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“El consumidor 2015: entre el ajuste y la resignación”

Por donde se lo mire, la contracción del consumo en 2014 marcó el peor registro de la década. Un estudio de la consultora W destaca que todas las variables analizadas cayeron, incluso por debajo de 2009: autos, motos, ventas en shoppings, electrodomésticos y supermercados. Lo más preocupante y significativo, y que permite observar la envergadura de la recesión, es que también cayó 2,2% la venta de artículos de consumo masivo.

La categoría incluye alimentos, bebidas, cosmética y limpieza, es decir, casi todo aquello que la gente nunca se resigna a dejar de consumir. Las perspectivas generales para 2015 son entre cautas y pesimistas. “El mejor escenario es no seguir cayendo. Si la coyuntura y el contexto son similares al año pasado, se puede inferir que el consumo se mantendrá estancado”, resumió Juan Manuel Primbas, country manager de la consultora Kantar Worldpanel. Si bien los estudios especializados difieren en algunos porcentajes, hay una coincidencia general: la economía se achicó y la caída del consumo perforó el piso de la crisis de 2009. La diferencia es que en 2010, el Gobierno –con muchas más reservas de dólares y superávit fiscal– logró incentivar la demanda. Hoy, las condiciones son muy distintas.

Guillermo Oliveto, director de W, compara el ánimo de la gente. Entre 2010 y 2011, el consumidor promedio era alegre y oportunista compulsivo. El del año pasado, en cambio, está “preocupado y frustrado”. Tales sensaciones se reflejan en las estadísticas. Los expertos remarcan una diferencia sustancial: una cosa es no poder cambiar el auto, comprar una moto o una heladera. Otra muy distinta es resignar la gaseosa, el yogur o un shampú. Con una inflación en torno al 38% y las paritarias promediando el 32%, produjo un efecto corrosivo en la demanda de los productos que componen la canasta familiar.

Para ese segmento tan sensible y primordial, representa la primera caída anual desde la salida de la crisis de 2001/2002. Las proyecciones de los analistas y las cadenas comerciales, como ya se dijo, oscilan entre la cautela y el pesimismo liso y llano. “La demanda de alimentos secos envasados, frescos y congelados, bebidas con y sin alcohol, golosinas, limpieza, cosmética y tocador cayó un 1,4%”, explica José Ignacio Amodei, director de Trade de la consultora CCR. A su entender, la tendencia se profundizará aún más este año: “Prevemos una nueva retracción, cercana al 2%”, añadió.

Para Amodei, hay dos factores que explican la contracción. Por el lado de la oferta, es decir, por parte de los super e hipermercados, está la limitación de la entrada de insumos y productos terminados, básicamente por las trabas a las importaciones. La demanda, en cambio, fue afectada por la inflación y la caída del salario real, producto del desfasaje entre la inflación y las actualizaciones salariales. “El salario se viene ubicando por detrás del alza de precios, lo que genera pérdida del poder adquisitivo. Esto, sumado a la suba de impuestos, produjo cambios en los hábitos de compra para sostener o resignar lo menos posible las compras habituales”, señaló el entendido. El cuadro actual viene configurándose desde fines de 2011. “Ya en ese entonces apreciamos una tendencia declinante en la demanda”, sostiene Amodei.

Sin disentir demasiado, Primbas trata de segmentar el desempeño de las diferentes categorías de productos que componen la canasta familiar: “El consumidor se vio obligado a reorganizar los gastos de su hogar, y su reacción fue clara y racional”. Este experto puntualiza que, en este marco austero y recesivo, “los productos básicos, como pastas, yerba, aceites y papel higiénico, entre otras, mantuvieron un volumen estable”, es decir, no cayeron tanto como los rubros considerados prescindibles, como sopas, cereales, cremas corporales y faciales. Así las cosas, el estudio de Kantar indica que la caída en este segmento fue del 13%, mientras que los artículos básicos mantuvieron su nivel.

“Los consumidores están entre el ajuste y la resignación”, sentenció. El cuadro, en 2015, podría empeorar, según evolucionen variables clave, como la inflación, el nivel de actualización salarial acordado en paritarias y la fecha del cierre de esas negociaciones. “En 2014, los salarios contra la inflación perdieron entre 5 y 6 puntos. Para decirlo más claro, el poder adquisitivo perdió un 20%. El problema es que no sabemos cómo ni cuándo cerrarán las paritarias este año”, analizó. Además, al tratarse de un año electoral, los pronósticos se dificultan. En este sentido, “el pronóstico más optimistas es que el consumo se mantenga que el año pasado. De todos modos y en el mejor de los casos, no tenemos indicios de que se recupere lo que ya se perdió el año pasado”, dijo.

