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Las cuatro “A” que definen cómo es hoy el consumidor argentino

Atentos y desconfiados

No es oportunista, impulsivo ni desinhibido; todo lo contrario. El consumidor clase media argentino de hoy es racional, moderado y hasta desconfiado. En tiempos de bolsillos flacos e incertidumbre, piensa y planifica cada vez más sus compras y utiliza las herramientas que aprendió en otros momentos de crisis y cautela.

Para los especialistas en tendencias de consumo de las consultoras W, Trendsity y Kantar Worldpanel, entrevistados por Infobae, las cuatro “A” ayudan a sintetizar y definir el nuevo perfil de consumidor austero, atento, administrador y ahorrativo. Aquí la explicación de su comportamiento a la hora de comprar.

Austero, bien lejos de las compras impulsivas

Predomina una actitud prudente y conservadora: “esperar a ver qué pasa”, como señala el último informe de Trendsity que analiza el impacto de la coyuntura actual en los comportamientos de consumo. “Hoy estamos frente a un consumo alejado del placer, sin compras impulsivas y sin espacio para maniobras extremas”, describió Mariela Mociulsky, directora de la consultora. Tan es así que el 30% de los consumidores encuestados en el reciente trabajo afirmó que no se permite consumir algo que no lo haya programado.

Para Guillermo Oliveto, presidente y fundador de la consultora W, el modo austero es el gran cambio de paradigma entre el consumo del último año y medio y la década pasada. Explica que comenzó a partir de cuestiones restrictivas, como la pérdida del poder adquisitivo durante 2016 y la suba de las tarifas de los servicios públicos “que hicieron que todos los consumidores revisaran sus gastos fijos, porque luz, gas y agua –que antes tenían costos muy bajos– ahora entran en las cuentas”, remarcó.

“No quiero asumir compromisos en cuotas a mediano o largo plazo, hasta ver si repuntan las ventas”, confió Luis B., propietario de una librería escolar en Barracas, quien forma parte del 56% de los argentinos que en los próximos seis meses no tiene pensado realizar compras o cambiar los principales productos de electrónica o electrodomésticos, según se desprende de una medición realizada por Kantar Worldpanel.

Atento y algo desconfiado

En este punto los expertos coinciden en que el precio es el rey: el consumidor actual mira con mucha atención los precios, se interioriza sobre descuentos y promociones que le parecen poco transparentes, sacrifica tiempo y esfuerzo para poder informarse y comparar, reclama conocer el precio real y quiere que se lo digan de manera clara y contundente.

Dispuesta a analizar todo antes de comprar, Luciana F. –enfermera, separada, mamá de un nene de 10 años, de Berazategui– comentó con desconfianza que consume “sólo los días que hay descuentos u ofertas reales. Este año me di cuenta que si en una compra te distraés, perdés”.

“El consumidor actual está muy atento y se informa; diría que se ha vuelto detallista”, amplió Juan Manuel Primbas, director de Kantar Wordpanel. “Es que frente a las góndolas –explicó– predomina una actitud de alerta. El comprador está híper sensible a los precios de los productos, los compara en forma permanente y luego planifica qué, dónde y cómo comprar”.

“Ante todo, el consumidor observa el precio final y luego lo incorpora o no en su plan de gastos”, destacó Mociulsky. En el informe de Trendsity, el 80% de los consumidores aseguró que busca y compara precios antes de realizar un consumo. “Es algo –continuó– que ya está incorporado en su ADN: no se deja tentar fácilmente por promociones u ofertas, se permite romper pactos con las marcas y recurrir a estrategias ya probadas en otras épocas de crisis”.

En la visión de Oliveto, “es el mismo modo austero el que lo hace estar atento porque ya no convalida cualquier precio, y donde ve que vale la pena, compra. Estamos frente a un mercado de oferta, con más competencia, menos tentación y más precisión”, resumió.

Administra y prioriza los gastos

Con el alza de tarifas y costos, más que nunca es necesario optimizar el gasto. Sucede en todas las familias, ya sea porque la plata no les alcanza, y si les alcanza ahora tienen más cosas en qué gastarla y más motivos para cuidarla.

Para equilibrar el presupuesto mensual, el consumidor busca otros lugares de compra como mayoristas, ferias barriales, comercios de cercanía, distribuidoras con entrega a domicilio, grupos cerrados de compra en redes sociales, productos sueltos y venta de usados.

Algunos casos ilustran el cambio de hábitos. Ivana M. -docente, casada, dos hijos, vive en Caballito- contó: “Ya no compro todo en un lugar. Voy viendo el autoservicio, el súper o la feria del barrio que tiene buenas ofertas”. Por su parte, José D., empleado administrativo y padre de tres adolescentes, de La Plata, detalló: “Los productos de limpieza los compro sueltos, como hice en la crisis de 2002; y voy al mayorista para aprovechar mejores precios en aceite, fideos, yerba, bebidas, por ejemplo, pero no compro grandes cantidades, solo lo justo y necesario”. Un análisis realizado por Kantar Worldpanel, indica que el 30% de los hogares visitó el canal mayorista y asegura que ya está muy cerca de alcanzar la clientela del hipermercado.

Ahorra en todo lo que puede

Básicamente ahorran en entretenimiento, bienes durables y gastos fijos. “Dejé de contratar el cable porque sólo veo series en Netflix, y di de baja el teléfono fijo porque siempre uso el celular y estoy poco en casa”, contó Pablo L., soltero y estudiante de Medicina, de Castelar.

Mociulsky explicó que las familias hacen un esfuerzo para sostener determinadas categorías de la canasta básica de alimentos, higiene y limpieza, –evaluando precio, marca y calidad–, como así también los servicios básicos, agua, luz y gas. Son los “imprescindibles”. En el otro extremo están los “postergables”: el 91% de los encuestados por Trendsity cree que en lo que resta de 2017 tendrá que disminuir, o bien no incorporar, gastos en salidas y entretenimientos fuera del hogar, electrodomésticos, turismo, indumentaria y calzado, y arreglos del hogar, entre otros.

Y están las categorías “intocables” que la clase media y media alta no resignan: la conectividad, la educación de los hijos y la salud. “Los consumidores ponen en juego estrategias como cambiar de escuela –recurren a las privadas parroquiales, por ejemplo, que al contar con mayor subvención estatal cobran cuotas más bajas–, de prepaga o recortar en actividades extracurriculares. Para seguir conectados cambian de plan o buscan opciones más económicas”.

En síntesis, explicó Mociulsky, el consumidor conoce bien cuáles son las tácticas para poder ahorrar. “Tiene ‘cintura’ para adaptarse, está atento frente a cambios que pueden ser inminentes, y reacciona rápido y en el corto plazo, aplicando una ‘caja de herramientas’ que aprendió a usar en crisis anteriores”.

