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¿Se compran menos fideos y más televisores?

¿Se compran menos fideos y más televisores?

“El problema no es que no haya plata, sino que la gente está decidiendo usarla de otra manera”, dice el consultor de consumo Guillermo Oliveto. Sigue cayendo la venta de alimentos mientras crece la de viajes, por caso. Una contradicción que cruza hoy a la sociedad argentina, y que no puede explicarse sólo por nivel adquisitivo. La manera de ver la realidad económica y política parece estar moviéndose hacia plazos más largos.

Empecemos con algunos datos duros de la consultora Kantar. En agosto, el consumo de su canasta de 140 productos, incluyendo alimentos envasados, lácteos, productos de tocador y de limpieza, retrocedió 2%. “Seis de cada 10 categorías perdieron volumen en el acumulado 2017 vs. 2016”, precisan. ¿Es un problema de poder adquisitivo? Es difícil responderlo de manera directa. “Se consolida la recuperación del nivel socioeconómico más bajo”, añaden en Kantar, reiterando un fenómeno que sorprende a los analistas: las clases de menos ingresos suben en el consumo mientras caen las compras de productos básicos del segmento más rico.

Ahora leamos con detenimiento el comunicado que difundió el ministro Nicolás Dujovne esta semana sobre el crecimiento de la economía. “En el segundo trimestre continuó la expansión de la actividad económica -dijo-. El PBI creció 2,7% frente a un año atrás”. Estamos hablando del período abril/junio, ya que las estadísticas oficiales siempre son más lentas en su realización. El estudio de Orlando Ferreres ya difundió sus datos de agosto: crecimiento del 5,1% interanual. En la Casa Rosada son algo más moderados, y dicen que el alza de la economía hoy está en el 4%. Sea una u otra la cifra, el crecimiento se acelera. Pero, ¿en base a qué?

Vayamos otra vez a las palabras del ministerio de Hacienda. Dicen que la principal explicación es la inversión, que en el segundo trimestre creció 7,7%. Pero añaden: “El crecimiento del consumo también se acelera. En el segundo trimestre aumentó 3,8% interanual, acelerándose respecto al 0,9% interanual del primer trimestre”. ¿Crece el consumo cuando cae la venta de alimentos?

La respuesta automática de algunos funcionarios sería: ”Sí, porque la estadística que se toma para medir el consumo de alimentos refleja los despachos de supermercados, y no la de almacenes y mayoristas, que están ganando participación en la torta”. La respuesta: eso sería si tomáramos los datos que difundió el INDEC esta semana, que muestran caída de consumo en súper y shoppings del 2,1% en julio. Por eso recurrimos a las estadísticas de Kantar, que mide lo que compran los hogares, no dónde lo hacen.

Más allá de esa disgresión con la que hoy se entretienen los economistas, el hecho es el mismo: para el Gobierno crece el consumo, empujando la actividad económica, aunque cae la venta de lo más básico, alimentos, productos de tocador y limpieza.

¿Por qué? “Porque están volando otras categorías, como autos, motos, electrodomésticos”, dice Oliveto. Esta semana, Ecolatina difundió un estudio que demuestra que las ventas de electrodomésticos, precisamente, crecieron 3,7% en el primer semestre. ¿La gente compra televisores y deja de comprar fideos? También crecen los viajes: 15% en viajeros en pasajeros y 35% en gasto. Y los materiales de construcción. Pero no hay visos de que mejore la situación de la indumentaria.

“Es muy difícil entender la realidad por los promedios, hoy no indican nada”, continúa Oliveto. Es así. Uno de los principales fabricantes de alimentos del país dice que las ventas caen al 0,6% en forma permanente. Otro empresario, también líder en las mismas góndolas que el anterior, en cambio registra freno a la caída, con alzas del 1 o 2% en algunos productos.

Es en ese contexto que Oliveto dice que “lo que pasa hoy no es que no hay dinero, sino que se usa de otra manera; la gente no avala ciertos precios, como los de los alimentos, y por eso las marcas tienen que lanzar precios fijos y rebajados. El consumo está en la búsqueda de un nuevo equilibrio entre la oferta y la demanda, a qué precio la gente vuelve a comprar”. En ese juego los consumidores decidirían comprar menos alimentos pero siguen eligiendo (avalando el precio, bah) a celulares o internet, por caso. O se eligen productos con valores ligados al dólar, como autos o televisores, a los que parece considerarse “en precio”.

El consumidor está reacomodando su billetera”, es la síntesis del analista. Y se establecen nuevos paradigmas. Hubo un primer gran disruptor el año pasado, que fue la suba de tarifas, que astilló la capacidad de compra y planteó nuevas prioridades. Pero en este 2017 hay otro eje nuevo que está moviendo el dial: el crédito hipotecario. “Está haciendo cambiar los plazos en los que se piensa -añade Oliveto-. Se pasa del presente al futuro, se mira más hacia adelante. Como si fuéramos ahora más sajones y menos latinos al comprar”.

En septiembre el índice de confianza del consumidor creció 7,2%, medido por la Universidad Di Tella. Pero en esa medición la confianza en la situación personal sube 5,9% mientras que la de poder adquirir Bienes Durables e Inmuebles crece 22,2%. Estoy algo mejor en términos económicos pero mucho mejor para comprar una casa, sería la lectura.

Las encuestas que ven en la Casa Rosada aseguran que en “el metro cuadrado” de cada ciudadano la economía viene registrando en los últimos meses una mejoría. Pero el rubro que más crece es el acceso a la vivienda, el crédito. Creen que es parte de la explicación de la última elección.

¿Se vota por un préstamo hipotecario más que por arroz y fideos? Difícil responder. Pero los datos están ahí.

Clarín

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“El consumo y el empleo son variables clave para este Gobierno”

Resultado de imagen para consumo y el empleo

Mirado en perspectiva, el consumo en 2016 deja un sabor amargo. Inflación, devaluación y pérdida de poder de compra crearon un escenario que el Gobierno busca revertir, sobre todo por el año electoral que se avecina. Un análisis elaborado por la consultora W indica que casi todos los rubros se vieron afectados por la contracción del poder adquisitivo en 2016 (del orden del 7% en el sector formal): alimentos, bebidas, cosmética y limpieza (-4%), indumentaria (-8%), electrodomésticos y tecnología (-15%) y gastronomía (-20% ).

