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“Inflación y salarios: pocos estímulos para el consumo”

Devaluación, dólar, salarios, inflación, empleo y tasas de interés. Esas son las principales variables que miran los analistas para proyectar el nivel de consumo para los próximos meses. Sin pronósticos tajantes, la mayoría de los entendidos sostienen que la recuperación demorará varios meses, siempre y cuando la macroeconomía se estabilice. Coinciden, eso sí, en que estamos atravesando el peor momento de la crisis.

En octubre, dice un relevamiento de la consultora W, se agudizó el bajón de ventas en todos los rubros: autos (38%), motos (45%), inmuebles (45%), indumentaria (8,5%), electrodomésticos (25%), y productos masivos (1%). Los primeros indicadores de noviembre también son negativos: el consumo masivo cayó 5,9% (según Scentia) y la inflación cede menos de los esperado: 3,2%, con un acumulado de casi 44% en el año, según difundió el Indec la semana pasada.

El impacto de las variables económicas varía según el rubro. “La inflación, las expectativas de empleo y el poder de compra del salario influye mucho en la venta de productos masivos (alimentos, bebidas, tocador y limpieza). El encarecimiento o la falta de crédito repercute más en bienes durables (electrónicos, motos), distingue Juan Manuel Primbas, director de Kantar Worldpanel. Pero aclara que “una tarjeta de crédito impaga afecta a todos por igual”.

De este modo, cada categoría de consumo tiene perspectivas diferentes. Con el resurgimiento del crédito hipotecario y tras dos años de fuerte crecimiento, la venta de propiedades frenó abruptamente por el doble efecto de la suba de tasas y la devaluación. “El sector inmobiliario está en plena crisis. Veníamos de subas constantes y para el próximo trimestre se esperan cifras muy malas”, señala el director de Reporte Inmobiliario, Germán Gómez Picasso.

La razón es simple. El entendido explica que hoy, con la suba de las tasas, la cuota de un crédito UVA (una fórmula que ajusta por inflación más una tasa) duplica y hasta triplica un alquiler equivalente. “Además está la devaluación -remarca el entendido-, por lo cual un departamento que el año pasado valía $1,7 millones pasó a costar $3,8 millones”. Gómez Picasso cree que un repunte es posible a partir de marzo o abril si se estabiliza el dólar y las propiedades bajan. “La gente percibe que los precios son altos y no están dispuestos a convalidarlo. “Dejaron de subir por la recesión pero en el último trimestre cayeron apenas el 2% en dólares, que es casi nada”, dice.

“Entre el miércoles 29 y jueves 30 de agosto, cuando el dólar superó los $42, fue el punto de inflexión: inflación altísima y sin correcciones salariales, el poder adquisitivo cayó 10%, promedio”, describe Guillermo Oliveto, director de W. En ese contexto de alta incertidumbre, añade el consultor, el consumo se paraliza, porque “el que no tiene, no gasta, pero el que tiene, tampoco”. El escenario viene cambiando de a poco, si se tiene en cuenta que “ya llevamos dos meses de estabilidad cambiaria y la inflación viene desacelerando”.

Para Oliveto, estamos atravesando el piso de la crisis. Si el dólar finalmente se estabiliza, es posible que haya “una suave recuperación” en el consumo masivo, con el impulso de algunos estímulos, como “el bono de $5.000, el aguinaldo, las cláusulas gatillo de los salarios y los ajustes a jubilados y la AUH”. Además, prevé señales positivas para el campo, los sectores exportadores y un buen verano para el turismo interno. “Los bienes durables dependen del retorno del crédito y la baja de tasas, por lo cual podrían recuperarse las ventas recién en el segundo semestre de 2019”.

Basada en insumos importados, la electrónica cayó sobre el fuego cruzado de la devaluación y el retiro de los planes en cuotas sin interés. Un caso emblemático son las TV. Con el efecto del Mundial, un impulso extra para la renovación tecnológica, los fabricantes proyectaban cerrar el año con 3,5 millones de unidades vendidas. La suba del dólar y las tasas modificó drásticamente el panorama. Datos de la AFARTE (la cámara de las terminales fueguinas) estiman fabricar 2,2 millones en 2019 (1 millón menos del promedio de los últimos años) por los remanentes de stock.

“Estamos en el día a día de las ventas y en los últimos 6 meses registramos caídas de entre 20% y 35%, según la categoría”, señala Alejandro Toscano, gerente de Comunicaciones del fabricante de electrodomésticos Whirlpool. El ejecutivo señala que las cifras actuales contrastan con la suba acumulada del 15% entre enero y mayo. Toscano dice que el cuadro es más complejo, ya que las empresas no pudieron trasladar a precios la devaluación. “Medido en dólares, los productos de línea blanca (heladeras, cocinas y lavarropas) hoy son más baratos que en enero”, concluyó.

Los pronósticos de los analistas para 2019 son cautos. Mantienen cierta dosis de optimismo, pero lo supeditan a la evolución de las variables que impactan directamente en el consumo, la recuperación salarial, la estabilidad del dólar y una baja en el costo del crédito: “Una previsión conservadora -puntualiza Toscano- es recuperar lo que se perdió este año. Podría haber un leve crecimiento, en el mejor de los casos”. De todos modos, anticipa “un primer trimestre duro”.