Infobae

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“Los cambios en los hábitos hacen difícil saber qué está pasando con el consumo”

Especialistas admiten que los cambios en los hábitos hacen difícil saber qué está pasando con el consumo

En el “lado A” del consumo puede verse un crecimiento en las ventas de bienes durables como autos, motos e inmuebles, que se contraponen con el “lado B” de la variable económica: visible en la caída de los productos que se venden en los supermercados, en la ropa o en el calzado. Porqué está ocurriendo esto?

Federico Filipponi, analista de la consultora especializada, Kantar WorldPanel, aclara que “es necesario separar el comportamiento de los consumidores según los niveles socioeconómicos. “Los altos y medios están acelerando el repunte de ciertos consumos. Están eligiendo no priorizar el consumo masivo“. Por el lado de la oferta, una de las causas es que las cadenas o los comercios en general están innovando poco, está siendo poco atractivos, o poco claros con la política de precios, las ofertas, etc. “Este segmento, entonces, está comprando menos unidades y en variantes mas económicas”, dice.

Por otro lado, en las clases bajas, que destinan todo el ingreso a los productos de consumo masivo, ven crecer los precios por encima de la inflación, eso hace que el presupuesto no alcance”. Según Filipponi, la brecha del consumo en este sentido se va a mantener y el recupero de los niveles de compra vendrá (más lentamente que en el pasado) hacia el ultimo trimestre del año. Ese crecimiento va a ser más lento, porque los estímulos al ahorro se van a mantener, explica.

La economista Marina dal Poggetto, del Estudio Bein agrega otra explicación. “Los bienes durables se abarataron o cayeron en dólares, en relación al resto de los bienes”, dice.

Además, “como contracara del aumento de la tasa de interés y la posibilidad de comprar dólares, se generaron más mecanismos de ahorro en detrimento del consumo. Esa disponibilidad de crédito se ve claramente en las compras de motos, por ejemplo”.

En el caso especifico de los electrodomésticos, el cambio en el esquema de financiamiento que se dio cuando se suprimieron las cuotas sin interés produjo una caída en las ventas que recién ahora empezó a repuntar. En el primer semestre del año, crecieron 13% respecto del mismo periodo del año anterior, según la consultora W.

En lo que se refiere al consumo masivo, según la economista, “existe un problema de medición, porque evidentemente se está dando un cambio en los canales de compra por la gente que busca precios mas bajos. De ahí, el aumento fuerte en los mayoristas o en las ferias, en detrimento de otros canales, como los supermercados o almacenes.

Según la analista, “no se trata del mismo escenario del año pasado, cuando se desplomó la capacidad de compra. Este año las paritarias le ganaron a la inflación, con lo cual, parte va al ahorro y otra parte lo explica el cambio en la lógica del consumo, donde además se ve un efecto de sustitución a bienes más baratos dentro de la misma categorías.

También para el economista Luis Palma Cané, el mayor impulso que están teniendo los bienes durables se explica por la baja de la inflación y por una financiación adecuada, dice. “El turismo, a su vez, se explica por el atraso cambiario, y las ventas de cemento y materiales para la construcción, por el impulso que está teniendo la obra pública. Además, está arrancando bien, la privada por el financiamiento hipotecario”, agrega.

En cambio, el consumo masivo cae según el economista, porque “el salario real no se volcó a ese tipo de bienes, seguramente por un cambio en los hábitos de compra, entre otras razones.

“Esto pasa siempre en los ciclos, los que primero salen de la crisis son los medios y altos y después con la reactivación de la economía, mejoran los de la base de la pirámide“. Y remata: “hay que esperar que los niveles de actividad se vayan consolidando para que esto sea posible.

Clarín

 

“El año de los Precios Convalidados”

El año de los Precios Convalidados

Con o sin dinero en el bolsillo, los consumidores están castigando, como pocas veces en la historia, a las marcas que suben precios por encima de ciertos valores de referencia. Esta nueva actitud, en parte, explica el retroceso de las primeras marcas alimenticias, y la fuerte caída en las ventas en consumo masivo y otros rubros como indumentaria. En cambio, los argentinos se vuelcan casi sin reparos a segmentos en los que convalidan los precios, en especial entre bienes dolarizados, como autos, motos, turismo, materiales para la construcción y el canal mayorista.

“Precios convalidados” podría ser el nombre del nuevo paradigma de consumo en el país, según media docena de expertos consultados por El Cronista. La “hiper-sensibilidad” a los precios no solo se da en el segmento de bajos recursos, sino también en las clases media y media alta, que eligen no comprar un producto o cambiar de marca cuando entienden que su proveedor habitual “pasó la línea” de tolerancia. A su vez, los expertos analizan que esta actitud se da en todos los canales y comenzó en 2016, cuando el Gobierno empezó a definir a la inflación como un “cáncer”.

“Todo cambió en diciembre de 2015. La gente se despertó y está muy atenta a las variaciones de precios, entendió que tiene un rol clave para validarlos. Cada vez más, y en especial este año, los consumidores comparan todo el tiempo entre productos de la misma categoría, sin importar el nivel de ingresos y castigando cuando la marca se mueve de los parámetros históricos de precios”, destaca Federico Filipponi, director Comercial de Kantar Worldpanel, quien habla de un “cambio de modelo”, desde uno en el que “la plata quemaba” a otro en el que es posible ahorrar o “al menos administrar racionalmente” el dinero.

En el nuevo ideario, los consumidores convalidan los precios cuando su marca preferida no se aleja de sus parámetros históricos: “Quien compra en la casa tiene sus parámetros de referencia y, cuando ve que una marca se alejó mucho de su competencia y hay una brecha ancha de dispersión, entonces castiga”, resalta Filipponi. Esto impactó de lleno en las marcas líderes y, en especial, las que sostenían desde hace años la “estrategia de shock”, por la que aumentaban sus precios en forma considerable una vez durante el año y, el resto de los meses, subían lentamente.

En este contexto, las cifras de Kantar muestran que solo 30% de las primeras marcas logró crecer en este contexto. Al resto no les alcanzó con mantener su posicionamiento histórico de precios para sostener el nivel de ventas y tuvieron que hacerse más competitivas para ganar. “Hay relación inversamente proporcional entre volumen y precio; las primeras marcas que menos aumentaron los precios lograron capitalizar volumen, mientras que aquellas que quedaron desposicionadas en precio -lejos del price index de la categoría- cedieron terreno”, completa Filipponi.

Drama alimenticio

Desde Nielsen Argentina, Facundo Aragón, Industry leader, reconoce que el Retail sigue sin repuntar, aunque sus últimos datos, de mayo pasado, indican una “importante desaceleración de la caída que venían arrojando los primeros meses del año”. ¿La razón? “Un enfriamiento en los aumentos de precios promedio ponderados”, además de los “desafíos de coyuntura” en un escenario de “reacomodamientos a nuevas bases”. Los datos arrojados por la Canasta Nielsen muestran una caída del 6,4% en mayo, en comparación con el mismo período del año anterior. Al margen del impacto subjetivo de los precios, el experto dice que en especial se debe a la “pérdida del poder de compra”.

