Posts Tagged 'Ahora 18'

“La reconversión del consumo: repunte lento y compras pensadas”

El consumo reflotará este año, según coinciden los analistas. Pero eso sí, no se alcanzarán las elevadas tasas que supo haber en algunos años de la era kirchnerista (un promedio de 7,5% entre 2003 y 2011): el crecimiento que ahora se estima estaría entre el 1,5% y el 2,3%. Ese esperado repunte será protagonizado por un consumidor que, acorde a los tiempos que corren, ha cambiado. Ya no es aquel comprador oportunista compulsivo de la “era K”, sino que se ha convertido en un sujeto más analítico, que piensa dos veces antes de decidir una operación.

En el primer año de la “era Macri”, con el Ahora 12 la gente compró más con financiamiento, pero no compró más en términos de volumen. Hubo un interregno a inicios de este año, con el lanzamiento de Precios Transparentes. La utilización del Ahora 12 había crecido un 35% entre enero de 2016 y el primer mes de 2017. A partir de la implementación de Precios Transparentes, en el primer bimestre el uso cayó un 25%. ¿Por qué? Porque, según los analistas, el 50% de los comercios trasladó el costo financiero de la operatoria al precio del producto, a diferencia de lo que desde el Gobierno se creyó que ocurriría en forma generalizada: que se transparentaría, en los planes de cuotas, un costo que antes no estaba explícito y que llevaba a elevar el precio de contado, que era el mismo que si se compraba en cuotas.

Miguel Braun, secretario de Comercio de la Nación, estima que el consumo este año va a crecer, fundamentalmente porque están aumentando los salarios reales y las jubilaciones (por el plan de reparación histórica). “La masa de dinero de los consumidores va a ser mayor y va a haber más demanda. Por supuesto que el crecimiento del consumo será moderado, pero constante durante varios años. Ese es el camino serio para hacer un país desarrollado y con más posibilidades para todos. Es muy difícil dar un número, pero creo que va a ser cercano al crecimiento del PBI”, dice el funcionario.

Marina Dal Poggetto, economista y directora de Estudio Bein & Asociados, opina que el consumo depende de que el salario le gane a la inflación. “Las paritarias serán clave, pero no tanto el número sino la forma, porque no es lo mismo que den un aumento de 24% en el primer mes a que lo den en el último. El arrastre que deja el año pasado es malo y vemos una recuperación baja del salario real, por lo que estimamos que el consumo en 2017 crecerá 1,5%”, afirma.

Para Daniel Artana, economista de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), el consumo va a crecer 2,3%. “La recuperación es bastante moderada, porque recién tendríamos salarios y jubilaciones ajustados por inflación (dos o tres puntos por encima del índice de precios) en el segundo trimestre. Entonces, recién empezaría en ese momento un rebote del consumo”, destaca.

¿Cómo se llega a este punto, luego de años de auge consumista? Guillermo Oliveto, presidente de Consultora W, señala que los programas proconsumo que gestó el kirchnerismo y que heredó el gobierno de Mauricio Macri tuvieron altos niveles de aprobación (tanto Ahora 12 como Precios Cuidados). “Esto expresa que cuando se trata del bolsillo no hay ideología, lo que hay es puro pragmatismo”, concluye el consultor.

En el último tiempo del kirchnerismo, con estancamiento y crecimiento muy moderado del consumo y altos niveles de inflación, la irrupción del Ahora 12 fue un paliativo que generó algo que no era muy común: comprar un pantalón o una camisa en 12 cuotas. El financiamiento siempre estuvo destinado a bienes de más valor, mientras que la indumentaria se manejaba con las promociones (“hijas” de la crisis de 2001/2002).

Todo esto gestó un consumidor con condicionamientos que lo llevaban a una manera de comprar prototípica de la “era K”. El dinero quemaba en las manos, no podían adquirirse dólares y había oportunidades de comprar a largo plazo. Eso volvió a la gente muy “cuotera”, de la mano de una inflación que licuaba esos pagos mensuales. “Por eso funcionó la idea del «sin interés», aunque las cuotas en la realidad tenían interés. Por otro lado, en toda esa época hubo un consumidor muy oportunista compulsivo. La gente decía un sinsentido: «ahorro consumiendo»”, analiza Oliveto.

Esto empieza a cambiar con la propuesta del nuevo gobierno, que promueve un cambio cultural y no sólo económico o de conductas cotidianas: pasar del corto al largo plazo; de cierta opacidad a una lógica de transparencia. En ese esquema aparece Precios Transparentes como respuesta microeconómica. Según una encuesta de la consultora W, al 55% de la gente le parece razonable esa medida de esta gestión y 20% desaprueba (el resto no sabe); pero el 70% no ve una baja del precio sustancial como habían imaginado.

De acuerdo con un estudio de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), 41,5% de los comerciantes minoristas implementó el programa Precios Transparentes. El 88% de los que lo implementaron lo hicieron ya desde sus comienzos.

¿Qué pasó entonces con el consumidor? Según Damián Di Pace, director de la consultora Focus Market, en principio (antes de Precios Transparentes) había una relación de pago 70% financiado y 30% contado, que luego pasó a ser 60% de contado y 40% financiado. “Dentro de la distribución del sistema de ofertas, el 43,9% de los comerciantes comenzó a aplicar descuentos pero por pago en efectivo (el 56% de ellos, a través de un 10% por pago en efectivo; y un 22% seleccionó algunos artículos para pago de contado efectivo). Al generar el comerciante el incentivo por pago contado o en efectivo, el consumidor pasó a comprar más en esa modalidad, debido a que los precios financiados tuvieron exhibición de costos financieros totales, que fueron desde 42% hasta 96%”, explica el consultor.