En este contexto, “el dinero extra que ingresará a una gran parte de los hogares argentinos en este fin de año, debería mitigar estas contracciones en todos ellos”, dijo su titular, Guillermo Oliveto, asesor especialista en consumo, sociedad, comunicación y marcas, en una entrevista que mantuvo con el Económico.

–¿Qué resultados se pueden esperar de los incentivos oficiales y privados con el consumo?

–El consumo dejó ya de ser un tema meramente microeconómico y pasó adquirir una fuerte trascendencia social y, por ende, un fuerte impacto político. Hoy, aquí y en el mundo, vivimos en una sociedad de consumidores donde para la gente perder capacidad de consumo implica “perder libertad”. Los productos y las marcas operan como vectores de identidad. En función de lo que compro y muestro, soy. En ese contexto debe enmarcarse la importancia estratégica del empleo, no sólo como fuente de dignidad sino también como facilitador natural de la capacidad de compra. Desde esta perspectiva, entre otras, pueden comprenderse mejor fenómenos como el Brexit o Trump. El empleo como prioridad y la necesidad de consumir como fuente de satisfacción o enojo.

Bajo este marco conceptual, las recientes medidas políticas y económicas amplían su sentido. No se trata sólo de un “bono de fin de año”, sino de inyectar en esta maquinaria social el lubricante fundamental que le permite funcionar. El consumo es un gran amortiguador social y una fuente de gobernabilidad.

–¿En cuáles sectores impactarán los incentivos anunciados?

Debería mitigar las contracciones en todos. Claramente no logrará revertir a esta altura la tendencia anual, pero sí es probable que ante la proximidad de las compras de Navidad permitan oxigenar los cuatro grandes motores del consumo masivo.

–¿El consumo en 2016 es más parecido a 2014 o 2009?

–Definitivamente se asemeja mucho más a 2014 que a 2009. La inflación fue 38% en aquel año, y sería 40% este. El índice de confianza de los consumidores se encuentra en noviembre en el mismo valor: 43,9% ahora, 43,7 puntos en el mismo mes de 2014. La contracción del poder adquisitivo fue de 5 puntos en 2014. Es de 7 puntos este año. La venta de autos 0 km en el mercado interno fue de 688.000 unidades en 2014, sería de 700.000 este. La caída en la venta de electrodomésticos fue del 14% en 2014, sería del 15% este año. La de indumentaria fue 5%, sería 8% ahora. Todos valores de rango similar.

–¿Encuentra diferencias?

–La gran diferencia entre un año y otro hay que encontrarla en dos elementos. Uno de carácter fáctico y otro simbólico. El más concreto y tangible: las tarifas. La sociedad tuvo que comenzar a pagar algo que durante muchos años había retirado de su agenda porque era “casi gratis”. El gasto de los hogares se reconfiguró obligadamente para poder hacer frente a los aumentos en la luz, el gas, el agua, el colectivo, el tren y el subte. Hay que buscar aquí la explicación a la mayor caída en los productos de consumo cotidiano. La otra diferencia, la de carácter simbólico, se da en las expectativas. En 2014 había mucha confusión con respecto a lo que podía suceder en 2015. El sentimiento predominante era la incertidumbre. Hoy vemos una sociedad que mantiene sus expectativas positivas para el año próximo. Solo el 15% dice que la situación económica actual del país es buena, pero el 60% afirma que será mejor dentro de un año. Se verifica aquí que “el puente” del que ha hablado el presidente y una buena parte del Gobierno, existe. Una mayoría de los argentinos piensa que el 2017 será mejor.

–El Gobierno apostó a las inversiones para reactivar, pero ¿cuánto impacta el consumo en la economía en general?

–Desde mi punto de vista esta idea instalada de un gobierno pro inversión de Macri versus un gobierno pro consumo de CFK está más basada en el prejuicio que en los hechos. Al elegir el camino del gradualismo, el gobierno actual demostró que el empleo y el consumo también le importan. Si hubiera aplicado un ajuste de carácter clásico neoliberal, sería pertinente afirmar que se olvidó de la microeconomía. Pero si el propio presidente pretende que su gestión se mida por la capacidad en la reducción de la pobreza, por la generación de empleo de calidad, y por recuperar el crecimiento económico después de 5 años de estancamiento, claramente no está tomando ese camino que algunos suponían – en mi opinión erróneamente–, que sería el elegido.

–A su entender, ¿cuál es la estrategia económica del Gobierno?

–Lo que el gobierno actual ha definido y pretende es que la expansión del consumo vaya acompañada de una expansión de la inversión, para que el crecimiento de los mercados pueda realizarse de un modo sustentable y consistente en el mediano plazo sin el costo inflacionario. Recordemos que entre 2002 y 2015 el consumo de alimentos creció 70%, el de autos 580% y el de electrodomésticos 700%, todo medido en unidades. Pero la inflación fue el precio a pagar de expandir la demanda sin que creciera del mismo modo la inversión. Acumulado, el aumento general de los precios fue de 1300% entre la salida de la crisis y el final del gobierno anterior. Al promover la “Ley Pymes”, mantener el plan “Ahora 12” y el programa “Precios Cuidados”, desarrollar un Plan Productivo, establecer metas de reducción del déficit fiscal y de la inflación progresivas y graduales, y no de shock, el oficialismo ya había demostrado que el empleo y el consumo eran variables que estaban en su agenda. La inyección de fondos de fin de año no hace otra cosa que confirmar esta decisión estratégica que estructura gran parte de su política económica y social.

–¿Qué perspectivas tiene para el año próximo?

–Hay un fuerte consenso entre quienes siguen la “macro” de que la economía crecerá entre el 3 y el 5% en 2017. Bajo esa hipótesis, esperamos una expansión del consumo masivo del orden del 3%. Recuperaríamos de ese modo lo que se perdió este año. Los motores que prometen empujar son el campo, obra pública, un Brasil algo mejor, los fondos del blanqueo y algunas inversiones tendrían su consecuente impacto en la “micro”. Habrá más dinero en la calle. A lo que debe adicionarse, como un impulso nada menor, la condición de ser un año electoral clave. Es de esperar que ante un escenario de inflación sustancialmente menor a la de este año (en el rango del 20 al 23%), los salarios puedan ganarle por 4 o 5 puntos. La recuperación del poder adquisitivo en un contexto de precios más estables y comparables ayudaría a la recuperación del consumo. Como ya es bien conocido, a la hora de votar en nuestro país los argentinos miran la boleta pero también el bolsillo. El Gobierno lo tiene bien claro.