Para Nielsen, el precio ha sido, es y será un factor importante en la decisión de compra, y su importancia varía entre categorías y luego, dentro de las mismas, entre las marcas: “Para cada producto, los consumidores tienen en su mente un precio máximo o un umbral de precio por el que pagarían. Este límite no suele ser el mismo para todos. Dependiendo de su afinidad y el nivel de necesidad con esa categoría, sumado a la valorización de la marca y del producto por parte del consumidor, estos umbrales pueden variar. En un contexto como el actual, donde la restricción presupuestaria es más elevada, los consumidores están más atentos a estos límites de precios; analizan más hasta donde están dispuestos a pagar por cierto producto”.

Sector por sector

Un informe de Guillermo Oliveto, titular de Consultora W, es elocuente al respecto. Este afirma que los consumidores “ahorran con el consumo”, dado que “la pérdida del poder adquisitivo el año pasado hizo que hubiera más prudencia y más desconfianza”. Los precios convalidados están a flor de piel en el informe, ya que justamente hay más crecimiento en los rubros con precios aceptados por los consumidores: motos (49,4% de incremento en volumen interanual en los primeros cinco meses del año), los inmuebles (45,5%), autos (31,4%), turismo al exterior (13,2%) y electro (13%, en las cadenas).

Más allá de consumo masivo, indumentaria es otro rubro golpeado por altos precios que, al parecer, no son convalidados por los consumidores. La percepción de si es caro y barato, en este sentido, se da en la comparación con cuánto cuestan las mismas prendas en el exterior. Por caso, los productos de Zara en el país son los más caros del mundo de la cadena. En este sentido, el economista Gustavo Ludmer, docente de la UBA e investigador del sector textil, explica que solo 20% de los precios de un producto es el costo de producción, cifra que llega al 45% si se suma diseño, marketing y rentabilidad de la empresa. El 55% restante son impuestos (25,5%), intermediación financiera (15%) y alquileres (14,9%).

“Además de la caída del salario real, están cerrando locales porque no hay margen para bajar el precio con estos costos directos e indirectos, por lo que la única solución es bajar costos impositivos y monopolios en el rubro alquileres y comisiones bancarias”, advierte. Para los consumidores, comprar en el extranjero es la solución. Un análisis preliminar de Ludmer sostiene que “si cada turista argentino trae consigo u$s 150 en indumentaria, esto representaría el 50% del mercado”.

El porqué de los mayoristas

La tendencia también explica en parte el “boom” de los mayoristas. Hoy, el 30% de los hogares de la Ciudad y el GBA realiza compras en este canal. Según Nielsen, más de la mitad de los hogares compra en ellos de forma semanal y lo que más se adquiere son alimentos básicos. Aragón dice que se viene detectando un consumidor mucho “más informado”, que tiene a mano “los medios y la tecnología” para enterarse de las promociones y es permeable a las opiniones de otros usuarios.

Por su parte, Alberto Wilensky, especialista en marketing estratégico, indica que la lógica de la convalidación de precios por parte de los consumidores es un tema esencial de la relación entre oferta y demanda. Según sus palabras, lo que ocurre en la actualidad es que “los consumidores le están prestando mayor atención a los precios ya que están siendo más cuidadosos en sus consumos y nivel de gastos”. En tal sentido, cuando este comportamiento se instala en la mente de los consumidores, se constituye en una especie de filtro para todas las decisiones.

La realidad actual muestra que es indistinto el nivel de ingresos de las familias, todo el segmento se ha visto en urgencia por buscar nuevas formas de estructurar su esquema de gastos, definir prioridades, eligiendo nuevas marcas y canales. Desde este punto de vista, Wilensky remarca que se constituye en un modelo de comportamiento de compra que “no queda definido por la diferencia entre los distintos segmentos socioeconómicos y responde por sobre todo a una segmentación de naturaleza actitudinal”.

Aquí se abre una puerta a una dimensión que el experto denomina “convenience”, que surge de la sensación subjetiva de estar comprando barato o caro, de la tranquilidad subjetiva de pensar que se está ahorrando y, en el caso de algunas promociones u ofertas, como el 2×1, que generan al consumidor la percepción de estar realizando “un gran negocio”.

Construcción y turismo

La relación entre el valor del dólar y la convalidación de los precios desemboca en la compra de bienes como los de construcción. El rubro viene registrando alzas mes a mes en lo que va del año, según el índice Construya, que mide volúmenes de venta de las firmas líderes. En junio, confirmaron una incremento del 17% en ventas de materiales, respecto de 2016.

Los primeros datos de junio también son positivos, según el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (Isac): los despachos de cemento habrían crecido 16,4%, cerca de lo que marcó el Índice Construya, un 15,5% interanual. La reactivación del consumo se debe, según los expertos, al aumento de obra pública, más permisos de obra privadas y la actitud de las familias de acceder a estos bienes para refaccionar, ampliar o construir su propia casa. Si bien el costo de la construcción es elevado de acuerdo a parámetros históricos (unos u$s 1.100, según el asesor inmobiliario Horacio Ludigliani), el dólar planchado hasta junio impulsó el sector.

Por otra parte, con un dólar estable, una alta inflación interna y la quita de impuestos al turismo, hubo más argentinos que viajaron, haciendo que el turismo externo aumente 13,2% interanual en el primer cuatrimestre, alcanzando su récord histórico, según un informe de Ecolatina. Por esta razón, se calcula en el documento, “se fueron casi u$s 4.400 millones en lo que va del año”.

Los paquetes turísticos se comenzaron a ver con buenos ojos, en parte gracias a la quita de impuestos que tuvo el sector, la quietud del dólar y el reciente arribo de empresas que ofrecen vuelos low-cost. Uno de los destinos más frecuentes de los argentinos es Chile, un punto cercano e ideal para hacer compras que llegó a desplazar a Miami como sitio para hacer shopping. Según cifras del Indice, 12,2% de los argentinos viajaron a Chile, gastando en el primer trimestre del año, de acuerdo a la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo del país vecino, unos u$s 500 millones.

Percepción

Para Marcelo Ghio, consultor en branding, “validar el precio” significa que la percepción de valor es adecuada, de modo que una persona está dispuesta a pagar lo que se le pide para hacerse con ese producto. En este sentido, se valora un producto y considera “justo” su precio más allá de que esté o no al alcance de la persona, ya que, como audiencia, construye marca y valor. Los consumidores, finalmente, son la parte de la audiencia que puede pagar el precio. Cuanto más valor construya una marca, más alto será el precio que estará dispuesto a pagar el consumidor.

Cronista

“Cambio de hábitos: más autos, hipotecarios y créditos largos, menos ropa y consumo de corto plazo”

Se venden más autos, los créditos hipotecarios causan furor, en el campo se respira con mayor alivio y el mundo financiero sigue subido a la “lebacmanía”, pero el consumo sigue de capa caída.