Desde las alturas “El consumo cayó y fuerte, es verdad, pero desde una base muy alta. Eso también es verdad”, destaca Guillermo Oliveto, de la consultora W, para ponerlo en perspectiva. La expansión de la economía y la recuperación salarial de los primeros años fue perdiendo fuerza producto, básicamente, de la aceleración inflacionaria. La curva declinante, sin embargo, nunca afectó al consumo más básico y elemental, hasta el año pasado. “La caída (de la economía) tiene múltiples efectos. Impacta en los puestos de trabajo, en los hábitos de compra, en el humor social, y en la política”.

Y eso se observa en los resultados de una encuesta que realizaron en conjunto las consultoras W y Trial Panel: “El 86% de la gente dijo que en 2014 recortó sus gastos; el 70% plantea que fue un año donde disminuyó su poder adquisitivo, y el 50% se manifestó preocupado por su situación laboral. Todo eso conduce a que el 76% haya dicho estar preocupado; el 57%, triste; y el 56%, cansado”, explica Oliveto. La misma situación se repite en los principales segmentos de la economía. La venta de autos, por ejemplo se derrumbó un 28% el año pasado. Habría que ponerlo en perspectiva, porque la cifra surge de la comparación con las 956.884 unidades nuevas que se colocaron en 2013, récord absoluto. En total, según datos de ACARA, se patentaron 683.485 autos 0km, un mercado que los fabricantes y concesionarias consideran “bueno”.Con respecto a este año, desde la industria no quieren arriesgar pronósticos.

Por un lado, las terminales se quejan por las dificultades que existen para importar insumos y porque el Gobierno no les gira los dólares que necesitan para cancelar los pagos al exterior. “No tenemos pronósticos. La realidad es que no sabemos qué medidas tomará el Gobierno, si habrá autos para vender y si se lanzarán planes de financiación. No se puede hacer futurología. Recién en marzo tendremos un panorama más claro”, reconoció a iEco Dante Alvarez, vicepresidente de la ACARA, la cámara de las concesionarias. Pronóstico difícil. El sector automotriz afronta un escenario repleto de incertidumbre. Por el cepo al dólar, las trabas para importar y la suba de impuestos, las ventas en enero de este año cayeron casi un 40% con respecto al mismo mes de 2013. En total, se patentaron 65.550 unidades nuevas, que contrastan con las 108.101 de enero del año anterior.

Enero es un mes clave, pero engañoso para sacar conclusiones, ya que la gran mayoría corresponde a ventas realizadas en diciembre y noviembre y que se tramitan después para que los autos no pierdan valor.Casi a la par del sector automotor, las ventas de motos también cayeron abruptamente. Por razones parecidas, en 2014 se patentaron 483.736 motocicletas, lo que representa un descenso del 32% con respecto al año previo, “en el que se había establecido el récord, con 712.167 unidades colocadas”, dice una estadística de la Asociación Argentina de Motovehículos.

Concesionarios y armadurías del sector plantean reclamos similares a las automotrices: falta de dólares para importar y pagar kits con las piezas necesarias para ensamblar motos. La falta de mercaderías, en casi todas los mercados de bienes durables, es la principal dificultar que afrontan no sólo para vender sino para planificar el año. Hay incertidumbre detrás del mostrador. Y delante de las vidrieras.

Una caída que perfora los índices de 2009

En cuanto a consumo, economistas y analistas coinciden en señalar que 2014 fue el peor año de la década. De este modo, y con una contracción del PBI de entre 1,5% y 2%, el año anterior perforó casi todos los indicadores de 2009, los más bajos del ciclo kirchnerista. Por ejemplo, según un estudio de la consultora W, en 2009 las ventas de autos 0km cayeron un 19%; los shopping, 2% y electrodomésticos, 10%. A diferencia de lo que ocurrió el año pasado, las ventas en supermercados y productos de consumo masivo crecieron 4,4% y 1,6%. En 2014, ningún rubro zafó de la recesión.