IECO

“Boom pre-devaluación: los consumidores se apresuran a comprar electrodomésticos por temor a un salto de precios”

Los economistas afirman que está por venir la “devaluación más anunciada en toda la historia argentina”.

Y ese anticipo está generando cambios cada vez más notorios en los consumidores, que se hacen más evidentes cuanto más se acerca la fecha de asunción del próximo Gobierno.

Si bien en los primeros contactos con la prensa, tras el triunfo en el balotaje, los referentes de Cambiemos trataron de no referirse al tema dólar tan abiertamente (como sí lo venían haciendo durante la campaña) entre los particulares ya está instalada la sensación de que una corrección cambiaria será inevitable. 

Es que todavía resuenan en los oídos de la clase media las palabras de Alfonso Prat-Gay -confirmado para ocupar la titularidad en el Ministerio de Hacienda y Finanzas-, quien había adelantado que durante la nueva gestión “subirá el dólar oficial, que hoy afecta a pocos, y bajarán todos los otros, que afectan a la gran mayoría”.

Si bien en el macrismo trabajan con el argumento de que la mayoría de los precios ya estáncalculados en base a un tipo de cambio equivalente a $16 –y que por ello un deslizamiento de la divisa no debería trasladarse de manera significativa a los precios- entre las personas estálatente el recuerdo de lo que sucedió en enero de 2014. 

En ese entonces, la divisa estadounidense pegó un salto de casi 20% y los bienes atados al billete verde, especialmente los productos electrónicos y los artículos del hogardesaparecieron de las góndolas o fueron remarcados al día siguiente.

Con ese antecedente aún fresco en la memoria, las distintas cadenas de electro hoy están viviendo un verdadero “veranito” de ventas. 

“Después de las elecciones, estamos teniendo más afluencia de público. La gente tiene miedo a una devaluación y que, a causa de ello, se disparen los precios”.

Con esta sencilla frase, el gerente de una sucursal porteña de la cadena de electrodomésticosGarbarino resume el comportamiento de los consumidores por estos días, que llegan a los locales apurados por comprar y cargados de incertidumbre.

El objetivo es claro: anticiparse a lo que en el mercado ven como un inminente salto del tipo de cambio, adquiriendo productos que en unos meses estarán más caros, aprovechando además la posibilidad de pagar en cuotas fijas y en plazos de 12 o hasta 18 meses. 

El responsable de un local de Frávega también confió a este medio que, conforme se fue acercando el balotaje, pero especialmente tras la elección que consagró a Macri, “comenzamos a tener una mayor afluencia de público. Y la tónica en general es la deapurarse a llevarse algo”.

“Esto lo notamos porque en muchos casos en los que no tenemos stock de un determinado modelo, ya sea de una notebook, tableta, heladera o LED, hay clientes que no muestran reparos en decidirse por otro, incluso con prestaciones diferentes”, completó.

Un dato clave es que, en líneas generales, los productos de informática y los de línea blanca tienen un alto contenido de insumos y piezas importadas. Por ello, cualquier movimiento alcista del billete verde termina impactando en los valores de venta al público.

En el caso de televisores, notebooks y smartphones, el porcentaje de componentes del exterior supera el 90%. En lo que respecta a heladeras y lavarropas, esta proporción puede promediar el 50 por ciento. 

En este contexto, el economista Jorge Todesca, de la consultora Finsoport, advirtió que existen condiciones en la Argentina para que, ante una eventual devaluación, se produzca un fuerte traslado a precios.

El analista comparó la situación actual de la economía con la que había en enero de 2014, cuando el Gobierno provocó un salto del dólar y la inflación llegó al 40% a lo largo del año.

“En ese escenario, una depreciación del peso probablemente generará un pass through(traslado) elevado“, señaló.

La lógica del “ahora”

El experto en consumo Guillermo Oliveto confirmó que hay un boom de ventas de bienes cuyos precios están atados a la divisa estadounidense.

“Es lógico que la gente adelante consumos, ya que los argentinos son expertos en anticiparse a los cambios”, señaló.

“Cada vez más personas ponen en marcha la lógica de la oportunidad. El pensamiento que manda es ´compro ahora o me quedo afuera´”, añadió. 

El otro temor es que el cambio de contexto económico le ponga fin al “festival” de cuotas que estuvo vigente en los últimos meses y que fue clave para explicar el crecimiento en la comercialización de artículos del hogar. 

Si bien Francisco Cabrera, futuro ministro de Producción, anticipó que el plan “Ahora 12” va a continuar, se encargó de aclarar que esto será sólo por un tiempo determinado.

Pero, aun si se mantuviese, el golpe al bolsillo puede darse a partir de una suba de las tasas que rigen en el mercado, lo que elevará el costo de los créditos.

Así, el riesgo ante un encarecimiento en el financiamiento (que suele estar oculto en el precio final) o que los bancos reduzcan las promos y beneficios se han convertido enargumentos válidos para impulsar las ventas.

Más demanda, menos oferta
El problema que está dándose en el mercado doméstico es que la mayor avidez por parte de lla clase media de adelantar compras está chocando con una oferta de artículos del hogar yproductos de informática que está achicándose de manera paulatina.

En este sentido, los expertos advierten que más que un problema de cantidades se están divisando inconvenientes en la variedad de modelos. Esto genera que, en muchos casos, los clientes deban conformarse con lo que hay en exhibición.

¿La razón? La escasez de dólares. Sucede que, así como en 2009 la administración kirchnerista celebró el resurgimiento del polo tecnológico de Tierra del Fuego, hoy está dejando en evidencia que no tiene los billetes verdes suficientes para abastecerlo.

Desde la cámara que nuclea las empresas fueguinas reconocieron a iProfesional, bajo estricto off the record,  ue el cupo mensual de billetes verdes acordado con el Gobierno, que era deu$s300 millones (a repartir entre todas las compañías del sector), actualmente no se está respetando. Y, lo que es peor, no tienen certidumbre sobre los plazos en los que podría restablecerse.