Esto último es, precisamente, lo más inquieta hoy día al Gobierno, que ve cómo se acerca la fecha de las urnas y no logra sacarlo del pozo en el que está metido hace ya unos meses.

Uno de los datos que los funcionarios siguen con atención son las ventas minoristas, al tiempo que van monitoreando otros indicadores para detectar modificaciones en el mix de bocas de expendio.

En este sentido, un informe elaborado por la consultora Focus Market revela que ya desde el año pasado una mayor cantidad de personas se fue volcando a las compras cotidianas en pequeños comercios, a raíz de las mayores restricciones presupuestarias.

En cuanto a los otros rubros –como el de la electrónica, artículos del hogar, bienes e indumentaria–, un canal que viene creciendo a pasos acelerados es el online. Paradójicamente, no es tenido en cuenta para la elaboración de las estadísticas oficiales.

El “tarjeteo” en el exterior también alcanza cifras récord. Y si bien corresponde a una porción relativamente minoritaria de la población, lo cierto es que ese segmento es el que más mueve la aguja consumista.

En lo que se refiere al mercado doméstico, el “combo” conformado por una economía que no termina de despegar, una inflación que tarda en ceder y salarios que aún no terminaron de acomodarse (ya que la mayoría de las empresas particiona los aumentos en dos tramos y el segundo aún no llegó), hace que el consumo siga sin arrancar.

En este marco, adquieren suma relevancia los planes de cuotas que ofrecen bancos y comercios, ya que sin ellos buena parte de la sociedad se vería imposibilitada de adquirir varios de los productos que le despierta interés.

Al analizar el comportamiento del público y el uso de las tarjetas de crédito y débito, se observa el fuerte impacto causado por la irrupción de Precios Transparentes.

Ocurre que este plan borró un plumazo la “ilusión” que se había creado de poder comprar en 12 cuotas sin interés, modalidad que ya se había incorporado al set de preferencias del público.

De la información aportada por las propias emisoras de tarjetas, surge que el ritmo de gastos también se ha moderado por un cambio de hábitos y preferencias.

Más bienes durables, autos premium y créditos hipotecarios contrasta con un menor protagonismo del “shopping“, argumento al que apelan varios funcionarios para refrendar el “lado positivo” de la caída del consumo.

Alegan que aquellos argentinos con mayor capacidad adquisitiva ahora han comenzado a priorizar el largo plazo, en detrimento de las compras de ocasión, y ello se ve reflejado en la forma en que se financian.

“Observamos un cambio en el comportamiento. Durante el kirchnerismo y el cepo, la gente consumía todo lo que podía, para no quedar presa de la inflación“, señala un importante funcionario que visita con frecuencia la Casa Rosada.

“Hoy día, en cambio, en la medida en que la inflación va bajando y las perspectivas de largo plazo mejoran, hay una mayor propensión al ahorro. Estamos cambiando la cultura cortoplacista por una de largo plazo”, añade.

La fuente recuerda que esto sucede luego de más de una década en la cual la prioridad fue inyectarle fuerte presión a la “bomba consumista” y a como dé lugar, siendo los planes de cuotas un elemento vital para lubricar esa maquinaria.

Ahora, en cambio, el enfoque parece girar al ahorro o a determinado tipo de bienes de mayor costo, para los que se requiere otro tipo de financiación.

Esta “nueva” demanda tiene su correlato en el boom de hipotecarios: desde enero a mayo, los argentinos tomaron créditos por $11.000 millones, cifra que ya supera a todo lo colocado durante el año pasado.

Por el lado de los préstamos personales, también se observa un importante progreso: “En lo que va del año, prácticamente duplicamos el nivel”, indica el directivo de un banco privado nacional de primera línea.

Añade que “los pedidos vienen de la mano de un aumento en los montos solicitados y de los plazos de cancelación, que ahora rondan los 3 años“.

Situación similar se registra en los bancos oficiales, como el Ciudad o el Provincia. Fuentes de ambas entidades señalan a iProfesional que ya duplicaron los montos colocados respecto a igual lapso del 2016.

Si se analiza la evolución de las diferentes líneas destinadas a personas físicas, el dato que adquiere mayor protagonismo es el de la fuerte suba registrada en hipotecarios y prendarios.

– En los hipotecarios, el acumulado de los montos efectivamente colocados entre enero y mayo treparon un impactante 360% respecto del nivel de hace un año.

– Los prendarios, en tanto, crecieron 153%, superando ampliamente a los personales (103%) e incluso al financiamiento vía tarjetas de crédito (19%).

Si se elige como base de comparación mayo de 2016, lo más relevante es el avance de los hipotecarios (430%), seguidos por los personales (143%).

Estos últimos subieron 105% mientras, y otro dato llamativo -que marca un fuerte constraste- es lo que ocurre con las tarjetas, que cayeron 7%.

Es cierto que los volúmenes de cada línea son muy distintos, pero también es verdad que el mix de líneas de financiamiento cambió de manera apreciable. En particular,  ahora se caracteriza por un sesgo más largoplacista.

Para los analistas, muchos de los que toman créditos lo están haciendo pensando en el mediano término, aun si esto les representa sacrificar parte del consumo presente.

Intuyen, además, que este puede ser uno de los motivos que justifica el menor impulso en el uso del plástico, en sus diferentes modalidades.

Así las cosas, se observa en el mix de financiamiento que los:

– Hipotecarios: pasaron de un tímido 1% (mayo de 2016) a un 5,1% un año después

Prendarios: duplicaron su participación pues repuntaron del 2,2% al 4,3% en igual lapso

– Préstamos personales: ganaron unos 13 puntos porcentuales (del 20% al actual 33%)

Estos repuntes ocurrieron a expensas del “tarjeteo“, que perdió nada menos que 14 puntos porcentuales en un año (del 77% al 58%).

¿Y los saldos de los bancos?
Hay otra forma de analizar lo que viene sucediendo, y es a través de la manera en que evolucionan los saldos de cada una de las líneas en los balances de las entidades financieras.

En otras palabras, cómo se distribuye la cartera de los bancos y su evolución a lo largo de estos meses.

En el caso de los personales y las tarjetas de crédito, se observa que desde fines de enero los saldos de los primeros superan al de los plásticos, algo que no sucedía desde hacía mucho tiempo (ver cuadro):

Este cambio imprevisto se debe en gran medida a que, en la actualidad los nuevos montos de tarjetas que se financian mensualmente apenas duplican a los de los personales (2 a 1).

Hasta no hace mucho tiempo, esa relación era de 4 a 1 (ver cuadro):

En cuanto a la relación entre hipotecarios y prendarios, lo más significativo es la marcada reducción de la brecha: pasó de poco más de $14.000 millones (mayo de 2016) a menos de la mitad ($6.200 M).

