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“Austeras, ahorrativas, atentas y prudentes: radiografía del perfil de las consumidoras argentinas en el hogar”

Ellas cumplen funciones de jefas de familia en el 48% de los hogares del país, ganan un 27% menos que los hombres y la desocupación las afecta más (Getty)

Cambiaron, y mucho, los roles en el reparto de las tareas domésticas y en la crianza de los hijos. Pese a todo, e incluso al tiempo que le tironean a la jornada laboral, todavía en la mayoría de los hogares las mujeres siguen siendo las administradoras de las compras familiares. Para el caso argentino, ellas cumplen funciones de jefas de familia en el 48% de los hogares del país, y ganan un 27% menos que los hombres y la desocupación las afecta más, según datos provistos y analizados por el INDEC y el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA.

Hoy, en tiempos de turbulencia económica y en el marco de un combo de variables delicadas (“devaluación más inflación”), ellas asumen el control de sus “mini economías”, las hogareñas: es por eso que buscan y comparan precios, están dispuestas a cambiar de marcas, invierten más tiempo en la elección de productos y priorizan la compra de lo necesario.

Hace rato que el consumidor de clase media argentino, sin distinción de género, viene acumulando experiencia en compras racionales con el ojo puesto en los precios y las promociones. Sucede que ahora ese perfil cuidadoso y precavido se está “recalculando”, algo que las mujeres conocen muy bien, porque necesita blindarse para hacer frente al aumento del dólar, la inflación que no cesa, la suba de las tarifas de servicios públicos y la preocupación por el empleo. El consumidor de hoy tiene un perfil austero recargado, coinciden los expertos en tendencias de consumo consultados por Infobae.

En la visión de Guillermo Oliveto, presidente y fundador de la consultora W, el modo austero –que marcó el gran cambio de paradigma entre el consumo de los últimos dos años y medio y la década pasada–, se está potenciando. “Los consumidores están más cautelosos que nunca y eligen muy bien qué hacer con su dinero, porque no les alcanza o bien porque derrochar se volvió un disvalor. Hoy los consumidores son pragmáticos al 100% y carecen de prejuicios”, resumió ante la consulta de Infobae.

Son tiempos en los que asoman fantasmas conocidos: el miedo a los vaivenes en el trabajo, a perder los ahorros o a recurrir a ellos; a tener que abandonar cuestiones ligadas a la educación y al estatus. Ante este panorama, el bolsillo es cada vez más protagonista. “Las clases medias transitan un proceso de revaluación constante entre lo imprescindible y lo prescindible: qué consumir y qué no; qué mantener, alternar o reemplazar. En los niveles medios altos, que parecían resguardados de la crisis, la fuerte escalada del dólar está replanteando viajes o la construcción de una nueva casa, entre otros proyectos”, señaló a Infobae la directora de la consultora Trendsity, Mariela Mociulsky.

Infieles con marcas y lugares de venta

¿Qué significa ser un consumidor austero y recargado? Ser muy prudente y minucioso ante una variable determinante en la ecuación final: el precio. Este consumidor, afirman los especialistas, entiende que las significativas diferencias y la falta de transparencia de precios caracterizan esta época. Por eso, su mayor habilidad es buscar y evaluar opciones en un universo en el que conviven las compras por cercanía, autoservicios, supermercados de descuento, ferias barriales, mayoristas, distribuidores; la revalorización de lo usado, las compras de productos sueltos y lo que más convenga en cada caso.

“El consumidor –agregó Mociulsky– sabe que deberá continuar sacrificando tiempo y esfuerzo para poder informarse y comparar”. En las últimas semanas, la recordada frase de Lita de Lázzari “caminen, chicas, caminen” volvió a cobrar fuerza cuando el Presidente de la Nación recomendó “caminar” para conseguir mejores precios. Es que con la inflación se agrandaron las brechas que se pueden llegar a pagar de más en productos cotidianos.

“Todos somos consumidores afectados por presupuestos cada vez más reducidos”, apuntó Diego Gizzi, gerente en Nielsen Argentina. Y agregó: “Las compras se restringen sin fidelidad definida en marcas ni en canales de venta y, además, los consumidores están descreídos respecto a los continuos estímulos de las promociones y los descuentos”.

En esa optimización de bolsillos flacos, se van probando opciones que hagan rendir el ticket final. El mensaje de los consumidores es claro: quieren conveniencia y sacar el mayor provecho a su presupuesto disponible. En ese escenario, el formato mayorista, subrayó Gizzi, “está jugando un fuerte partido en el que se destaca la creciente aceptación de sus marcas propias”. “Los alimentos son los productos más desarrollados y cada día aparecen nuevas categorías en limpieza y tocador”, indicó.

Del stockeo a la reposición diaria

Damián Di Pace, director de la consultora Focus Market, explicó que una clara muestra del cambio de comportamiento del consumidor es “que pasó de la búsqueda de stockeo y compra por volumen al mejor precio de promoción en la reposición diaria. Sucede que el gasto post devaluación es una misión de todos los días, es el desafío de administrar lo necesario frente a lo postergable o deseable”.

Un reciente análisis realizado por Kantar WorldPanel también muestra que la forma en la que los hogares argentinos realizan el ajuste en el consumo cambió en relación a crisis anteriores. “Compran con menor frecuencia –menos veces– algunas categorías y, en otras, siguen cambiando a marcas más económicas, en contraposición a llevarse envases más chicos sin resignar marca como sucedía en el pasado”, detalló Federico Filipponi, director comercial de la consultora especializada.

“El 60% de las categorías de la canasta de consumo masivo –precisó– perdieron frecuencia de compra en el segundo trimestre del año, y las marcas de bajo precio son las únicas que están creciendo en volumen”.

¿Qué recorta la clase media?

Las crisis implican una reorganización de prioridades y valores. Según analiza Mociulsky, “los imprescindibles son los productos de la canasta básica de alimentos, higiene y limpieza, y también servicios básicos como la conexión a internet, en el caso de la clase media, que es percibido como esencial para el intercambio social, la inclusión y la logística cotidiana”.

Los imprescindibles son los productos de la canasta básica de alimentos, higiene y limpieza, y también servicios básicos como la conexión a internet

¿Qué pasa con la educación y la medicina privada cuyas cuotas no paran de aumentar?, preguntó Infobae. La directora de Trendsity respondió: “Salud y educación son prioridades en el presupuesto familiar argentino que se defienden hasta último momento. Si se ha pasado de la educación o salud pública al ámbito privado –entendido como vehículo de progreso y control social– se busca no ‘retroceder’ y se evalúan colegios y coberturas de salud con costos más bajos”.

De acuerdo al análisis de Di Pace, de Focus Market, la clase media recorta su presupuesto “en servicios privados como por ejemplo el plan de telefonía celular, prepagas, seguro del auto, entre otros”. En este sentido, destacó que “las empresas aprovechan para favorecerse con la migración de clientes a través de promociones de nuevos clientes en telefonía celular, TV por cable, prepagas, gimnasios, con descuentos por seis meses. El precio manda”.

¿Recortan el gimnasio, terapia, peluquería, salidas? Gizzi, de Nielsen Argentina, recordó que en crisis económicas anteriores esos gastos se recortaban de “cuajo”. “Pero hoy, si bien ha bajado su uso, muchos consumidores tratan de sostenerlos a partir de la racionalización del consumo de la canasta básica que permita algo de excedente para complacencias personales, alineadas con las tendencias de cuidado personal, belleza, alimentación natural”, enumeró.

¿Y las vacaciones? Oliveto, de la consultora W, consideró que hoy en muchos hogares están en stand by. “Viajes, al igual que autos e inmuebles, están haciendo sus cuentas, están recalculando, como todos los sectores de la economía”, recordó. Por su parte, Gizzi planteó que “todos, finalmente, tendrán que adaptarse al momento difícil y habrá oferentes y demandantes de distintas escalas”.