Todo esto puesto en un contexto nuevo, en el que el consumidor dice: “Antes compraba sin mirar, ahora me fijo en todo. Antes compraba mucho, ahora tengo que comprar bien”. Obviamente, eso es la respuesta a una caída del 7% del poder adquisitivo que se estima que hubo en 2016. Así, se forma el nuevo consumo “era Macri”: hay que empezar a pagar más por los servicios de gas, agua y electricidad; aparece la posibilidad del crédito hipotecario, y surge la lógica de no esperar un boom de consumo (Macri busca un crecimiento moderado, pero de largo plazo). En este esquema, para Oliveto, no hay “fiesta”: el consumo puede crecer sólo 2% este año.

La realidad es que se está pasando de un mercado de “demanda” a un modelo mucho más de “oferta”, donde la gente mira, está más atenta y más prudente. El mercado ya no está tan traccionado por la demanda acelerada por la inflación (a lo que hay que sumar una previsión de descenso progresivo del aumento generalizado de precios).

En este escenario, algunos sectores estaban más preparados para Precios Transparentes, como el de grandes electrodomésticos (en febrero, en algunas cadenas la venta creció 7%), mientras que en los electrodomésticos más chicos y según la medición de CAME, las ventas cayeron 5%. Según un relevamiento de Elypsis, sí bajaron los precios, un 8% promedio y en el 60% de los electrodomésticos (la medición incluyó 13.000 productos). Ahora, ¿dónde el plan no terminó de cuajar? En indumentaria y calzado, donde la medida cayó más de sorpresa.

Con la caída de ventas a la vista, el Gobierno da una vuelta de tuerca a sus herramientas para la financiación. Anteayer confirmó la instrumentación de planes de 3 y 6 cuotas sin interés, en rubros que venían a la baja en febrero, como indumentaria y calzado (habían caído 3,7% y 6,6%, respectivamente). Además, se extiende el plan Ahora 12 (e incorpora televisores), habilitando la posibilidad de que el comerciante coloque la leyenda “sin interés” en el caso de que él mismo absorba el financiamiento en el precio publicado.

Los planes de cuotas, donde fuentes del Gobierno insisten en que se emprendió una “cruzada” para terminar con el monopolio del mercado de financiamiento, son considerados por el oficialismo como una normalización del mercado de financiamiento, que va a acompañar el crecimiento del consumo, pero no será tan determinante como el ingreso que tengan las personas.

“Estas medidas son muy importantes, en un contexto donde el consumidor aún no tuvo acuerdo paritario y la inflación mostró síntomas de crecimiento en febrero y marzo (aunque se espera una desaceleración para los próximos meses). Esto lo que va a hacer es que el consumidor vuelva a comprar en forma financiada”, señala Di Pace.

En tanto, Eduardo Echevarría, responsable de Línea Blanca de la consultora GfK, tiene el pulso de lo que le dicen sus clientes, que son los principales retailers del país. “El Ahora 12 fue útil, pero no era para todos los modelos, servía para algunos casos específicos. En una economía con inflación, poner un plan Ahora 12 es un golazo. Después se ve quién pone cada parte. Ésa fue una modalidad útil para línea blanca, porque ésta es una categoría que necesita financiamiento para poder dinamizar sus ventas”, comenta.

El mercado, según analiza Echevarría, depende hoy un poco de las modalidades de crédito y está a la espera de que se actualicen los salarios para volver a despegar, como en 2015 (en 2014 hubo una caída). “Por supuesto que nadie espera un crecimiento alocado o un boom de consumo, pero sí una tibia recuperación -dice el especialista-. El gran problema de marzo es que estamos con salarios viejos y precios nuevos”.

Herramientas para incentivar el consumo

Distintos planes fueron puestos en marcha para alentar las compras

Continuidad

El gobierno de Macri le da continuidad al plan Ahora 12. Así, se había logrado que las ventas aumentaran en la modalidad de pago en cuotas, pero no crecieron en volumen.

Ahora 18

Fue similar a Ahora 12, pero con la posibilidad de mayor cantidad de cuotas e incluyendo otros rubros, como teléfonos celulares, libros, colchones y sommiers y anteojos.

Plan Ahora 12

Fue un invento del kirchnerismo, que comenzó en septiembre de 2014. Intentó fomentar el consumo en sectores clave, como indumentaria, calzado, muebles, línea blanca, entre otros.

Precios cuidados

Fueron lanzados en 2014. Los valores se actualizan según autorizaciones del Gobierno. El actual listado, que estará vigente hasta el 6 de mayo próximo, incluye 545 productos.

Precios Transparentes

Es un invento del actual gobierno. Se obligó a los comercios a exhibir el precio al contado, y, en caso de ofrecer cuotas, explicitar el precio total, la cantidad de cuotas y su valor.

Ahora 3 y Ahora 6

Es el plan más reciente, que intenta incentivar la compra de productos sensibles, cuyas ventas habían caído, como los casos de la indumentaria, el calzado y la marroquinería.

La Nación

Anuncios

“Menú ahorro: volver al colegio sin que colapse el presupuesto familiar”

Marzo es un mes de muchos gastos familiares

Marzo no se salva nunca de los golpes al bolsillo. Pero este año, el impacto viene más intenso: la suba de tarifas de servicios públicos e impuestos provinciales/municipales y peajes entre otros, se combinan en un mix bastante explosivo con las compras de uniformes, libros y útiles ahora sin las “salvadoras” cuotas sin interés que aliviaban o, al menos, repartían la carga en varios meses.