En consecuencia, los balances de los bancos muestran que durante el último año la línea que más creció fue la de los prendarios (61%), seguida por los personales (54%), bien por encima de la de tarjetas (12%).

Con estas variaciones, la estructura de financiación a las familias muestra un claro cambio en favor de los créditos personales, que ahora representan casi el 43% del total. Les siguen las tarjetas, que retrocedieron al 36% y los hipotecarios con el 11%.

Finalmente, los prendarios, ahora reúnen el 10% del share.

En este escenario, que presupone un cambio de hábitos, algunas voces oficiales deslizan que el estancamiento del consumo se debe a que la sociedad ahora encuentra opciones para canalizar su dinero que antes no tenía.

Esas alternativas a las que hacen referencia van desde la toma de créditosa tasas bajas para financiar un 0km hasta la búsqueda de un hipotecario.

Esto, claro está, sin dejar de mencionar la búsqueda de dólares de los particulares que, sin cepo mediante, acumuló más de u$s11.000 millones en tan sólo los primeros cinco meses del año.

Iprofesional

“Con el consumo planchado, sólo vende el que baja los precios”

Con el consumo planchado, sólo vende el que baja los precios

Mientras el consumo no reacciona, solo ganan volumen de ventas los productos que bajan de precio o aumentan menos que la inflación. En este contexto, las grandes cadenas y los bancos retoman las promociones y los descuentos para lograr reactivar las operaciones. Autos, turismo, insumos de construcción y algunos alimentos son los rubros que logran consolidarse.

Según la consultora Kantar World Panel, el consumo en supermercados y comercios minoristas cayó 5% en mayo y el semestre se perfila a cerrar con una baja del 4%. Pero en ese panorama hay algunos productos que dan mejor pelea que otros. Un relevamiento de CAME muestra que las ventas de los comercios minoristas descendieron en mayo 2,3% contra el mismo mes del año anterior, aunque la baja fue despareja. Mientras en marroquinería la pérdida fue del 4%, en alimentos y bebidas la disminución fue del 0,5%.

Los segmentos que menos subieron de precio son los que menos caen en las ventas. El índice de precios al consumidor de la ciudad de Buenos Aires aumentó 66% entre septiembre de 2015 y abril de este año, con un fuerte impacto de las tarifas de servicios públicos. En ese período, el ítem alimentos y bebidas subió 56%, con picos del 96% para el aceite. Entre los rubros que más aumentaron están las bebidas alcohólicas (90%) y el tabaco (109%).

Desde los supermercados admiten que sigue siendo un año difícil. “El consumidor actual está más orientado a precio. Extiende a las compras diarias, como a los alimentos secos por ejemplo, la conducta que antes reservaba para cosas más grandes, como los electrodomésticos: sólo compra cuando ve una oportunidad buena“, dice Juan Pablo Quiroga, encargado de comunicaciones de WalMart.

“Los productos que mejor resisten la depresión del consumo son los alimentos secos y harinas, yerba, azúcar, leche y aceite. Esos tienen mucha rotación. La contratara de los que caen sustancialmente son bebidas, perfumería y limpieza, donde hay mucho movimiento a segundas marcas y marcas propias. Si bien el consumo viene cayendo en los últimos meses, la merma es menos pronunciada mes a mes, debería mejorar el volumen antes de fin de año”, señala.

La demora en la reactivación del consumo hizo que los bancos y las grandes cadenas volvieran a poner sobre la mesa los grandes descuentos y los pagos en cuotas. En esa línea el Banco Provincia anunció que les dará a sus clientes un descuento del 50% en las compras en supermercados, con un tope de $1.500 mensuales. Y cadenas como Carrefour reinstalaron las cuotas sin interés para las compras de electrodomésticos, el sector que venía más golpeado por la crisis.

El dólar quieto suma atractivos frente a una inflación que suma 10,5% en lo que va del año. Desde la consultora Ecolatina remarcan que “en las familias de ingresos medios y altos el atraso cambiario está impulsando la compra de numerosos bienes dolarizados“.

Es el caso de la venta de autos nuevos, que aumentó 31,4% en lo que va de 2017.

El atraso contribuyó a que el turismo zafara de la caída. Datos del Indec muestran que en los primeros cuatro meses del año salieron del país 1.300.000 personas, una suba del 13,2% respecto del mismo período de 2016. El año pasado se había llegado a un récord de 3,34 millones de viajeros que este año se volverá a superar. Una muestra de esto es que en mayo la cantidad de pasajes vendidos por las líneas áereas aumentó 18% y se superaron los 2 millones de pasajeros al mes. La intención del Gobierno es duplicar ese número, low cost mediante, para 2019.

Los datos dan cuenta también de que hay una divergencia entre el consumo de los argentinos dentro y fuera del país. Ecolatina detalla que en el primer trimestre del año las compras con tarjeta de crédito en dólares crecieron 40% interanual, pero en pesos sólo aumentaron 28%. “Esto evidencia la influencia del atraso cambiario en las decisiones de compra de las familias. También se observaron incrementos significativos en el sector inmobiliario, donde las escrituras en CABA crecieron cerca de 62%, tras subas considerables en 2016”.

De acuerdo al Colegio de Escribanos, la cantidad de escrituras que se hicieron hasta el cuarto mes del año (14.985) constituye el registro más alto desde 2011. Parte de este alza se explica por la proliferación de las hipotecas bancarias que ya alcanzan al 21,2% del total de operaciones.

La buena performance del sector de la construcción también se refleja en la venta de insumos como el cemento, que aumentó 7,7% en los primeros cinco meses, mientras que el índice Construya muestra una suba del 14% en mayo y del 3,5% en el año.

El dólar en sí mismo también le gana a la baja del consumo. En el primer trimestre, la compra minorista de esta divisa (menos de US$10.000) alcanzó niveles récord con US$3.403 millones. “Si bien una parte del consumo está reactivándose, el dólar barato y una política de comercio internacional más abierta está generando que el incremento del gasto de las familias se destine a bienes dolarizados, por lo que el efecto positivo del consumo sobre el aparato productivo es acotado”, indica Ecolatina.

Vuelven las cuotas y las promociones para empujar las ventas

Los supermercados y las grandes marcas van rediseñando su estrategia para adaptarse a un mercado que no termina de despertarse.

Pablo Rego, director de marketing de Carrefour, cuenta que la cadena armó una canasta de 800 productos “hipergarantizados”, reforzando el compromiso de ofrecer el precio más bajo. A esto se suman promociones como el Carrefour Black del último fin de semana que “permiten garantizar que categorías relevantes para el consumidor sean accesibles”.

Rego señala que las categorías de electrodomésticos son las que más han sufrido en los primeros meses del año y por eso “a partir de abril retomamos las 12 ó 15 cuotas sin interés, que permitieron una remontada muy fuerte de esas categorías”.

En los últimos años Carrefour abrió cerca de 400 tiendas express para adaptarse al cambio de costumbres de los consumidores. Para mantener vivo el formato de los hipermercados, las promociones son esenciales.