“Nos están habilitando entre u$s100 millones y u$s150 millones. Esta cifra es la mitad o menos de lo que deberían estar dándonos, en base al acuerdo al que arribamos”, advirtieron a este medio.

Así las cosas, la administración K no sólo está incumpliendo el pacto con el polo tecnológico de Tierra del Fuego sino que, además, le niega las divisas que sí está entregando a losahorristas.

De hecho, el monto que recibieron el último mes todas las fábricas de electrónica del sur del país (para poder importar insumos y abastecer de productos al mercado interno) es menora la cantidad de “dólar ahorro” que salió por ventanilas oficiales sólo el primer día hábil de noviembre.

En este contexto, Miguel Ponce, director del Centro de Estudios para el Comercio Exterior, fue categórico al afirmar que “el relato de reindustrialización se está cayendo a pedazos. Ya no quedan dólares para que la industria argentina pueda funcionar con normalidad mientras que, en paralelo, los particulares pueden atesorar sin inconvenientes”.

Stockeo en el súper
Para los expertos en consumo los rubros electro y línea blanca no son los únicos que se ven impulsados por este “boom pre-devaluación”. 

La venta de pasajes y paquetes turísticos, por ejemplo, también le está marcando la tónica a este escenario de transición política. 

Y ciertas categorías de los súper se están sumando a la tendencia.

Se trata de un comportamiento habitual en los argentinos frente a cualquier situación de incertidumbre en materia económica: aprovechar las visitas a las grandes superficies para llevarse más de lo necesario, almacenar mercadería y, de esta manera, protegerse frente a un incremento de precios.

Consultado por iProfesional acerca de los cambios de hábitos que impera en las góndolas en estos últimos meses, Juan Manuel Primbas, country manager de la consultora Kantar Worldpanel, advierte que “en varias categorías se está dando un efecto stockeo“.

Esto se nota, principalmente, “en rubros tales como limpieza e higiene personal”, detalló Primbas.

Una consecuencia de este comportamiento se refleja en que las visitas al súper el changuitosale cada vez más cargado , contrariando la tendencia que regía hasta hace un tiempo.

De hecho, según el último relevamiento de Kantar Worldpanel, “en 6 de cada 10 categorías se incrementó la compra”.

El stockeo en estos días tiene una característica distintiva: “La gente almacena en aquellos casos en que las marcas o los propios supermercados otorguen algún beneficio o descuento“.

Independientemente del rubro del que se trate, lo que demuestra el comportamiento de losargentinos es que hay un temor palpable de que una corrección del tipo de cambiorepercuta en el poder de compra.

Y la clase media, que tiene sobrada experiencia en esto, cada día que pasa se muestra más ymás previsora, ya sea anticipando la adquisición de un paquete turístico en el exterior, una portátil o un electrodoméstico. Es decir, a la devaluación más anunciada de la historia.

IProfesional

“Gana cada vez más peso el crédito al consumo: ya es 46,5% del total”

 Gana cada vez más peso el crédito al consumo: ya es 46,5% del total

La búsqueda de los individuos y familias por ganarle a la inflación y aprovechar el atraso cambiario siguió impulsando los préstamos personales, con tarjeta de crédito y prendarios, para captar las promociones, adelantar consumos y viajar, para hacerles ganar tres puntos porcentuales hasta representar el 46,5% del total a fines de octubre.

La contracara es el retroceso de medio punto en los créditos a empresas, pese a los incentivos oficiales, ya que los adelantos en cuenta corriente y los descuentos de documentos alcanzaban el 36,8% a esa fecha, según datos del Banco Central.

El aumento en la participación del crédito al consumo en el total es una característica de la economía kirchnerista. “Es la consecuencia de un régimen de alta inflación que se establece en el negocio bancario: a corto plazo y redituable con morosidad baja. Es lo que les permite a los bancos obtener rentabilidad. También porque la mayor parte del fondeo es de corto plazo, ya que el 70% es de un plazo menor a 30 días, y los plazos fijos remunerados ganan participación”, explicó Martín Polo, economista Jefe de Analytica.

El crecimiento del 53,5% anual (7,7% mensual en octubre) en tarjetas de crédito se debe principalmente al impulso del programa fomentado por el gobierno Ahora 12, sobre todo en el área de indumentaria, las campañas de marketing y promociones que ofrecen los bancos y la fuerte demanda en turismo, según explicó el responsable del sector en un banco privado. A fines de octubre los plásticos ya abarcaban el 22% del total.

Le acompañan un alza de un 36% (3,7% mensual) en préstamos personales hasta alcanzar el 21,8% del total. Y de la suba del 16,1% en prendarios (aunque un 50% se considera corporativo), un 5,4% de la masa prestada.

Para las empresas, las altas tasas de interés, la falta de inversiones y una economía que no crece no deja lugar para que el crédito crezca demasiado. Y aunque el gobierno creó varias líneas que incentivan el financiamiento subsidiado, como la Línea de Crédito para la Inversión Productiva, los adelantos en cuenta corriente crecieron 25,8% anual (1,7% mensual) y los descuentos de documentos, 37% (4,4% mensual).

Algunos de los balances al tercer trimestre presentados por los bancos cotizantes en la Bolsa muestran esta tendencia. En el Galicia, los préstamos a empresas bajaron del 44,9 al 41,5% de los $ 86,2 mil millones prestados respecto del tercer trimestre de 2014 y a individuos subieron de 54,3 a 57,8%. En el Francés sucedió algo similar: los corporativos bajaron de 33 a 31% de los $ 49,9 mil millones otorgados y los de consumo subieron de 46,9 a 51%. El Patagonia, en cambio, elevó un punto el crédito a compañías al 63,3% del total de $ 30 mil millones.

Se estima que 2015 será un buen año para el consumo, pero que en 2016 dependerá del ajuste económico -si se resiente el nivel de actividad, se retiran los subsidios, se devalúa y eleva la inflación-, lo que puede afectar el poder adquisitivo de las personas y el empleo.

“Este año vamos a terminar bien. Pero hay un cambio de gobierno. El año que viene depende mucho de las medidas que se tomen después de diciembre”, dijo el responsable de Tarjetas. “El consumo se siguió activando y la morosidad se mantuvo estable porque todos los años hubo paritarias, el sueldo fue acompañando a la inflación y permitió pagar lo que consumiste. Si no se sigue con el mismo esquema, la economía se va a resentir”, agregó.