En promedio, equipar a un chico para volver al colegio demanda a los padres unos $ 1.500, de acuerdo con los datos de una encuesta realizada por D’ Alessio IROL a la que tuvo acceso exclusivo LA NACION. “El 41% de quienes participaron dijeron desembolsar más de $ 2000 por cada uno de sus hijos para comprar útiles, libros, calzado y uniforme; el 24% entre $1000 y $1500; y el 24%, gastará en torno a $2000”, señala Nora D’ Alessio vicepresidenta de la consultora .

Con 2 o 3 tres hijos en edad escolar, la cuenta para una familia tipo se convierte en un número que desequilibra el presupuesto. Y eso, claro, sin contar las cuotas de los colegios privados que llegarán puntales los primeros días de marzo con el correspondiente incremento.

El primer mandato de la economía doméstica es estar atento al calendario de descuentos de los bancos con tarjetas de crédito y de débito, que si bien este año tardaron un poco más de lo usual en llegar, finalmente aparecieron. Incluso algunos bancos mantuvieron esquemas de 3 o 6 cuotas sin interés para sus clientes en días y comercios preestablecidos que son más que aprovechables. Imprescindible: leer la letra chica para no llevarse sorpresas, especialmente con los topes de descuento que algunas veces son por compra (es decir por cada ticket, pero en ese caso nada impide volver a hacer uso del beneficio al día siguiente) y en otros casos es un límite mensual de reintegro. También hay que abrir los ojos a si el beneficio es con cualquier plástico (Visa, MasterCard, American Express) emitido por el banco o sólo con alguno de ellos. Las promociones son por pocos días y las suelen anticipar por mail o mensaje de texto a sus clientes.

En Banco Santander explican que los clientes pueden canjear sus puntos Superclub por mochilas o luncheras. También pueden cambiar puntos por los llamados “comodines”, con los que acceden a descuentos de 10%, 20% y 30% en útiles escolares, librerías y uniformes, comprando con débito o crédito y un tope de reintegro $ 300.

Banco Francés, mantuvo todas las promociones que suele lanzar para esta época del año y le sumó un beneficio extra a sus clientes: “No se eliminan las cuotas sin interés y el costo financiero es asumido en su totalidad por el banco, es decir que en las operaciones con promoción se cobra sobre el precio de contado, más allá que la compra se realice en cuotas”, explican desde el BBVA.

Carlos Canova, gerente de Producto y Beneficios de HSBC Argentina, asegura que el banco mantiene “la misma intensidad que en años anteriores en las acciones de vuelta al Cole”. “Establecimos acuerdos que contemplan hasta 25% de descuento y cuotas sin interés, es decir, con costo financiero total del 0,00% (de acuerdo a la regulación vigente de la Secretaría de Comercio).

Una política similar en el tema de las cuotas tiene Citibank con 20% y 25% off en librerías y casas de uniformes y tres pagos sin interés. Banco Comafi también mantuvo descuento y pagos a tasa 0%, en días y locales específicos.

Otra opción para pagar en cuotas es el Ahora 12 o Ahora 18. El recargo es de 10% sobre el precio de contado, pero el costo financiero total (CFT), que es lo que realmente paga el cliente después de sumar impuestos es del 27%/30%. Es válido de jueves a domingo solamente, y la tasa de interés está parcialmente subsidiada por el Estado. Si la idea es financiarse con el banco, la tasa de interés depende de cada entidad y de cada emisor de tarjeta: el CFT en algunos casos supera el 45% anual, de acuerdo a las tablas que están obligados a mostrar en los comercios desde la entrada en vigencia del Programa Precios Transparentes .

El pago en efectivo o en una sola cuota de tarjeta de crédito o débito, en tanto, es más protagonista que otros años ya que incentivo por pagar cash en algunos comercios es bastante importante. De acuerdo con los resultados de la encuesta de D’ Alessio, el 42% dijo que pagará sus compras para el inicio del año escolar en efectivo, y el 24% con tarjeta de débito. Pero más allá de la forma de pago, las estrategias y tips para sobrevivir financieramente al comienzo de clases se multiplican en las familias. Los datos de D’ Alessio revelan que uno de los tips más repetidos es ir de compras solos y no con los chicos.

Comprar en mayoristas para aprovechar precios más económicos, solos o con un grupo de padres (32% de los encuestados); recurrir a segundas marcas (21%) y reutilizar las cosas que quedaron del año anterior o lo que se puede “heredar” de primos o amigos (59% de los participantes), son las estrategias que más mencionan los padres de hijos en edad escolar. “En un contexto de suba de precios, el 30% de los consultados optan por adelantar sus compras, sea aprovisionándose de útiles y uniformes en diciembre, o comprando en febrero/marzo un stock que les permita a compra quizá pasar todo el año sin necesidad de volver a comprar cuadernos u hojas”, revela la ejecutiva.

La Nación

“El regreso del precio real: por qué empieza a agotarse el modelo de las promociones y los descuentos”

Primero fue el turno de las estadísticas oficiales. Después, el de las tarifas públicas, y ahora el de las cuentas y los bienes que los argentinos tienen sin declarar. El sinceramiento avanza en todos los frentes, incluyendo las góndolas de los supermercados y autoservicios. Después de años en los que reinaron las ofertas y los descuentos que tornan muy difícil saber cuánto cuestan las cosas, cada vez más marcas y empresas están buscando transparentar sus listas de precios, lo que implica dejar de lado las acciones promocionales y volver a apostar a comunicar un precio final.