“El formato hipermercado naturalmente necesita un atractivo adicional. Eso incluye un surtido muy amplio con diversas marcas, y también de acciones promocionales muy dinámicas”, puntualiza.

Desde WalMart, Juan Pablo Quiroga señala que la cadena no ofrece megadescuentos, sino que “nuestro esquema es tener el precios bajos todos los días. Buscamos ofrecer una canasta de 400 productos con mucha rotación y más baratos que toda la competencia“.

La pérdida de poder adquisitivo del año pasado reforzó los cambios de hábito de los consumidores que visitan cada vez menos los hipermercados y se vuelcan a los locales de cercanías.

“El hiper viene perdiendo participación en todo el mundo. A nosotros nos afecta un poco más porque el consumidor ya no hace la gran compra mensual, solo hace la reposición de entre 12 y 14 productos en algún lugar de cercanía. Por eso avanzamos con locales mpas chicos, como los Chango Más, las tiendas de descuento de Wal Mart, que tienen mejores resultados”, señala Quiroga.

“Somos bastante optimistas para este año. Si bien el consumo viene cayendo en los últimos meses, la caída es menos pronunciada mes a mes, debería mejorar el volumen antes de fin de año. La recomposición de las jubilaciones y los salarios mínimos se van a volcar la consumo, fundamentalmente a productos de almacén”.

A principios de año, cuando el Gobierno buscó sincerar los precios y puso freno a las cuotas sin interés, el mercado se resintió. “Cayó mucho el consumo de electrodomésticos y la facturación de ticktets altos. Pero en el último tiempo algunos bancos empezaron a lanzar líneas de financiación y eso debería mejorar el rendimiento de algunas categorías que estaban deprimidas de por sí”.

Del lado de los proveedores siguen apostando a que la recuperación llegará. Miguel Kozuszok, CEO de Unilever, dice que los segmentos que más sufrieron fueron los de cuidado personal, mientras que alimentos y limpieza funcionaron mejor. Y asegura que en mayo “ya se tocó piso”. Las ventas de la multinacional cayeron 4% en lo que va del año.

Desde una de las principales empresas de alimentos del país destacan que el 2017 sigue siendo un año “complicado”.

“Hubo una sensación de que por ahí se acomodaba un poco en marzo y en abril, pero las comparaciones contra el año pasado no están mostrando buenos resultados. Hoy las motos se venden, se recuperan los autos, pero cuesta que se acomode el mercado de fideos. Se rompió la lógica histórica, es algo difícil de entender”, apuntan.

Desde el sector indican que una explicación posible es que “parte del consumo se trasladó a los canales informales. Las ferias barriales y los locales que venden todo suelto fueron ganando peso. Pero aún así el consumo global sigue en baja. Las encuestas que miden paneles de consumo por hogares dan caída, incluso en las categorías más básicas”.

Un empresario de primera línea da un ejemplo concreto. “Fideos es lo que menos aumento ha tenido dentro de alimentos. No debe haber llegado a la mitad de la inflación acumulada en los últimos 20 meses. Y aun así no hay correlación con el volumen de ventas de fideos que hoy estamos teniendo. Con la yerba pasó lo mismo”.

Además de la pérdida de poder adquisitivo también se comprueba un cambio de hábitos. “El consumidor argentino estaba muy atado a la lógica de las ofertas. Entonces cuando encontraba buenos precios compraba para stockear. Hoy es al revés: si estoy stockeado, no compro. No van a los grandes supermercados porque no quieren comprar de más. Creció mucho la venta de cercanías y todos los discount. También impacta que los mayoristas han abierto la venta unitaria. La gente cree, y en muchos casos es cierto, que gasta menos de esta manera”.

Para este ejecutivo, la llegada de la reactivación sigue siendo incierta. “La gran incógnita es qué va a pasar con las paritarias. No tenemos claro adonde va a ir esa plata, si va a ir a consumo, a pagar cuotas atrasadas, o a ahorro”.

Clarín

 

“El nuevo paradigma del consumo 2017: el retorno del precio real y la transparencia como valor de época”

Gobierno lanza inspectores a la calle para controlar debut de

El último año fue de contracción del consumo y reorganización de toda la estructura de gastos de los hogares, que tuvo tres grandes motivos: pérdida de poder adquisitivo -siete puntos en el sector formal-, suba de tarifas y un consumidor que se puso en “modo austero”. La caída fue generalizada y en el caso de los bienes durables fue más pronunciada: el rubro de electrodomésticos cayó 14% e indumentaria, 8%. La excepción la marcaron claramente los autos (+10%) y, en menor medida, las motos (similar volumen de ventas que en 2015). La contracción más significativa fue la de los productos cotidianos: alimentos, bebidas, cosmética y limpieza. En promedio, los volúmenes de ventas cayeron 4,5 por ciento.

Sin embargo, hay nuevos patrones de conducta emergentes. Para los argentinos (sin distinción de clase social) la frase del año fue “la plata no alcanza”. El recorte de gastos, como actitud, fue transversal. De modo consistente a lo largo de todo el año, más del 70% de la gente dijo en cada una de las mediciones realizadas -1000 casos a nivel nacional- que había tenido que gastar menos. Y más del 60%, que tenía menos poder adquisitivo que un año atrás.

Para comprender el impacto social que tiene el consumo debe analizarse la configuración de la sociedad y su autopercepción. En la Argentina, actualmente el 45% de los hogares es de clase media, pero el 80% cree serlo. El consumo opera así como un fuerte vector de identidad. En función de lo que compro, soy. En función de lo que tengo, y muestro, me ubico en la trama social frente a la mirada de los otros… y de la propia. Ser de clase media es parte de nuestro ADN y son los bienes y servicios los que muchas veces permiten, o no, mostrar y demostrar esa pertenencia. Los argentinos somos, entonces, “consumistas” y “marquistas”.

Pero también se da otro fenómeno: la transparencia como nuevo valor de época. La gente ya decodificó que el contexto es otro. Y que hay cosas que llegaron para quedarse. Saben que, a partir de ahora, las tarifas habrá que pagarlas. Y el 80% está de acuerdo con eso. Son conscientes de que era una fantasía que la luz o el gas costaran lo mismo que un café. Más allá de que la gran mayoría vivió el nuevo cuadro tarifario como un shock y prefiere que se hubiera hecho de modo más gradual, la revalorización de los servicios públicos como un gasto relevante en el hogar a esta altura ya es dato.

En un país donde la inflación comienza a bajar, donde se pueden comprar dólares para ahorrar, donde los plazos fijos al menos permiten mantener el valor del dinero y donde hay que pagar cosas que antes eran “gratis”, la plata ya no sólo no quema, sino que está muy justa y hay que cuidarla.

