúa. Los aumentos de tarifas y servicios de enero y febrero desinflan los bolsillos de los consumidores. ¿Estos “tarifazos” pueden profundizar aún más la caída del consumo?

“Sin duda van a impactar. Se disminuye el ingreso disponible y muchos de esos bienes y servicios son inelásticos, no hay opción de reemplazarlos. La incidencia de la energía, a nivel general, sigue siendo baja pero ya no tanto. Forma parte de una corrección de precios relativos que había que hacer, pero por supuesto va a tener impacto en otros bienes”, señaló Soledad Pérez Duhalde, gerente de Análisis Económico de Abeceb. Así, los especialistas aseguran que la recuperación del consumo llegará recién en el segundo trimestre, luego del cierre de las negociaciones paritarias.

Ayer, el Ministerio de Energía anunció que las tarifas de luz costarán un 79% más (aproximadamente 35% en febrero y 34% en marzo). Un aumento que, apenas pasado un mes del comienzo del año, se suma a una ya larga lista. Comenzó en enero con las subas de los precios de las naftas (8%) y ABL (38%) y patentes (17%) en la Ciudad de Buenos Aires, que también duplicó el valor de la hora de los parquímetros. A partir de este mes, el combo se agranda con 6% en las cuotas de las empresas de medicina prepaga (que en 2016 aumentaron 38%); una suba promedio de 52% en los peajes en las autopistas de Buenos Aires –se define este viernes– y en otras autopistas. En marzo, el impacto vendrá por el lado de las cuotas de los colegios y el gasto de la vuelta a clases (los útiles ya cuestan un 25% que en 2016). Este año también habrá subas en el servicio de gas (que superaría el 100%) y de transporte. Y nuevos aumentos en prepagas, luz y naftas.

“Ya lo vivimos en 2016. Hay un reacomodamiento de la pauta de consumo. Vamos a ver una penetración un poco más alta de segundas marcas, que en la Argentina es todavía muy baja. Pero no habrá una inmediata recuperación del consumo en el primer trimestre”, advirtió Pérez Duhalde. Habrá que esperar el impacto las paritarias.

Aunque el gobierno de Mauricio Macri plantea una inflación de 17% para este año, en las últimas semanas, las consultoras privadas ya corrigieron sus estimaciones, con un 1,8% para enero y hasta un 2% para febrero, lo que ubica el porcentaje anual más cerca del 25%.

“La magnitud de los aumentos no es trivial pero no creo que nos haga cambiar el escenario proyectado”, señaló Nicolás Alonzo, economista de Orlando J. Ferreres & Asociados. “Si bien hay que afinar un poco todas las estimaciones de inflación para este año y el aumento de la electricidad fue más alto de lo esperado estimamos una recuperación del salario real para 2017, de entre 4% y 3,8%. Y un incremento del consumo privado de 3,6% para todo el año”, añadió. Según sus proyecciones, ya hay ciertos rebotes en el sector de construcción y en el agro.

Luz García Balcarce, de Ecolatina, coincide en que lo que ocurra con las negociaciones paritarias será definitorio para determinar el impacto final del incremento de las tarifas sobre el gasto de los consumidores –para los trabajadores registrados, claro–. “Ante las elecciones de medio término, creemos que uno de los objetivos del gobierno es que los salarios se ubiquen por encima del aumento general de precios, que haya una recomposición del poder de compra. El reciente aumento anunciado, si bien puede comprometer la meta de inflación fijada por el Banco Central, buscará ser compensado por el Ejecutivo. En los próximo meses se esperan incluso nuevos aumentos. Sin embargo, consideramos que el Gobierno no va a resignar la mejora del salario real”, consideró. Ecolatina prevé un aumento del consumo total levemente por debajo del 3% anual.

Cronista

“El consumo y el empleo son variables clave para este Gobierno”

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Mirado en perspectiva, el consumo en 2016 deja un sabor amargo. Inflación, devaluación y pérdida de poder de compra crearon un escenario que el Gobierno busca revertir, sobre todo por el año electoral que se avecina. Un análisis elaborado por la consultora W indica que casi todos los rubros se vieron afectados por la contracción del poder adquisitivo en 2016 (del orden del 7% en el sector formal): alimentos, bebidas, cosmética y limpieza (-4%), indumentaria (-8%), electrodomésticos y tecnología (-15%) y gastronomía (-20% ).