La lista de ejemplos es amplia e incluye desde los Precios Congelados de Danone -que fue la empresa pionera hace seis meses- hasta el Pacto Porrón de Quilmes que acaba de ser renovado hasta marzo, pasando por las papas fritas Lays, las gaseosas de Pepsi, la línea de retornables de Coca-Cola o las pastas de Lucchetti. En algunos casos, la estrategia elegida por las empresas es informar al consumidor el precio en avisos o publicidades, aunque algunas marcas como Yogurísimo o Ser van más lejos y estampan el importe en el envase de sus productos,

Detrás de este regreso del precio real en las comunicaciones no se encuentra únicamente una moda marketinera, y los analistas de consumo no dudan de hablar de un modelo (el de las promos y descuentos) que da señales cada vez más claras de agotamiento y hasta de un cambio de paradigma en la manera que tienen los argentinos de consumir.

“Estamos viendo un verdadero cambio de época en materia de consumo y creo que varias marcas supieron leer el nuevo escenario. Se está dejando atrás un consumo del kirchnerismo, basado en la exacerbación del gasto y en la idea de que a la gente le quemaba la plata en la mano, y pasando a un nuevo contexto en el que tallan otros factores como una inflación a la baja, un poder de compra recortado de los salarios y el resurgimiento de alternativas para ahorrar que antes no existían, o que prácticamente estaban prohibidas como la compra del dólares”, asegura Guillermo Oliveto, director de la consultora W.

Aunque a las marcas les cueste hablar cuando su negocio no funciona, en voz baja reconocen que necesitan probar nuevas alternativas para reactivar un consumo que venía deprimido desde hace un par de años, pero que desplomó en los últimos meses.

Para explicar esta caída en las ventas de los últimos meses, los analistas resaltan el impacto de la inflación en el poder de compra de los salarios, pero también destacan la incidencia de otros factores más ligados a los cambios en los hábitos de los consumidores.

“El consumidor está exacerbando su comportamiento racional, aumentando la compra de marcas propias en todas las familias de productos en detrimento de ser tan marquistas, en especial en categorías como alimentos frescos e higiene y cuidado personal”, explicaron en Cuore, la división de estudios cualitativos del grupo CCR. “Hoy sólo el 10% de la gente no compra marcas propias, y más de la mitad compra en seis o más categorías. Además, la transversalidad en los niveles socioeconómicos es muy visible, no se presenta como una barrera para el desarrollo de este tipo de propuestas.”

En W, por su parte, aseguran que estamos viviendo “el principio del fin de la era de los 100% anabólicos”, entendiendo por anabólicos las estrategias comerciales a las que apelan las empresas para inflar sus ventas como descuentos, ofertas y promociones.

“Las ofertas ya no le cierran a los consumidores y hay una percepción creciente de engaño y trampa en este tipo de acciones. Cuando salimos a preguntarle a la gente qué quiere, el 82% nos dijo que prefería que bajen los precios contra sólo un 18% que priorizaba la continuidad de las promociones y los descuentos”, asegura Oliveto.

A esta agotamiento que presentan las promociones al menos entre algunos segmentos de consumidores se suma el hecho de que en muchos casos son vistas como acciones poco claras o hasta engañosas. No todos los clientes se dan cuenta de que en realidad, un descuento del 80% en la segunda unidad representa una rebaja real del 40% en la compra, o que la tercera unidad gratis en los hechos implica sólo un 33% menos a la hora de pasar por caja los tres artículos.

“En un momento en que todas las marcas invaden con promociones de todo tipo que no le permiten al consumidor tener claridad de lo que se está pagando, el Pacto Porrón fue una acción honesta y simple que la gente valoró mucho”, explica Eugenio Raffo, director de la marca Quilmes.

Las promociones “confusas” de los supermercados y las marcas fueron motivo de más de un cruce entre la Secretaría de Comercio y las grandes cadenas, ya que en la visión oficial representan una manera de esconder a los consumidores el precio real de los productos que están en sus góndolas.

Primeros pasos

Desde las empresas destacan que el principal cambio es que ya dejaron de funcionar las promociones como un incentivo al stockeo, que había sido uno de los principales drivers de compra en los últimos años. “Nosotros no hicimos acciones comunicando los precios, pero vemos un cambio en el mercado. Muchas promociones que se hacían en el pasado tenían que ver con el volumen y la posibilidad de stockearse en el hogar para protegerse contra la inflación. Pero en un momento de deterioro del poder adquisitivo, hay que darle alternativas nuevas a todos los consumidores para asegurar el acceso”, explican en Unilever.

Desde un punto de vista de marketing, la promesa de un precio congelado durante un período relativamente largo además es percibida como una forma de ayudar al consumidor a protegerse del impacto de la inflación.

“Dado el momento por el que atravesamos los argentinos, la gente busca relacionarse de manera honesta y directa con las marcas. En ese contexto, el Pacto Porrón fue una solución para ambas partes. A nosotros nos sirvió para acercar nuestra cerveza a más gente, y al consumidor le permitió, con el simple acto de devolver un envase, acceder a un producto argentino de gran calidad a un precio muy accesible”, aseguran en Quilmes.

En Danone, por su parte, destacan que se superaron las metas. “Precios Congelados fue una propuesta que resultó muy positiva y superó todas nuestras expectativas. Fue bien recibida por los consumidores y los ayudó a seguir llevando a sus mesas productos de la mejor a calidad a muy buen precio”, asegura Javier Lozada, secretario general del Grupo Danone.

Puertas adentro de las grandes empresas, el cambio en los hábitos de compra también se tradujo en una revalorización de las estrategias internas de fijación de precios, que en los últimos años habían perdido terreno frente a las acciones promocionales.

“Durante una década, el precio fue una variable que la fijaba el Gobierno y ahora las compañías están reflotando estrategias como el precio explícito en los envases o el precio redondo, como los diez pesos que salieron a comunicar Quilmes con el Pacto Porrón o Pepsi con su botellita selfie”, dijo Oliveto.