Infobae

 

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¿Cuotas o rebajas? Crecen las ofertas de pago al contado en la guerra de las promociones

El impacto de la suba de tasas modificó el esquema promocional en muchos rubros, especialmente aquellos que tienen un ticket promedio alto, como indumentaria y electrónicos. Por esos mayores costos del crédito, que se trasladan a las cuotas, los comercios se inclinan por ofrecer importantes descuentos por el pago en efectivo o tarjeta de débito, como forma de impulsar la demanda. Desde una cadena de electrodomésticos aclaran que los planes en cuotas continúan, pero aclaran que el alza del costo del financiamiento de bancos y tarjetas se traslada al consumidor.

En líneas generales y dentro de este contexto recesivo, la artillería promocional no cede. Pero es notorio el avance de las ofertas basadas en las rebajas por pago al contado o en un solo pago con débito. La razón es simple y tiene que ver con la suba de las tasas y con la demora de bancos y tarjetas de crédito en liquidar las ventas. Una operación con débito es acreditada por el comercio a las 72 horas. Las de crédito, 18 días. “Con una tasa del 60% y la alta volatilidad es lógico que se priorice el cash, porque se cobra más rápido”, explican fuentes del sector comercial y financiero.

“En momentos críticos como el actual, hacerse con el dinero rápidamente es vital. Muchas cadenas de pago están rotas o a punto de romperse”, introduce Fernando Aguirre, vocero de la Federación Argentina de Supermercados. Y agrega que “las promociones con tarjeta de crédito pierden atractivo porque además del descuento (compartido con el banco emisor), el súper recibe el dinero tres semanas más tarde, o más”.

Los comercios padecen el doble impacto de la contracción de la demanda y la necesidad de dinero para afrontar los costos de la operación: salarios, proveedores e impuestos. “El cambio de las promociones es por la necesidad de liquidez y observamos un estiramiento en la cadena de pagos, particularmente en el segmento pyme”, grafica Pedro Cascales, de la CAME. El directivo explica que al canje de cheques se le aplica una tasa de entre 40 y 50% anual, pero “hay cuevas que cobran entre 7 y 10% mensual”. Por caso, por un cheque de $1.000 a 30 días, el comercio recibe $930, en el mejor de los casos.

Según la propia CAME, las ventas minoristas cayeron en junio 4,2% frente a igual mes del año pasado. Y un 2,8% en el acumulado del año. Los rubros más castigados fueron marroquinería (-7%), electrónicos (-4,9%), indumentaria (-4,8%), calzado (-4,7%) y alimentos y bebidas (-1,1%).

“Los planes con tarjeta tiene tasas implícitas incluidas. Sin embargo, hay comercios que deciden trabajar igual con plástico, en algunos casos con rentabilidad negativa, pero que resulta menos oneroso que pagar el descubierto”, describe Mario Grinman, secretario de la Cámara Argentina de Comercio. A esta difícil coyuntura el directivo añade los temas impositivos: “Por una venta de $100, el comerciante recibe $87, descontado el pago de la comisión de la tarjeta, IVA, Ganancias e Ingresos Brutos”.

Desde el sector financiero advierten que, pese a todo, las ventas con tarjeta no se resintieron. “No observamos una caída de consumo con plásticos. Lo que sí ocurre es que en junio cayeron 30% las ventas en dólares, por la contracción de la demanda del turismo al exterior y la compra de pasajes”, dice Maximiliano Coll, gerente de Marketing del Banco Ciudad. A diferencia de los privados, la banca pública amplió su menú de opciones a tasas subsidiadas para alentar el consumo.

Lo cierto es que los portales e-commerce de las cadenas de electrodomésticos están encabezados por promociones con bancos públicos (25 y 12 cuotas sin interés) y otras basadas en productos puntuales, con descuentos de hasta el 50% al contado.

Una fuente del sector subrayó varias cosas, entre ellas que no se cortó la financiación al cliente, que los programas como “Ahora 12” y las promos de los bancos públicos son estímulos importantes, pero advierte que los costos de financiación y los plazos de liquidación a los comercios subieron. “Pasamos de cobrar a las 48 horas a 10 días”, se lamentó.

Cada segmento tiene su lógica. A contramano de otros rubros, aerolíneas y portales especializados en turismo se lanzaron los últimos días a ofrecer ventas de pasajes en cuotas sin interés en forma muy agresiva. Otros mercados, como el de los autos, con el cambio de escenario modificaron sus promociones. “Cada compañía decide según su balanza financiera y sus metas de importación y exportación con Brasil”, explicó un ejecutivo de Ford.

Resignados a no cumplir con la meta del millón de unidades vendidas en el mercado interno este año, las marcas focalizan sus promos (bonificaciones y cuotas sin interés) en algunos modelos específicos. Por caso, Volkswagen hace equilibrio con ofertas mixtas entre financiación con tasas bajas, bonificaciones y descuentos en algunos casos puntuales, “todo con el fin de mantener el volumen y mover el stock”, dijeron desde la empresa alemana radicada en Pacheco.

A esto se suma la devaluación. Los precios de los electrodomésticos en general (heladeras, cocinas y lavarropas) aumentaron en mayo 5,4%, “lo que representa el doble de la inflación general”, grafica Eduardo Echavarría, de la consultora GfK. Este analista cree que en el próximo bimestre (junio, julio), las estadísticas comenzarán a reflejar las nuevas condiciones de un sector muy dependiente del crédito. “En escenarios con precios tan volátiles, se superponen diversas estrategias”, dice. Echevarría, por un lado, cree que con la suba del costo del financiamiento “es muy difícil mantener el nivel de ventas”. Pero por otro lado remarca que los bienes durables son considerados como “un buen refugio para defender el ingreso”.

Para la indumentaria, la situación resulta muy compleja. Para los expertos, es un rubro con demanda muy elástica y es uno de los primeros en reaccionar a la baja en tiempos de crisis. Fabricantes, marcas y locales intentan compensar una temporada de mediocre a mala con promociones sustentadas en el pago efectivo y las cuotas a muy corto plazo. Por ejemplo, rebajas del 20% al contado, o financiación en dos cuotas sin interés, como mucho. Entre la caída de ventas y la suba de tasas, en el rubro remarcan los problemas en la cadena de pagos y sostienen que “hoy es tan difícil vender como cobrar”.

El mundial de los televisores: se compró uno cada 6 segundos y ahora liquidan el resto

“Muchos comercios, sobre todo las pymes, están necesitados de liquidez. En rubros muy castigados, como el textil y el calzado, esas dificultades se pueden sintetizar con dos datos: la cantidad de cheques rechazados y las empresas concursadas”, sentencia Cascales, de la CAME. Al menos en el rubro indumentaria, se conoce que hay tres marcas líderes (Legacy, Wanama y John L. Cook) que solicitaron en la Justicia el concurso de acreedores para renegociar sus deudas.

De todos modos, el secretario de la CAC, Mario Grinman, desdramatiza. “Los cheques rechazados aumentaron y hay problemas en la cadena de pagos. Pero son problemas de coyuntura. No estamos en 2001, ni por asomo”, dijo en forma tajante.

Estímulos de la banca pública al consumo

Se duplicó la cantidad de clientes en supermercados por la promoción del 50% de descuento, dicen en el Banco Provincia.

Se duplicó la cantidad de clientes en supermercados por la promoción del 50% de descuento, dicen en el Banco Provincia.

Con intencionalidad política y para contrapesar la caída del consumo, la semana pasada el Banco Provincia relanzó la promoción de descuentos del 50% para compras en supermercados. Implementado por primera vez en 2017, en plena la campaña electoral, en esta ocasión el beneficio se concentra en artículos masivos (alimentos, bebidas y limpieza) y productos del programa Precios Cuidados, y cubre compras de hasta $1.500 con tarjetas de crédito o débito emitidas por el BaPro.