Considerado pieza clave por su impacto electoral, el consumo masivo registra caídas, en paralelo a la pérdida del poder adquisitivo. Los expertos prevén un descenso de entre 1,5% y 2,5% en el acumulado del año y una cifra similar para el año próximo. “Hasta abril teníamos un buen año. En el primer cuatrimestre de 2018 registramos una suba de 2%”, señala Primbas, de Kantar Worldpanel.

“Las claves son los salarios y la inflación”, opina DelRío, de Scentia. Pablo Mandjic, de Nielsen, señala que “es difícil saber si lo peor ya pasó”. Y añade que, a pesar de las dificultades, “una desaceleración en los niveles de inflación podría ser una luz en el camino”. La crisis introduce otras variables: “Cambios a segundas marcas, compra de productos más baratos y abandono de categorías”, enumeró.

Clarín

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“LOS TRES ANILLOS EN QUE LA GENTE AJUSTA SUS GASTOS”

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Pragmáticos y realistas, el 80% de ellos afirman que este es un momento de recorte de gastos. Y lo hacen con un patrón de conducta bastante claro: están ajustando bajo la lógica de los tres anillos.Pragmáticos y realistas, el 80% de ellos afirman que este es un momento de recorte de gastos. Y lo hacen con un patrón de conducta bastante claro: están ajustando bajo la lógica de los tres anillos.

Si miramos los números de la microeconomía, podemos diferenciar claramente esas conductas. La contracción de consumo es mucho mayor en todo aquello que puede postergarse o estirar su uso sin alterar de modo estructural las condiciones de vida (anillo 3). Hay reacomodamientos múltiples en lo que entienden necesario, pero ajustable (anillo 2). Y se procura preservar a como dé lugar lo que juzgan no solo necesario, sino también no ajustable o directamente intocable, salvo casos de fuerza mayor (anillo 1). Ceder allí tiene doble implicancia. Desde lo fáctico, una peor calidad de vida. Desde lo simbólico, poner en riesgo su posición en la estructura social.

En el anillo 3, el de lo “postergable”, se ubican consumos que están vinculados con el deseo. Fundamentalmente, bienes durables de alto valor o de valor intermedio. Varios de ellos crecieron a doble dígito durante todo 2017 y hasta abril de 2018, cuando comenzó la corrida cambiaria. Se apalancaron en dos pilares que hoy ya no están: crédito accesible y dólar barato. Los casos más nítidos son tres: inmuebles (cuyas ventas tuvieron una baja interanual del 25% en agosto); autos 0 km (-31,5% en septiembre), motos (-42% en septiembre) y electrodomésticos (-25% en agosto, según GFK). A este grupo pueden sumarse, aunque de manera más atenuada dado que son transacciones más reducidas, ropa, zapatos, carteras, muebles y artículos de ferretería, que en septiembre, según CAME, vieron caer sus ventas entre 10 y 12 por ciento.

En el anillo 2 se registran matices y hasta ciertas contradicciones propias de cualquier promedio, que nunca pueden explicar del todo la enorme variabilidad y multiplicidad de un gran cuerpo social plagado de heterogeneidades y fragmentaciones. No es lo mismo alguien que vive solo o en pareja que una familia con tres hijos. Tampoco quien paga alquiler que aquel que es dueño de su vivienda. Y, por supuesto, las clases sociales y el poder adquisitivo alteran sustancialmente la tensión “necesario/ajustable”.

El primer caso bien concreto que podemos ubicar en el anillo 2 es el de los combustibles. En el último dato publicado, de julio, las ventas generales no solo no caían, sino que creían 0,5% frente a julio del año pasado. Lo que sí se está modificando de manera acelerada es el tipo de combustible que cargan los consumidores. La transferencia es lineal: cae 6,6% la nafta premium, sube 6,6% la nafta súper.

Algo similar está sucediendo con el consumo más relevante para nuestra sociedad: los alimentos. En promedio, los argentinos destinan el 22,5% de sus ingresos a la compra de alimentos, bebidas y productos de cosmética y limpieza. En los hogares de clase baja ese valor asciende al 50 por ciento.

Aquí la complejidad es tal que requiere una mirada más aguda. De acuerdo con los datos de Kantar Worldpanel, que monitorea mensualmente 5500 hogares en todo el país, de todas las clases sociales y abarcando todos los tipos de puntos de venta -tanto formales como informales-, puede apreciarse que en el acumulado anual, hasta agosto, claramente “la comida” está resistiendo mucho mejor la recesión: el consumo está en el mismo nivel que el año anterior.

Acotada la aspiradora de poder de compra que implicaban los bienes durables fuertemente tentadores, aquello que por naturaleza es más inelástico (comer hay que comer) sufre menos. Si analizamos los datos de los últimos meses, son, como era de prever, negativos. Pero no están en valores de doble dígito como los bienes durables: junio, -2%; julio, -3%; agosto, -2%.

Del mismo modo, la consultora Scentia, que registra la dinámica de ventas en las principales cadenas de supermercados de todo el país, muestra para el acumulado anual un crecimiento de 1% y caídas moderadas para los últimos tres meses: junio, -2,3%; julio, -0,9%; agosto, -0,6%.

Tanto las proyecciones que desarrollamos en Consultora W como las de Kantar y las de Scentia prevén caídas más significativas entre septiembre y diciembre. El acumulado anual se ubicaría entre -2% y -3 %.

DISPERSIÓN

Ahora bien, esto es a nivel general, bajo un análisis de carácter agregado y tomando los promedios. Las situaciones particulares muestran una enorme dispersión de comportamientos fuertemente influenciadas por dos factores: precios -estrategias de las empresas para el traslado de la devaluación- y poder adquisitivo -clase social-.

