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“Promo Banco Provincia: el Gobierno cambia la estrategia y refuerza el asistencialismo para revivir el consumo”

“Estamos transitando meses difíciles y el Estado no puede mirar para otro lado. Sabemos que la inflación es más alta de la esperada”.

Con estas palabras, la gobernadora María Eugenia Vidal dejó en claro a los ciudadanos que si hay que capear el duro temporal que viene, “lo mejor es hacerlo juntos”.

Estar “cerca de la gente” tiene sus beneficios. Y también un costo, que podría escalar a los $3.600 millones por mes.

La cuenta es sencilla: cuatro millones de personas poseedoras de tarjetas de crédito del Banco Provincia, a $1.500 cada una, menos el 40% que corre por cuenta del supermercado.

Ese monto es el que, con el descuento que acaba de anunciar, está dispuesta a gastar Vidal en concepto de ayuda alimentaria.

Claro que no todos los clientes de la entidad irán a reclamar su rebaja al supermercado. Si se repitiera la afluencia de público del año pasado, cuando se realizó una experiencia similar, el total a erogar cada mes rondaría los $800 millones.

La suma puede parecer elevada desde el punto de vista del banco. O baja, si se la analiza en base al potencial reactivador del alicaído consumo.

Sin embargo, en la consideración de la gobernadora bonaerense, el monto es algo que pasa a segundo plano. En esta fase “defensiva” de su gestión, está convencida de que no habrá plata mejor gastada.

En acuerdo con el ala política del macrismo, su convicción es que no hay que menospreciar la importancia de las medidas “contra cíclicas”, aunque algunas tengan más componente de señal política que de ayuda económica real.

Al anuncio de Vidal se le sumó -llamativamente el mismo día- la medida de Horacio Rodríguez Larreta para facilitar el acceso a la vivienda a partir de beneficios otorgados por el Banco Ciudad para alquilar comprar.

Ambas iniciativas son la contracara del discurso de austeridad que el Gobierno está sosteniendo en el plano interno y también fronteras afuera.

En términos comunicacionales, la “hoja de ruta” para pelearle a la crisis trazada por el Gobierno está bien diferenciada:

1.- Un mensaje hacia Wall Street y la City porteña muy consistente, que incluye la promesa de que el Ejecutivo no se apartará ni una coma en el cumplimiento y compromiso tomado ante el FMI.

Para reforzar este concepto, viajó Nicolás Dujovne a Nueva York y su segundo, Guido Sandleris, a Londres.

2.- Un mensaje hacia el mercado doméstico por el que el Gobierno admite que las cosas no están saliendo tal cual lo previsto.

También, surgen medidas y anuncios tendientes a levantar las alicaídas expectativas tras la devaluación.

Mientras esta estrategia se pone en marcha, los funcionarios saben que dependen de Luis “Toto” Caputo y su habilidad extrema para manejarse en los mercados financieros. Solamente con un tipo de cambio estable ese mensaje puede sonar creíble.

Asumiendo el cambio de clima
Obviamente, el objetivo de corto plazo del Gobierno es lograr que la clase media de la provincia más densamente poblada no baje sus niveles de consumo de manera drástica. Sobre todo en rubros de la canasta básica que han sido golpeados por el repunte inflacionario.

La tarea será difícil, teniendo en cuenta los últimos datos recabados, que para nada son alentadores: una investigación de Kantar Worldpanel revela que el consumo masivo cayó 2% entre abril y mayo, justo cuando comenzó a dispararse la cotización del dólar.

Desde esta consultora especializada también detallan que los sectores más perjudicados son los más postergados de la sociedad.

Más precisamente, el 17% de los hogares que destinan $6 de cada $10 de sus ingresos a la compra de comida.

Justamente a ellos les habló Vidal en su último anuncio: “Sabemos que la inflación es mayor a la esperada y que está pegando mucho más en los alimentos”, sentenció.

La estrategia de la “promo” es la siguiente:

– Los beneficios del Banco Provincia se otorgarán el tercer y cuarto miércoles de cada mes.

– Estarán disponible en 239 sucursales de las cadenas Coto, Disco, Jumbo y Plaza Vea de todo el territorio provincial y la Ciudad de Buenos Aires.

– Los productos que formarán parte son alimentos en general, incluyendo los frescos, frutas y verduras, cortes seleccionados de carne vacuna y todos los cortes de cerdo.

La iniciativa se inscribe en un operativo orientado a apuntalar la gestión y a contener eventuales problemas sociales en provincia de Buenos Aires.

Este es el distrito clave a defender pensando en la gobernabilidad de la gestión Macri y en la ya no tan lejana campaña electoral de 2019.

Mientras se espera que la inflación de junio ronde el 3,8%, ya con el efecto pleno de la devaluación, siguen llegando las listas con nuevos aumentos de precios para julio.

La gobernadora forma parte de la “mesa chica” del Presidente junto con Rodríguez Larreta, Marcos Peña y Rogelio Frigerio. Allí se decidieron los pasos para tratar de apaciguar los efectos de la crisis.

Los márgenes de maniobra se han reducido tras el acuerdo con el FMI, que puede contribuir para lograr la ansiada estabilización financiera. Pero, más que a crecer, este tipo de pactos sirven para aventar temblores.

Macri sabe a la perfección que de ahora en más los mercados van a seguir con lupa el cumplimiento de las metas firmadas con el organismo, y que pondrán en consideración si conserva a pleno su gobernabilidad en momentos difíciles.

Medidas sin prejuicios
Bajo esta perspectiva, se entiende que el Gobierno quiera preservar el tejido social y no aferrarse a dogmas.