Otra muestra del agotamiento del modelo de las promociones y los descuentos es el crecimiento de los mayoristas. Así como las cadenas de proximidad -como Día% y Carrefour Express- habían sido las grandes ganadoras de los últimos años del kirchnerismo, durante 2016 los supermercados de venta mayorista resultaron los principales beneficiados del cambio en los hábitos de compra de los consumidores argentinos.

“Detrás de muchas de estas acciones también está el hecho de que a nadie le sirve el actual esquema de promociones. Los supermercados y las marcas se quejan de que no saben cómo salirse de las promos, pero el problema es que nadie se anima a dar el primer paso porque los hipermercados necesitan asegurarse tráfico”, explica Juan Manuel Primbas, director general de la consultora Kantar Worldpanel.

Según los datos de CCR, durante este año, los mayoristas se pueden jactar de ser los únicos en todo la cadena comercial con números positivos: entre enero y octubre, el canal acumula una suba interanual del 3,7% en unidades. Este avance se logró de la mano de las familias que especialmente a principios de mes optan por hacer sus compras en los mayoristas, donde prácticamente no hay ofertas del 80% en la segunda unidad ni promos especiales para los clientes que pagan con la tarjeta de un determinado banco, sino la promesa de precios más económicos sin importar el día de compra, el medio de pago o la marca elegida.

“Nosotros los llamamos consumidores avivados a estos clientes que se dan cuenta de que frente a las promos que anuncian los hipermercados, visitando a un mayorista se pueden alcanzar ahorros de hasta un 30%, sin tener que resignar la compra de marcas líderes”, explica Eduardo Pochinki, socio de la cadena de supermercados mayoristas Vital, una de las más activas a la hora de salir a la caza de consumidores finales.

Volver a las fuentes

Frente al nuevo escenario, de parte de los grandes supermercados se ven unos intentos de reacción. En Coto -una de las cadenas que mejor está sobrellevando el mal momento de las grandes superficies- aseguran que nunca perdieron el norte de la importancia de los precios. “Queremos seguir creciendo con los grandes centros comerciales. Muchos dicen que se trata de un formato que está muy golpeado, pero que hay margen para seguir creciendo, tanto con hipermercados como con locales de cercanía. En todos los casos, la clave es mantener una propuesta competitiva que nos permita ser buenos, bonitos y baratos”, sostuvo hace una semana Alfredo Coto en la inauguración de un centro comercial en Belgrano.

Por su parte, Carrefour, sin dejar completamente de lado las promociones, también está apostando unas fichas a un regreso a las fuentes. “Hace unos meses lanzamos «los hiperprecios», que es el compromiso del precio más bajo en 800 artículos de primera línea. En cierta medida es una vuelta a los orígenes de Carrefour para que la gente vuelva a tener una referencia de precio en los productos, que siempre fue nuestro fuerte”, explica Carlos Velasco, director de Carrefour Argentina.

En off the record, los supermercadistas son menos diplomáticos. “Algo tenemos que hacer para salir de este esquema. Hoy es una locura, porque vos ponés un descuento del 60% y tu competidor anuncia un 70%. Si fuera que nos ponemos todos de acuerdo para fijar los precios, como dicen algunos, ya hubiéramos terminado con esta locura hace mucho tiempo. El problema es que nadie se anima a cortar porque la coyuntura no ayuda”, se sinceraron en una cadena de las grandes.

El agotamiento de las promociones no significa que todos los anabólicos hayan dejado de funcionar. En el sector reconocen que así como muchos consumidores ya están cansados de lo que perciben como precios inflados para después aplicarle un descuento, las cuotas sin interés siguen siendo un gancho comercial decisivo.

“No hay medida del gobierno nacional que goce de mayor aprobación que la prórroga del programa Ahora 12. Según un relevamiento entre más de 1000 consumidores, el 86% de la gente está de acuerdo con las 12 cuotas”, explica Oliveto.

El indudable respaldo popular que tienen las cuotas sin interés, sin embargo, no implica que no haya voces que adviertan sobre las consecuencias de este tipo de medidas. “En este punto, el Gobierno es un poco incoherente. Por un lado, presiona a los supermercados para que terminen con las promociones y descuentos y vuelvan a un esquema de precios reales. Y por otro, te lanza las 18 cuotas sin interés que es un esquema basado en inflar los precios para después diluir el impacto de la inflación en las 18 cuotas”, admitieron en una tarjeta de crédito.

Detrás de los cambios

Las razones que explican la estrategia comercial

Consumo que no levanta

A pesar de las agresivas acciones promocionales que impulsan los supermercados y las marcas, el consumo no da señales de recuperación.

Modelo agotado

Según un estudio de la consultora W, el 82% de la gente dijo que prefiere que bajen los precios contra sólo un 18% que prioriza la continuidad de las promociones.

Consumidor confundido

Las promociones del tipo que ofrecen un descuento en la compra de la segunda unidad u ofertas de 3×2 o 4×6 terminan siendo confusas para muchos clientes.

Inflación en descenso

Con la desaceleración de la inflación que se viene registrando en los últimos meses se perdió el principal incentivo que tenía la gente para hacer compras de stockeo.

Alternativas de ahorro

La aparición de alternativas de ahorro como las Lebac o el dólar disminuyeron la propensión al consumo como única defensa ante la inflación.

Negocio histórico

Cada vez más marcas y supermercados buscan retomar su histórico posicionamiento en materia de precios bajos y accesibles.

La Nación

“El consumo baila al ritmo del tango”

Resultado de imagen para consumo supermercados

“El consumo va a mejorar el año que viene”. La afirmación es de Alfredo Coto, presidente de la cadena supermercadista que invirtió este año $ 2400 millones y abrió el jueves un nuevo establecimiento de 60.000 metros cuadrados en Moreno. “Tenemos que empezar a recuperar la moneda”, afirmó.