Al compás del consumo, la evolución de la economía y la incertidumbre política, el humor social va mutando. Así las cosas, el especialista Guillermo Oliveto, entre 2010 y 2011 califica al consumidor promedio como “alegre y oportunista compulsivo”. Entre esos dos años, prevalecía el comprador entusiasta y buscador de ofertas y promociones. Los dos años siguientes, entre 2012 y 2013, con la aceleración inflacionario, el reforzamiento de los controles cambiarios y la incertidumbre, se pasó al consumidor “alerta y calculador”. Desde el año pasado, con la ampliación de la brecha entre la inflación y los acuerdos paritarios, surge el consumidor “preocupado y frustrado”.

Para entender tales cambios de “personalidad” en el consumidor promedio, el estudio de la consultora W calcula que la pérdida del poder adquisitivo real ronda el 5%. Básicamente por esta razón más la incertidumbre creciente por el nivel de empleo, la retracción del consumo afectó a los artículos más elementales: alimentos, bebidas, tocador y limpieza. Y no sólo eso. Además, y por primera vez desde la crisis de 2002, las segundas marcas vienen incrementando su preponderancia. Para W, “las primeras marcas perdieron el año pasado 2,8% del market share”.

Todos los datos alumbran un nuevo escenario, tanto para los consumidores como para los comercios. El desafío para 2015, coinciden los expertos, es mantener el mismo nivel de ventas del año pasado.

Mercados en clave electoral

Para proyectar lo que puede suceder con el consumo, deben considerarse dos elementos centrales que exceden su propia lógica y que dependen del Gobierno. El primero es la resolución o no del conflicto con los “holdouts”. El segundo, la probable vocación del oficialismo por recuperar el vínculo con una parte de la ciudadanía a través de incrementar su poder de compra. Naturalmente, ambas decisiones están fuertemente conectadas: para incrementar la capacidad de consumo de la población y esperar un rédito político-electoral, hay que tener con qué.

El kirchnerismo se ha caracterizado a lo largo de toda su gestión por estimular el consumo. Esta política tuvo réditos claros, como la fuerte reducción de la tasa de desempleo, el incremento exponencial entre 2002 y 2013 en la demanda de muchos bienes, o el gran triunfo en las elecciones de 2011 con el 54% de los votos. Y tuvo también fuertes costos colaterales: el más notorio, la creciente inflación. El segundo de ellos, la pérdida de la confianza en el peso y la fuga hacia el dólar, que terminó afectando las reservas y por ende la economía, vía restricción de importaciones, múltiples tipos de cambio y cepos varios.

Para trazar alguna hipótesis sobre 2015, vale la pena analizar lo que sucedió en 2014. Y lo primero que debe decirse es que acabamos de concluir el peor año en la evolución del consumo masivo desde 2002. Por primera vez en toda la gestión “K”, cayó 2,2% la venta de alimentos. Del mismo modo, no puede dejar de observarse que, sin embargo, la dinámica de los mercados continuó siendo “razonable” en la mayoría de los sectores económicos. Lo que en principio puede leerse como una contradicción, expresa en realidad la dualidad del momento actual.

El consumo cayó y fuerte. Es verdad. Pero desde una base muy alta. Volvemos ahora a nuestro interrogante inicial: ¿qué sucederá en 2015? En base al análisis de lo que sucedió en 2014, de lo que ha hecho el kirchnerismo a lo largo de toda su gestión y de lo que se pone en juego este año que comienza desde el punto de vista electoral, es plausible pensar que, de algún modo, el Gobierno va a intentar estimular nuevamente la demanda. Habrá que ver cómo y con qué recursos. Si esto sucediese, podemos imaginar un consumo que el año 2015 claramente no vivirá un boom como en 2011, y que tendrá como objetivo de máxima evitar una contracción tan marcada como la de 2014. Sería un año de “empate” o a lo sumo de crecimiento moderado, pero crecimiento al fin.

IECO

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“Volvieron hábitos de consumo propios de la crisis”

Lejos de vislumbrar una recuperación del consumo, los comercios mayoristas proyectan una profundización de la recesión para lo que resta del año y alertan que la baja en las ventas es acompañada por el regreso de hábitos de consumo típicos de momentos de crisis.