A modo de ejemplo, si tomamos los datos de Kantar del trimestre mayo, junio, julio -pleno impacto de la devaluación-, podemos ver que mientras gaseosas cae 8%, típica reacción de los argentinos frente a lo que consideran una crisis, cervezas subió 14% y aperitivos, 5 por ciento.

Es extraño, sin embargo, que el consumo de yerba caiga un 8%, cuando suele crecer en contextos recesivos, mientras en simultáneo sube el de quesos al peso, un 6%, y el de snacks, 10%, algo que muchos podrían considerar “prescindible”. Suben las ventas de suavizantes para la ropa, 9%, mientras caen las de jabones para lavar la ropa, -8%.

Contradicciones y paradojas como estas hay muchas en el mercado de hoy. La suba del precio del dólar superior al 100% en el año, y especialmente el salto de $30 a $40 en pocos días, fue como haber pateado un hormiguero.

CUADRO COMPLEJO

¿Hay alguna homogeneidad en un mercado donde sobreabunda la heterogeneidad? Sí: dos. La primera es que en los alimentos está sucediendo lo mismo que en los combustibles: las primeras marcas caen 7% en los últimos tres meses, mientras que las marcas propias de los supermercados crecen 3% y las terceras marcas suben 6%.

La segunda es que los hogares de clase alta, clase media alta e incluso los de clase media baja se las están arreglando de algún modo para sostener su nivel de consumo. En los hogares de clase baja superior -que no están bajo la línea de la pobreza- es donde la caída es mayor.

Finalmente el anillo 1 agrupa a todo aquello que “no se puede tocar”. Para una sociedad con un fuerte imaginario de clase media, donde el 45% lo es, pero el 80% cree serlo, integran este grupo, por decisión, la educación, la conectividad (parque de celulares estable) y la carne (el consumo sube 2%). A lo que ahora hay que sumar, por obligación, la luz y el gas.

Como puede apreciarse, el cuadro de situación es mucho más complejo y tiene muchas más aristas que la simplificación “no se vende nada” o “cae todo”. Este es un tiempo de precisión, no de trazo grueso.

¿Qué espera la gente de las marcas y las empresas en estas circunstancias? Comprensión y empatía. Que entiendan su situación actual y que la sepan acompañar en este momento difícil. ¿Cómo? Brindándole dos cosas: utilidad y claridad. Propuestas concretas que le permitan optimizar su acotado poder adquisitivo, dichas con mensajes simples y contundentes, que la ayuden a encontrarlas en medio del ruido y de la confusión.

Quienes mejor lo logren hacer es altamente probable que sean premiados con su preferencia, traducible en rentabilidad, cuando las cosas mejoren. Partido en juego. Final abierto.

CUESTIÓN DE PRIORIDADES

Primer anillo: intocables

  • Entre los gastos que los consumidores argentinos no están dispuestos a sacrificar, el primero que sobresale, obviamente, son los alimentos en general, en particular la carne.
  • Igual de importantes (y poco elásticos) son los fondos que se destinan a la educación y a la conectividad (el parque de celulares permanece estable a pesar de la crisis).
  • Entre los gastos “intocables” también se cuentan los servicios públicos, a pesar de los fuertes aumentos en las tarifas de luz y gas, lo que implica un redireccionamiento de los presupuestos de las familias.

Segundo anillo: necesarios/ajustables

  • Los combustibles representan un ejemplo de cómo la gente busca recortar gastos sin resignar por completo sus consumos y reemplaza la nafta premium por la súper.
  • Algo parecido ocurre en la categoría de alimentos, con el crecimiento de las llamadas segundas marcas y las marcas propias de los supermercados.

Tercer anillo: postergables

  • En esta categoría se encuentran los gastos vinculados con el deseo y los bienes durables de alto valor o valor intermedio.
  • En la lista hay que incluir rubros que tuvieron una gran performance en los últimos años, como inmuebles, autos, motos y electrodomésticos.
  • En la mayoría de los casos, su desempeño está muy ligado al dólar barato y a la posibilidad de acceder al crédito. Ambas variables se hicieron difíciles de alcanzar con la devaluación y las alzas de precios.

La Nación

“El consumo masivo acumuló su tercera caída consecutiva y se prevé un cierre negativo de 2% para finales de 2018”

El consumo masivo acumuló su tercera caída consecutiva y se prevé un cierre negativo de 2% para finales de 2018

El consumo masivo mostró su tercer mes de caída consecutiva y cada vez más pronunciada. Fue de 3% en julio en su comparación con julio de 2017, luego de que se retrajera 2% en junio y 1% en mayo, cuando este indicador comenzó a mostrar curva descendente. De este modo, el consumo para el cierre de 2018 será negativo,en una banda que irá del 1% al 2%, en la perspectiva más pesimista.

Así lo determinó el nuevo Consumer Thermometer, de Kantar Worldpanel en donde se expresó que, en paralelo a la caída en volumen, los aumentos de precios se intensifican y llegan al 27% respecto a julio del año pasado, cuando en junio la variación interanual había sido de un 25 por ciento.

“Este escenario valida nuestra proyección para el cierre de año, donde el consumo masivo no será ajeno al contexto país y cerrará un segundo semestre con una baja similar a la de julio; así 2018 caerá entre un 1% y un 2% y será el tercer año consecutivo con signo negativo”, afirmó Federico Filipponi, director Comercial de Kantar Worldpanel, mediante un comunicado.