Consumo en dólares con tarjeta marca otro récord en la víspera del ballottage

 Consumo en dólares con tarjeta marca otro récord en la víspera del ballottage

El consumo en dólares con tarjeta de crédito cruzó una nueva marca, que podría ser una de las últimas si la existencia del “dólar tarjeta” comienza a diluirse una vez pasadas las elecciones. Según datos del Banco Central, a fines de octubre, –último dato relevado por la entidad que conduce Alejandro Vanoli– el stock promedio se ubicó en u$s 505 millones, 16% por encima del dato promedio registrado el mes previo. Sin embargo, una comparación anual muestra un incremento del 49% contra el mismo día y mes del año previo.
Según un informe de la consultora Wait & See, el promedio de u$s 505 millones de stock que marca el mes es el más alto para un período desde noviembre de 2013, cuando el promedio ascendió a u$s 479 millones. Desde entonces, el consumo promedio en dólares con tarjeta de crédito vino descendiendo hasta que en 2015 comenzó nuevamente a elevarse.

A la hora de apuntar los motivos que impulsan el fenómeno, puede distinguirse por un lado, el atraso cambiario, “que parece haber incentivado a buena parte de los tarjeta-habientes, ya que el tipo de cambio que se aplica a esas compras resulta de la cotización oficial sumado al 35%”.

Por otro lado, sostienen que la cotización del dólar tarjeta sigue siendo inferior a la del dólar paralelo o blue. En rigor, mientras el dólar tarjeta (con el 35% adicional incluido) se ubica en $ 12,96, el blue ya marca valores cercanos a $ 14,70 aunque podría volver a escalar algunos centavos en las próximas horas.

“La demanda de dólares turistas a la AFIP se utiliza muchas veces para realizar el ‘puré’, es decir, comprar en el oficial y vender en el paralelo. Esta estrategia se aplica junto a un consumo importante con la tarjeta de crédito que reemplaza a las divisas”, señalan.

En este sentido, varios analistas de mercado marcan la existencia de una fuerte especulación de muchos argentinos que buscan anticiparse a un potencial ajuste en los valores que se manejan en el tipo de cambio a partir de diciembre y que también parece haber impactado en las compras realizadas con plásticos. De esa forma, muchos tarjeta-habientes adelantan sus consumos en moneda extranjera a niveles que son similares a los que empujaron a imponer un recargo del 35% a los pagos con plásticos. “Si no estuviéramos muy cerca de evidenciar cambios en el sistema, seguramente el Gobierno ya hubiera instrumentado algún tipo de restricción adicional”, dijeron en la City.

Como se mencionó más arriba, uno de los elementos más llamativos del repunte del consumo de dólar turista es que prácticamente ha hecho desaparecer el efecto de disuasión que en diciembre de 2013 tuvo la imposición de un recargo del 35% a cuenta de Ganancias y Bienes Personales por cada dólar consumido fuera del país hecha por la AFIP.

Otro aspecto del fenómeno a tener en cuenta según el equipo de Wait & See es la pérdida de divisas por turismo. Este flujo amenaza con agravarse a medida que se acerca la temporada de verano, si bien las recientes restricciones podrían marcar una pausa en la tendencia. Es que uno de los principales destinos internacionales para los consumidores locales, Brasil, ha devaluado su moneda hasta llegar a las 4 unidades por dólar (más de 40% interanual), lo que coloca a la relación peso argentino – real brasileño en niveles de la década del 90.

Sólo en el primer semestre las salidas brutas de divisa por turismo crecieron 29% interanual hasta sumar u$s 4199 millones en el período.

Cronista

“Cuatro años sin crecer: el cambio de humor de la clase media desde la elección de 2011 a la de hoy”

Si hubo un sector de la sociedad que se posicionó como el gran ganador del modelo kirchnerista, este fue sin lugar a dudas aquel conformado por la clase media.

Si bien este segmento ocupó las calles con cacerolas en momentos de fuertes desacuerdos con el oficialismo y le quitó gran parte de su apoyo en las estas últimas elecciones al Frente para la Victoria, lo cierto es que el centro de la pirámide ha sabido dsifrutar de lo que propuso“el modelo”.

Guillermo Oliveto, director de W Consultora, uno de los principales referentes a nivel nacional en temas vinculados con el consumo, es categórico al afirmar que “la clase media, vote o no al Gobierno, aprovechó todos estos años la posibilidad de viajar al exterior y de comprar dólares“.

A pesar de que obtuvieron grandes ventajas del modelo K, los sectores medios de la pirámide hoy apuestan más por el “cambio” que por la “continuidad“.

Uno de los principales motivos por los cuales aquellos que no son ni “clase alta” ni “clase baja”restaron apoyo al oficialismo tiene que ver con el estancamiento de los sectores medios y el freno al ascenso social que había tenido lugar en los últimos tiempos.

En este sentido, Oliveto es claro: “Hace cuatro años que la clase media no crece“.

Si se compara el porcentaje de argentinos que se ubicaban dentro de este segmento once años atrás con el escenario actual, se advierte que se produjo un incremento del 10%. No obstante,de 2010 a esta parte la clase media creció apenas un 1,5% (ver cuadro).

Hay que tener en cuenta que, de acuerdo con el último informe publicado por W Consultora, 5 de cada 10 argentinos forman parte de este segmento, a pesar de que la sensación depertenencia a este estrato es mucho más alta.

Signos de estancamiento
Si bien es cierto que desde los inicios de la era K a esta parte se sumaron nuevos integrantes al centro de la pirámide social, el director de W Consultora indica que de 2011 a esta parte se produjo un freno en el ascenso social.

“Entre 2002 y 2015 la clase media creció en 11 millones de habitantes, pero desde 2011 hasta ahora, hay un claro estancamiento”, puntualiza Oliveto.

La explicación a este fenómeno está vinculada con la dura batalla entre los incrementos de precios y los salarios que se desató en los últimos años. “Los sueldos vienen peleando mano a mano con la inflación. En 2015 ganaron 5 puntos, pero es una lucha que se da todos los años“, señala el consultor.