En este contexto, “el dinero extra que ingresará a una gran parte de los hogares argentinos en este fin de año, debería mitigar estas contracciones en todos ellos”, dijo su titular, Guillermo Oliveto, asesor especialista en consumo, sociedad, comunicación y marcas, en una entrevista que mantuvo con el Económico.

–¿Qué resultados se pueden esperar de los incentivos oficiales y privados con el consumo?

–El consumo dejó ya de ser un tema meramente microeconómico y pasó adquirir una fuerte trascendencia social y, por ende, un fuerte impacto político. Hoy, aquí y en el mundo, vivimos en una sociedad de consumidores donde para la gente perder capacidad de consumo implica “perder libertad”. Los productos y las marcas operan como vectores de identidad. En función de lo que compro y muestro, soy. En ese contexto debe enmarcarse la importancia estratégica del empleo, no sólo como fuente de dignidad sino también como facilitador natural de la capacidad de compra. Desde esta perspectiva, entre otras, pueden comprenderse mejor fenómenos como el Brexit o Trump. El empleo como prioridad y la necesidad de consumir como fuente de satisfacción o enojo.

Bajo este marco conceptual, las recientes medidas políticas y económicas amplían su sentido. No se trata sólo de un “bono de fin de año”, sino de inyectar en esta maquinaria social el lubricante fundamental que le permite funcionar. El consumo es un gran amortiguador social y una fuente de gobernabilidad.

–¿En cuáles sectores impactarán los incentivos anunciados?

Debería mitigar las contracciones en todos. Claramente no logrará revertir a esta altura la tendencia anual, pero sí es probable que ante la proximidad de las compras de Navidad permitan oxigenar los cuatro grandes motores del consumo masivo.

–¿El consumo en 2016 es más parecido a 2014 o 2009?

–Definitivamente se asemeja mucho más a 2014 que a 2009. La inflación fue 38% en aquel año, y sería 40% este. El índice de confianza de los consumidores se encuentra en noviembre en el mismo valor: 43,9% ahora, 43,7 puntos en el mismo mes de 2014. La contracción del poder adquisitivo fue de 5 puntos en 2014. Es de 7 puntos este año. La venta de autos 0 km en el mercado interno fue de 688.000 unidades en 2014, sería de 700.000 este. La caída en la venta de electrodomésticos fue del 14% en 2014, sería del 15% este año. La de indumentaria fue 5%, sería 8% ahora. Todos valores de rango similar.

–¿Encuentra diferencias?

–La gran diferencia entre un año y otro hay que encontrarla en dos elementos. Uno de carácter fáctico y otro simbólico. El más concreto y tangible: las tarifas. La sociedad tuvo que comenzar a pagar algo que durante muchos años había retirado de su agenda porque era “casi gratis”. El gasto de los hogares se reconfiguró obligadamente para poder hacer frente a los aumentos en la luz, el gas, el agua, el colectivo, el tren y el subte. Hay que buscar aquí la explicación a la mayor caída en los productos de consumo cotidiano. La otra diferencia, la de carácter simbólico, se da en las expectativas. En 2014 había mucha confusión con respecto a lo que podía suceder en 2015. El sentimiento predominante era la incertidumbre. Hoy vemos una sociedad que mantiene sus expectativas positivas para el año próximo. Solo el 15% dice que la situación económica actual del país es buena, pero el 60% afirma que será mejor dentro de un año. Se verifica aquí que “el puente” del que ha hablado el presidente y una buena parte del Gobierno, existe. Una mayoría de los argentinos piensa que el 2017 será mejor.

–El Gobierno apostó a las inversiones para reactivar, pero ¿cuánto impacta el consumo en la economía en general?

–Desde mi punto de vista esta idea instalada de un gobierno pro inversión de Macri versus un gobierno pro consumo de CFK está más basada en el prejuicio que en los hechos. Al elegir el camino del gradualismo, el gobierno actual demostró que el empleo y el consumo también le importan. Si hubiera aplicado un ajuste de carácter clásico neoliberal, sería pertinente afirmar que se olvidó de la microeconomía. Pero si el propio presidente pretende que su gestión se mida por la capacidad en la reducción de la pobreza, por la generación de empleo de calidad, y por recuperar el crecimiento económico después de 5 años de estancamiento, claramente no está tomando ese camino que algunos suponían – en mi opinión erróneamente–, que sería el elegido.