En el acumulado de los meses que van de mayo a julio todos los sectores pierden volumen, excepto cuidado personal. Se acelera, además, la caída de primeras marcas, y únicamente las propias de las cadenas y especialmente las low Price o debajo precio, muestran avances en volumen.

En términos de niveles socioeconómicos se mantiene el quiebre en la pirámide social, niveles altos y medios todavía sostienen valores positivos con respecto a 2017, mientras que en los niveles bajos se acentúa la caída.

“La primera reacción de los hogares en marzo fue espaciar las compras, pero los datos de julio muestran que ahora directamente abandonan productos: en los últimos tres meses el 57% de las categorías perdió compradores respecto del año anterior, algo que se acentuó especialmente en junio (74%) y julio (71%)”, detalló Filipponi.

Iprofesional

“Compras por adelantado, viajes y servicios: cómo la inflación cambió este año los hábitos de consumo”

Con la suba de los precios, los consumidores asumieron una actitud más cuidada a la hora de comprar en supermercados, elegir las marcas, viajar, entre otras cosas.

Por la inflación y cierta incertidumbre en el plano económico, los consumidores modificaron este año algunos de sus hábitos, según los especialistas. Esos cambios están orientados por una actitud más cuidada hacia el uso del dinero que derivó en compras menores al momento de ir al supermercado, recortes en el uso de servicios, la selección de marcas mirando el precio y el acortamiento de los viajes.

“En 2018 hay dos años distintos: uno antes de abril y otro después. Los datos de cuentas nacionales muestran que en el primer trimestre el consumo privado creció. Pero con un cambio tan fuerte por el tipo de cambio genera cautela y hay que esperar a que se acomoden los precios relativos”, analizó Matías Boils Wilson, economista jefe de la Cámara Argentina de Comercio.

También planteó que existe una contradicción entre la suba en las ventas de supermercados y la baja de la actividad económica. Según los últimos datos del Indec, la actividad económica tuvo su mayor caída del año en junio, con una contracción interanual del 6,7%. Pero en el caso de la actividad en los centros de compras, se percibió en el mismo período una suba del 7,3% en ventas a precios constantes.

En este sentido, los especialistas enumeraron distintas tendencias que parecen convertirse en nuevas costumbres.

Comprar bienes durables por adelantado

Bolis Wilson explicó que una de las tendencias que se observó a lo largo de este año, principalmente desde la corrida cambiaria de abril, es la compra de bienes durables. “Es una forma de protegerse contra la inflación. Por ejemplo, comprar autos o heladeras. Se adelanta el consumo porque sabes que dura muchos años y ante la incertidumbre no sabes cuánto va a salir en un par de meses. Y si no sabes bien en qué ahorrar, pones tus inversiones en bienes durables”, dijo.

Consumidores inteligentes

Según los especialistas, se presta mayor atención al factor precio, incluso antes de ir a comprar. “La gente cuando tiene un mayor ingreso o está más tranquila económicamente, no busca tanto y compra sin fijarse en el detalle. Ahora, la búsqueda se hace primero online, que permite ver el costo antes y no requiere ir al lugar”, contó Bolis Wilson.

El presidente de la Asociación de Supermercados Unidos, Juan Vasco Martínez, dijo que hay un consumidor más inteligente que sigue “la ruta de las promociones”. También contó que hay un leve crecimiento de los medios electrónicos de pago. “Pero se da un fenómeno que depende de la estructura social. En la base de la pirámide, por ejemplo, hay más tendencia a usar el efectivo”, añadió Martínez.

Descuentos y segundas marcas

Fernando Moiguer, experto en estrategia de negocios, sostuvo que las marcas que más atraen a los consumidores son aquellas que logran cercanía por promociones o descuentos en días y horarios determinados y fomentan los productos propios. “Aparece cada vez más la propaganda de las marcas B. Las compañías han desarrollado marketing de las segundas marcas y la brecha con las primeras se achica. Entonces, mantienen el precio de la marca B, pero le agregan valores de marca A”, sostuvo.

Para Vasco Martínez, este año es atípico. “Los primeros meses hubo un incremento en volumen de marcas de bajo precios y eso representarán en el total del consumo alrededor del 20%”, aclaró. “La estrategia del negocio es fidelizar clientes, con promociones más o menos constantes para evitar que haya una migración hacia lugares más baratos”, explicó. Sin embargo, destacó que “el consumidor argentino toma decisiones con relación a las marcas. Antes dabacierta vergüenza llevar una marca del supermercado porque había una presunción de menor calidad. Eso se superó  por el factor precio, aunque todavía no es una explosión”, explicó.

Compras cuidadas, pero no restringidas

Fernando Moiguer dijo que el rasgo central es que los consumidores entraron en “modo restricción”, lo cual no significa limitar el consumo a cero. “La gente tiene una velocidad de adecuación muy fuerte a estos contextos. Pero ahora las marcas deben dar mayores condiciones para que la gente compre”, afirmó.

Moiguer sostuvo que, si bien es más cuidado el consumo, se deja lugar a lo que él llama “la pequeña indulgencia”, es decir, bienes que pasaron a ser “premios”, pero que igual se compran, como es el caso de los vinos. “No es que no se quiere consumir, sino que se retrae el consumo y se da un pequeño espacio para comprar pequeños gustos”, dijo.