“El primer miércoles de la promo fue un éxito, con supermercados que duplicaron o triplicaron la cantidad de clientes”, dijeron desde la entidad. Estos son los primeros números que se difunden de la promoción. Sin embargo, el objetivo son los segmentos de la población con menor poder adquisitivo. “El 63% de los clientes que usaron este beneficio en 2017 tenían ingresos de entre $2.000 y $30.000 por mes”, revela un informe del BaPro. Este año se sumaron otros supermercados (Coto, Disco, Jumbo y Vea) y está disponible en 390 puntos de venta de la Provincia y la Capital Federal.

La promo del 50% es la última pero no la única iniciativa que toma la banca pública para afrontar el nuevo escenario económico, marcado por la suba de tasas, la alta inflación y la pérdida de poder adquisitivo del salario. Todo a contramano de lo que ocurre con bancos privados y tarjetas, que trasladan los mayores costos financieros a las cuotas. Igual, los planes oficiales con tasas subsidiadas, como el Ahora 12, no zafan. El vocero de la CAME, Pedro Cascales, dice que hoy “la tasa del Ahora 12, que abarca planes de 3 a 18 cuotas, oscila entre 33,4% y 44%” .

Maximiliano Coll, gerente de Marketing del Banco Ciudad, remarca el interés de la entidad en mantener las cuotas como parte de su estrategia de fidelización. “El argentino está acostumbrado a los planes sin interés. Tenemos hasta 12 cuotas sin recargo para la compra de electrodomésticos, por ejemplo”, explicó el ejecutivo. Con respecto a la retracción de los bancos privados, Coll sostiene “no tenemos la misma lógica de rentabilidad. Un cliente con plan sueldo es muy valioso y las tarjetas, como los préstamos, operan como compensación”, dijo.

Mario Grinman, secretario de la Cámara Argentina de Comercio, sostiene que la suba de tasas impacta negativamente, pero que a muchos consumidores los planes resultan atractivos. “Si la cuota establecida es fija, aunque los intereses sean altos, les sirve”, interpretó el directivo.

Autos: guerra de tasas contra la caída de ventas

A comienzos de año, la industria automotriz proyectaba alcanzar el récord de un millón de unidades vendidas. Durante el primer cuatrimestre, la ilusión se mantenía, pero la suba del dólar y las tasas modificaron el panorama y ya se observan síntomas de desaceleración. Para afrontar la contracción, marcas y concesionarios focalizaron los esfuerzos promocionales en algunos modelos puntuales, con créditos hasta 18 meses a tasa cero y un dólar de $25. “Hoy no somos rentables con el Ford Ka, que es importado desde Brasil y se paga en dólares. Pero compensamos esa pérdida con el margen que generan productos más caros, como el Focus y la Ranger”, dijo un ejecutivo de Ford.

Clarín

“Promo Banco Provincia: el Gobierno cambia la estrategia y refuerza el asistencialismo para revivir el consumo”

“Estamos transitando meses difíciles y el Estado no puede mirar para otro lado. Sabemos que la inflación es más alta de la esperada”.

Con estas palabras, la gobernadora María Eugenia Vidal dejó en claro a los ciudadanos que si hay que capear el duro temporal que viene, “lo mejor es hacerlo juntos”.

Estar “cerca de la gente” tiene sus beneficios. Y también un costo, que podría escalar a los $3.600 millones por mes.

La cuenta es sencilla: cuatro millones de personas poseedoras de tarjetas de crédito del Banco Provincia, a $1.500 cada una, menos el 40% que corre por cuenta del supermercado.

Ese monto es el que, con el descuento que acaba de anunciar, está dispuesta a gastar Vidal en concepto de ayuda alimentaria.

Claro que no todos los clientes de la entidad irán a reclamar su rebaja al supermercado. Si se repitiera la afluencia de público del año pasado, cuando se realizó una experiencia similar, el total a erogar cada mes rondaría los $800 millones.

La suma puede parecer elevada desde el punto de vista del banco. O baja, si se la analiza en base al potencial reactivador del alicaído consumo.

Sin embargo, en la consideración de la gobernadora bonaerense, el monto es algo que pasa a segundo plano. En esta fase “defensiva” de su gestión, está convencida de que no habrá plata mejor gastada.

En acuerdo con el ala política del macrismo, su convicción es que no hay que menospreciar la importancia de las medidas “contra cíclicas”, aunque algunas tengan más componente de señal política que de ayuda económica real.

Al anuncio de Vidal se le sumó -llamativamente el mismo día- la medida de Horacio Rodríguez Larreta para facilitar el acceso a la vivienda a partir de beneficios otorgados por el Banco Ciudad para alquilar comprar.

Ambas iniciativas son la contracara del discurso de austeridad que el Gobierno está sosteniendo en el plano interno y también fronteras afuera.

En términos comunicacionales, la “hoja de ruta” para pelearle a la crisis trazada por el Gobierno está bien diferenciada:

1.- Un mensaje hacia Wall Street y la City porteña muy consistente, que incluye la promesa de que el Ejecutivo no se apartará ni una coma en el cumplimiento y compromiso tomado ante el FMI.

Para reforzar este concepto, viajó Nicolás Dujovne a Nueva York y su segundo, Guido Sandleris, a Londres.

2.- Un mensaje hacia el mercado doméstico por el que el Gobierno admite que las cosas no están saliendo tal cual lo previsto.

También, surgen medidas y anuncios tendientes a levantar las alicaídas expectativas tras la devaluación.

Mientras esta estrategia se pone en marcha, los funcionarios saben que dependen de Luis “Toto” Caputo y su habilidad extrema para manejarse en los mercados financieros. Solamente con un tipo de cambio estable ese mensaje puede sonar creíble.

Asumiendo el cambio de clima
Obviamente, el objetivo de corto plazo del Gobierno es lograr que la clase media de la provincia más densamente poblada no baje sus niveles de consumo de manera drástica. Sobre todo en rubros de la canasta básica que han sido golpeados por el repunte inflacionario.

La tarea será difícil, teniendo en cuenta los últimos datos recabados, que para nada son alentadores: una investigación de Kantar Worldpanel revela que el consumo masivo cayó 2% entre abril y mayo, justo cuando comenzó a dispararse la cotización del dólar.

Desde esta consultora especializada también detallan que los sectores más perjudicados son los más postergados de la sociedad.

Más precisamente, el 17% de los hogares que destinan $6 de cada $10 de sus ingresos a la compra de comida.

Justamente a ellos les habló Vidal en su último anuncio: “Sabemos que la inflación es mayor a la esperada y que está pegando mucho más en los alimentos”, sentenció.

La estrategia de la “promo” es la siguiente:

– Los beneficios del Banco Provincia se otorgarán el tercer y cuarto miércoles de cada mes.

– Estarán disponible en 239 sucursales de las cadenas Coto, Disco, Jumbo y Plaza Vea de todo el territorio provincial y la Ciudad de Buenos Aires.

– Los productos que formarán parte son alimentos en general, incluyendo los frescos, frutas y verduras, cortes seleccionados de carne vacuna y todos los cortes de cerdo.

La iniciativa se inscribe en un operativo orientado a apuntalar la gestión y a contener eventuales problemas sociales en provincia de Buenos Aires.

Este es el distrito clave a defender pensando en la gobernabilidad de la gestión Macri y en la ya no tan lejana campaña electoral de 2019.

Mientras se espera que la inflación de junio ronde el 3,8%, ya con el efecto pleno de la devaluación, siguen llegando las listas con nuevos aumentos de precios para julio.