Así, mientras que allá por 2011 los argentinos vivían aún el “boom” de consumo, este año se despedirá con un incremento en las compras de apenas un 1% en relación con 2014, según se desprende del último informe de supermercados presentado por la consultora Kantar Worldpanel.

Aspiraciones

Además de los cambios que protagonizaron los sectores medios vinculados con la batalla contra la inflación, durante la “década ganada” también se fueron modificando algunos de los aspiracionales típicos de este segmento social.

En este punto, Oliveto destaca que “hace diez años que los argentinos se dedican a comprar bienes y servicios que, en términos de precio, van desde autos hacia abajo”.

Las dificultades para acceder a los créditos bancarios y los consumos de tipo más cortoplacista son dos factores que explican por qué fue quedando cada vez más rezagado el sueño de la “casa propia”.

Habrá que ver si, con el cambio de Gobierno, se genera un cambio en esta tendencia al consumo de shopping y viajes para volver al ahorro en pos del techo propio, una de las grandes asignaturas pendientes que deja la “década ganada” en el país.

“Un factor que resultará decisivo es si en la próxima gestión se da la vuelta de los grandes créditos hipotecarios, algo que podría modificar mucho el escenario de consumo“, dice Oliveto.

Si bien en la actualidad, de acuerdo con los datos relevados por W Consultora, la clase media representa un 50% de la pirámide poblacional argentina, una característica propia de este país es que un 80% de las personas consideran que integran este estrato social.

Este es un punto que tanto Mauricio Macri como Daniel Scioli comprenden a la perfección y que deberá tener en consideración quien resulte elegido para ocupar el sillón de Rivadavia a partir del 10 de diciembre.

En este sentido, las palabras de Oliveto resultan más que claras: “En este país, históricamente, los problemas empiezan cuando se toca a la clase media“.

Iprofesional

“Consumo pre ballottage: estancado y aferrado a las promociones y descuentos”

Estancado en un escaso nivel de crecimiento menor al 2% anual y apuntalado en ‘aditivos’ como las ofertas, descuentos, promociones y cuotas, el consumo durante la etapa pre ballottage que abrió la elección presidencial del domingo pasado no evidenciará grandes cambios hasta el próximo 22 de noviembre, cuando finalmente se defina si será Daniel Scioli o Mauricio Macri el sucesor de Cristina Fernández.
El escenario, con sectores sufriendo caídas de ventas en volúmenes, es lejano al prometido por el ministro de Economía, Axel Kicillof, a los candidatos oficialistas antes del inicio del raid electoral que derivará en un cambio de presidente a partir del 10 de diciembre. Y forma parte de la agenda de asignaturas pendientes que deberá resolver el nuevo Jefe de Estado y que se completa con la necesidad de saber qué sucederá con la inflación; los salarios; las cargas impositivas; los subsidios a las tarifas de servicios públicos; las restricciones a las importaciones; el mercado cambiario y la deuda en default, entre otros temas. Se trata de un ‘combo’ de incertidumbres que potenciará las decisiones de compra de los argentinos, que vienen utilizando las góndolas como resguardo de valor de la moneda frente al incremento casi diario del costo de vida. Sin embargo, el nivel de endeudamiento está llegando a su límite, por lo cual la evolución del consumo en este próximo mes estará atada a un eventual cambio de humor en la sociedad a partir de la llegada de un nuevo gobierno. En este sentido, ya se nota un freno a la hora seguir ahorrando en alimentos, por ejemplo, que se inició con el calendario electoral de este año. Para Guillermo Olivetto, titular de la consultora W, el escenario de las ventas que se plantea a partir de ahora puede ser considerado “tibio” con gente “que no está festejando pero tampoco está tan asustada o deprimida como el año pasado”.
Al respecto, un relevamiento de la consultora CCR conocido ayer indica que el consumo masivo de alimentos y bebidas registró en septiembre una suba de 2,1% frente al mismo mes de 2014 en el llamado canal modernos, que comprende hipermercados, supermercados y comercios de cercanía; como en el canal tradicional, que abarca a los autoservicios y almacenes de barrio. La encuesta comprende 144 categorías de artículos entre los que se destacan alimentos secos envasados; los de heladera y freezer; golosinas; bebidas sin y con alcohol; limpieza y cosmética y tocador. El informe también se advierte una contracción de la demanda del 0,5% en los primeros nueve meses de este año como consecuencia de los índices negativos que presentó el primer semestre del año. En el caso de los rubros que mostraron subas, como el de bebidas con alcohol, fue producto de las fuertes acciones promocionales que llevaron a cabo las cadenas comerciales. “Para sostener este ritmo de demanda, el canal presentó actividades promocionales sumamente creativas y variadas acciones promocionales de descuentos diarios cubriendo diferentes rubros, promociones semanales y acciones específicas de fin de semana”, destaca el trabajo de CCR.
Para apuntalar estas conclusiones, las cadenas de supermercados e hipermercados continuarán aplicando las agresivas estrategias de descuentos y ofertas que se lanzan, en especial durante los fines de semana y que también están atadas a la posibilidad de financiar el pago en hasta 12 o 18 cuotas.
Al respecto, otro informe, esta vez de la consultora comercial y financiera Ingemp Argentina, estima que el consumo minorista ‘no debería verse afectado a corto plazo‘ por la realización de las elecciones presidenciales gracias a “estímulos” gubernamentales como son el cierre de negociaciones paritarias, el aumento de la Asignación Universal por Hijo y por Embarazo, las jubilaciones y los planes como Ahora 12 o SUBEneficio. A esto se añaden iniciativas de los propios comerciantes para sostener las ventas como liquidaciones más agresivas y duraderas. El trabajo también advierte que el clima electoral genera “bastante incertidumbre”, y considera que esa será “la foto” para el próximo mes.
En los centros comerciales la situación es similar. Los locales y las marcas apuntalan su ‘supervivencia’ a las promos y descuentos semanales en sociedad con los principales bancos. Desde inicios de este mes regresaron los carteles de “Vamos los jueves”, el “Supermiércoles de la mujer” y el “Viernes de moda” para ofrecer descuentos de hasta el 40% en indumentaria casi como si fuese un commodity. En las empresas prometen continuidad a esta estrategia mas allá de los resultados del 22 de noviembre.