El consenso entre los empresarios, consultores y economistas está instalado. Después de un 2016 difícil, las perspectivas para el año que viene son más alentadoras: “No hay duda que se va a recuperar. Es casi matemático”, afirman al unísono.

“Si se le gana un punto y medio por mes y se perdieron doce se necesitan al menos ocho meses para recuperar todo, pero mes a mes va mejorando. En febrero de 2017 ya se da vuelta la tendencia de manera definitiva y se acentuará la mejora”, se entusiasma un alto funcionario de la Casa Rosada. Y agrega: “La mayor parte del producto bruto argentino es consumo. Nunca la inversión va a reemplazarlo pero tampoco creemos en la teoría del kirchnerismo que tomaba al consumo como una variable disociada del resto. Sin inversión recalentaban la economía y aceleraban los precios. Eso ya no es así”, sostiene el mismo funcionario macrista.

En términos de conducta la devaluación de 2014 había generado la misma caída del salario real que la del primer semestre de 2016. Tal vez por ello, la película que proyectan para 2017 difiere de la realidad del año que se va. El consumo se encamina a cerrar el peor año en más de una década, con el tercer mes consecutivo que muestra una baja en el volumen de ventas superior al 7 por ciento, según los datos de la consultora CCR.

De hecho, en octubre, la demanda de alimentos, bebidas, artículos de tocador y limpieza registró una baja interanual del 7,5% en unidades y retrocedió en los primeros diez meses del año un 4,3 por ciento. Para los supermercados el panorama fue aún peor.

Por primera vez desde 2002, las grandes cadenas del rubro rozaron una caída de dos dígitos. Según los datos de CCR, en octubre las ventas en los supermercados cayeron un 9% pese a los esfuerzos de las empresas. Miguel Kozuszok, presidente de Unilever y protagonista de un sector que en sus palabras, es “termómetro directo de lo que pasa todos los días en la vida y en los bolsillos de las personas”, destacó que América latina “no está en ninguna fiesta en términos macroeconómicos”.

Para el piloto de la compañía angloholandesa hubo corrección monetaria en muchos países y eso generó inflación y caída del consumo. Explicó que, en el caso de la Argentina, esperaban desde Unilever un signo negativo, pero que se equivocaron “en el tamaño de la pendiente y en la velocidad de recuperación”.

“El año que viene va a ser con números positivos. Sin embargo no estamos esperando que eso suceda en el primer trimestre del año”, afirmó.

En el mismo sentido opinó José Moreno, presidente de La Serenísima, quien admitió lo que es un secreto a voces. El “índice heladera” está un 10% abajo este año. La comparación es en unidades y toma los productos típicos que se almacenan en el electrodoméstico de uso familiar. El factor precio gana terreno.

Qué dicen los changuitos

En una muestra de 20 millones de tickets por mes realizada por la consultora Scentia se revela que la compra de productos de limpieza de la ropa y hogar (-6,8%), bebidas con alcohol (-6,5%), y productos perecederos (-6%), lideran los repliegues de este año. También retroceden las gaseosas, los productos para el desayuno, las bebidas sin alcohol y los alimentos.

Lorenzo Sigaut Gravina, economista jefe de Ecolatina, le puso un número a la fotografía de diciembre con la que se intentará recuperar la sonrisa económica después de once meses de recesión. “Se volcarán unos $ 25.000 millones que surgen de los bonos de fin de año, pagos extraordinarios a jubilados, exención del impuesto a las ganancias a los aguinaldos, entre otras medidas”, describió.

A eso hay que sumarle que en el presupuesto del año próximo se incorporan para jubilados cerca de $ 130.000 millones.

La medida se combina con la llegada del Ahora 18 para productos nacionales, de los planes con canastas “temáticas” de productos y los juguetes incluidos en los precios promocionales presentados por el Ministerio de Producción. En los últimos tres meses crecieron también los préstamos personales de bancos. Juan Curutchet, presidente del Banco Provincia, afirmó que “la perspectiva para 2017 es que los préstamos del sector privado van a crecer alrededor del 30%”. Ya en estos últimos meses con algunas bajas de tasas, se logró que ese segmento crezca un “2% mensual hace tres meses”. “No hay que esperar a 2017 en lo que hace a los bancos. Estamos cerrando en un clima de franco ascenso, que además es multiplicador”, concluyó optimista. En la tierra del tango todo indica que volvió la era de la seducción al consumidor.

La Nación

“El consumo y el empleo son variables clave para este Gobierno”

Resultado de imagen para consumo y el empleo

Mirado en perspectiva, el consumo en 2016 deja un sabor amargo. Inflación, devaluación y pérdida de poder de compra crearon un escenario que el Gobierno busca revertir, sobre todo por el año electoral que se avecina. Un análisis elaborado por la consultora W indica que casi todos los rubros se vieron afectados por la contracción del poder adquisitivo en 2016 (del orden del 7% en el sector formal): alimentos, bebidas, cosmética y limpieza (-4%), indumentaria (-8%), electrodomésticos y tecnología (-15%) y gastronomía (-20% ).

En este contexto, “el dinero extra que ingresará a una gran parte de los hogares argentinos en este fin de año, debería mitigar estas contracciones en todos ellos”, dijo su titular, Guillermo Oliveto, asesor especialista en consumo, sociedad, comunicación y marcas, en una entrevista que mantuvo con el Económico.

–¿Qué resultados se pueden esperar de los incentivos oficiales y privados con el consumo?