Prepagas, celulares y TV, con planes más económicos

“Los ingresos de los hogares perdieron en promedio un 5% de poder adquisitivo y la intención de disminuir el ticket promedio acelera la racionalización de los precios, es decir, cuánto se usa y cuánto se paga por los bienes y servicios. Así, lo prescindible se quita y lo imprescindible se evalúa con algún sustituto mejor y más barato”, manifestó Damian Di Pace, director de la consultora Focus Market.

“En una primera etapa del año, se percibió un incremento de costo de servicios, que no tienen sustitutos, sin embargo, en el privado hay algunos comportamientos distintos”, contó Di Pace. Por ejemplo, la baja en los planes de telefonía celular o prepagas hacia opciones más accesibles. Al igual que, en el caso de la televisión, con la aparición de Netflix y el acceso a Internet, los servicios de cable se volvieron “prescindibles”.

Más turismo local y menos compras en el exterior

El turismo es otro sector que percibió una tendencia receptiva. Ya no se ven las fotos de grandes compras en los shoppings chilenos, sino que las vacaciones o escapadas se hacen dentro del país. Según el Observatorio Económico de Agencias de Viajes de Argentina, entre enero y mayo de 2017 y de 2018 los pasajeros transportados en vuelos de cabotaje aumentaron 7% interanual, mientras que los de vuelos internacionales cayeron 4%.

“La reducción en la cantidad de pasajeros de vuelos internacionales en junio, sumado al aumento del tipo de cambio, constituyen indicios que permiten vislumbrar una caída en la cantidad de argentinos viajando al exterior”, consignó el documento.

De hecho, los centros de esquí y la conectividad aérea local fueron los grandes ganadores de esta temporada de invierno 2018, si bien los costos para vacacionar en la Argentina aumentaron entre un 20% y un 25% en relación al año anterior, producto de la inflación y la devaluación, según un relevamiento que la Cámara Argentina de Turismo (CAT) hizo en conjunto con la Federación de Cámaras provinciales de turismo.

De la premium a súper

En lo que va del año, el combustible aumentó en ocho ocasiones. La nafta súper tuvo una variación acumulada del 25%, mientras que el segmento premium subió alrededor del 30%. Desde el 20 de agosto (el último aumento), el precio de la nafta súper por litro en la ciudad de Buenos Aires vale $29,60; el de la Infinia (premium) $35,65; el de la Diesel 500, $25,94, y el de la Infinia Diesel, de $31,19.

Los aumentos vienen de la mano de un cambio de consumo hacia opciones más accesibles. Según el último informe de la Confederación de Entidades del Comercio de Hidrocarburos (Cecha), se observó en los últimos meses una retracción en el consumo de nafta premium. “Debido que, por la diferencia de precios, parte del público (el de las nafas premium) estaría retornando nuevamente a la nafta súper”, informaron.

Según Cecha, la venta total de combustibles líquidos al público arrojó un aumento en el consumo general del 2,13% entre mayo y junio de este año, pero se observó una retracción del 2,95% en las ventas de nafta premium.

La Nación

“Austeras, ahorrativas, atentas y prudentes: radiografía del perfil de las consumidoras argentinas en el hogar”

Ellas cumplen funciones de jefas de familia en el 48% de los hogares del país, ganan un 27% menos que los hombres y la desocupación las afecta más (Getty)

Cambiaron, y mucho, los roles en el reparto de las tareas domésticas y en la crianza de los hijos. Pese a todo, e incluso al tiempo que le tironean a la jornada laboral, todavía en la mayoría de los hogares las mujeres siguen siendo las administradoras de las compras familiares. Para el caso argentino, ellas cumplen funciones de jefas de familia en el 48% de los hogares del país, y ganan un 27% menos que los hombres y la desocupación las afecta más, según datos provistos y analizados por el INDEC y el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA.

Hoy, en tiempos de turbulencia económica y en el marco de un combo de variables delicadas (“devaluación más inflación”), ellas asumen el control de sus “mini economías”, las hogareñas: es por eso que buscan y comparan precios, están dispuestas a cambiar de marcas, invierten más tiempo en la elección de productos y priorizan la compra de lo necesario.

Hace rato que el consumidor de clase media argentino, sin distinción de género, viene acumulando experiencia en compras racionales con el ojo puesto en los precios y las promociones. Sucede que ahora ese perfil cuidadoso y precavido se está “recalculando”, algo que las mujeres conocen muy bien, porque necesita blindarse para hacer frente al aumento del dólar, la inflación que no cesa, la suba de las tarifas de servicios públicos y la preocupación por el empleo. El consumidor de hoy tiene un perfil austero recargado, coinciden los expertos en tendencias de consumo consultados por Infobae.

En la visión de Guillermo Oliveto, presidente y fundador de la consultora W, el modo austero –que marcó el gran cambio de paradigma entre el consumo de los últimos dos años y medio y la década pasada–, se está potenciando. “Los consumidores están más cautelosos que nunca y eligen muy bien qué hacer con su dinero, porque no les alcanza o bien porque derrochar se volvió un disvalor. Hoy los consumidores son pragmáticos al 100% y carecen de prejuicios”, resumió ante la consulta de Infobae.

Son tiempos en los que asoman fantasmas conocidos: el miedo a los vaivenes en el trabajo, a perder los ahorros o a recurrir a ellos; a tener que abandonar cuestiones ligadas a la educación y al estatus. Ante este panorama, el bolsillo es cada vez más protagonista. “Las clases medias transitan un proceso de revaluación constante entre lo imprescindible y lo prescindible: qué consumir y qué no; qué mantener, alternar o reemplazar. En los niveles medios altos, que parecían resguardados de la crisis, la fuerte escalada del dólar está replanteando viajes o la construcción de una nueva casa, entre otros proyectos”, señaló a Infobae la directora de la consultora Trendsity, Mariela Mociulsky.