Con pragmatismo, la “mesa chica” decidió jugar con todas las cartas. Aun cuando, desde el ámbito político, algunos recordarán los parecidos de las últimas medidas macristas con las anunciadas en su momento por Cristina Kirchner, especialmente en los tramos recesivos de su gestión.

Desde ese punto de vista, puede presumirse que este plan implica una ventaja política para la imagen de Macri y para Vidal en particular, ya que, según coinciden los analistas de opinión pública, toda acción pro consumo mejora la percepción sobre el gobernante.

Sin embargo, la experiencia en este tipo de acciones se ha revelado como un arma de doble filo.

Las aglomeraciones ocurridas en las “promo” del año pasado y las largas filas de gente esperando de madrugada bajo la fría llovizna invernal para comprar alimentos, funcionó también como un recordatorio de las necesidades que padecen vastas zonas del Conurbano.

Esas imágenes, que parecían indicar todo lo opuesto a lo que el macrismo quería comunicar, fueron en su momento profusamente utilizadas por la oposición en sus denuncias sobre los costos sociales de la política económica macrista.

De hecho, en plena campaña electoral para las legislativas, esas imágenes exponían todo lo que el Gobierno quería borrar de la agenda y lo que el kirchnerismo pugnaba por machacar: que buena parte de la población tenía problemas para llegar a fin de mes.

En todo caso, se produjo la típica “batalla por la interpretación” de ese fenómeno. Y la propia gobernadora tuvo que salir a defender la acción promocional del Banco Provincia como una forma de poner los dineros públicos al servicio de una mejora en las condiciones de vida.

Según pudo saber iProfesional de fuentes oficiales, la respuesta masiva del público a las rebajas del año pasado provocó euforia en el equipo de la gobernadora Vidal.

El dato que funcionarios han tenido en cuenta para repetir la experiencia es que uno de cada cuatro clientes que recurrió a la promo era docente de la provincia de Buenos Aires, y dos de cada diez, jubilados.

Según datos recabados, una gran mayoría de quienes aprovecharon los beneficios pertenece a sectores de ingresos medios y medio-bajos, y el 70% ganaba menos de $35.000 al mes.

A la hora de argumentar en términos políticos, lo que afirmaba el equipo de Vidal es que ese subsidio al consumo es sinónimo de buena gestión: implica una forma de ayuda social que durante la administración Scioli no era posible por la mala utilización de los dineros públicos.

“Scioli dejó al Banco Provincia con una deuda de $30.000 millones. Hemos podido sanearlo para hacer este tipo de promociones, que favorecen a la gente”, asegura un directivo a iProfesional.

La gobernadora, todavía al tope de las encuestas de imagen con un 53% de aprobación, es más consciente que nadie sobre los riesgos del estancamiento económico que atraviesa el país y que, según los cálculos más optimistas, se prolongará al menos un semestre.

Los signos de deterioro social y de inquietud en el Conurbano ya se hacen visibles, y fue por eso que comenzaron los anuncios destinados a la “contención”.

Primero, la propia Vidal se diferenció del resto del macrismo al hacer una explícita amenaza de “escrache” a los empresarios del sector alimenticioque trasladen “en forma injustificada” a los precios la suba del dólar.

Luego, llegaron los anuncios sobre adelanto en el pago del aguinaldo y mejoras en jubilaciones y planes de asistencia social.

Mientras Vidal se acercaba a los intendentes para monitorear que no hubiera síntomas de protesta violenta en el Conurbano, la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, se reunía con líderes piqueteros y lograba desactivar una marcha reclamando la entrega de alimentos en los supermercados.

Con vistas a un 2019 para el que no está descartada su candidatura presidencial, también buscó asegurarse que la obra pública continuase a buen ritmo.

Los recientes anuncios para fomentar el consumo son la conclusión natural de ese plan, que no desestima un “toque peronista” para aliviar la tensión social en momentos de crisis.

Iprofesional

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Consumidores poscorrida: pragmáticos y algún “permitido”

En los primeros cinco meses del año tuvo una caída interanual de 0,5%

El 70% de los argentinos afirman que ya se sienten en la economía cotidiana los impactos de la devaluación y la suba de la tasa de interés. Afirman, del mismo modo, que están preocupados por la actual situación económica. Dicen que “la calle está más fría” y el 65% asumen que este año perderá poder adquisitivo contra la inflación. Para el 90%, en este último mes tuvimos una crisis. Hay decepción, preocupación y angustia por el momento que acabamos de vivir. Sin embargo, el 67% mantienen el optimismo. Creen que saldremos de esta crisis como lo hemos hecho en tantos otros casos. La gran mayoría piensan que llevará algún tiempo, pero confían en que sucederá.

La sociedad está asustada, perdida y aturdida. El 54% cree que todavía faltan momentos difíciles por cruzar. En el camino sienten que dejaron dosis de entusiasmo y que su sentir fue, en parte, dominado por la apatía y el desgano. Pero no por ello pierden la fe. El 60% continúa pensando que el país tiene una buena oportunidad de acá a 2030, y el 53%, que podemos crecer 20 años si hacemos las cosas bien. En el presente, realismo. A futuro, deseo.