–El consumo dejó ya de ser un tema meramente microeconómico y pasó adquirir una fuerte trascendencia social y, por ende, un fuerte impacto político. Hoy, aquí y en el mundo, vivimos en una sociedad de consumidores donde para la gente perder capacidad de consumo implica “perder libertad”. Los productos y las marcas operan como vectores de identidad. En función de lo que compro y muestro, soy. En ese contexto debe enmarcarse la importancia estratégica del empleo, no sólo como fuente de dignidad sino también como facilitador natural de la capacidad de compra. Desde esta perspectiva, entre otras, pueden comprenderse mejor fenómenos como el Brexit o Trump. El empleo como prioridad y la necesidad de consumir como fuente de satisfacción o enojo.

Bajo este marco conceptual, las recientes medidas políticas y económicas amplían su sentido. No se trata sólo de un “bono de fin de año”, sino de inyectar en esta maquinaria social el lubricante fundamental que le permite funcionar. El consumo es un gran amortiguador social y una fuente de gobernabilidad.

–¿En cuáles sectores impactarán los incentivos anunciados?

Debería mitigar las contracciones en todos. Claramente no logrará revertir a esta altura la tendencia anual, pero sí es probable que ante la proximidad de las compras de Navidad permitan oxigenar los cuatro grandes motores del consumo masivo.

–¿El consumo en 2016 es más parecido a 2014 o 2009?

–Definitivamente se asemeja mucho más a 2014 que a 2009. La inflación fue 38% en aquel año, y sería 40% este. El índice de confianza de los consumidores se encuentra en noviembre en el mismo valor: 43,9% ahora, 43,7 puntos en el mismo mes de 2014. La contracción del poder adquisitivo fue de 5 puntos en 2014. Es de 7 puntos este año. La venta de autos 0 km en el mercado interno fue de 688.000 unidades en 2014, sería de 700.000 este. La caída en la venta de electrodomésticos fue del 14% en 2014, sería del 15% este año. La de indumentaria fue 5%, sería 8% ahora. Todos valores de rango similar.

–¿Encuentra diferencias?

–La gran diferencia entre un año y otro hay que encontrarla en dos elementos. Uno de carácter fáctico y otro simbólico. El más concreto y tangible: las tarifas. La sociedad tuvo que comenzar a pagar algo que durante muchos años había retirado de su agenda porque era “casi gratis”. El gasto de los hogares se reconfiguró obligadamente para poder hacer frente a los aumentos en la luz, el gas, el agua, el colectivo, el tren y el subte. Hay que buscar aquí la explicación a la mayor caída en los productos de consumo cotidiano. La otra diferencia, la de carácter simbólico, se da en las expectativas. En 2014 había mucha confusión con respecto a lo que podía suceder en 2015. El sentimiento predominante era la incertidumbre. Hoy vemos una sociedad que mantiene sus expectativas positivas para el año próximo. Solo el 15% dice que la situación económica actual del país es buena, pero el 60% afirma que será mejor dentro de un año. Se verifica aquí que “el puente” del que ha hablado el presidente y una buena parte del Gobierno, existe. Una mayoría de los argentinos piensa que el 2017 será mejor.

–El Gobierno apostó a las inversiones para reactivar, pero ¿cuánto impacta el consumo en la economía en general?

–Desde mi punto de vista esta idea instalada de un gobierno pro inversión de Macri versus un gobierno pro consumo de CFK está más basada en el prejuicio que en los hechos. Al elegir el camino del gradualismo, el gobierno actual demostró que el empleo y el consumo también le importan. Si hubiera aplicado un ajuste de carácter clásico neoliberal, sería pertinente afirmar que se olvidó de la microeconomía. Pero si el propio presidente pretende que su gestión se mida por la capacidad en la reducción de la pobreza, por la generación de empleo de calidad, y por recuperar el crecimiento económico después de 5 años de estancamiento, claramente no está tomando ese camino que algunos suponían – en mi opinión erróneamente–, que sería el elegido.

–A su entender, ¿cuál es la estrategia económica del Gobierno?

–Lo que el gobierno actual ha definido y pretende es que la expansión del consumo vaya acompañada de una expansión de la inversión, para que el crecimiento de los mercados pueda realizarse de un modo sustentable y consistente en el mediano plazo sin el costo inflacionario. Recordemos que entre 2002 y 2015 el consumo de alimentos creció 70%, el de autos 580% y el de electrodomésticos 700%, todo medido en unidades. Pero la inflación fue el precio a pagar de expandir la demanda sin que creciera del mismo modo la inversión. Acumulado, el aumento general de los precios fue de 1300% entre la salida de la crisis y el final del gobierno anterior. Al promover la “Ley Pymes”, mantener el plan “Ahora 12” y el programa “Precios Cuidados”, desarrollar un Plan Productivo, establecer metas de reducción del déficit fiscal y de la inflación progresivas y graduales, y no de shock, el oficialismo ya había demostrado que el empleo y el consumo eran variables que estaban en su agenda. La inyección de fondos de fin de año no hace otra cosa que confirmar esta decisión estratégica que estructura gran parte de su política económica y social.

–¿Qué perspectivas tiene para el año próximo?

–Hay un fuerte consenso entre quienes siguen la “macro” de que la economía crecerá entre el 3 y el 5% en 2017. Bajo esa hipótesis, esperamos una expansión del consumo masivo del orden del 3%. Recuperaríamos de ese modo lo que se perdió este año. Los motores que prometen empujar son el campo, obra pública, un Brasil algo mejor, los fondos del blanqueo y algunas inversiones tendrían su consecuente impacto en la “micro”. Habrá más dinero en la calle. A lo que debe adicionarse, como un impulso nada menor, la condición de ser un año electoral clave. Es de esperar que ante un escenario de inflación sustancialmente menor a la de este año (en el rango del 20 al 23%), los salarios puedan ganarle por 4 o 5 puntos. La recuperación del poder adquisitivo en un contexto de precios más estables y comparables ayudaría a la recuperación del consumo. Como ya es bien conocido, a la hora de votar en nuestro país los argentinos miran la boleta pero también el bolsillo. El Gobierno lo tiene bien claro.