La gobernadora forma parte de la “mesa chica” del Presidente junto con Rodríguez Larreta, Marcos Peña y Rogelio Frigerio. Allí se decidieron los pasos para tratar de apaciguar los efectos de la crisis.

Los márgenes de maniobra se han reducido tras el acuerdo con el FMI, que puede contribuir para lograr la ansiada estabilización financiera. Pero, más que a crecer, este tipo de pactos sirven para aventar temblores.

Macri sabe a la perfección que de ahora en más los mercados van a seguir con lupa el cumplimiento de las metas firmadas con el organismo, y que pondrán en consideración si conserva a pleno su gobernabilidad en momentos difíciles.

Medidas sin prejuicios
Bajo esta perspectiva, se entiende que el Gobierno quiera preservar el tejido social y no aferrarse a dogmas.

Con pragmatismo, la “mesa chica” decidió jugar con todas las cartas. Aun cuando, desde el ámbito político, algunos recordarán los parecidos de las últimas medidas macristas con las anunciadas en su momento por Cristina Kirchner, especialmente en los tramos recesivos de su gestión.

Desde ese punto de vista, puede presumirse que este plan implica una ventaja política para la imagen de Macri y para Vidal en particular, ya que, según coinciden los analistas de opinión pública, toda acción pro consumo mejora la percepción sobre el gobernante.

Sin embargo, la experiencia en este tipo de acciones se ha revelado como un arma de doble filo.

Las aglomeraciones ocurridas en las “promo” del año pasado y las largas filas de gente esperando de madrugada bajo la fría llovizna invernal para comprar alimentos, funcionó también como un recordatorio de las necesidades que padecen vastas zonas del Conurbano.

Esas imágenes, que parecían indicar todo lo opuesto a lo que el macrismo quería comunicar, fueron en su momento profusamente utilizadas por la oposición en sus denuncias sobre los costos sociales de la política económica macrista.

De hecho, en plena campaña electoral para las legislativas, esas imágenes exponían todo lo que el Gobierno quería borrar de la agenda y lo que el kirchnerismo pugnaba por machacar: que buena parte de la población tenía problemas para llegar a fin de mes.

En todo caso, se produjo la típica “batalla por la interpretación” de ese fenómeno. Y la propia gobernadora tuvo que salir a defender la acción promocional del Banco Provincia como una forma de poner los dineros públicos al servicio de una mejora en las condiciones de vida.

Según pudo saber iProfesional de fuentes oficiales, la respuesta masiva del público a las rebajas del año pasado provocó euforia en el equipo de la gobernadora Vidal.

El dato que funcionarios han tenido en cuenta para repetir la experiencia es que uno de cada cuatro clientes que recurrió a la promo era docente de la provincia de Buenos Aires, y dos de cada diez, jubilados.

Según datos recabados, una gran mayoría de quienes aprovecharon los beneficios pertenece a sectores de ingresos medios y medio-bajos, y el 70% ganaba menos de $35.000 al mes.

A la hora de argumentar en términos políticos, lo que afirmaba el equipo de Vidal es que ese subsidio al consumo es sinónimo de buena gestión: implica una forma de ayuda social que durante la administración Scioli no era posible por la mala utilización de los dineros públicos.

“Scioli dejó al Banco Provincia con una deuda de $30.000 millones. Hemos podido sanearlo para hacer este tipo de promociones, que favorecen a la gente”, asegura un directivo a iProfesional.

La gobernadora, todavía al tope de las encuestas de imagen con un 53% de aprobación, es más consciente que nadie sobre los riesgos del estancamiento económico que atraviesa el país y que, según los cálculos más optimistas, se prolongará al menos un semestre.

Los signos de deterioro social y de inquietud en el Conurbano ya se hacen visibles, y fue por eso que comenzaron los anuncios destinados a la “contención”.

Primero, la propia Vidal se diferenció del resto del macrismo al hacer una explícita amenaza de “escrache” a los empresarios del sector alimenticioque trasladen “en forma injustificada” a los precios la suba del dólar.

Luego, llegaron los anuncios sobre adelanto en el pago del aguinaldo y mejoras en jubilaciones y planes de asistencia social.

Mientras Vidal se acercaba a los intendentes para monitorear que no hubiera síntomas de protesta violenta en el Conurbano, la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, se reunía con líderes piqueteros y lograba desactivar una marcha reclamando la entrega de alimentos en los supermercados.

Con vistas a un 2019 para el que no está descartada su candidatura presidencial, también buscó asegurarse que la obra pública continuase a buen ritmo.

Los recientes anuncios para fomentar el consumo son la conclusión natural de ese plan, que no desestima un “toque peronista” para aliviar la tensión social en momentos de crisis.

Iprofesional

“Carrefour y Walmart: sus planes de beneficios y promociones para enfrentar la economía en recesión y caída del poder de compra”

“El segundo semestre será mucho más difícil“, afirmó Dante Sica. Así, el flamante ministro de Producción advirtió sobre el pobre desempeño que tendrá la economía para lo que resta del año.

Sus palabras no causaron sorpresa en el mundo empresario, que ya descuenta que la recesión se instalará como uno de los efectos nocivos de la crisis cambiaria y la fuerte devaluación de los últimos meses.

Más aun, entre los ejecutivos vinculados al supermercadismo. Este sector viene golpeado desde hace al menos dos años, con filiales locales de grandes cadenas internacionales que presentan números en rojo y están siendo sostenidas por aportes millonarios de sus casas matrices.

La crisis de Carrefour no resulta indiferente para el resto de los actores de esta rama de actividad, que observa cómo la cadena de origen francés está buscando por todos los medios sostener su negocio en la Argentina.

De hecho, ya inició su plan de achicamiento, debe modificar su estrategia,cerrar locales y despedir personal para adecuar su estructura a una realidad signada por la fuerte caída en ventas que se refleja en balances deficitarios.

El desembarco de un CEO francés no es casual. Llegó al país con una receta para aplicar: modificar la filial local para adaptarla a los tiempos que corren.

Por cierto, no es una tarea fácil, si se tiene en cuenta los más de 18.000 empleados y las casi 600 sucursales en diferentes formatos que gestiona la cadena en Argentina.

La firma posee una estructura considerada “enorme” para un formato queviene perdiendo participación frente a otro tipo de establecimientos.

Según un informe de Kantar Worldpannel, los hipermercados pasaron del tener el 15,5% del share al 13,5%, en detrimento de los mayoristas, almacenes y cadenas exprés.

El futuro inmediato no parece ser muy diferente para el resto de las cadenas.

En este sentido, el último informe del INDEC mostró en las ventas de supermercados e hipermercados una caída de 2,1% en abril respecto del mismo mes del 2017.

Las consultoras privadas advierten que para este segundo semestre la comercialización en estos espacios se mantendrá, a precios constantes, en terreno negativo.

Es decir, se repetirá la foto del año pasado, cuando datos oficiales dieron cuenta de un descenso en mayo, junio, julio y septiembre, una tenue suba en agosto y noviembre y un diciembre neutro.

En el comparativo del primer cuatrimestre 2018 respecto al 2017 no hubo casi diferencias en el porcentaje de ventas a precios constantes ($86.878 M versus $86.198 M respectivamente).

La reducción del empleo es uno de los efectos adversos de actual panorama, signado por la baja de consumo y la pérdida de poder adquisitivo.

Según INDEC, en abril se perdieron casi 6.000 puestos de trabajo respecto al mismo mes 2017, entre gerentes, supervisores, cajeros, administrativos y repositores.

El escenario de crisis no ha impedido que los precios sigan escalando. Entre los rubros con los aumentos más significativos en abril figuraron electrónica y artículos para el hogar (42%), bebidas (30%) y carnes (17%).