El consumo siguió sin repuntar en mayo

Las percepciones que relevamos en nuestra última medición poscorrida cambiaria, entre el 14 y el 31 de mayo, coinciden con el consenso de economistas y bancos. Luego de haber crecido un 3,5% en el primer trimestre, prevén que la economía tendrá tasas de expansión mucho más moderadas: +1,6%, +0,9% y +0,6%, en los próximos tres trimestres de 2018, comparados con el mismo período del año anterior. Si se compara cada trimestre con el inmediatamente anterior, habrá caída. Y, como lo afirmaba ayer en LA NACION el economista Marcos Buscaglia, atravesaremos en lo que queda del año, técnicamente, la quinta recesión en una década (2009, 2012, 2014, 2016 y 2018). Concluiríamos el año con un crecimiento promedio anual del 1,7%, pero con una clara tendencia declinante en los meses por venir.

También el consenso de economistas cree, como la gente, que en 2019 la situación será diferente. Ven un PBI que cambia de tendencia en el primer trimestre del año próximo y que crece a tasas del 3% anual cuando llegue el momento de votar. (fuente: Latinfocus Consensus Forecast, informe de junio 2018).

¿Cómo se ajustarán los patrones de consumo al nuevo contexto y qué impacto tendrán estos cambios sobre los mercados?

Conciencia del gasto

El realismo presente se traduce en conductas fuertemente pragmáticas al momento de comprar. “Antes no teníamos ni idea. Ahora aprendimos a mirar precios y no tanto marcas”, afirman ciudadanos de clase baja en nuestros relevamientos cualitativos. “Creo que aprendimos a gastar un poco mejor. Tomar conciencia de que no se puede gastar tanto. Hay que armar un presupuesto y trabajar sobre eso”, confirman otros de clase media baja. “Recuperamos la corrección y volvimos a administrar. Nos ordenamos un poco”, adhieren los de clase media alta. “Los lujos son más espaciados. Ahora, antes de comprar un salmón lo pensás diez veces”, concluyen integrantes de la clase alta.

Como puede apreciarse, una conducta transversal a todas las clases sociales e ingresos y que deja de lado los prejuicios buscando optimizar el poder de compra al máximo.

El juego se abre. Los consumidores pragmáticos están dispuestos a probar nuevas marcas, nuevos lugares de compra, nuevos productos, y a evaluar sus alternativas bajo un nuevo prisma que contempla la llegada de meses más complejos para sus bolsillos.

Ese pragmatismo y la búsqueda permanente de orden en las cuentas hogareñas han recuperado el ahorro como un mandato de época. Hoy el derroche es un “disvalor”, como lo reflejan estos conceptos de los encuestados: “Antes prendíamos la calefacción y dejábamos la ventana abierta. Eso ya no va”. “Les dije a mis hijos: en casa, con pullover. Y punto”. “Pusimos todo led y ventanas doble vidrio. ¿Aire acondicionado? Sí, bajo consumo”. “Me compré un lavarropas inverter, de los que ahorran. Costaba $3000 más, pero con lo que ahorrás vale la pena. En vez de $10.000 por uno común pagué $13.000 y en cuotas”.

La disrupción que implicó pasar a pagar lo que durante 12 años fue casi gratis, luz, gas y agua, le cambió la cabeza a la gente. Hoy “hay que ahorrar”. Para pagar lo que hay y habrá que pagar. Para sobrellevar los vaivenes de la economía. Y para darse algunos gustos que valen la pena. Lo que inicialmente, en 2016, hicieron las tarifas y la posibilidad de volver a comprar dólares, en 2017 lo completaron los créditos hipotecarios y personales.

El ahorro como nuevo valor de época y el pragmatismo como conducta creciente se retroalimentan. Para poder ahorrar, hay que elegir de manera inteligente, con información, cautela y prudencia. “Yo ya lo tengo organizado, los sábados agarro la moto y me hago toda la recorrida”.

Austeros recargados

Si hasta ahora veníamos en “modo austero”, ahora vamos a “modo austero recargado”. Es bajo esta lógica que habrá que pensar el consumo que viene en lo que queda de 2018 hasta que la economía comience a dar señales de recuperación, lo que, si es como se prevé, sucedería en el primer trimestre del año próximo y se comenzaría a sentir en la calle durante el segundo y el tercero.

Cuando les preguntamos a los argentinos en mayo qué harían si en el futuro próximo tuvieran más poder adquisitivo, solo un 6% dijeron que volverían a comprar como lo hacían en el kirchnerismo, el 28% dijeron que mantendrían la conducta de restricción extrema que aplicaron en 2016 y la gran mayoría, el 57%, que harían una mezcla: en algunas cosas se cuidarían y en otras se darían un gusto. El resto no sabe.

Este es el espacio que tienen, en medio del ahorro y el pragmatismo, los “permitidos”. Permisos, gustos, “pequeños lujos”, disfrute, que durante los últimos dos años estuvieron concentrados en los bienes durables y el turismo. Todos mercados que crecían a doble dígito. Apalancados en un deseo que se transformaba en acceso a partir del retorno del crédito y de un dólar más barato. Habrá que ver ahora, con un dólar que ya no vale ni $17 ni $20, sino $28, y una tasa de interés que supera los 40 puntos, cómo vuelve a recalibrarse esa tensión y disputa por los recursos entre el consumo de corto plazo y el de largo plazo.

¿Se viajará menos? ¿Cuánto menos? ¿Ganará fuerza el turismo interno? ¿Desaparece todo el crédito hipotecario y el mercado de real estate regresa a ser meramente una reserva de valor para los inversores, o una vez que se estabilicen las variables el mercado se reorganiza y vuelve a generar oferta para una demanda que espera ansiosamente hacer otra vez sus cuentas y ver si llega al sueño de la casa propia? ¿Se abre una oportunidad estratégica para los electrodomésticos de consumo eficiente? Los que sigan viajando al exterior ¿harán sus cálculos y comprarán menos ropa y tecnología que antes? ¿Se abrirán nuevas oportunidades en territorios que ganarán dinámica a partir del crecimiento de sus exportaciones, como las economías regionales, el campo y ciertos sectores industriales, ahora con precios más competitivos y costos más bajos?