Cronista

“Precios descuidados: herencia de la era kirchnerista”

El sillón de Rivadavia, la banda presidencial y el bastón de mando no será lo único que recibirá el sucesor de Cristina Kirchner, que se elige hoy en las urnas. La herencia de 12 años de kircherismo será menos feliz en materia económica y obligará al ganador a lidiar con una pesada carga sobre sus hombros: el desorden de los precios relativos. Dicho de otra manera, del valor de los bienes en términos de otros. En el caos actual, un mes de electricidad puede costar menos que una pizza; por el precio de un kilo de zapallitos se puede viajar 11 veces en colectivo en el área metropolitana, y es común pagar menos por un litro de nafta premium que por su equivalente de leche larga vida o cerveza. En la ciudad de Buenos Aires, un salario mínimo no alcanza la suma que necesita una familia tipo para cubrir la canasta alimentaria y de servicios del hogar. O más lejos aún, ese monto de $ 5588 representa alrededor de una tercera parte del precio de un traje de marca nacional exhibido en la vidriera de un shopping.

Alimentos, servicios públicos, granos, combustibles, ropa? La lista de las distorsiones que traspasará la Presidenta junto con el Poder Ejecutivo abarca a distintos sectores y múltiples rubros. Los productores del campo se quejan por el desfase que provocan las retenciones respecto de los precios internacionales. En sentido inverso, el barril de crudo criollo encarece los combustibles al cotizarse por encima de la referencia del mercado global. Y los industriales reclaman por la pérdida de competitividad acentuada tras la devaluación de Brasil. De punta a punta en la economía, las relaciones están desordenadas.

Según un grupo de economistas consultados por LA NACION, el problema tiene origen en la inflación incesante de los últimos años y en las consecuentes políticas oficiales de intervención que derivaron en un surtido de efectos negativos. Hacia el fin de ciclo se evidencian en el déficit fiscal por la suba del gasto público producto de una maraña de subsidios financiados con emisión, la falta de inversiones en infraestructura y la pérdida de autoabastecimiento, entre otras consecuencias. Quien tome las riendas el 10 de diciembre, coinciden los especialistas, tendrá el desafío ineludible de recuperar la coherencia en los precios relativos con el menor impacto en los bolsillos de los consumidores. Y frenar esa ola distorsiva, afirman, sólo será posible con un plan integral que normalice las variables macroeconómicas.

En la génesis de las distorsiones, dice el presidente de la consultora Finsoport, Jorde Todesca, la inflación provoca diferencias entre bienes transables y no transables, por estar los primeros sujetos a la competencia externa, y los segundos, menos expuestos por no ser parte del mercado internacional. Por ese motivo, los bienes no transables tienen una mayor flexibilidad que permite recuperar márgenes y así se disocian del resto. Ese desfase dio lugar al ataque de los incrementos a través de los controles de precios, que Todesca define como la segunda fuente de las disparidades actuales.

¿Por qué? Una modificación genuina en los precios relativos con raíz en causas reales serían, por caso, las heladas que llevaron el precio de los duraznos a más de $ 50 en enero del año pasado, o el lanzamiento del iPhone 6 que abarató la versión anterior.

Pero los controles sobre algunos productos, desde una visión liberal, generan relaciones de precios falsas que desequilibran oferta y demanda. La importancia de corregirlo, dice Adriano Mandolesi, economista jefe del CISE/Fundación Libertad, es la de remover una traba en la marcha de la economía: “Las distorsiones afectan el sistema de precios y las decisiones de qué, cuánto y cómo producir. Ese sistema expresa las prioridades y necesidades de los consumidores, que constituye una información clave para los empresarios”. Por caso, en el rubro alimentos, “los controles de precios derivaron en escasez de algunos productos básicos y fuerte subas en otros por una disminución de la oferta de bienes”, detalla Mandolesi.

Entre los variados ejemplos posibles, el consultor especializado Víctor Tonelli habla sobre la carne vacuna. “Desde 2005, cuando Néstor Kirchner asumió de hecho el control de la economía con [el entonces secretario de Comercio, Guillermo] Moreno e impusieron derechos de exportación, piso mínimo de faena y los ROE (Registro de Operaciones de Exportación), hubo un desestímulo que achicó la participación en el mercado mundial de 10% a menos de 2%, y generó una pérdida de 7 millones de cabezas de ganado que achicó la oferta -resume-. El consumidor terminó por pagar el fracaso de una política que suponía un abastecimiento interno a menor precio, porque mientras el costo del ganado subió en la última década 640%, la carne aumentó 940%, muy por encima de la inflación.”

Otra de las políticas que generó escasez de bienes y agregó imprevisibilidad fueron las trabas a las importaciones para frenar la salida de dólares. Esa medida y un nuevo impuesto que disparó los precios de media y alta gama afectó, por caso, a la industria automotriz.

Intervenciones como las mencionadas, dice Miguel Ángel Boggiano, CEO de Carta Financiera, son un sello del kirchnerismo que padecerá la próxima gestión. En su opinión, “el factor de distorsión más obvio fue el tipo de cambio, con el cepo al dólar, cuya verdadera raíz es la intervención del sector energético, cuando se fijó un precio máximo al barril de petróleo a Repsol, con una diferencia de más del doble respecto de la cotización internacional”. Más sencillo: “Si alguien tiene que producir manzanas y le sale $ 10, pero no la puede vender a más de $ 5, nadie va a producir”, grafica. De este modo, las importaciones de energía se convirtieron en la principal sangría de divisas del país que derivó en el cepo. “También pasó en otros rubros, como luz, gas, telefonía, carnes y en los commodities, donde se fijaron máximos para que la gente accediera a bienes y servicios a precios artificialmente baratos. Pero para que los precios sean más bajos hay que accionar sobre oferta y demanda, y no sólo sobre precios”, teoriza. En ejemplos actuales, pese a su expatriación en el Viejo Continente, Moreno resulta tan protagonista como en sus años de actividad frenética.