Imposibilitados de gestionar los precios durante la era K, dado que eso lo hacía el gobierno, las empresas, las marcas y los canales de comercialización desarrollaron al máximo el músculo promocional. Fue el tiempo de los “anabólicos” al consumo: descuentos, promociones y ofertas permanentes. Ante la caída de volúmenes de ventas de comienzos de 2016, las marcas incrementaron la dosis. Sin embargo, se produjo un quiebre en el vínculo con los consumidores.

Precio bajo mata promoción

“Si en la segunda unidad hay un descuento del 80%, ¿cuál es el precio? Si hoy es lunes y sé que el viernes tiene 25% de descuento, ¿cuál es el precio real?” Estos reclamos, que reproducimos aquí de modo textual, se profundizaron a lo largo del año. Y ante la pregunta sobre si preferían que las marcas hicieran un descuento del 25% o que, por el contrario, destinaran esa inversión directamente a bajar sus precios, el 82% de los encuestados optó por la segunda opción. Hoy, “precio bajo” mata “promoción”.

Al analizar los casos de aquellas marcas que volvieron a utilizar el precio como variable de seducción (“Pacto Porrón” de Quilmes, “Precios Congelados” de Danone, “Precio Fijo” de Lay’s y baja de precio en fideos Lucchetti), la gente avaló esa estrategia.

Además, la gente no ve a las empresas, a los supermercados o los shoppings como los responsables de la inflación, sino al Gobierno: el 57% al de CFK y el 21% al de Mauricio Macri. Apenas el 11% culpa a las empresas. La inflación es una responsabilidad del Estado, no del sector privado. Por lo tanto, si una marca baja el precio, está ayudando, no lavando culpas.

Por el contrario, el contexto sobrecargado de promociones comienza a generar desconfianza, cosa que antes no sucedía. Cuando se “compraba sin mirar”, no se hacían demasiadas cuentas. Ahora que “me fijo en todo”, la agudeza y el nivel de crítica es otro. Toda una novedad que trajo una mirada más reflexiva sobre el consumo. Las evidencias que demuestran el surgimiento de un nuevo patrón de conducta son variadas y diversas. Desde el “fenómeno Chile” en indumentaria y tecnología, hasta el crecimiento de las compras en outlets, comercios mayoristas y grupos de redes sociales, como Facebook.

Lo que refleja esta dinámica de los mercados es la búsqueda de un nuevo punto de encuentro entre la oferta y la demanda. La sociedad argentina no está convalidando, en muchos casos, el nivel actual de precios y está a la búsqueda del “precio real”. La idea del retorno del “precio real” se vincula con un nuevo valor de época que trajo el gobierno del presidente Mauricio Macri y que (de modo consciente o inconsciente) comienza a permear en la sociedad.

El Gobierno propone como valor de fondo el concepto de “hablemos con la verdad”. Y lo demuestra con hechos contundentes. Restituye el Indec y difunde cifras que no necesariamente le convienen, pero que son ciertas. Transparenta cuál es el nivel real de pobreza, de inflación, de desempleo y de contracción de la economía. Se propone un “blanqueo” que permite transparentar los bienes ocultos y el resultado excede las expectativas. Ante una era previa de opacidad -intervención del Indec, con ocultamiento de los datos de pobreza e inflación-, se opone de modo antitético la transparencia como valor. Y es la propia gente la que comienza a hablar de cosas que “no eran verdad”, como lo demuestra esta frase: “Pagar $ 1000 de cable y $ 30 de luz era una fantasía. Sabíamos que algún día se iba a cortar, y se cortó”.

Frente a la enorme dificultad de reconocer eso, ya que a nadie le gusta comprar menos y apenas puedan la intención es volver a consumir “como antes” (salvo en los servicios públicos, donde sí se proyecta una conducta más prudente), los ciudadanos se vuelven doblemente exigentes, tanto frente al Gobierno, como ante las marcas y los puntos de venta.

Sería algo así como “sinceremos todo”. Por eso, el reclamo hacia las marcas y los canales comerciales es “sinceremos los precios” y encontremos un nuevo punto de encuentro, que será aquel donde la gente entienda que está el “precio real”. Los primeros casos testigo en los que dio este proceso fueron exitosos.

Cuotas con interés encubierto

En cuanto a los planes de pagos en cuotas, cabe hacer una distinción. No tienen el mismo nivel de crítica que los descuentos. El 77% reconoce que los planes de pagos “sin interés” en realidad tenían un interés encubierto. La nueva medida del Gobierno opera para transparentar esto que era un secreto a voces. Sin embargo, frente a la opción de 25% de descuento por pago contado o 12 cuotas “sin interés” las opiniones se reparten casi 50 y 50. La cuota, para muchos, aunque tenga interés, es la única manera de acceder y concretar el deseo.

Semánticamente, detrás de la idea del plan de pagos “sin interés” lo que hay es una búsqueda de certeza y previsibilidad. Al leer “cuotas sin interés” lo que el consumidor decodificaba era “cuotas fijas”. Un concepto que mantiene su vigencia, dado que aún existe un resabio del contexto inflacionario: “Las últimas dos cuotas son gratis porque las licúa la inflación”.

El “anabólico de las cuotas” continuará siendo valorado, aunque ahora sea “cuotas fijas” en lugar de “cuotas sin interés”. Se explica así la fuerte aprobación de la continuidad del plan Ahora 12 y su extensión a Ahora 18, que supera el 80%. A la hora de consumir, no hay preferencia política ni ideología. Los argentinos se vuelven terriblemente pragmáticos.

En síntesis, transparentar los precios es una demanda creciente de una sociedad que tiene como gran objetivo de 2017 recuperar capacidad de consumo. Para los argentinos, perder consumo es mucho más grave que dejar de comprar algún producto o marca favorita. Implica perder libertad.

La Nación

“El dólar barato, gran enemigo del consumo: la compra de billetes verdes sextuplica las ventas en los shopping”

En la city porteña ya no se ven largas filas frente a las casas de cambio. Tampoco en los bancos. Esas fotos de otras épocas, típicas de las crisis en la Argentina, quedaron para el álbum de los recuerdos.

Pero eso no significa que la fiebre dolarizadora haya menguado. Todo lo contrario, el 2016 terminó con la peor “fuga” de capitales en cinco años.

Esta masiva dolarización le asesta un golpe demoledor al consumo, justo en momentos en que el Gobierno necesita urgentemente que se reactive la economía.

Las estadísticas son tan elocuentes que eximen de cualquier comentario: los argentinos están destinando a la compra de billetes verdes seis veces más del dinero que dejan en los principales shoppings del país.

Este fenómeno no se dio sólo en un mes en particular. Es lo que viene ocurriendo desde hace ya un año, de acuerdo con los datos oficiales del propio Banco Central e INDEC.

El impacto negativo en el consumo es innegable: la adquisición de billetes verdes es liderada por muchos argentinos de a pie que cada mes eligen comprar divisas en lugar de ropa, calzados o un electrodoméstico en cuotas.