¿Cuánto caerá el poder adquisitivo? ¿Qué pasará con el empleo? ¿Qué sectores del consumo se verán más afectados?

Interrogantes múltiples que irán ganando la agenda a medida que las variables financieras se estabilicen. Las respuestas, por ahora, están en plena construcción.

Guillermo Oliveto – La Nación

“Supermercados vs. Consumidores: quién tiene la culpa de la suba de precios”

http://www.lanacion.com.ar/2024641-supermercados-vs-consumidores-quien-tiene-la-culpa-de-la-suba-de-precios

La inflación se resiste a caer. El 2,6% informado por el Indec para abril elevó al 9,1% el alza de precios en el primer cuatrimestre del año. Esa dinámica contrasta con la situación de los ingresos, también relevada por el ente estadístico oficial, que reveló que, a fines de 2016, la mitad de los argentinos con ingresos perciben $ 8500 o menos por mes.

“Se está produciendo un fuerte desfasaje entre lo que ingresa la inmensa mayoría de los habitantes del país, sectores de clase media y los jubilados, sobre todo los que perciben el haber mínimo que representan el 70% de la clase pasiva, y los aumentos de precios que se vienen produciendo constantemente”, sostuvo Héctor Polino, titular de Consumidores Libres.

En ese sentido, el ex diputado advirtió sobre la caída en el poder adquisitivo y en el consumo de alimentos básicos. Según explicó en +Despiertos, el año pasado en la Argentina se contrajo un 8,5% el consumo per cápita de carne vacuna, al igual que el de leche, que bajó de 44 litros a 40 litros por persona al año.

“A su vez, hay un problema esencial de que nadie sabe cuál es el precio justo de un artículo”, completó Polino, y añadió: “En las estructuras de costos hay un elemento hoy que se denomina ‘Por las dudas’. Como constantemente se producen modificaciones en los costos, se van remarcando (los precios) y eso afecta el poder de compra de vastos sectores de la sociedad”.

Por su parte, Fernando Aguirre, vocero de la Cámara Argentina de Supermercados, sostuvo que el alza de los precios se debe a desajustes en la cadena productiva. “Como intermediarios, los supermercados somos considerados los culpables de la inflación, pero la realidad es que no hay manera de que un sector como intermediación genere la inflación. Hay que analizar caso por caso”, sostuvo.

En tanto, Polino insistió en el rol del Estado para monitorear la evolución de los precios. “En la Argentina no hay controles. Hay una ley que se denomina Observatorio de Precios, que fue aprobada por el Congreso en 2014 y crea una comisión con funcionarios del Ministerio de Economía y representantes de tres entidades de consumidores. Tiene que observar precios desde la materia prima hasta que el producto está a la venta para ver en qué eslabón se produce una distorsión de precios, pero estamos en el año 2017, la comisión se constituyó hace tres meses y no se ha puesto en funcionamiento”, concluyó.

La Nación

“La clase media seguirá con sus compras en cadenas mayoristas aun si se supera la recesión”

Es lo que tienen los momentos de crisis: ciertos sectores de la sociedad “descubrenforzosamente las virtudes del ahorro. Luego, cuando la tormenta pasa, no necesariamente reniegan de algunos hábitos sino que los incorporan a su vida cotidiana.

Ya ocurrió en otros tiempos con los outlet, que pasaron de ocupar un lugar marginal a transformarse en una de las modalidades de compra preferida por la clase media.

Ahora, los expertos predicen un fenómeno similar respecto de los puntos de venta a los que concurre la clase media para abastecerse de alimentos, productos de limpieza, higiene personal y artículos de primera necesidad. 

Aun cuando hay pronósticos de mejora en los niveles de compra y de recuperación del poder adquisitivo, a los supermercados les costará recuperar el terreno perdido.

Al menos, esto es lo que predicen los principales expertos en consumo masivo, que vienen analizando con lupa el flamante protagonismo de los canales alternativos. 

En especial, el de los mayoristas, formatos express y negocios barriales, en detrimento de las grandes cadenas supermercadistas.

Los establecimientos mayoristas vienen creciendo sin prisa y sin pausa en las preferencias de compra, a punto tal que ya ostentan una participación de mercado del 7,5%, según datos de Kantar World Panel.

La contracara de esa mayor penetración es la caída en el share que han experimentado los hipermercados.

Los expertos hacen referencia a dos conceptos que vienen ganando protagonismo: la “migración” entre canales y la “diversificación“.

Es decir, la elaboración de un mix en el que las personas combinan la asistencia a cadenas mayoristas, supermercados y negocios de cercanía (minimercados, almacenes y súper chinos).

Ambos conceptos afloran en momentos en que el consumo de alimentos dejó de caer tan fuertemente como en el primer trimestre, tal como coinciden en señalar especialistas del sector.

Estos cambios de hábito se asocian a un nuevo tipo de consumidor, al que ya no le incomoda decir que concurre a espacios como Vital, Diarco o Makro para aprovisionarse.

Por ahora, el consumo sigue de capa caída y acumula 15 meses de “bajón“: según la consultora CCR, en marzo se contrajo un 5% en unidades en cuanto a venta de alimentos, bebidas, artículos de tocador y limpieza.