Si bien los empresarios del sector son muy enfáticos a la hora de aclarar que la situación es mucho menos preocupante que la que se veía en 2001, a la vez reconocen que en los últimos meses los consumidores están retomando algunas prácticas que se popularizaron en plena crisis de la convertibilidad, como el avance de las segundas marcas, las compras más acotadas, la preponderancia de las categorías más básicas en los changuitos y la multiplicación de las familias visitando los comercios mayoristas.

Los distribuidores y supermercados mayoristas son un buen termómetro para analizar la marcha del consumo y anticipar lo que puede pasar en los próximos meses, no sólo porque sus clientes son los pequeños comercios minoristas -desde los quioscos y almacenes de barrio hasta los autoservicios chinos-, que controlan más del 40% de las ventas de alimentos y bebidas a nivel nacional, sino también porque se trata del canal con un acceso privilegiado a la base de la pirámide, que históricamente no visita las grandes cadenas de supermercados.

“Está claro que la situación actual está muy lejos del contexto caótico que se vivía en 2001, pero en materia de consumo hay muchas características parecidas. Las compras son más pequeñas y están ganando terreno las segundas marcas, en especial en el interior del país, porque las economías regionales están muy golpeadas”, advirtió Alberto Guida, presidente de Cadam, la cámara que reúne a los supermercados y distribuidores mayoristas.

A la hora de explicar las causas de la caída del consumo, la primera razón que salta a la vista es la inflación. “Los aumentos de precios están afectando el poder adquisitivo de la gente. En nuestro caso, trabajamos como distribuidores con más de 10.000 pequeños comercios. Hasta hace unos meses, esos clientes buscaban stockearse para protegerse de la inflación, pero hoy ya no pueden hacerlo y se siente en las ventas. El primer semestre cerró con una baja del 8% en volumen y para la segunda mitad del año esperamos una profundización, con un descenso del 10 o 12%”, explicó Lucio Di Santo, presidente de Micropack, uno de los distribuidores mayoristas más grandes del interior.

Los mayoristas además advierten que el poder de compra de los hogares también se ve afectado por otros factores adicionales a la inflación, como la mayor presión impositiva vía Ganancias y la quita de subsidios en los servicios públicos, que golpean con fuerza a los clientes que tenían más resto para gastar en sus locales. “La primera mitad del año no fue buena y creemos que la segunda va a ser mucho más floja”, sostiene Rodolfo Vaccaneo, socio de la cadena Masivos, que cuenta con dos locales mayoristas en Mataderos y Devoto. “Las economías familiares están muy afectadas por los aumentos de precios, los impuestos y factores más nuevos como las subas en las boletas de gas y, próximamente, en las de la luz”, agregó el empresario.

En el interior, además, alertan sobre el impacto en el consumo que empieza a tener el factor empleo. “Los despidos y las suspensiones se sienten en especial en algunas plazas muy ligadas a la industria automotriz. Para nosotros, el primer semestre cerró con una baja del 3% en unidades y un crecimiento de la facturación del 27%, es decir, claramente por debajo de la inflación”, señaló Carlos Novillo, socio de Líder, un autoservicio mayorista de perfumería con base en Rosario y que atiende a todo el país.

La recesión de la que dan cuenta los mayoristas también se ve reflejada en los relevamientos de ventas que realizan las principales consultoras del sector. Kantar Worldpanel, que pertenece al grupo WPP, la mayor multinacional de publicidad y marketing del mundo, informó que el primer semestre del año cerró en el mercado argentino con una baja del 1,6% en el volumen de compras. “El consumo en el 80% de los hogares se contrajo más de 2%, y toda la caída se dio en el interior del país”, explica Juan Manuel Primbas, director de Kantar Worldpanel. “La expectativa para 2014 es que la caída del consumo represente el 3 o 4%, generando una mayor incertidumbre para 2015. En este contexto, la clave sigue siendo intentar anticipar cambios de hábitos, donde se destacan dos fuertes tendencias: que el interior del país es hasta el momento el más golpeado por la recesión y el enfriamiento del consumo, y que el consumidor prioriza gastos, y los productos de mayor valor se vuelven realmente prescindibles”, puntualiza.

Los datos de Kantar están en línea con los de CCR, que hace un par de semanas había informado que en el primer semestre las ventas había caído 1,3% y con una preocupante tendencia a que se profundice la baja, ya que en junio se había registrado un retroceso de 4,3 por ciento.