Para este mes, las nuevas listas contemplan remarcaciones de entre 8% y 10%, producto de la devaluación, que elevó los costos de productos con componente importado, que son muchos y comprenden desde las pastas hasta los chocolates (dependientes de los valores de la harina y el cacao).

Hay que pasar el segundo semestre

En base a estos datos y a las estadísticas del INDEC y encuestadoras privadas, es lógico que se haya extendido el pesimismo entre los empresarios de las principales cadenas de súper e hipermercados.

En Carrefour y Walmart, pasando por CotoLa Anónima y otras de menor porte, el consenso es que los próximos dos trimestres estarán teñidos por una fuerte caída del consumo, que dejará su impacto en las ventas.

Los empresarios ni siquiera se entusiasman con la cercanía del aguinaldo, al entender que los consumidores usarán ese dinero para cancelar deudas o poner sus tarjetas de crédito al día.

Tampoco le ponen fichas a la reapertura de paritarias o a que los gremios que aún no cerraron logren aumentos mayores al 20%, tal como pretende el Gobierno (inicialmente era un 15%).

Con el 30% de inflación proyectada para 2018 se hará difícil que el salario iguale el salto en los precios. A lo sumo, habrá recomposiciones de entre 5% o del 10% que igualmente impedirán reconstruir el poder de compra perdido.

Para intentar “pasar el semestre” (más que el invierno), la mayoría de los supermercadistas planea focalizarse en las estrategias de seducción a clientes, en pos de no seguir perdiendo frente a mayoristas, almacenes de barrio y formatos de cercanía.

Seguirán apostando a las promociones, ofertasdescuentos acuerdos con bancos y emisoras de tarjetas para ofrecer planes de financiación. En algunos casos atados a intereses, dado el contexto de altas tasas.

“El poder adquisitivo se debilitó por la inflación y acuerdos salariales que corren por debajo de la suba de precios. Habrá menos dinero para volcar en la economía“, afirman los empresarios del rubro.

Además, creen que el desembarco de Dante Sica en el Ministerio de Producción no significa que habrá cambios favorables en el corto plazo.

Por el contrario, anticipan que los primeros seis meses de su gestión vendrán acompañados por anuncios negativos, que afectarán incluso a industrias como la de alimentación y bebidas, pese a estar entre las más golpeadas por una economía que luce muy debilitada.

“El año ya está jugado, la inflación rondará el 30% y la recesión va a ser nuestra compañera durante los próximos meses”, señalan a iProfesionaldesde una de las grandes cadenas de hipermercados.

La apuesta a las promociones


“Será imposible salir de las promociones, que ya se han convertido en la única herramienta para dar pelea y sostener el actual nivel de consumo, que para peor es bajo“, revelan los ejecutivos.

Desde Carrefour prefieren no hacer declaraciones sobre las proyecciones para lo que resta del año. Lo que sí comparten es que el ritmo de comprasserá muy similar al actual y que no esperan cambios positivos al menos hasta enero.

Entre sus propuestas promocionales para enfrentar un contexto adverso figuran la del 70% de rebaja en la segunda unidad si se compran dos productos iguales, el “3×4” (pagar tres artículos y llevar cuatro) ydescuentos de hasta 25% en algunos electrodomésticos.

También la firma reforzará sus acuerdos con bancos para otorgar beneficios los días de la semana: lunes, martes y miércoles, 15% menos para clientes del Nación; los martes, para los del Patagonia, Supervielle y Macro.

En Walmart consideran que la devaluación es muy reciente como para analizar ya mismo la real dimensión de su impacto. No obstante, anticipan que dejará su huella en la inflación, en el nivel de actividad y que estos efectos se sentirán en los diferentes estratos sociales.

Advierten que gran parte los segmentos demográficos ha empezado a reducir su ritmo de compras. “Por otro lado, varias consultoras cambiaron sus estimaciones respecto a la evolución del consumo masivo”, señalan en Walmart.

En este marco, desde la cadena anticipan que el desafío para lo que resta del año es “generar más ventas y mayor eficiencia, para que esto pueda traducirse en propuestas de precios más ventajosas para los clientes”.

La empresa también buscará incrementar sus alianzas estratégicas, como la recientemente anunciada con Mercadoni para ganar en extensión y capilaridad de servicio.

Como parte de su plan, también intentará modificar las relaciones con sus proveedores. En noviembre pasado, en el marco de un encuentro anual con estas firmas, pidió a los CEOS de las principales empresas apuntar a una mayor eficiencia conjunta.

“Estamos convencidos que más allá de la discusión entre costos y precios, debemos ser inteligentes para ver el negocio completo y analizar, en toda la cadena de distribución, cómo mejorar la eficiencia -de nuestro lado y del proveedor- para bajar los costos de los productos al máximo”, añaden.

No obstante, desde una de las principales proveedoras de electrodomésticos aseguran que no hay mucho margen para reducir precios. “Esta situación de incertidumbre y constante volatilidad no se ordenará en el corto plazo, y el próximo semestre será malo“, anticipan.

El mismo panorama se expone en una alimenticia local, que prevé que entre junio y diciembre el nivel de consumo será “extremadamente bajo“.

“El Gobierno apuntará a mantener tasas de interés muy altas y que los salarios aumenten por debajo de la inflación. Las víctimas de esto serán el consumo y el nivel de actividad, y esta situación no cambiará al menos hasta fin de año”, concluyen.

Iprofesional

“La estrategia de los mayoristas para ganarles a los hipermercados”

La estrategia de los mayoristas para ganarles a los hipermercados

Estacionamientos llenos. Clientes con cajas en sus carros, algunas para revender en sus propios negocios, otras para guardar en la despensa o repartir con la familia. Todos, sin importar el uso que les darán a los productos, están por el precio que encuentran en las tiendas. Unas tiendas de grandes superficies, pasillos largos y altos, con pallets y productos empaquetados. Aunque ahora también haya artículos sueltos. Los distintos tipos de clientes se encuentran en el mismo espacio porque ahí pueden conseguir, según los propios jugadores del mercado, un ahorro de hasta el 30 por ciento en el ticket respecto de los precios de los hipermercados.

Con esa realidad conviven los mayoristas y cada uno lleva a cabo su estrategia para que esta tendencia no sea solo coyuntural sino que se convierta en un hábito de compra afianzado. Maxiconsumo fue uno de los primeros en apelar al consumidor final con sus avisos en los medios. Ahora, otras compañías como Yaguar y Supermayorista Vital también buscan cautivar a las grandes familias o grupos que se juntan para stockearse y hacer su compra mensual en los mayoristas en lugar de hacerlo en los hipermercados, como sucedía hasta hace tres años. Por su parte, Diarco y Makro todavía apuntan a su target habitual, el cliente profesional, aunque los particulares también circulan por sus pasillos.

Durante el último año, una encuesta realizada por Nielsen indicó que el 30 por ciento de los hogares de Buenos Aires realiza compras en tiendas mayoristas, un 8 por ciento más que el año anterior. Del total de esos consumidores, el 53 por ciento lo hace forma semanal o aún más seguido. En ese contexto, el canal mayorista gana año a año participación de mercado sobre los hipermercados, según Kantar Worldpanel. Entre el segundo semestre de 2015 e igual período de este año, el market share del segmento creció del 6,7 al 9,2 por ciento del total de las ventas, mientras que los hipermercados vieron caer su cuota del 12,8 al 9,4 por ciento en ese mismo lapso. Un 44 por ciento de los hogares analizados por Kantar reveló que seguirá comprando en el mayorista como su canal habitual.

Supermayorista Vital es una de las que apuesta a cautivar a los consumidores finales y aprovecha el acercamiento que tuvieron a sus tiendas. La cadena cuenta hoy con 19 locales –dos en la Ciudad de Buenos Aires, seis en el interior y 11 en el Gran Buenos Aires– y busca expandirse territorialmente. Para 2018 está prevista la apertura de un local en Salta, con una inversión de US$ 20 millones.