Marcelo Capello, director del Ieral, detalla los problemas suscitados por la distorsión del tipo de cambio: “Al analizar el tipo de cambio real, sea en forma bilateral con el dólar o multilateral, la paridad cambiaria ha vuelto a niveles similares que en la convertibilidad”. El economista contrasta el dólar oficial ($ 9,50) contra un blue de $ 16 y otro de $ 19,50 que surge de la diferencia entre la base monetaria y las reservas del Banco Central. Hacia afuera, dice Capello, un tipo de cambio apreciado se traduce en salarios altos en dólares y en problemas de competitividad. El peligro, según el especialista, es que “salarios altos en dólares (200% mayores que Brasil) que no se condicen con el nivel de productividad de una economía terminan por afectar el nivel de empleo en el sector productor de bienes transables, y a la larga en todo el sector privado”.

Boggiano añade otra consecuencia que surge al combinar controles y dólar “caro”: “Se produce más escasez de bienes. Volviendo al ejemplo, producir manzanas pasa a costar $ 15 y además tengo un dólar artificial que no es de equilibrio y no puedo competir”.

Donde dice manzanas podría leerse tarifas, otro punto recurrente al hablar de dislocaciones de precios relativos. El economista Orlando Ferreres refleja la evolución dispar. “Los servicios públicos representaban en 2001 el 14% del costo de vida; hoy son menos del 4%. Eso liberó a la Presidenta para incrementar su populismo consumista. Los servicios se mantuvieron y eso pagó viajes, electrodomésticos y todo el boom de consumo”, critica.

En el transporte, el atraso ronda el 200% o más. Los empresarios de colectivos estiman que el mínimo de $ 3 saltaría entre $ 10 y $ 12 si se eliminaran las transferencias de fondos públicos. En las firmas de larga distancia afirman por lo bajo que la subsidiada Aerolíneas Argentinas, al operar como una low cost sin serlo, distorsionó el mercado que se promociona “a precio de micro”. El solapamiento, como todo desajuste, fue a parar al gasto: en las rutas donde los precios chocan, las compañías son compensadas con $ 1,20 por kilómetro.

El costo local de la energía, en sus distintas formas, quedó en una isla. En base a una canasta del sector, el ex secretario del área Daniel Montamat contrasta: “En petróleo y derivados, hoy estamos por encima de las referencias internacionales. Por eso, petróleo, nafta y gasoil se pagan más caro aquí que en la región y el resto del mundo”. Ocurre que, a la inversa de lo que se daba antes de la caída en la cotización del crudo, el precio del barril local en US$ 77 supera el de referencia. Montamat afirma que la solución para evitar discrecionalidades hacia uno u otro lado es retomar la relación con las cotizaciones globales.

En el gas natural hubo cierta recomposición, tal como probaron este invierno las facturas con alzas de hasta 700% por el retiro parcial de subsidios en 2014 y el castigo para los que no bajaron el consumo. Sin embargo, Montamat afirma que “el precio interno [US$ 3,9 el millón de BTU] aún es inferior al que se paga a Bolivia [US$ 5,4]”.

La distancia más grande en relación con la realidad está en la electricidad, sobre todo en el área metropolitana, ya que muchas provincias ajustaron el valor de la distribución. “En capital, el kW/hora cuesta un cuarto de lo que paga un rosarino”, compara Mandolesi. “Pero el mayor subsidio -precisa Montamat- es el de la generación, que alcanza a todos los argentinos. El costo fue de US$ 10.200 millones en 2014, de los cuales la demanda pagó US$ 2500 millones.” Así, el precio local es apenas 27% del internacional.

Una posible salida para bajar la carga al Estado, opina Montamat, es encarar la recomposición de tarifas con subsidios a la demanda en lugar de subsidiar a la oferta. Eso sería fijar un límite de consumo a partir del cual se pague el costo económico del servicio, e identificar a los usuarios para aplicar tarifas sociales.

Las retenciones están entre las intervenciones distorsivas más repetidas entre los economistas. En retrospectiva, Capello relata: “En 2002 se implementaron en forma transitoria, dado que tras la fuerte devaluación se argumentaba que existía alta rentabilidad. Luego subieron los granos y los derechos también. Pero ahora, ni los precios son altos ni lo es el tipo de cambio real, y eso genera una fuerte distorsión de precios relativos”. Boggiano vuelve sobre el tipo de cambio: “Aquí el problema es grotesco y afecta la viabilidad de los negocios. El campo liquida a dólar oficial, recibe 6 pesos (por la soja) o 7 (por el trigo o maíz), y compra fertilizantes a un blue de 16 pesos”.

Las diferencias golpean a las economías regionales. Pablo Vernengo, director del área en CAME, agrega otros factores distorsivos. Según el Índice de Precios en Origen y Destino elaborado por la entidad, los consumidores pagan 7,5 veces más que lo que cobran los productores. “En países como España, el consumidor paga unas cuatro veces más”, indica Vernengo, que atribuye la asimetría local, entre otras causas, a la inflación en los eslabones de cadena, como en la logística y en las góndolas.

En puertas del cambio de gobierno existe un consenso sobre la condición necesaria para ordenar todos estos precios y más: un plan que atraviese transversalmente a la economía. Tipo de cambio, confianza, inversión, financiamiento, oferta, inflación, gasto público, déficit fiscal… El heredero, grafica Boggiano, será el encargado de “afrontar el costo de 12 años de parranda”. Parte de eso, inexorablemente, caerá en la cuenta de los consumidores.

Alimentos industriales, los más afectados

De todas las distorsiones de precios que enfrenta la economía argentina, una de las más llamativas es la de equiparación en el valor al público de productos industriales y alimentos frescos de primera calidad. Para descubrir este efecto no hace falta más que recorrer un supermercado, comparar precios y estar atentos a la resolución que obliga a las cadenas a informar no sólo el valor de la unidad del producto que está en la góndola, sino también el precio del kilo o litro de ese artículo.

Cumpliendo estas premisas se puede verificar que un kilo de lomo de novillito que en un supermercado cuesta $ 160 termina por ser más barato por peso que un kilo de hamburguesas congeladas de una marca líder que cotiza a $ 13 por unidad de 80 gramos, lo que significa $ 164 por kilo.

Otra muestra de las distorsiones es que prácticamente no hay diferencias de precios entre una grande de mozzarella comprada en alguna de las más prestigiosas pizzerías porteñas -en Güerrin cuesta $ 120 y en El Cuartito, $ 125- contra los $ 109 que hay que desembolsar por una pizza congelada de media masa en el supermercado.

La Nación

Autor

Emiliano Schwartz

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