Vuelve el viejo atajo para enfrentar la inflación: el mayorista

Tendencia. Como si se tratara de un recuerdo de 2002, los hogares argentinos están encontrando en el supermercado mayorista una herramienta para hacer frente a la inflación y al deterioro del poder de compra de sus salarios. De acuerdo con el relevamiento que hace la consultora CCR, uno de cada cuatro consumidores argentinos visitó al menos una vez en los últimos treinta días una tienda mayorista, cuando hace dos años el porcentaje no superaba el 16 por ciento.

El principal atractivo que ofrecen cadenas como Makro, Vital, Diarco, Yaguar o Maxiconsumo pasa por el ahorro de entre 15 y 20% que se puede obtener comprando al por mayor, aunque en CCR destacan que la expansión de este canal se inscribe en un proceso más amplio de eliminación de las compras impulsivas y crecimiento del stockeo en especial en los hogares de clase media y media alta. “Los mayoristas son elegidos en forma casi exclusiva por los buenos precios que ofrecen y su peso cada vez mayor se explica a partir de la necesidad que tiene la gente de recortar gastos”, explicaron en CCR. “El recorte de gastos atraviesa todos los segmentos socioeconómicos y en el caso de la clase media alta s es acompañado por la incorporación de hábitos de compra típicos de la clase media y baja, como la incorporación de los mayoristas como lugar de visita”, agregan en la consultora.

TIEMPO DE VISITAS

En CCR precisan que los mayoristas no son los únicos beneficiados por los cambios en los hábitos de los consumidores y destacan que hoy los consumidores reconocen que están visitando en promedio 4,5 comercios distintos al mes contra los 3,6 de hace dos años. “Se rompieron las fronteras en materia de consumo. Cada vez se ve a más familias en los mayoristas, especialmente los primeros días de mes, y los que compran una vez vuelven, porque ven el ahorro en plata que logran. Pero como contrapartida también se ve que cada vez hay más comerciantes que buscan las ofertas de los grandes supermercados. Antes los comerciantes dedicaban el 90% de su tiempo a la venta y sólo un 10% a la compra. Ahora los porcentajes están mucho más equilibrados”, explican en Vital, una de las cadenas mayoristas que más se está beneficiando por la llegada de consumidores finales a sus locales.

CONVIVENCIA DE CLIENTES

El vuelco de los consumidores por las compras al por mayor es acompañado por un aggiornamento de las propuestas comerciales de los supermercados mayoristas, que están agregando líneas de caja, ampliando los horarios de atención al público e incorporando líneas de pago, que se suman al tradicional efectivo con que históricamente se movió el sector. “La convivencia entre los dos tipos de consumidores no es fácil, porque manejan tiempos muy diferentes, lo que nos obliga a reforzar las cajas para no perturbar a nuestro cliente tradicional, que son los comerciantes”, reconocieron en una cadena mayorista.

NUEVAS PROPUESTAS

El cambio en los hábitos en Córdoba ya se tradujo en la aparición de nuevas cadenas comerciales que combinan la venta mayorista y minorista bajo un mismo techo. El grupo Dinosaurio -del empresario Euclides Bugliotti- es el pionero en este formato con tres tiendas que ya funcionan con la doble propuesta de su cadena Súper Mami Dino. En Buenos Aires la mayor innovación llegó de la mano del grupo Carrefour, que ya lidera la venta minorista de alimentos y bebidas y ahora quiere poner un pie en el negocio mayorista. Con este objetivo, hace un par de años presentó su nueva cadena Carrefour Maxi, que hoy cuenta con tres locales en el segundo cordón del Gran Buenos Aires, apuntando tanto a familias numerosas de clase media y media baja como a pequeños comerciantes que no se pueden proveer directamente de las empresas.

La Nación

El fantasma de Griesa recorre los shopping y la clase media cierra su billetera hasta que el panorama aclare

Cuando el taxista incluye, entre sus tópicos de conversación, las probabilidades de que el juez Thomas Griesa no le permita a la Argentina pagar por un largo tiempo, ya no caben dudas sobre hasta qué punto la saga de los fondos buitre cambió las expectativas de los argentinos: todos, entiendan o no los vericuetos jurídicos y financieros, perciben que el tema los terminará afectando.

Y actúan en consecuencia. Guiados por su memoria histórica, los ahorristas y consumidores intuyen que los tiempos que vienen son más para un repliegue estratégico que para salir a gastar alegremente.