Algunos economistas sostienen que parte de la recuperación se advertirá a partir de mayo, mes en el que buena parte de los asalariados comienza a recibir los aumentos pactados en paritarias. Y que esa mejora se hará haciendo más firme durante el segundo semestre.

“La previsión es que el consumo masivo crezca un 1%. No es una fiesta, pero al menos comienzan a aflorar números positivos de cara al segundo trimestre”, señala a iProfesional Guillermo Olivetto, director de la consultora W.

La pregunta, entonces, es si ese cambio de tendencia estará acompañado por una nueva y masiva migración” (desde los mayoristas hacia los súper tradicionales) y una menor diversificación de canales a los que hoy día recurre la clase media.

La respuesta que dan los expertos es que eso difícilmente ocurra. Y más en lo que hace a la compra de alimentos y productos para el hogar.

Expresan que la incertidumbre que invade a muchos argentinos los lleva a incorporar patrones que, difícilmente, luego abandonan.

El contexto económico, el temor a perder el empleo, las subas de tarifas (que restan dinero del presupuesto) dieron lugar a un consumidor más racional, al que ya no le incomoda ni lo avergüenza ser visto por sus pares como un “busca precios”.

Desde la consultora Ignis hacen referencia a la presencia de un grupo cada vez más nutrido a los que definen como “compradoresinteligentes“.

En ellos se recrean los viejos preceptos del ahorro pero al compás de todo el arsenal de tecnología móvil, en consonancia con las idas y vueltas de las promos y cuotas.

“Se planifica cada vez más“, subraya Miguel Calvete, director de Indecom, al tiempo que afirma: “El canal mayorista creció 20% el año pasado y la tendencia es hacia una consolidación en 2017″.

Tal como diera cuenta iProfesional, según el estudio nacional Pulso Social que realiza la firma CCR:

– En 2012, sólo el 16% manifestó haber recurrido alguna vez a un supermercado mayorista

– En 2013, esa cifra ya había aumentado a un 37% del total

– Desde entonces, el crecimiento de este canal siguió acentuándose.

Mientras esto sucede, los empresarios de estos establecimientos disparan munición gruesa contra sus rivales.

“Las grandes cadenas de supermercados están fabricando pobres, al no permitir la competencia para que bajen los precios“, afirma Víctor Fera, dueño de Maxiconsumo.

En su visión, “con su accionar están destruyendo a las Pymes y al país”.

Sin mostrar temor alguno a la respuesta de los supermercadistas, enfatiza que “la cartelización genera pobres y enriquece a los monopolios“.

“Ninguna empresa tiene que tener más del 30% de las góndolas. Si esto se cumpliera, automáticamente bajarían los precios“, completa Fera.

Lo cierto es que en momentos de restricción económica como el actual, el consumidor cuida más el bolsillo.

Al decir de Facundo Aragón, de Nielsen Argentina, “trata de no tentarse y va al supermercado cuando hay una megapromo“.

Para que los argentinos se volcaran tan decididamente hacia el canal mayorista se combinaron dos factores: la caída del poder adquisitivo de los consumidores y el aggionarmiento de estos establecimientos.

Ahora permiten compras por unidad o en pequeñas cantidades -a precios más bajos- y, además, en forma paulatina fueron incrementando su oferta de productos. Incluso han lanzado promociones muy agresivas.

En varios de ellos, hasta comercializan cortes de carne, y de cara a los próximos meses prevén instalar panaderías.

De acuerdo con Kantar WorldPanel, la facturación de los establecimientos mayoristas a los consumidores finales (particulares y familias) se duplicó en apenas dos años.

Según esta consultora, ya les arrebataron más de 300.000 clientes a las grandes cadenas de supermercados, tras la agresiva política de precios que impulsaron.

Hay otro factor que juega en favor de los mayoristas: el ahorro en tiempo que significa adquirir por “bulto”.

“El consumidor cedió en su experiencia de compra, pero el mayorista también se centra cada vez más en ese punto”,  indica Aragón, de Nielsen.

En 2016 se acentuó la concurrencia a este tipo de establecimientos, que respondieron adaptando sus superficies y sus estrategias comerciales para capitalizar la afluencia de la clase media.

Desde Nielsen también resaltan que el canal mayorista se consolida como alternativa de los hogares.

“El consumidor logra ahorros de 20% o más en comparación con lo que debe abonar en un supermercado. Eso le resta fidelidad hacia el canal tradicional y lo hace más propenso a ir a este tipo de espacios”, indican.

Al analizar los números de Kantar WP, se observa que el mayorista es, inclusive, el canal elegido por los segmentos de ingresos altos y medios. Incluso, por sobre los discounts o supermercados de cercanía: 9,1 vs. 7,9% respectivamente.

Aunque al argentino le gusta la experiencia de compra, cuando encuentra la conveniencia en un canal no duda en volver. Esto es, precisamente, lo que está ocurriendo con el mayorista.

“Esta tendencia es ascendente y muchos hasta van más de una vez al mes. El mayorista se consolida como canal alternativo para los hogares”, insiste Aragon.

Recuperación sin estridencias

Calvete, de Indecom, vislumbra “cierta recuperación” en los niveles de compra y prevé que esto se irá consolidando conforme transcurra el año.

Sin embargo, en el gremio de los analistas el consenso es que no será un repunte explosivo. Más bien, estiman que será gradual y que los establecimientos mayoristas terminarán de consolidar esa adhesión que lograron de gran parte de la clase media.