–A su entender, ¿cuál es la estrategia económica del Gobierno?

–Lo que el gobierno actual ha definido y pretende es que la expansión del consumo vaya acompañada de una expansión de la inversión, para que el crecimiento de los mercados pueda realizarse de un modo sustentable y consistente en el mediano plazo sin el costo inflacionario. Recordemos que entre 2002 y 2015 el consumo de alimentos creció 70%, el de autos 580% y el de electrodomésticos 700%, todo medido en unidades. Pero la inflación fue el precio a pagar de expandir la demanda sin que creciera del mismo modo la inversión. Acumulado, el aumento general de los precios fue de 1300% entre la salida de la crisis y el final del gobierno anterior. Al promover la “Ley Pymes”, mantener el plan “Ahora 12” y el programa “Precios Cuidados”, desarrollar un Plan Productivo, establecer metas de reducción del déficit fiscal y de la inflación progresivas y graduales, y no de shock, el oficialismo ya había demostrado que el empleo y el consumo eran variables que estaban en su agenda. La inyección de fondos de fin de año no hace otra cosa que confirmar esta decisión estratégica que estructura gran parte de su política económica y social.

–¿Qué perspectivas tiene para el año próximo?

–Hay un fuerte consenso entre quienes siguen la “macro” de que la economía crecerá entre el 3 y el 5% en 2017. Bajo esa hipótesis, esperamos una expansión del consumo masivo del orden del 3%. Recuperaríamos de ese modo lo que se perdió este año. Los motores que prometen empujar son el campo, obra pública, un Brasil algo mejor, los fondos del blanqueo y algunas inversiones tendrían su consecuente impacto en la “micro”. Habrá más dinero en la calle. A lo que debe adicionarse, como un impulso nada menor, la condición de ser un año electoral clave. Es de esperar que ante un escenario de inflación sustancialmente menor a la de este año (en el rango del 20 al 23%), los salarios puedan ganarle por 4 o 5 puntos. La recuperación del poder adquisitivo en un contexto de precios más estables y comparables ayudaría a la recuperación del consumo. Como ya es bien conocido, a la hora de votar en nuestro país los argentinos miran la boleta pero también el bolsillo. El Gobierno lo tiene bien claro.

IECO

“Dos de cada tres personas cambiaron sus hábitos de consumo por los tarifazos”

Al cimbronazo de los anuncios de tarifazos sobrevino la cruda realidad de las facturas de gas, de luz, de agua tiradas bajo las puertas, y la reacción de los usuarios –algunos organizados para protestar e interponer cautelares que frenen los desproporcionados aumentos, otros resignados al padecimiento de sus bolsillos– comienza a mostrar conductas mensurables. En rigor, la mayoría de los ciudadanos manifiesta estar sintiendo el impacto del tarifazo en los servicios y el transporte, y el 61% de ellos afirma que ha debido modificar sus hábitos de consumo para hacer frente a los ajustes. El dato surge del último sondeo del Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano (COPUB), que habla de un comportamiento ya instalado entre los usuarios del área metropolitana: el control en el consumo de luz y gas e incluso la restricción en el uso del transporte público de pasajeros.

La encuesta indica que, de todos los incrementos tarifarios registrados en los últimos tres meses, el que más afectó la vida de las personas es el del transporte, señalado por el 41% de los entrevistados. En segundo lugar, postularon el aumento en el servicio de agua y saneamiento (con el 27% de las respuestas) como el que más perjuicios generó en las economías familiares, seguidos del alza en el servicio eléctrico (20%) y en el suministro de gas (6 por ciento). El orden asignado a cada ítem parece estar relacionado con la imposibilidad de controlar algunos de esos gastos. Quienes necesitan desplazarse un largo trayecto hasta sus lugares de trabajo o estudio no pueden evitar los aumentos en los boletos de colectivos, trenes y, próximamente, subtes, y para ellos la carga de la SUBE se ha vuelto un karma cotidiano. Lo mismo sucede con la gran mayoría de los 2,8 millones de usuarios residenciales que sirve AySA en el área metropolitana: sólo el 12% tiene medidor y la posibilidad de ahorrar. En consecuencia, entre los comportamientos que motivó el tarifazo, el 55% de los usuarios sondeados revela que observa un mayor cuidado en el consumo de gas y luz, y un 12% confiesa que debió restringir el uso del transporte público.