Esto es lo que están percibiendo los comerciantes, para quienes las fuertes caídas en las ventas no tienen que ver exclusivamente con una retracción del salario real sino con la nueva lectura de la realidad económica que hace la población.

“Cuando observan que hay más incertidumbre, enseguida toman sus precauciones y retraen consumos”, explica a iProfesional Vicente Lourenzo, desde la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME).

En forma asociada con el litigio irresuelto con los buitres, otra de las cuestiones que genera intranquilidad tiene que ver con la suba del blue, que ya coquetea con los 14 pesos.

“El alza del dólar paralelo también tiene un claro impacto en el nivel de compras“, indica Lourenzo.

Al consultar a los expertos sobre el impacto que produce el incumplimiento de deuda en buena parte de la población, éstos hacen referencia a una suerte de “efecto dominó”.

Es decir, la cesación de pagos hace decaer el ánimo, que a su vez reduce las expectativas, lo que se traduce en menor consumo.

De acuerdo con estimaciones de la consultora Abeceb, de no resolverse el escenario de default, la Argentina cerrará un 2014 para el olvido: una baja del 3,5% del PBI, inflación anual del 41% y una retracción del consumo del orden del 3,8 por ciento.

Por cierto, en lo que se refiere al nivel de compras, los datos de los primeros meses de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) anticipan esta situación, con caídas de entre un 8% y 10% cada mes, con casi todos los rubros afectados.

“Hay que remontarse hasta septiembre de 2009 para encontrar bajas tan profundas“, indican desde la entidad.

Según el último informe, en el mes de julio el desplome en las ventas minoristas se ubicó cerca del 10% en comparación con 2013.

Sobre llovido mojado
De acuerdo con Abeceb, para el mercado interno la cesación de pagos significa“agravar la tendencia negativa que venía registrando la actividad productiva local”, en un contexto de caída del nivel de actividad.

En rigor de verdad, las perspectivas de empleo y salarios ya venían golpeadas, de modo que el default vino a sumar más preocupación a buena parte de la sociedad.

De hecho, más de la mitad de los argentinos espera que la economía empeore el próximo año, según lo revela un estudio de la consultora CCR.

La investigación señala que entre las cuestiones que más preocupación traen a los argentinos figuran la menor capacidad de compra de los salarios, el mayor temor aperder el empleo y la inestabilidad política.

El mismo informe arroja que siete de cada diez ya notan un claro deterioro de su poder adquisitivo. Esto, más allá de ver reducida su capacidad de ahorro: 3 de cada 4 personas afirman que no les sobra nada de dinero para atesorar, informan desde CCR.

Esta suma de factores impulsó a la baja al índice General de Expectativas Económicas (IGEE). La última medición de la UCA Y TNS Gallup, dio cuenta de una contracción superior al 10% en junio en relación con el mismo período del año pasado.

Analistas y empresarios anticipan que el default y, en forma asociada, el alza de dólar blue no harán otra cosa que acentuar la incertidumbre y deteriorar aun más dichas expectativas.

Malos recuerdos
A pesar de que aun existen dudas respecto de cuánto tiempo se mantendrá el litigio con los buitres, los expertos señalan que el sólo hecho de que el país haya recibido otra vez la etiqueta de “default” a nivel internacional, ya actúa como un inhibidor al consumo.

Es que esta palabra genera inmediatamente una fuerte asociación y trae a la memoria recuerdos no gratos para muchos argentinos.

“Hemos vivido muy malas experiencias con los defaults anteriores“, dice a iProfesional Guillermo Barbero, desde la consultora First Coporate Finance Advisors.

Los empresarios también advierten la “pesada carga” que buena parte de la sociedad asocia a este término.

“La gran mayoría de personas le teme a esta palabra, porque le trae recuerdos sobre lo que fue la crisis de hace 13 años y lo que le tocara vivir en ese entonces”, recuerda Lourenzo.

Los economistas reiteran una y otra vez que el actual incumplimiento nada tiene que ver con el del colapso de 2001. Pero lo cierto es que a muchas personas el sólo hecho de que se haya instalado otra vez este concepto les genera de por sí temor.

Según remarca el ejecutivo de CAME, “esta palabra, para los argentinos, es un sinónimo de lo que representó la crisis de 2001“.