Infieles con marcas y lugares de venta

¿Qué significa ser un consumidor austero y recargado? Ser muy prudente y minucioso ante una variable determinante en la ecuación final: el precio. Este consumidor, afirman los especialistas, entiende que las significativas diferencias y la falta de transparencia de precios caracterizan esta época. Por eso, su mayor habilidad es buscar y evaluar opciones en un universo en el que conviven las compras por cercanía, autoservicios, supermercados de descuento, ferias barriales, mayoristas, distribuidores; la revalorización de lo usado, las compras de productos sueltos y lo que más convenga en cada caso.

“El consumidor –agregó Mociulsky– sabe que deberá continuar sacrificando tiempo y esfuerzo para poder informarse y comparar”. En las últimas semanas, la recordada frase de Lita de Lázzari “caminen, chicas, caminen” volvió a cobrar fuerza cuando el Presidente de la Nación recomendó “caminar” para conseguir mejores precios. Es que con la inflación se agrandaron las brechas que se pueden llegar a pagar de más en productos cotidianos.

“Todos somos consumidores afectados por presupuestos cada vez más reducidos”, apuntó Diego Gizzi, gerente en Nielsen Argentina. Y agregó: “Las compras se restringen sin fidelidad definida en marcas ni en canales de venta y, además, los consumidores están descreídos respecto a los continuos estímulos de las promociones y los descuentos”.

En esa optimización de bolsillos flacos, se van probando opciones que hagan rendir el ticket final. El mensaje de los consumidores es claro: quieren conveniencia y sacar el mayor provecho a su presupuesto disponible. En ese escenario, el formato mayorista, subrayó Gizzi, “está jugando un fuerte partido en el que se destaca la creciente aceptación de sus marcas propias”. “Los alimentos son los productos más desarrollados y cada día aparecen nuevas categorías en limpieza y tocador”, indicó.

Del stockeo a la reposición diaria

Damián Di Pace, director de la consultora Focus Market, explicó que una clara muestra del cambio de comportamiento del consumidor es “que pasó de la búsqueda de stockeo y compra por volumen al mejor precio de promoción en la reposición diaria. Sucede que el gasto post devaluación es una misión de todos los días, es el desafío de administrar lo necesario frente a lo postergable o deseable”.

Un reciente análisis realizado por Kantar WorldPanel también muestra que la forma en la que los hogares argentinos realizan el ajuste en el consumo cambió en relación a crisis anteriores. “Compran con menor frecuencia –menos veces– algunas categorías y, en otras, siguen cambiando a marcas más económicas, en contraposición a llevarse envases más chicos sin resignar marca como sucedía en el pasado”, detalló Federico Filipponi, director comercial de la consultora especializada.

“El 60% de las categorías de la canasta de consumo masivo –precisó– perdieron frecuencia de compra en el segundo trimestre del año, y las marcas de bajo precio son las únicas que están creciendo en volumen”.

¿Qué recorta la clase media?

Las crisis implican una reorganización de prioridades y valores. Según analiza Mociulsky, “los imprescindibles son los productos de la canasta básica de alimentos, higiene y limpieza, y también servicios básicos como la conexión a internet, en el caso de la clase media, que es percibido como esencial para el intercambio social, la inclusión y la logística cotidiana”.

Los imprescindibles son los productos de la canasta básica de alimentos, higiene y limpieza, y también servicios básicos como la conexión a internet

¿Qué pasa con la educación y la medicina privada cuyas cuotas no paran de aumentar?, preguntó Infobae. La directora de Trendsity respondió: “Salud y educación son prioridades en el presupuesto familiar argentino que se defienden hasta último momento. Si se ha pasado de la educación o salud pública al ámbito privado –entendido como vehículo de progreso y control social– se busca no ‘retroceder’ y se evalúan colegios y coberturas de salud con costos más bajos”.

De acuerdo al análisis de Di Pace, de Focus Market, la clase media recorta su presupuesto “en servicios privados como por ejemplo el plan de telefonía celular, prepagas, seguro del auto, entre otros”. En este sentido, destacó que “las empresas aprovechan para favorecerse con la migración de clientes a través de promociones de nuevos clientes en telefonía celular, TV por cable, prepagas, gimnasios, con descuentos por seis meses. El precio manda”.

¿Recortan el gimnasio, terapia, peluquería, salidas? Gizzi, de Nielsen Argentina, recordó que en crisis económicas anteriores esos gastos se recortaban de “cuajo”. “Pero hoy, si bien ha bajado su uso, muchos consumidores tratan de sostenerlos a partir de la racionalización del consumo de la canasta básica que permita algo de excedente para complacencias personales, alineadas con las tendencias de cuidado personal, belleza, alimentación natural”, enumeró.

¿Y las vacaciones? Oliveto, de la consultora W, consideró que hoy en muchos hogares están en stand by. “Viajes, al igual que autos e inmuebles, están haciendo sus cuentas, están recalculando, como todos los sectores de la economía”, recordó. Por su parte, Gizzi planteó que “todos, finalmente, tendrán que adaptarse al momento difícil y habrá oferentes y demandantes de distintas escalas”.