Es el consumidor austero al que se refiere Olivetto. “En esta nueva economía -que crece al 3% y no al 9%- no es posible esperar un boom consumista sino un avance progresivo pero más sustentable y previsible en el tiempo”, destaca el director de la consultora W.

Considera que se está frente a una nueva base de consumo y frente a un perfil de consumidor más racional, que disfruta de sus “compras inteligentes” y que ahora no teme por arrastrar un carro gigante en el mayorista.

Iprofesional

“La clase media cambia de hábitos para llegar a fin de mes”

 La clase media cambia de hábitos para llegar a fin de mes

Los sábados a la tarde, José Luis (46, arquitecto), incorporó una nueva rutina a su fin de semana: ir de compras al Mercado Central con su familia. “Se consiguen buenos precios en productos frescos, y a veces traemos ropa “, dice este padre de cuatro hijas que vive en un barrio cerrado del Gran Buenos Aires. Graciela (37) y un grupo de amigas del gimnasio hacen carpooling para ir al hiper mayorista a hacer la compra mensual. “Es una salida y, además, se puede pagar en cuotas con la tarjeta”, dice.

Andrea (29) se confiesa fanática de las compras online, ya que “hay descuentos según el día, horario y forma de pago”, y gracias a plataformas como Renovatuvestidor, puede revender la ropa que compró el año pasado en Miami y conseguir otras prendas “de primeras marcas y que están como nuevas”, a precios accesibles. “Empecé a dejar el auto en la calle, dejé de comer afuera, voy al cine cuando tengo 2×1 y apagué el split para amortiguar el tarifazo”, confiesa Paola (42), contadora pública y administradora de un edificio donde muchos vecinos dejaron de cumplir con las expensas.Con una caída del poder adquisitivo que ronda los 10 puntos en el primer trimestre del año (según el Centro de Economía Política Argentina, CEPA), la clase media aún tiene resto si se la compara con los sectores más desfavorecidos , pero hace malabares para llegar a fin de mes.

“Lo que llamamos clase media no es un conjunto homogéneo, sino que hay diversidad entre los estratos”, apunta Guillermo Oliveto, especialista en consumo y director de la consultora W.
Según un informe de esta consultora, un 30% de la población argentina pertenece al nivel C3 (clase media típica, con ingresos mensuales promedio de $ 17.250 en 2015); y un 18% pertenece al nivel C2 (clase media alta, $ 34.000 mensuales).

“Si bien el nivel de ingresos es un indicador importante, la clase media se define principalmente por el nivel de estudios, cultural y tipo de ocupación. Una baja en el ingreso real provoca cambios en el consumo. Pero una caída en el empleo puede llevar a una movilidad social descendente”, advierte el especialista.

Mariela Mociulsky, titular de la consultora Trendsity, coincide con el diagnóstico. “Desde fines del año pasado observamos cambios en el consumo del nivel socioeconómico C2 y C3. Con la incertidumbre y la suba de precios previa a la devaluación, creció la preocupación por llegar a fin de mes, y esto se tradujo en una racionalización de las compras: recorrer más lugares, comprar en distintos momentos de la semana según la vigencia de promociones y descuentos, evaluar precios y propuestas de valor a través de Internet”, describe Mociulksy.

“Los más jóvenes se apoyan en la tecnología, y los más experimentados en los aprendizajes de la crisis del 2001: compras comunitarias, ir al mayorista, optar por segundas marcas y recortar consumos no imprescindibles sabiendo que hay otros que no se resignan: colegio de los hijos, prepaga de salud (a lo sumo, pasar a un plan más bajo) y conectividad”, enumera.

Un difícil equilibrio

Una caída en las ventas de los canales tradicionales como supermercados y autoservicios, un leve aumento en los canales mayoristas y comercios de proximidad (“exprés” y ferias barriales), la preferencia por marcas propias y segundas marcas, son algunos signos de estos tiempos revelados en el estudio “Pulso Social 2016” de la consultora CCR.

El informe destaca que el segmento de clase media alta es el que mayor racionalidad impone al consumo, visitando cinco o seis lugares diferentes para hacer las compras, frente a cuatro lugares que visitan los consumidores de menores ingresos (D1 y D2). Las categorías que más retrocedieron son los alimentos congelados, bebidas, cosméticos y golosinas, aunque también se desplomó el consumo de carne (5,2% en lo que va del año) y aumentó el de fideos, todo un síntoma de que la crisis se sentó a la mesa de los argentinos.

Sin embargo, los sectores medios se aferran a consumos no esenciales, como tecnología e indumentaria, “portables y mostrables, que le dan identidad”, al decir de Guillermo Oliveto, quien traza una radiografía de este estrato social en su último libro, Argenchip.

“Para los sectores medios, el acceso al consumo es clave, y si no llegan, lo pagan en cuotas. La inflación está naturalizada, y para ganarle al sistema, se volvieron tarjeteros, cuponeros y cuoteros, con la convicción de que pagar menos es lo más”, describe.

Nuevos ideales

Pertenecer a la clase media es un viejo aspiracional de la sociedad Argentina. “Y si bien sólo un 45% cumple con esa condición, casi el 80% de la población se considera de clase media aunque está por encima o por debajo”, destaca Gabriel Foglia, decano del Departamento de Economía de la Universidad de Palermo.

Para la economista Victoria Giarrizzo, del Instituto de Investigación en Economía Política (IIEP Conicet), “el verdadero quiebre se dió en 2001, cuando parte de la clase media cayó en la pobreza, que alcanzó al 54%, aunque luego se recuperó teniendo a la educación como principal vector de ascenso social”.