IECO

“Gobierno apuesta todas las fichas para mover el consumo en Diciembre”

Resultado de imagen para navidad ahora 18 auh

Esperaba un repunte del consumo antes”, se sincera Miguel Braun, secretario de Comercio. “Llegará el año que viene”, confía. En Hacienda y Finanzas piensan más o menos lo mismo.

¿Resignación? ¿recálculo? Da igual. Lo que importa de cara a diciembre es que el Gobierno apunta a darle un lavado de cara a la economía. ¿Cómo? A través de dos pasos. Uno ya cumplido. Se aseguró, en octubre, la plata para cerrar el año con una colocación de casi US$10.000 millones y un blanqueo de capitales que luce exitoso. Y ahora, con la “caja llena”, Mauricio Macri se apresta a cambiar el clima de la economía antes del brindis y el pan dulce.

Las medidas son estas:

*Programas de consumo como “Ahora 18”, “Canasta navideña” y “El mercado en tu barrio”.

*Eximir el pago de Ganancias sobre el medio aguinaldo.

*El pago un bono extra a empleados provinciales y municipales.

*Dar $1.000 a jubilados que cobran el haber mínimo.

*Pagar $1.000 a cada hogar que perciben la AUH.

*Por último, otorgar $200 a cada hogar que percibe la AUH por cada hijo extra.

Todas estas acciones provienen, básicamente, de tres ministerios: Producción (planes de consumo), Hacienda y Finanzas (exención impositiva) y Acción Social (ley de Emergencia Social). En ese eje, consideran algunos analistas, la baja de tasas del Banco Central quedó alineada con este lavado de cara pro consumo que buscan desde la Casa Rosada.

Braun reconoce que “el crédito hoy en Argentina es caro”. Bajo su órbita, por ejemplo, funcionan programas de consumo como el “Ahora 18”. Considera que este tipo de políticas morigera las condiciones que el sistema financiero plantea a los consumidores.

–¿Por qué el Gobierno decidió lanzar estos planes?

–En el caso del “Ahora 18” fue por la aceptación del “Ahora 12”, que este año creció 30%. Para 2017 ampliamos rubros, extendimos las cuotas y pensamos que esto es un aliciente en un momento donde el crédito personal es caro.

Los economistas privados coinciden: las medidas pro consumo de diciembre significarán una inyección de unos $20.000 millones al bolsillo de un sector de los argentinos. Todo en un mes. Podrían ser $27.000 millones como máximo. La cifra final dependerá de cuántas provincias paguen el bono –hasta ahora son Mendoza, Misiones, La Pampa, Salta, San Luis, San Juan, Santiago del Estero, mientras que están negociando Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires–, y qué proporción de empresas haga lo mismo. Van tres estimaciones:

*Dante Sica, director Abeceb, calcula que “El paquete fiscal será de entre $15.000 millones y $20.000 millones, esto es 0,25% del PBI en un solo mes”.

*Lorenzo Sigaut Gravina, economista jefe de Ecolatina, hace este cálculo: “Suponiendo que el 60% de los empleados privados cobren el bono, porque hay muchas pymes que no podrán pagarlo, el monto que inyectará el Gobierno será $23.617 millones, 0,30% del PBI”.

*Martín Vauthier, economista del Estudio Bein, se inclina por “unos $20.000 millones”.

¿Esto alcanza?

La pregunta que sigue es, ¿alcanza todo esto para cambiar el clima económico como pretende el Gobierno? “Las medidas servirán para sostener el consumo mientras la economía se reactiva”, dice Braun. “El gasto de los hogares cayó porque el poder adquisitivo bajó pero también porque vivimos un cambio de época: los consumidores están en modo precaución por la incertidumbre con las tarifas y porque ahora hay alternativas al consumo como sacar un crédito hipotecario”.

Ramiro Castiñeira (Econométrica) y Vauthier son escépticos con el paquete navideño. “Sirven para pasar el verano”, se refiere Castiñeira a las medidas pro consumo. Ambos creen que el consumo traccionará cuando los salarios crezcan a un ritmo mayor que la inflación. Y que la inyección de estos $20.000 millones parece limitada para mover una bola de $8 billones (casi 75% del PBI) que van destinados al consumo.

Sica y Sigaut Gravina son más optimistas. “Mi pronóstico de crecimiento del PBI 2017 está en torno a 3,8% y no lo bajamos todavía porque veremos qué pasa con este paquete fiscal importante del Gobierno en diciembre”, dice el ex secretario de Industria. “Será relevante macroeconómicamente”, opina el economista de Ecolatina.

Miguel Kiguel está de acuerdo con estas medidas del Gobierno. “La economía es como un auto al que le arreglaron el motor, le cambiaron el aceite y los filtros. Está listo para salir a la ruta pero que al momento de darle arranque no enciende. La solución clásica en ese caso es empujarlo. Con esta economía pasa lo mismo”.

Según la consultora FyE, la capacidad de compra de las familias dejó de caer desde julio registrando cuatro variaciones positivas. Y espera un repunte de 3,8% para el último trimestre respecto al tercero.

Macri ya está sentado al volante. Cabrera, Stanley y Prat-Gay se bajaron del auto y están para empujar. Rumbo: a pasar el verano y que arranque la economía.

IECO


Autor

Emiliano Schwartz

Categorías

Escribe tu dirección de correo electrónico para suscribirte a este blog, y recibir notificaciones de nuevos mensajes por correo.

Únete a otros 57 seguidores

Archivos

Twitter