Infobae

 

“El consumo baila al ritmo del tango”

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“El consumo va a mejorar el año que viene”. La afirmación es de Alfredo Coto, presidente de la cadena supermercadista que invirtió este año $ 2400 millones y abrió el jueves un nuevo establecimiento de 60.000 metros cuadrados en Moreno. “Tenemos que empezar a recuperar la moneda”, afirmó.

El consenso entre los empresarios, consultores y economistas está instalado. Después de un 2016 difícil, las perspectivas para el año que viene son más alentadoras: “No hay duda que se va a recuperar. Es casi matemático”, afirman al unísono.

“Si se le gana un punto y medio por mes y se perdieron doce se necesitan al menos ocho meses para recuperar todo, pero mes a mes va mejorando. En febrero de 2017 ya se da vuelta la tendencia de manera definitiva y se acentuará la mejora”, se entusiasma un alto funcionario de la Casa Rosada. Y agrega: “La mayor parte del producto bruto argentino es consumo. Nunca la inversión va a reemplazarlo pero tampoco creemos en la teoría del kirchnerismo que tomaba al consumo como una variable disociada del resto. Sin inversión recalentaban la economía y aceleraban los precios. Eso ya no es así”, sostiene el mismo funcionario macrista.

En términos de conducta la devaluación de 2014 había generado la misma caída del salario real que la del primer semestre de 2016. Tal vez por ello, la película que proyectan para 2017 difiere de la realidad del año que se va. El consumo se encamina a cerrar el peor año en más de una década, con el tercer mes consecutivo que muestra una baja en el volumen de ventas superior al 7 por ciento, según los datos de la consultora CCR.

De hecho, en octubre, la demanda de alimentos, bebidas, artículos de tocador y limpieza registró una baja interanual del 7,5% en unidades y retrocedió en los primeros diez meses del año un 4,3 por ciento. Para los supermercados el panorama fue aún peor.

Por primera vez desde 2002, las grandes cadenas del rubro rozaron una caída de dos dígitos. Según los datos de CCR, en octubre las ventas en los supermercados cayeron un 9% pese a los esfuerzos de las empresas. Miguel Kozuszok, presidente de Unilever y protagonista de un sector que en sus palabras, es “termómetro directo de lo que pasa todos los días en la vida y en los bolsillos de las personas”, destacó que América latina “no está en ninguna fiesta en términos macroeconómicos”.

Para el piloto de la compañía angloholandesa hubo corrección monetaria en muchos países y eso generó inflación y caída del consumo. Explicó que, en el caso de la Argentina, esperaban desde Unilever un signo negativo, pero que se equivocaron “en el tamaño de la pendiente y en la velocidad de recuperación”.

“El año que viene va a ser con números positivos. Sin embargo no estamos esperando que eso suceda en el primer trimestre del año”, afirmó.

En el mismo sentido opinó José Moreno, presidente de La Serenísima, quien admitió lo que es un secreto a voces. El “índice heladera” está un 10% abajo este año. La comparación es en unidades y toma los productos típicos que se almacenan en el electrodoméstico de uso familiar. El factor precio gana terreno.

Qué dicen los changuitos

En una muestra de 20 millones de tickets por mes realizada por la consultora Scentia se revela que la compra de productos de limpieza de la ropa y hogar (-6,8%), bebidas con alcohol (-6,5%), y productos perecederos (-6%), lideran los repliegues de este año. También retroceden las gaseosas, los productos para el desayuno, las bebidas sin alcohol y los alimentos.

Lorenzo Sigaut Gravina, economista jefe de Ecolatina, le puso un número a la fotografía de diciembre con la que se intentará recuperar la sonrisa económica después de once meses de recesión. “Se volcarán unos $ 25.000 millones que surgen de los bonos de fin de año, pagos extraordinarios a jubilados, exención del impuesto a las ganancias a los aguinaldos, entre otras medidas”, describió.

A eso hay que sumarle que en el presupuesto del año próximo se incorporan para jubilados cerca de $ 130.000 millones.

La medida se combina con la llegada del Ahora 18 para productos nacionales, de los planes con canastas “temáticas” de productos y los juguetes incluidos en los precios promocionales presentados por el Ministerio de Producción. En los últimos tres meses crecieron también los préstamos personales de bancos. Juan Curutchet, presidente del Banco Provincia, afirmó que “la perspectiva para 2017 es que los préstamos del sector privado van a crecer alrededor del 30%”. Ya en estos últimos meses con algunas bajas de tasas, se logró que ese segmento crezca un “2% mensual hace tres meses”. “No hay que esperar a 2017 en lo que hace a los bancos. Estamos cerrando en un clima de franco ascenso, que además es multiplicador”, concluyó optimista. En la tierra del tango todo indica que volvió la era de la seducción al consumidor.

La Nación

“Ocho de cada diez argentinos restringieron su consumo”

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Es la principal característica de este año. El fenómeno, cuentan los especialistas, sólo aparece en momentos de crisis económica. Se trata del llamado consumo “de a puchitos” en el que el cliente aumenta su frecuencia de visita al supermercado, pero, al mismo tiempo, achica el tamaño de la compra que realiza.

En un año que comenzó con los efectos de una postergada devaluación, no es una novedad que el actual período haya sido duro para el bolsillo de los argentinos. Según la firma Kantar World Panel, ocho de cada diez argentinos restringieron su consumo en 2016. El año concluirá, según sus proyecciones, con una caída en torno de 4%, la cifra más alta desde 2001, cuando se derrumbó cerca de 11%. Sin embargo, el año que viene se prevé una mejora de 2,5%, en contraste con un período negativo, y sólo serviría para recuperar niveles de 2012. Para los expertos, el consumo está estancado desde hace seis años.