A partir de esta crisis, el auto y la casa propia, aspiraciones icónicas clasemedieras, fueron perdiendo relevancia. “Si bien un 65% de las familias argentinas son propietarias, el acceso a la vivienda se estancó en las últimas dos décadas y esto hizo que los jóvenes prefieran alquilar en un lugar cómodo a pagar con sacrificio una vivienda más pequeña o a refaccionar.

En cuanto al auto, muchas familias de menores ingresos pudieron acceder a modelos usados en la última década, y otras de mayores ingresos lo consideran un gasto que prefieren destinar a viajes y experiencias.
En un 2016 que se presenta con salarios atrasados y nuevos precios y tarifas, la clase media cambió de hábitos para resistir. La pregunta es hasta cuándo.

Cronista

“Qué hace la clase media para no perder su status”

Qué hace la clase media para no perder su status en la crisis

En Argentina estamos acostumbrados a sufrir tensiones fuertes en los períodos de crisis, fundamentalmente entre la nostalgia del “haber sido” versus el “seguir siendo”. Sin embargo, el capital cultural puede sobrevivir a la pérdida o la crisis del capital económico en virtud de estrategias o búsquedas aspiraciones de parte de los consumidores que se activan especialmente en momentos adversos.

¿Cómo piensa el consumidor de clase media en crisis? En ocasiones, las crisis implican una reorganización de ciertos valores y prioridades. A la hora de comprar se privilegia aquello que realmente aporta valor y se legitima (o no) el pacto de valor con las marcas: lo que pago versus lo que obtengo.

Hay que tener en cuenta que además, el consumidor actual se presenta como hiper-informado e hiper-exigente, esto es, demanda calidad porque dispone de gran cantidad de información de los productos y de la opinión de otros consumidores sobre los productos. Las marcas son juzgadas en este contexto, es por ello que son ellas quienes deben revisar el pacto con los consumidores en un sentido amplio y profundo.

Los consumidores de clase media son creativos y flexibles. En ocasiones prefieren ir de compras sin los más pequeños para evitar tentaciones, dejan de lado el stockeo y prefieren más las compras del día a día u optan por la compra inteligente. El smart shopper llegó para quedarse: descuentos, cuotas, compras mayoristas, comprar suelto o recorrer ferias están a la orden del día.

También se observa en estos casos más repliegue puertas adentro, una optimización del presupuesto siempre que se pueda (en delivery, ropa, salidas, segundas marcas, postres) pero evitando los llamados “imprescindibles”. Los argentinos solemos privilegiar la calidad en las categorías que generan más dudas o temores (todo lo que involucre cadena de frío por ejemplo, lo que tiene que ver con el consumo de los niños o las mascotas). Existe también una disposición a privilegiar marca en aquellas categorías que les parecen relevantes como cuidado personal, que a la vez es un espacio para el disfrute y el premio.

Salud y educación también integran este grupo. En Argentina, son prioridades en el presupuesto familiar, que se defienden hasta último momento. Si se ha pasado de la educación o salud pública al ámbito privado  (entendido como vehículo de progreso y control social), se busca no “retroceder”. La conectividad es otro ámbito social percibido como imprescindible para el intercambio social, la inclusión y la logística cotidiana.

Tarea para las marcas

Además de cuidar el bolsillo, los contextos de crisis llevan a las personas a buscar experiencias de consumo inmersivas y emocionales que les brinden pequeños momentos de placer, catarsis y felicidad, es decir no solo la calidad importa.

Los pactos de valor varían según cada categoría, la marca como ejemplo, puede hacer packs más económicos, ofertas y hasta lanzar versiones simplificadas de su propuesta, pero siempre considerando que no debe comprometer su esencia para evitar el rechazo en los consumidores. Para actualizar sus pactos con los consumidores las marcas pueden utilizar las redes sociales como vehículo de escucha y feedback.

Pero a medida que funcionalidades y beneficios se dan por sentado y se aceleran los ciclos de innovación, se valoran las narrativas o storytelling de las marcas respecto de su propia identidad, y aquellas que contribuyen a reconstruir la identidad del consumidor. En definitiva, en períodos de crisis las marcas deben trabajar en más que nunca la coherencia y autenticidad que las hace únicas para que el consumidor siga encontrando en ellas que sigue siendo el mismo a pesar de las circunstancias. La sugerencia es contar con la sensibilidad, la flexibilidad y la sabiduría suficientes para saber qué deben dejar intacto y qué modificar.

Revista Apertura

“Precios nuevos con salarios viejos: la falta de actualización de los ingresos golpea a la clase media”

La falta de actualización de los ingresos golpea a la clase media

Con 13 millones de personas en situación de pobreza , habiéndose agregado 1.400.000 nuevos pobres en el primer trimestre de 2016 según datos de la Encuesta de la Deuda Social Argentina, la clase media, aquella que no tiene asistencia social, parece acusar recibo del cimbronazo al bolsillo, producto de la escalada inflacionaria de los últimos meses y el todavía ausente aumento salarial por paritarias. Las empresas, por su parte, analizan sus costos y posibilidades para brindar aumentos mientras esperan que se reactive la economía y el consumo.

“Buena parte de lo que está ocurriendo con el proceso de incremento de la pobreza en la Argentina es que los sectores medio-bajos son vulnerables a la situación de la pobreza y son los que más van a sufrir o sufren el proceso inflacionario que afecta a servicios públicos y a ciertos bienes y servicios como la educación y la salud”, dice Agustín Salvia, director de investigación del Observatorio de la Deuda Social Argentina, a LA NACION. “Los incrementos no afectan a los sectores más pobres, que ya lo son, y que reciben subsidios. Es por eso que la indigencia no se mueve con estos aumentos, porque tiene mas compensaciones, pero la pobreza tiene un incremento mayor”, añade.