Para quienes necesitan desplazarse por trayectos largos, la carga de la tarjeta SUBE se ha convertido en un verdadero karma.

Lo concreto es que el tarifazo trastocó la vida de muchos, con guarismos que jibarizan cualquier recomposición salarial (ver aparte). Los usuarios residenciales más castigados deberán pagar incrementos en la luz y el gas de hasta el 400%, según el tope fijado por el gobierno, sin contar a aquellos que ya pagaron cifras aún mayores y les devolverán una nota de crédito en la próxima factura. Las boletas de AySA llegaron con aumentos de entre 217 y 375 por ciento. Y a principios de abril, los pasajes de trenes y colectivos en Capital y Gran Buenos Aires subieron un 100 por ciento. A este panorama se agregará en breve el alza del viaje en subte (ver aparte). Todo en el contexto de una inflación anual que, según reconoció el ministro de Hacienda y Finanzas Alfonso Prat-Gay, es del “40 o 42%”, antes  de puntualizar que “el trabajo sucio (o sea, el tarifazo) está mayormente hecho”.

“Podríamos haber realizado la encuesta cuando fue el anuncio, pero una cosa es saber que vas a pagar más y otra haber pagado. Lo que más molesta es el aumento del transporte, porque con las demás cosas la gente tiene alternativas, pero para llevar a los chicos a la escuela o ir al médico, por ejemplo, no tenés otra chance. Quizás otros rubros como la energía se van a sentir más en el verano por el uso del aire acondicionado”, explica Orlando D’Adamo, director del COPUB.

“Yo ahora no prendo la estufa ni con la orden de un juez”, dice Andrea Napoli, que vive en Liniers y, asustada por los 300 pesos de la última factura, sigue los consejos del presidente y el ministro del Interior: se abriga. “Me pongo bucito, buzo con capucha y hasta guantes en casa, sólo prendo la hornalla para el agua del mate”, agrega.

Otro informe sobre hábitos de consumo realizado a nivel nacional lleva hasta un 90% el porcentaje de consumidores que dicen haberlos modificado en lo que va de 2016, la tasa más elevada de los últimos 14 años, según el relevamiento del Instituto de Estudios de Consumo Masivo (Indecom), con énfasis en la sustitución de productos alimenticios y de higiene y en un menor uso del transporte público.

Más allá del control en el gasto de servicios de red, la baja del consumo se refleja en casi todos los rubros. El 62% de los encuestados reconoce que restringió su consumo de carne: el informe puntualiza que los consumidores vienen reemplazando peceto por falda, milanesa de peceto o bola de lomo por cuadrada, y que el consumo de carne picada se duplicó. Asimismo, el estudio registra en los primeros cinco meses del año un notorio descenso en el consumo de bebidas gaseosas (22,3%) –emparentado con un leve aumento de jugos en polvo diluibles– y de panificados tipo facturas (23,4 por ciento). En cambio, la venta de farináceos se mantiene estable y se incrementó la del rubro “fideos secos” (hasta 13%, según el punto de venta). Rocío Bangueses vive en Hurlingham y trabaja en Capital, y además de suprimir uno de los dos colectivos que tomaba (más el tren), cambió la marca líder de leche que bebían sus hijos por una segunda marca, y “se acabó la carne tres veces por semana, ahora compro pollo que es más económico”.

El sondeo también arroja luz sobre los cambios en el transporte: un 18% de los consultados del segmento ABC1 adquirió su tarjeta SUBE en los últimos 60 días, y el 86% reconoció que usa menos el auto por los aumentos en naftas, peajes y estacionamientos. Sin hablar de quienes optaron por renunciar al transporte público y son cada vez más. Santiago Kahn, docente, dejó de subirse al 96 para ir de Flores a Constitución para dar clases en la Facultad de Ciencias Sociales: “Aunque haga frío, prefiero usar la bicicleta y ahorrarme el pasaje”.