Según Eduardo Pochinki, presidente de la firma, los canales se rompieron a partir de las agresivas ofertas por volúmenes de los hipermercados que llevaron a los minoristas a comprar en el canal moderno. “Esto alteró los costos de las cadenas y en ese momento empezó a venir el consumidor final motorizado a buscar precio a los mayoristas”, analiza. Este cliente es motorizado, tal como lo denominan en Vital, porque requiere de un auto para trasladarse a las superficies mayoristas y por los volúmenes de compra. Hoy, en las ventas de la firma, el 70 por ciento de los clientes son comerciantes y el 30 por ciento, familias numerosas.

Así, el shopper descubrió el ahorro que obtiene en las grandes tiendas. Según Pochinki, la diferencia es de más de 30 puntos respecto de los súper e hipermercados, aunque hay categorías en las que la cifra alcanza hasta un 50 por ciento, como limpieza y perfumería, aclara. Este cambio hizo que Vital aumentara sus volúmenes vendidos en un 5 por ciento año a año desde 2015. En facturación, cerró 2016 en $ 10.000 millones y prevé incrementar esa cifra en un 25 por ciento este año.

Makro tiene más consumidores finales en sus tiendas que los que desea, de acuerdo a Pablo Tomé, su CEO. Entre un 40 y un 45 por ciento de las ventas se canalizan a través de estos shoppers, aunque la empresa ofrece beneficios especiales para los clientes profesionales. En términos de volúmenes, en la primera parte de 2017 la cadena creció entre un 3 y un 4 por ciento, mientras que en el resultado anual de 2016 estuvo 6 puntos por encima del año anterior.

Con el visto bueno del holding holandés SHV para invertir en la Argentina, la compañía abrirá en breve una sucursal en Pilar que demandó $ 350 millones. En 2018 inaugurará otros dos locales, en el interior y en el Gran Buenos Aires, con inversiones de $ 250 millones. Además de las aperturas, Makro está atravesando un cambio de imagen y una remodelación de sus tiendas para homogeneizar su propuesta con las del resto de la región. Gracias a estos proyectos, en 2017 la cadena espera facturar $ 15.000 millones.

En el caso de Diarco, Pablo Bertolissio, su gerente General, informa que la compañía tuvo un crecimiento de 1,5 por ciento en volúmenes en el primer semestre en comparación con el mismo período del año pasado. En 2016, la facturación fue de $ 10.000 millones y en 2017 proyecta alcanzar los $ 12.000 millones. La expansión territorial será, principalmente, en el interior, con una nueva tienda en octubre en Santiago del Estero y dos más con locaciones que la compañía todavía no informa. Con esas aperturas, la cadena alcanzará los 42 locales.

Si bien reconoce que desde 2015 se empezó a acercar el consumidor final, el ejecutivo afirma que no es el cliente foco de Diarco. “No tenemos estrategias para apuntar a estos clientes, pero sí estamos haciendo cambios para mejorar nuestra propuesta comercial”, dice sobre el objetivo de contar con salones más grandes, mejor iluminados y con un mayor surtido.

Maxiconsumo mantiene un crecimiento sostenido desde 2016 en volúmenes vendidos, según Víctor Fera, su dueño. En agosto, la empresa abrió una sucursal en González Catán, provincia de Buenos Aires, con una inversión de $ 100 millones, y espera contar con un punto de venta en Río Grande, Tierra del Fuego, antes de fin de año. Para 2018, la primera inauguración prevista será en Ushuaia, con cifras de inversión que también rondan los $ 100 millones. De esta manera, las compañías del canal buscan expandirse y mejorar sus puntos de venta con la intención de sostener estos buenos resultados una vez que la inflación y los altos precios de la competencia dejen de ser los principales drivers de compra en mayoristas.

Antes y después

La presencia de consumidores finales en mayoristas no es nueva. Durante 2001 y 2002 el canal tuvo una incidencia significativa en el consumidor, que por la crisis que atravesaba el país buscaba precios bajos y stockeo de productos a través de compras comunitarias, explica Nielsen. “Hoy en la Argentina el tráfico de consumidores finales creció hasta un 50 por ciento en algunos mayoristas, con un promedio de 17 productos por compra, donde el 44 por ciento son alimentos”, analiza Diego Gizzi, gerente de Retail de Nielsen Argentina. Del total de encuestados por la consultora que concurren al canal mayorista para hacer sus compras para el hogar, el 90 por ciento lo hace para su propia casa y el 10 por ciento lo hace de forma comunitaria.Otro dato que arroja el estudio es que la percepción de ahorro llega a ser de entre el 10 y el 30 por ciento.

De acuerdo con el informe de venta minorista de alimentos en la Argentina elaborado por Euromonitor, la crisis económica benefició a los formatos cash and carry como Vital, Diarco y Makro durante 2016. Según la consultora, históricamente este canal gana participación durante períodos de alta inflación y caída del poder de compra. Asimismo, desde 2014 el formato comenzó a atraer a consumidores de ingresos medios, a pesar de que siempre ha sido un rubro típico de shoppers de un poder adquisitivo bajo.

En el camino por retener a los clientes, los mayoristas optan por renovar sus sucursales para adaptarlas al consumidor final y mejorar la experiencia de compra, sin perder de vista los costos operativos para mantener los precios competitivos. “Hay un profundo análisis de los servicios que no podemos ofrecer. El principal límite es el de la franja horaria, la apertura en feriados y domingos e incorporar categorías que no son rentables”, dice Pochinki, un concepto que se replica en el resto de las cadenas. “No vamos a hacer nada que aumente el costo. No podemos poner aire acondicionado en los salones o incorporar una iluminación más cálida”, avisa Bertolissio.

La consultora Nielsen destaca que el hábito de 2001 y 2002 fue coyuntural, mientras que hoy esta tendencia se replica en la Argentina y en otros países del mundo como México y Brasil. De todas maneras, no es exclusiva de la Argentina –tanto en el Área Metropolitana de Buenos Aires como en el interior–, sino que a nivel global el canal mayorista crece cinco veces más rápido que el promedio de consumo masivo ya que se busca hacer más eficiente las compras para destinar tiempo y recursos a otras experiencias, según Kantar.

“El mayorista evoluciona año a año, se adaptó para recibir a todo el público”, dice Pochinki sobre la ampliación del surtido, la incorporación de medios de pago y la diferenciación de clientes en las cajas para agilizar el proceso. Para él y para el resto de los players mayoristas, no hay marcha atrás en la participación de consumidores finales en el canal.

Nuevas experiencias

El cliente siente el beneficio directamente en el bolsillo: “La percepción de ahorro es mayor a lo real. Los hogares perciben que ahorran entre un 20 y 25 por ciento, cuando en realidad el ahorro es en promedio de un 15 por ciento por categoría”, señala Federico Filipponi, director Comercial de Kantar. Para la consultora, el principal ahorro se da en la compra de segundas marcas, que tienen una mayor presencia en este canal que en los retailers modernos y tradicionales. En cambio, al comparar igual marca y variedad, el ahorro promedio es del 7 por ciento, una cifra menor a la percibida por el cliente.

En Makro la marca propia –con sus propuestas de Aro para gastronómicos y M&K para minoristas– creció dos puntos en participación en lo que va de 2017, con un total de 16 por ciento sobre las ventas de la empresa. En perecederos, la categoría más fuerte para la firma holandesa, las brands propias componen el 25 por ciento de los productos vendidos. “El cliente es más racional y busca nuevas marcas”, dice Tomé.