De 2010 a 2015, bajó la indigencia de un 6,4 por ciento a un 53%, según los datos de la UCA, aunque esta baja se dio por el sostén de los planes y ayudas sociales y no por la creación de trabajo genuino y de calidad. En cuanto a la pobreza, en 2010 representaba al 28,2 por ciento de la población, mientras que en 2015 llegó al 29 por ciento. Con algunas subas y bajas, el resultado de estos 5 años de gestión dejó un estancamiento de la pobreza.

El número de nuevos pobres que dejó entrever para los tres primeros meses de la nueva gestión fue de 1.400.000 personas que, en gran parte, salieron de la clase media para ingresar al mundo de la pobreza.

El dato que salió de lo esperado para este tipo de encuestas realizadas por la UCA es la medición del primer trimestre de 2016, según Agustín Salvia, por “razones extraordinarias, por el movimiento de la economía durante estos meses”. También aclaró que puede estar sujeto a errores aunque confía en los indicadores que, para él, constituyen un piso de la realidad social. El número, grande, de nuevos pobres que dejó entrever para los tres primeros meses de la nueva gestión fue de 1.400.000 personas que, en gran parte, salieron de la clase media para ingresar al mundo de la pobreza.

Esta franja vulnerable no depende de los programas sociales sino de su su empleo. “Si su trabajo no mejora y no aumenta su remuneración, lo que ocurre con los precios hace que llegue a empobrecerse rápidamente”, dice Salvia. “Pero si hay un contexto de estabilidad de precios, una mejora en el mercado de trabajo, son los que mas rápidamente logran salir de esta situación”, agrega.

Radiografía de la clase media en la Argentina

Guillermo Oliveto, experto en consumo, confirma que en la Argentina la clase media es parte de la identidad nacional. “Si bien el 48% pertenece a la clase media, el 80% de los hogares dice pertenecer a este grupo. Afectarla durante mucho tiempo tiene un costo político”.

Según el experto la sociedad de los argentinos se divide en 5 grandes grupos de acuerdo a su ingreso “como si fueran 5 argentinas”, dice:

– Alto: es el 5% de los hogares, con un ingreso neto familiar de hasta 107.500 pesos por mes en promedio

– Clase media alta: se trata del 18 por ciento de los hogares, que ganan sólo un 32% de lo que percibe la clase alta, y su ingreso neto familiar es de 34.000 pesos por mes

– Clase media típica: el 30 por ciento de los hogares, con un ingreso neto promedio de 17.250 pesos por mes y que junto a la clase media alta conforman el 48 por ciento de los hogares.

– Clase media con ingresos bajos o baja superior: el 32 por ciento de los hogares con un ingreso de 8500 pesos por mes.

– Bajo ingreso: el 15% de los hogares, incluye marginalidad y perciben $ 3950 pesos por mes en promedio. Es gente en situación de pobreza.

“Hace 4 años que el ciclo económico marzo-abril-mayo es duro para la clase media, que tiene precios nuevos con salarios viejos”, dice Oliveto, director de la consultora W. Los aumentos de precios en todos los rubros afectan a la clase media cuyos sueldos todavía siguen igual, aproximadamente, a septiembre de 2015.

“Hay un desfasaje importante”, coincide José Amodei, director de la consultora Scentia. “El tema es cómo se resiste este momento”.

Una cultura de los últimos años donde se incentivó el consumo y el no ahorro lleva a que, en momentos de cambios de estructura como el actual, la gente de clase media sienta que está muy complicada para afrontar sus gastos. “En el corto plazo uno se desespera”, dice Amodei “No hay líneas de crédito o las tasas son demasiado altas. Hay que ver entonces cómo se transita esta transición, aunque se sabe que como veníamos (haciendo referencia a la política económica del gobierno anterior) terminábamos en una situación muy negativa”.

Para Oliveto, este es un momento bisagra, crítico, y es clave que no se extienda en el tiempo, no solo para quienes trabajan sino para sus empleadores. “La gente está esperando el aumento de sueldo. Pero por otro lado, el aumento de costos y la contracción de ventas hace que haya una pérdida de rentabilidad que sostenida en el tiempo puede llevar al ajuste de personal”, agrega el consultor.

El Papa, detrás del Observatorio

Jorge Bergoglio, hoy papa Francisco , recibió de parte de la UCA los últimos datos de la Encuesta de la Deuda Social Argentina, serie Bicentenario, el mismo día en que fue presentada. El trabajo, con información en base a relevamientos realizados entre 2010 y 2015 en los últimos trimestres de cada año, reflejó este período sin cambios significativos en materia de ingreso familiar promedio y sin mejoras estructurales para combatir la pobreza, que se mantuvo prácticamente igual.

Aunque el Observatorio de la Deuda Social tuvo el apoyo del entonces cardenal, en sus inicios, Agustín Salvia aseguró a La Nación que el último informe, que incluyó el análisis del primer trimestre de 2016, no fue un pedido expreso del pontífice sino una medición de enero, febrero y marzo de este año y una proyección a abril realizada por los cambios en las tarifas y la coyuntura económica en general. “El papa lo que ha planteado es que el Observatorio siga adelante y que su tarea es seguir haciendo este tipo de informes, que lleva adelante desde que se creó, en 2002”, dijo Salvia.

La Nación


Autor

Emiliano Schwartz

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