Según Miguel Calvete, titular de Indecom, “si se establece  una comparativa de cambios de hábitos, la situación actual sólo es superada por los cambios reflejados durante el primer semestre de 2002”.  «

Cuestionan el nuevo tarifazo en el subte

Randy Stagnaro, > @randystagnaro

El tarifazo en el subte es por ahora un anuncio en camino de hacerse realidad, en torno de la tercera semana de julio. La suba impulsada por el gobierno comunal que dirige Horacio Rodríguez Larreta es un duro golpe al bolsillo popular, del 67 por ciento. Según las encuestas publicadas por este diario, las subas en el transporte son las que más aquejan a la población.

Si se concreta este plan, el valor del pasaje de subte quedaría un 25% arriba del boleto mínimo de colectivo. En un informe elaborado por el ex titular de Aerolíneas Argentinas y ex candidato a Jefe de Gobierno porteño por el FPV, Mariano Recalde, se trata de una “política descoordinada e incoherente”.

La explicación del gobierno comunal porteño para justificar la suba ha sido fuertemente criticada por la oposición. El planteo de los funcionarios, basado en los números proporcionados por la empresa Subterráneos de Buenos Aires Sociedad del Estado (Sbase), es que la suba se explica por el aumento de costos de explotación, cuyo total dividido por la cantidad de pasajeros arroja lo que se conoce como “tarifa técnica”. Es decir, es lo que pagaría el usuario sin los subsidios.

Pero para Marcelo Ramal, legislador del FIT-PO, “han inflado la tarifa técnica un 53%, eso es inaceptable”. El legislador indicó que “la tarifa técnica que invoca Sbase para justificar el aumento es falsa. La ubican en $ 13,37 cuando no debería superar los $ 8,76. Sbase ya fue cuestionada por la Auditoría de la Ciudad en 2013, cuando calculó en $ 4,89 la tarifa técnica que para Sbase era $ 7,47. Si a la tarifa de $ 4,89 de la Auditoría, le aplicamos la inflación del período, calculada por el propio gobierno, hoy la tarifa técnica tendría un valor de $ 8,67. Metrovías tiene que abrir sus libros..

En su informe, Recalde aseguró que “la documentación que acompaña la tarifa técnica está muy cerca de poder calificarse como un mamarracho”. Así, Recalde aseguró que “según los propios números presentados por la empresa concesionaria, que han sido validados y utilizados por el GCBA, para justificar el aumento, se muestra que la ‘tarifa técnica’ se ha incrementado un 30%, mientras que la tarifa que debe abonar el pasajero, de aprobarse la medida, se incrementaría un 67 por ciento. Ahora bien –agrega–  dichos aumentos del 30% son entre junio de 2014 y junio de 2015.” El informe advierte que la cantidad de pasajeros podría decaer un 7% por el impacto de la suba del boleto. Esta suba se da en el marco de un aumento de los subsidios a Metrovías del 27,8%, los que sumarán 1643 millones de pesos este año. «

Los salarios, lejos de los precios

R. S.

La caída generalizada del consumo y los cambios en las pautas tradicionales de cada familia están causados por la cada vez mayor distancia entre los salarios y el precio de los productos.

En el caso de la Ciudad de Buenos Aires, el valor de la canasta familiar subió un 22,12% entre el 1º de enero y el 31 de mayo. Se trata de una medición del gasto de una familia compuesta por dos adultos, dos niños de seis y nueve años y que es inquilina.

La medición tiene el valor de formar parte de una serie estadística, aunque en voz baja se dice que las cifras están pensadas para “gastos moderados”, tanto en lo que hace al valor del alquiler como al del consumo de alimentos.

Como fuere, no hay estadísticas ciertas sobre la evolución de los salarios, ni a nivel nacional ni en la Ciudad. En ambos casos, los datos están congelados a diciembre de 2015.

Así, las comparaciones sólo pueden hacerse de manera parcial. Por caso, el 15% de la población empleada en la Ciudad de Buenos Aires se desempeña en el comercio. Este sector recibió un aumento salarial desde el 1 de abril del 20%, cobrado en mayo. Es decir, este sector de trabajadores soportó prácticamente toda la suba de los precios y las tarifas sin ningún aumento en su salario. En el caso de los asalariados de la construcción representados en la UOCRA, la suba desde el 1 de abril fue del 22 por ciento. Aquí valen las mismas consideraciones que para los empleados de comercio. Si el trabajador se desempeñase en la metalurgia, representado por la UOM, su aumento salarial habría sido el mismo: 20% desde abril hasta julio, cuando se le agregará un 7 por ciento.