Maxiconsumo es otro mayorista en el que las marcas propias tienen un peso significativo en las ventas. “La gente ya no quiere que le cobren de más, está aprendiendo a comprar”, dice Fera. En estos locales, las alternativas de Molto, Marolio, Patricia Allen, Cava San Julián y Beethoven representan el 50 por ciento de las ventas. Según Fera, en su cadena existe un 30 por ciento de ahorro sobre los minoristas y un 60 por ciento con respecto a las cadenas del canal moderno.

Supermayorista Vital busca diferenciarse de la competencia directa. El 80 por ciento de las ventas en la cadena es de brands líderes –entre primeras y segundas marcas– y el resto se concentra en las marcas blancas, según lo expresado por su presidente. Con una frecuencia diaria o semanal, el comerciante que acude a Vital desembolsa entre $ 10.000 y $ 50.000 por ticket, mientras que el consumidor final compra una vez al mes y gasta entre $ 7.000 y $ 15.000. “Nuestra estrategia es ser el reemplazo del hipermercado”, sentencia Pochinki sobre el tipo de compra que se hace en los mayoristas.

En Diarco, según el gerente General, la presencia de consumidores finales es menor al 12 por ciento y la frecuencia de compra, de dos veces al mes, mientras que el minorista acude a las tiendas más de una vez por semana. Para Makro, dentro del cliente profesional, el revendedor representa 18 puntos, el segmento Horeca –Hoteles, restaurantes, cafeterías y catering– un 20 por ciento y el resto está formado por distribuidores, service providers y revendedores de no alimentos. El ticket promedio del cliente profesional es de $ 2500, con una frecuencia semanal, mientras que el consumidor final tiene un ticket de $ 1500 y acude dos veces por mes.

Al tratarse de una compra en la que se busca el stockeo mensual, las categorías incluidas en el carro son diferentes en el formato mayorista. Filipponi explica que los productos más desarrollados en el canal son los quesos, limpieza del hogar, cuidado oral e infusiones. En cambio, las categorías con menos participación son los lácteos, las bebidas sin alcohol y los alimentos perecederos, aunque en el caso de Makro, por apuntar al Horeca, este último segmento es uno de los más vendidos. Es por eso que Tomé anticipa que la compañía abrirá formatos de food service con servicios y delivery específicos para el cliente transformador.

Según el reciente Índice Mayorista de Nielsen, los productos que se adquieren con mayor frecuencia son, principalmente, los alimentos básicos. Las categorías de limpieza, cosmética y tocador tienen una frecuencia de compra un poco menor. Entre enero y abril de 2017, los alimentos representaron el 44 por ciento del total de la facturación, con la yerba mate y aceites como los que más pesan.

El debate instalado entre los mayoristas no solo tiene que ver con si se trata de una tendencia que llegó para quedarse o si es, simplemente, una respuesta del shopper a la pérdida de poder adquisitivo. También analizan si la presencia de consumidores finales significa que los mayoristas están canibalizando ventas a los minoristas, sus otros clientes.

Para Pochinki, el tipo de compra de los consumidores finales en los mayoristas es distinto del que se hace en los minoristas –una es de stockeo y la otra de reposición. “No hay una competencia desleal con el comerciante porque la compra mensual que hace el consumidor final la hacía en el hipermercado, no en las tiendas minoristas”, considera el presidente de Vital. Sin embargo, Kantar Worldpanel advierte que aumentó la frencuencia de compra y que ya se está canibalizando parte de su negocio. “De todas formas, la ecuación sigue siendo positiva para el total”, considera Filipponi.

“No competimos con los minoristas porque vienen clientes de gran capacidad de compra que antes lo hacían en las cadenas”, analiza Fera. Para el propietario de Maxiconsumo, “esta tendencia se va a mantener por la inoperancia de las grandes cadenas”, sentencia.

Revista Apertura

Nuevas tendencias: “Ahora la austeridad es la normalidad”

Un consumidor con el radar en los precios

Un informe preparado por la consultora W, especializada en temas de consumo, busca delinear cuáles son las pautas que definen al modelo actual. “El nuevo consumidor se deja llevar menos por la tentación y más por la precisión”, dicen.

Parte de ese efecto se refleja en los nuevos canales que salen ganando: suben las compras en mayoristas y bajan las visitas a los hipermercados (ver página 16). “Ir a comprar dejó de ser un placer, ahora genera stress”. Parte del stress tiene que ver con la complejidad de las promociones que ofrecen los centros de compra: el 70% de descuento en la segund a unidad, rebajas disponibles únicamente en ciertas sucursales o beneficios que incluyen a unas marcas pero dejan fuera a otras. “Este tipo de recursos distraen al consumidor y le hacen perder el foco respecto de cuál es el precio real de las cosas”.

Según Guillermo Olivetto, “este es el principio del fin de la era de los anabólicos”, con referencia al efecto de las ofertas sobre la compra. “La gente mantiene el recorte de gastos como patrón de conducta. Ahora la austeridad es la normalidad. Los consumidores tienen claro que si te bajan el 70% en la segunda unidad es porque ese no era el precio normal del producto”. A partir de la caída de la economía durante el año pasado, los consumidores “empezaron a desarrollar una percepción creciente de engaño y trampa, especialmente por parte de los hipermercados. Así emerge el concepto de precio real. ‘Si hoy es lunes y ya sé que el viernes tengo 25% de descuento, entonces ¿cuál sería el precio real?’”

En ese escenario de guerra de promociones, la consultora W destaca el éxito de la promoción del 50% lanzada por el Banco Provincia en julio. Resaltan que tiene un beneficio claro, contundente y escaso, ya que solo está disponible 2 días al mes. También es transparente porque deja claro que hay un tope máximo de $1.500.

En los últimos meses algunas cadenas parecen haber tomado nota de las nuevas demandas de los consumidores y reformulan sus promociones para frenar la sangría de clientes que vienen sufriendo. Carrefour optó por armar una lista de 1.300 productos con precios congelados por seis meses, mientras que Walmart ofrece rebajas agresivas en 500 artículos, para disputarles terreno a los mayoristas.

También las marcas van rediseñando sus estrategias. Coca-Cola promocionó durante buena parte del año pasado su minilata a $10, mientras Quilmes mantuvo por meses el Pacto Porrón, primero en $10 y luego en $12.

“Teniendo en cuenta el contexto actual, algunas marcas han decidido hacer menos promociones y descuentos y aprovechar ese dinero para directamente bajar sus precios, o al menos dejar de subirlos”, dice la consultora W. Un relevamiento reciente muestra que el 85% de los consumidores prefiere que bajen los precios, aunque esto implique que en la práctica haya menos promociones y descuentos.

El patrón de consumo cambia según las regiones

Renata Segovia, Expert Solucions Manager de Kantar Worlpanel, detalla que la región metropolitana de Buenos Aires (AMBA) es la más castigada en lo que va del año en la caída del consumo. Una muestra de esto es que entre enero y julio, los hogares visitaron los canales de compra dos veces menos con respecto al mismo período de 2016.

Segovia destaca que el canal mayorista tiene presencia fuerte en el interior. Un ejemplo de esto es la ciudad de Córdoba, donde alcanza 40 puntos de penetración mensual, mientras que en AMBA solo consigue 16. Si en Buenos Aires el canal mayorista lograra la penetración que tiene en Córdoba, sumaría casi 590.000 hogares por mes, lo que implica $10.000 millones adicionales de facturación y 2,5 puntos extra de market share en el mix de canales a nivel nacional. “Sin lugar a dudas, el potencial es enorme y el espacio libre en el conurbano es un desafío para el canal para poder seguir creciendo”.

Las marcas low price también tienen chances. Para JoaquínOría -Client Development Senior Executive de Kantar Worldpanel-, “la participación de las marcas económicas, sumando también las de distribuidor, ronda el 40%. Son más fuertes en el Litoral, mientras que en la Patagonia o el NOA están en en 30%. En AMBA, Cuyo y la región central están más cerca de la media nacional”.