Por otro lado, las personas ya empiezan a notar que el escenario laboral ya no es el de antes y es así como se acentúa la preocupación por las suspensiones y despidos.

“Ahora se observa un mayor temor por el empleo“, dice Barbero.

En este sentido, no es menor el hecho de que seis de cada diez argentinos aseguren que hay pocos o muy pocos puestos de trabajo disponibles en la actualidad, según arroja el IGEE.

Rubros más afectados
Un gran interrogante que trae este nuevo escenario es el de cuáles serán los rubros que pueden verse más afectados.

“Se retraerá principalmente, la compra de todos aquellos bienes que impliquen un alto endeudamiento“, señala Lourenzo.

Y agrega: “La gente prefiere no tomar más créditos por la incertidumbre”.

Es por eso que los productos que habitualmente se adquieren en cuotas por su altos preciosson los que se verán resentidos en sus niveles ventas, de mantenerse el escenario de incumplimiento de deuda.

A modo de ejemplo, el ejecutivo de CAME hace referencia a artículos y muebles del hogar,electrodomésticos, viajes, ropa y compras de autos.

Lo “justo y necesario”
El combo que componen la caída del poder de compra del salario, el alza del blue, el temor a perder el empleo y la baja de las expectativas ha impulsado a buena parte de la sociedad a poner en marcha una estricta selectividad a la hora de consumir.

De acuerdo con Oliveto, “la conducta de las personas se fue modificando, producto de lapérdida de poder adquisitivo, que este año se ubicó entre un 6% y un 7% por debajo”.

El consultor resume el desafío “de optimizar el dinero que se tiene en la mano”, que se ve reflejado en un intenso aprovechamiento de las promociones, menos salidas a restaurants, la mayor búsqueda de formatos de cercanía (en lugar de los grandes supermercados) y un cambio en el mix de productos que se llevan al changuito, entre otros tantos ejemplos.

Con salarios alicaídos por el efecto corrosivo de la inflación, los argentinos empezaron a enfocarse en los artículos de primera necesidad y tuvieron que resignar aquellos más prescindibles.

Desde Kantar Worldpanel, Juan Manuel Primbas indica que “se profundiza la tendencia hacia un consumo menos sofisticado“, que deja mejor parados a las categorías de productos más básicos, en detrimento de otros.

Barbero señala: “Hoy se piensa mucho más antes de tomar una decisión, se compra lo esencial y todo lo que se puede postergar, se posterga“.

Los empresarios también ponen “pausa”
Así como la palabra default funciona como inhibidor de las compras y lleva a postergar consumos o a limitarlos, los analistas señalan que una conducta similar ocurre por el lado de los ejecutivos de negocios.

Es que, ante un posible cambio de escenario y frente a la reducción de las ventas, reaccionan y toman sus precauciones.

“Además de impactar por el lado de la demanda, el default afecta también por el lado de la oferta”, indica Barbero.

En este punto, el analista señala que el contexto actual impulsa a las firmas a adoptar, principalmente, dos actitudes: reducir los planes de financiamiento sin interés e intentar mantener a raya el stock, reduciendo para ello las compras de insumos a sus proveedores.

Las casas de electro o indumentaria son ejemplos del achique de beneficios. En las primeras, los planes de 18 cuotas quedaron acotados sólo a los fines de semana. En las segundas, desaparecieron las seis cuotas sin recargo.

La cadena de pagos se estiró y se observa un mayor esfuerzo de los gerentes financieros porcuidar el capital de trabajo (dinero en caja, más créditos por ventas, menos deudas con proveedores).

Según cuenta a iProfesional un reconocido empresario del rubro del calzado, con varios locales en los principales shoppings porteños, “si uno realiza las operaciones con fabricantes con cheques a 45 o 90 días, hay que pagar un importe más elevado“.

En cambio, quienes cancelan en “cash”, reciben como beneficio quitas de entre un 10% y 15%, algo nada despreciable en momentos de baja rentabilidad y de caída en ventas.

“Las empresas tienen que salir a comprar materia prima o productos semi-elaborados y, para hacerlo, precisan el dinero en mano“, explica Fabián Castillo, presidente de la Cámara de Comercio del Calzado y Afines.

Esta necesidad tiene su efecto inmediato en el público en general. Es por ello que varios comercios gastronómicos colgaron el cartel de “no se aceptan tarjetas”.