Es decir, los asalariados porteños sobrevivieron a los primeros cuatro meses del año, golpeados de lleno por los tarifazos, con salarios congelados desde el último trimestre de 2015, al menos.

En el gobierno aseguran que lo peor de la inflación ya pasó y que ahora los salarios recuperarán lo perdido. Es difícil que este vaticinio se cumpla, ya que la inflación parece estabilizarse en torno del 1,8-2% mensual y no hay aumentos salariales de esa magnitud a la vista.

SEGUNDAS MARCAS Y PROPIAS

Juan Manuel Primbas, Analista de consumo, Director de Kantar Worldpanel Argentina.

Los ajustes en servicios públicos y transporte impactaron fuerte en la capacidad de gasto de los hogares. Sólo los de niveles socioeconómicos altos y medios pudieron sostener su nivel de consumo gracias a una ecuación positiva entre cantidad comprada y visitas al punto de venta.

El consumidor remplazó primeras marcas por segundas o marcas propias, en lugar de intercalarlas en la compra. Así, las primeras cedieron un espacio a otras más económicas, y las segundas opciones reforzaron su propuesta al consumidor, con mejoras de producto, comunicación y precios competitivos, y de hecho están alcanzado excelentes niveles de aceptación en sus compradores. La estrategia de precios marcó la evolución de las primeras marcas. Las que optaron por una menor variación de precios tuvieron una mejor performance.

Los consumidores no sólo mencionan que reducen sus actos de compra sino que lo hacen. E intentan evitar los viajes de compra o puntos de venta en los que pueda gastar más de lo planeado.

Los consumidores argentinos están desarrollando estrategias que les permitan hacer rendir su presupuesto, como la búsqueda de promociones, marcas de menor valor, la compra de envases o formatos más económicos, la priorización de canales que permitan “no tentarse” y encontrar alternativas de precio reales.

OBLIGADOS A UNA CONDUCTA RACIONAL FRENTE A LAS GÓNDOLAS

Emiliano Schwartz, Consultor en consumo, Gerente de Negocios de la unidad Cuore de CCR

Los hábitos de compra están cambiando para adaptarse a esta nueva situación en la que sobresale, durante los meses transcurridos de este año, la caída del consumo. Hacer compras mayoristas, recorrer comercios en búsqueda de precios bajos o elegir productos de segundas marcas o marcas propias son algunos de los recursos más utilizados por los consumidores. Estas acciones las atribuimos a un mix de factores que incluyen la caída del poder adquisitivo, producto de la ecuación precios nuevos-salarios viejos, y la decisión de los consumidores de tomar una actitud más racional frente a las góndolas. La búsqueda de la mejor relación precio-calidad se ha vuelto un imperativo del momento, que de acuerdo al Estudio Pulso Social tiene una expresión concreta: la proporción de consumidores “racionales” pasó del 42% en 2015 al 51% este año.

En tanto, los que prefieren comprar productos de marca aunque deban pagar un poco más, disminuyeron 4 puntos respecto del año pasado, representando el 31% del total. El 19% restante de los consumidores se definen como economicistas, buscando los productos más baratos.

Donde más se nota esta conducta racional de los consumidores es en la compra de aquellos productos que ofrecen mayor diversidad de precios, como los alimentos frescos y los productos de higiene y cuidado personal. Además, están concurriendo a una mayor cantidad de puntos de venta (cada comprador acude a casi cinco comercios en promedio) para comparar precios y de ese modo mitigar el impacto de la inflación.

Si hay una ventaja que tienen los argentinos frente a un escenario de escalada de precios es que, en los últimos años, han adquirido un muy buen training en lo que a consumo inteligente se refiere. Por este motivo ya no muestran tanto recelo a la hora de inclinarse hacia alternativas que antes despreciaban.

Y las grandes “reinas” de esta modalidad de consumo más cautelosa resultan las marcas propias de los supermercados. El “boom” de esta alternativa entre los argentinos comenzó en realidad durante el año pasado, cuando las ventas de artículos de marcas propias de los retailers crecieron un 20% en volumen.

Los desafíos para las empresas de consumo masivo son grandes. Tendrán que trabajar en los vínculos emotivos para reconquistar a sus clientes, para no perder terreno. A la hora del consumo, hoy el racional se impone frente al “marquista”.

Tiempo Argentino


Autor

Emiliano Schwartz

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