Para Oría, “si bien en todas predominan las low price, el peso de las marcas propias en AMBA o Patagonia, donde hay una gran presencia de retailers, es mucho mayor que en las otras regiones”. Y apunta que “varios de los grandes fabricantes supieron leer la coyuntura y lanzaron opciones económicas con muy buenos resultados. Lo que funcionó fueron las estrategias diferenciadas por nivel socioeconómico: propuestas específicas por target a un precio adecuado”.

Un consumidor con el radar en los precios

El mercado tiene hoy una pregunta del millón que los desvela. Cómo se explica que, a esta altura, un año y medio después del cambio de modelo económico, crezcan fuertemente las ventas de bienes durables, como camiones, motos, autos e inmuebles, ( todos arriba del 30% en unidades) e incluso los de bienes intermedios, como electrodomésticos y tecnología (15%) , y servicios como el turismo ( 15% más de pasajeros tanto al exterior como dentro del país). Y que continúen cayendo las ventas de los dos bienes más básicos: alimentos (-2% en el acumulado anual ) y ropa ( -4% en el año) . La primera respuesta intuitiva es simple. Se trata de la fragmentación social y de la confirmación del prejuicio de origen que trae este gobierno. Su modelo económico beneficia más a los sectores de clase alta y media alta, que son los que están consumiendo los bienes durables. Falso. La venta de alimentos crece 1% en el año en los segmentos de más bajo poder adquisitivo y caen -6% en la clase alta. Si vemos el mes de julio, en las sectores más frágiles crecen 11%. Todos datos del panel de hogares de Kantar Worldpanel que incluye todos los canales de comercialización, incluso las ferias. Despejado lo obvio, que nunca hay que obviar, es momento de ir más profundo en el análisis. El enfoque más superficial revela algo que sí es cierto: no es que necesariamente no hay dinero (si bien a mucha gente todavía la plata no le alcanza), sino que se está re configurando el modo de gastarlo.

Hay un antes y un después de las tarifas. Fue en el invierno de 2016 cuando los consumidores argentinos cambiaron el chip y se pusieron en “modo austero”. Hoy esa conducta ya es la nueva normalidad. “Antes compraba sin mirar, ahora me fijo en todo”). Desde entonces ya no convalidan cualquier precio. Entran al mercado cuando ven una buena oportunidad (precios reales más bajos, como están haciendo ya varias marcas reconocidas o con los autos, los electrodomésticos y las computadoras), buena financiación, o descuentos muy agresivos, claros y concretos ( caso promo Banco Provincia). Sin embargo, cabe preguntarse si no estamos asistiendo a un rediseño del mercado que expresa tanto el cambio cultural profundo que procura realizar el Gobierno como un fenómeno de carácter global que, a medida que nos acercamos a lo normal, llega con más fuerza. En el mundo, las ventas de alimentos crecían al doble que el PBI en 2012. Hoy crecen a 1/3. Tiene que expandir 3 puntos la economía para que suba 1% los volúmenes de los bienes básicos.

Por otro lado, la filosofía del poder actual ha incorporado al tablero del deseo un bien fuertemente disruptivo: el crédito hipotecario. La historia demuestra que los argentinos no modifican sus conductas a partir de lo discursivo, sino desde lo fáctico. Para bien o para mal. Primero comprendieron que ni la luz, ni el gas, ni el agua son ni pueden ser gratis. Y ahora están descubriendo qué tal vez puedan acceder al viejo anhelo de la casa propia. Y a 20 o 30 años, con una cuota similar a un alquiler. Ambos fenómenos no son coyuntura, son estructura. Si estas motivaciones continúan avanzando es probable que estemos asistiendo a la aparición de un nuevo consumidor, con patrones de conducta que expresa el cambio cultural que pretende el Gobierno: del corto al largo plazo, del puro presente al equilibrio entre presente y futuro y de 100% consumo a un mix de consumo y ahorro.

Clarín

“Desconfiado de las promos, infiel y busca-cuotas: ¿Cómo es el nuevo consumidor?”

Resultado de imagen para consumidor desconfiado

En medio de la caída del consumo, durante 2016 y lo que va de 2017, los argentinos “activaron” herramientas para hacer frente al alza de tarifas y costos, de acuerdo con una investigación realizada por la consultora Trendsity. Según Mariela Mociulsky, directora de la firma especializada, la actitud predominante entre los consumidores continuará siendo la cautela, el consumo alejado del placer y sin impulso. “Un consumo moderado, sin espacio para maniobras extremas. Sin asumir compromisos a mediano y largo plazo”.

“Hay una expectativa leve de recuperación, con todo, observamos un cambio en los comportamientos de consumo, del consumidor oportunista de hace un tiempo atrás (más bien desinhibido, impulsivo y orientado a la oferta) a un consumidor cauto (medido, racional y desconfiado). El pase se da desde una idea del ahorramos consumiendo a consumimos ahorrando” resaltó Mociulsky, en el marco del Marketing Attack, organizado por Wise. La consultora detalló las estrategias y tácticas del consumidor en crisis:

Adaptados pero alertas

Aprovechan las oportunidades posibles y accesibles. Van por el camino de la racionalidad, y se intenta dejar de lado las compras impulsivas.

Las marcas en la mira

Un 80% reconoce que busca y compara precios antes de hacer una compra. Se genera un doble efecto: se resignan o posponen algunas categorías (incluso para sostener marcas en otras categorías), o bien se resigna marca o variedad para sostener el consumo de la categoría sin perder calidad. Muchos de estos cambios podrían instalarse y prolongarse, mientras que otros serán discontinuados ante una recuperación.

El precio es el rey y crece la infidelidad

El consumidor observa el precio final primero y luego lo incorpora o no en el plan de gastos. Es un know how que ya forma parte de su ADN: no se deja tentar fácilmente por promociones u ofertas, se permite romper pactos con las marcas para sostener el consumo de categorías, y recurrir a estrategias ya probadas para equilibrar su gasto mensual.

Más canales

Se visitan diferentes canales de compra para el uso de los descuentos y cuotas vigentes. Aumento de compra en mayoristas y suelto en algunos segmentos, en otros aumenta la compra al día en comercio de cercanía. Se suman canales funcionales al precio y a la cercanía como ferias de barrio y mercados orgánicos, food trucks, distribuidores con entrega a domicilio, y compra y venta de usados.

Descuentos en zona de evaluación

Las promociones despiertan interés y generan ventas pero son pasibles de análisis y no son un atributo diferencial. Los consumidores se informan y cuestionan los “descuentos y promociones poco transparentes”

Cuotas

El pago en cuotas para algunos es la única manera de poder consumir y adquirir algunos bienes, mientras que para otros es un recurso para ganarle a la inflación.

Rentabilidad

Para las empresas, Walter Morales, presidente de Wise indicó que el mayor margen de ganancia va estar entre los que les vendan a los 2 o 3 primeros deciles de la población, porque se llevan el 60% de los ingresos.

“En los 7 deciles restantes no sólo vamos a tener el problema que se llega con productos de menor valor agregado, sino que también se aumente la demanda en marcas propias, segundas marcas y primer precio, incrementando a la vez el gasto en logística para su distribución. Esto nos va obligar a replantearnos la expansión territorial con este tipo de productos. A favor, las empresas que inviertan en marketing y avancen sobre una reestructuración comercial tienen mucho que ganar. Es importante que puedan incorporar la cultura de hacer negocios en el punto de venta, atender a las redes sociales, tener CRM, etc, en lugar de solamente levantar pedidos. Es importante estar tecnológicamente preparados en tiempos más exigentes”.

Clarín


Autor

Emiliano Schwartz

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