En otros rubros, por pagar en efectivo, los consumidores hoy acceden a importantes rebajas.

Al igual que ocurre con las personas, las compañías tampoco quieren exponerse demasiado y reducen la cantidad y variedad de productos de la misma categoría, un hecho que se hace visible en los supermercados.

El escenario de default funciona como “wait and see” que actúa sobre ambos lados: oferta y demanda. Y en tanto no se resuelva el litigio que permita que se disipen los temores y se gatillen los malos recuerdos, el consumo también es otra de las variables que quedó presa del fantasma de Griesa.

IProfesional

“Los precios suben más de 40% anual en supermercados y se derrumban las ventas”

Por segundo mes consecutivo, en junio los productos de la canasta básica acumularon en el último año un aumento superior al 40% en los supermercados. De acuerdo con la medición que hace la consultora CCR tomando en cuenta los precios de 143 categorías de alimentos, bebidas, tocador y limpieza, esta canasta tuvo el mes pasado un incremento promedio del 41,5% en relación con el mismo mes de 2013, lo que deja en claro que los Precios Cuidados no generaron un efecto contagio en las góndolas.

Según CCR, sólo en junio la canasta básica tuvo un incremento del 3% frente a mayo y este fuerte aumento se tradujo en un derrumbe de las ventas en los supermercados, que sufrieron una baja del 4,3% en unidades.

Con esta caída se completó una primera mitad del año muy negativa en materia de consumo, con un descenso acumulado en el semestre del 1,3% frente al 2,5% al que crecían las ventas en el mismo período de 2012.

La baja en el volumen de ventas no sólo fue la sexta consecutiva en el transcurso del año, sino también la más pronunciada de 2014. “El número final del mes superó finalmente la expectativa que teníamos, que era una reducción de entre 1,5 y 2 por ciento”, señaló José Amodei, director de CCR.

PERSPECTIVAS NEGATIVAS

En la consultora destacan además que las perspectivas para los próximos meses son aún más negativas que los resultados de los últimos meses. “Si bien la variación negativa es preocupante, la tendencia es más significativa. Durante todo el primer semestre, se apreció una baja en la demanda que se fue pronunciando y esto se da en un contexto de mucho esfuerzo promocional de parte de las grandes cadenas de supermercados”, señaló Amodei.

Como se viene repitiendo desde hace varios meses, las categorías más sofisticadas como alimentos congelados y cosmética y tocador son las que sufrieron las mayores caídas, con bajas de 10,6 y 7,8% en junio frente al mismo mes de 2013, aunque el resto de los rubros, desde bebidas sin alcohol hasta artículos de limpieza y golosinas, también mostraron números negativos.

En este contexto generalizado de consumo en baja, la única excepción es la categoría de alimentos secos envasados, que continúa teniendo un incremento en el volumen frente al año pasado. “El crecimiento de categorías como harinas, fideos envasados, rebozadores o galletitas dulces secas muestra un cambio en los hábitos de consumo por sustitución de categorías. Y no es casual que se trate de productos básicos que, a pesar de tener incrementos de precios por encima de la media, son muy útiles en los hogares por su alto rendimiento”, señaló Amodei.

La baja del consumo tampoco distingue entre regiones del país y en junio se sintió tanto en Buenos Aires como en el interior. Hasta mayo, la demanda en los supermercados de Capital Federal y el conurbano venía sobrellevando mejor la desaceleración de las ventas, mientras que el interior era la zona más castigada por la caída en la actividad económica. Sin embargo, la buena racha porteña se cortó en junio y en CCR precisaron que las ventas también cayeron en las cadenas de la ciudad de Buenos Aires.

El descenso en las ventas es acompañado por un cambio muy marcado en el ánimo de los consumidores. En CCR destacan que, prácticamente sin distinguir de nivel socio-económico, la mayoría de los hogares argentinos buscan recortar gastos, lo que explica los malos resultados de los supermercados.

“En los niveles medio y medio alto, hay una actitud generalizada de prevención que se traduce en un corte de gastos cotidianos y una migración hacia marcas propias en rubros como artículos de limpieza, enlatados o galletitas. En cambio, en los niveles más bajos, lo que se da es una gran resignación de marcas y los supermercados están pasando a ser considerados un canal aspiracional”, explicaron en CCR.

La Nación


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Emiliano Schwartz

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