En un trabajo presentado este mes por Juan Manuel Primbas, director para el Cono Sur de Kantar World Panel, se afirmó que la situación actual del consumo “es preocupante”, que mirando el corto plazo “hay pocas señales de mejora” y que pensando ya en el año que viene el gran desafío es “crear demanda”. Lo positivo, para el especialista, es que las expectativas son buenas tanto para empresarios como para consumidores: en el Coloquio de IDEA, por caso, se relevó el mayor índice de optimismo en 15 años. Por otra parte, el 72% de las pymes coincidieron con las empresas grandes, según una encuesta realizada por American Express, y el 75% de los consumidores, según Kantar World Panel: todos ellos están esperanzados con relación al futuro. “No estamos bien pero vamos a estar mejor”, piensan hoy los argentinos. Nadie sabe aún cuánto durará ese sentimiento.

De acuerdo con la investigación presentada por la consultora, en los primeros tres trimestres del año cayó por primera vez la compra por acto (-2%), mientras se incrementó la frecuencia de compra (+1%). “Esto era algo que no venía pasando”, advirtió Primbas a LA NACION. “El consumidor era muy eficiente y no perdía tiempo con las compras. Ahora esta es la característica del año, crece la frecuencia de compras y cae el volumen. Esto se da porque el bolsillo tiene un tope. En el corto plazo es lo más preocupante y un sinónimo de crisis”, agregó el experto.

Entre los diferentes segmentos de la sociedad, sólo el medio alto mantuvo su consumo (+1%), mientras que el medio bajo (-4%), el bajo superior (-4%) y el bajo inferior (-8%) restringieron sus compras en los establecimientos. “El 20% de los que más tienen mantuvieron su consumo, pero esto es algo habitual. Pocas veces aumentan o disminuyen su consumo en grandes porcentajes”, esgrimó Primbas. Todos los rubros fueron afectados por la crisis de la economía: lácteos (-6%), bebidas (-8%), cuidado personal (-7%) y cuidado de la salud (-2%). Sólo los básicos, los más rígidos, se mantuvieron: alimentos (+1%), infusiones (0%) y congelados (0%).

Entre el tercer trimestre de este año y el mismo del año pasado, un 62% de las 300 marcas relevadas por Kantar World Panel perdió hogares. Sólo un 38% sumó clientes. Las primeras marcas perdieron frecuencia de compra y las marcas B, en cambio, incrementaron su volumen por cada visita al súper. Para la consultora, las primeras marcas muestran una elevada sensibilidad al precio (77%). En este marco, además los supermercados perdieron cerca de 400.000 hogares en lo que va del año, mientras que, a contramano, el mayorista sumó clientela y mejoró la frecuencia de compra.

“Hay viejas tendencias que se venían arrastrando y que se profundizan”, contó Primbas. “A éstas sumá los descuentos, las promociones y las visitas a los mayoristas.” Por ejemplo, un cuarto del total del gasto de las familias argentinas se orienta a las promociones. La mitad de las familias consumidoras, en tanto, busca promociones. Este tipo de beneficios se multiplican, ya que incrementan la compra por acto hasta un 30%. Entre los diferentes canales, los supermercados siguen siendo los que más ofertas tienen (hay un 66,9% de penetración).

El consumo masivo, estimó Primbas, no pegará un salto en 2017 pese a los planes del Gobierno para incentivar la demanda en un año de elecciones. Crecerá un leve 2,5%. Los rubros que se adelantarán -estima- serán los más básicos: lácteos, alimentos e infusiones.

Los números del consumo masivo en 2016 y 2017

-4%

La caída interanual del consumo en 2016

Con la devaluación, la inflación y la caída del poder adquisitivo como causas, ésta será la caída del consumo masivo durante este año, según el relevamiento de Kantar World Panel. El Gobieno busca incentivar la demanda a fines de año.

2,5%

La proyección privada para el consumo en 2017

Los especialistas privados estiman que el año que viene el consumo masivo crecerá, siempre teniendo en cuenta que será un año electoral y que la comparación se realizará con un año malo. Se llegará a niveles de 2012, estiman.

75%

Las expectativas todavía son buenas

Es el porcentaje de consumidores que estima que el momento de la economía es duro, pero que será pasajero y que todo mejorará. A esto se suman las perspectivas positivas de grandes empresas y también de las pymes, según dos encuestas.

Tendencias locales

Compras “de a puchitos”

Para los especialistas, por primera vez en años el consumidor argentino incrementó su frecuencia de visita a los comercios y, al mismo tiempo, achicó sus volúmenes de compra. Los expertos creen que el consumidor muestra un tope de consumo como consecuencia de la licuación salarial que se registró este año.

Apuesta por el mayorista

Según los datos de Kantar World panel, los supermercados perdieron como clientes 400.000 hogares este año. A contramano, el mayorista incrementó su frecuencia de compra y sumó nueva clientela.

Las promociones

Las promociones y los beneficios otorgados por los comercios no son una novedad. Pero, según la consultora, la mitad de las familias los buscan y un cuarto del gasto de los hogares se va en estos beneficios.

http://telefenoticias.com.ar/actualidad/compras-y-compritas/

La Nación


Autor

Emiliano Schwartz

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