En cifras anuales:

– La dolarización trepó a la friolera de u$s1.600 millones mensuales promedio en los últimos doce meses (casi u$s20.000 millones)

– En tanto, las ventas en shopping promediaron los u$s280 millones por mes durante ese mismo lapso

Los números de diciembre también son elocuentes:

– Por ventanillas oficiales salieron casi u$s3.500 millones

– Casi 1 millón de clientes se volcó al atesoramiento de billetes verdes

– El total de adquirentes fue 40% superior al del mes anterior

– El monto del último mes del año duplicó al de diciembre 2015

Con estos números sobre la mesa, muchos estarían tentados a pensar que esa demanda se explica por las fuertes compras de las multinacionales. Pero no es así: el 45% de las operaciones se pactó por menos de u$s10.000 mensuales.

El siguiente cuadro ilustra cómo vienen siendo las transacciones según el monto:

Ejecutivos de bancos y referentes de la city señalan a iProfesional que el público que adquiere cifras relativamente pequeñas es el mismo que el que suele recorrer los shoppings y las principales avenidas.

En otras palabras, se trata del target al que le apuntan las marcas de indumentaria, calzado, casas de electro y artículos para el hogar.

No caben dudas de que buena parte de esas miles de personas que cada mes se lleva menos de u$s10.000 de los bancos es la que podría volcar esos pesos en los comercios.

La elección parece clara: resignan la compra de productos y servicios, de una “pilcha” o un artículo para el hogar en pos de atesorar divisas.

A diferencia de otras épocas recientes (cuando recurrían al mercado paralelo y llevaban lo obtenido al colchón o a una caja de seguridad), muchos particulares ahora arman plazos fijos en dólares.

Es así como los depósitos ya sobrepasaron los u$s22.400 millones, si bien para lograr este nivel récord también contribuyó el blanqueo.

Esta distinción de recurrir al circuito formal es relevante para la economía: no es lo mismo que el público compre y se los lleve a la casa o a una caja de seguridad a que deje esos fondos dentro del sistema bancario.

En este último caso, las entidades quedan en condiciones de prestarles a las empresas vinculadas con el comercio exterior, incluso a una tasa más baja.

Precisamente esto es lo que ha venido sucediendo: los créditos otorgados al sector privado se triplicaron en estos últimos doce meses hasta alcanzar un stock de u$s9.150 millones.

Esta fiebre dolarizadora– que no deja de inquietar al Gobierno- tiene al menos una arista beneficiosa para el Banco Central: le quita la presión de tener que ser el único soporte del tipo de cambio.

En un momento de fuerte ingreso de capitales por el blanqueo y emisiones de deuda -tanto del Estado Nacional como de las provincias- esa demanda de ahorristas contribuye a mantener la cotización.

Más aun, ayuda a que no se profundice el atraso cambiario, luego de que la inflación de los últimos doce meses (40%) duplicara al avance de la divisa estadounidense (20%).

Financiando la fuga
La historia económica reciente muestra que la demanda de dólares se agranda cuando el público “olfatea” que su precio está rezagado. Por el contrario, se reduce cuando no existe tal percepción:

– Entre 2003 y 2007, la opinión mayoritaria era que el país gozaba de una buena competitividad y que el tipo de cambio estaba alto.

Resultado: la salida de capitales fue de u$s3.400 millones promedio anual para esos cinco años.

– En 2008 irrumpió la “guerra” entre Cristina Kirchner y el campo. Sumado a la mayor incertidumbre política, crecieron las dudas sobre si el billete verde estaba quedando rezagado.

Resultado: la formación de activos en el exterior -lo que comúnmente se denomina “fuga de capitales”- trepó a u$s23.000 millones.

– En 2011 se acentuaron las expectativas sobre la llegada de una fuerte devaluación y se fue haciendo más evidente que el país atravesaba un período de “dólar barato“.

Resultado: la salida de capitales totalizó u$s21.000 millones y derivó en la instauración del “cepo”.

A diferencia de esos años “calientes”, en la actualidad no hay temores a que ocurra un salto cambiario imprevisto.

Esto, por la sencilla razón de que el Gobierno ahora puede conseguir en los mercados financieros las divisas que necesita para cerrar el bache fiscal.

De hecho, el ministro de Finanzas, Luis “Toto” Caputo, acaba de anunciar que la Argentina requerirá unos u$s40.000 millones este año.

Está claro que si el mercado de crédito externo no estuviese abierto, la situación sería distinta. En otras palabras, el actual esquema económico no es sustentable sin esas colocaciones de deuda.

Sin embargo, hay muchos que temen que buena parte de esos dólares que consigue el Gobierno estén “financiando la fuga“. Más aun, en un contexto en el que el olfato de los argentinos les vuelve a indicar que hay “olor” a atraso cambiario.

Así, suponen que es más negocio” comprar billetes verdes a $16 que ropa o electro en los shoppings.

Algo de razón tienen: la consultora LCG, fundada por Martín Lousteau, calcula que la cotización debería ser de $19,90 para recuperar el terreno perdido frente a la inflación desde octubre de 2011 (cuando arrancó el cepo) a la fecha.

Los dos dilemas del equipo económico
Por lo pronto, el Gobierno está metido en un par de “bretes“:

No puede subir el dólar por ser un año electoral y porque hay una gran entrada vía blanqueo, que tiende a debilitar el precio

– Pero mantenerlo “baratoatenta contra el consumo, enfría la economía y aleja los “brotes verdes“, ya que el 70% del PBI depende de las compras en el mercado interno.

El otro “brete” viene por el lado del manejo de la tasa de interés en pesos que fija como referencia el Banco Central:

– Si Federico Sturzenegger la mantiene alta para hacer más atractivas las inversiones en moneda local, no contribuye a dinamizar el ritmo de actividad

– Si la baja para darle impulso a la economía, desalienta las colocaciones en pesos y fogonea la dolarización, lo que a su vez reduce el consumo y enfría la economía

Otro inconveniente viene por el lado de la mayor incertidumbre laboral, que lleva a que muchos argentinos prefieran ahorrar, por precaución, a quemar su dinero en los shoppings.

¿Cómo salir?
“La única manera de romper este esquema pernicioso es retomando la senda del crecimiento“, analiza un funcionario cercano a Gustavo Lopetegui y a Mario Quintana.

En tanto, los flamantes ministros Dujovne y Caputo -cada uno en su área- están convencidos de que lograrán dar vuelta la historia.

El primero apunta a dar una mayor certidumbre desde el lado fiscal. El segundo, a brindar señales claras de que los dólares que el país necesita están disponibles.

La consigna es clara: lograr la reactivación de la economía lo antes posible y, de conseguirlo, que el crecimiento sea sustentable en el tiempo.

Para ello, primero habrá que convencer a los argentinos de que consuman en vez de que compren dólares.

El problema para el Gobierno es que muchos perciben que hay atraso cambiario. Para peor, siempre le hacen caso a su olfato.

IProfesional


Autor

Emiliano Schwartz

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