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“Los súper ensayan nuevas fórmulas en la guerra del consumo”

Entre el alza de costos y la caída de ventas, las grandes cadenas adaptan sus modelos de negocio.

El proceso de crisis de Carrefour, la empresa líder en el país, expone las dificultades que atraviesan los supermercados. En un contexto de estancamiento del consumo agravado por el avance de los mayoristas, los nuevos hábitos de compras y la pelea con los autoservicios chinos, las grandes cadenas concentran las culpas en la evasión y la competencia desleal que eso supone. Analistas y ejecutivos del sector coinciden, pero plantean que hay otros factores a tener cuenta, como la rentabilidad de cada punto de venta y la oferta de marcas propias. “Tenemos problemas económicos y las grandes multinacionales deben adaptar sus modelos de negocio”, resume Diego Gizzi, gerente de Retail de la consultora Nielsen.

En ese sentido va Carrefour, tanto a nivel local como global. Desde su casa matriz en París, el nuevo CEO mundial, Alexandre Bompard, anunció un ambicioso plan para reestructurar la cadena en los próximos 5 años. En la Argentina, la compañía inició un Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC), un trámite que exige negociar con el Gobierno y los gremios eventuales despidos, jubilaciones anticipadas, retiros voluntarios y relocalización de personal. Carrefour tiene una red de 605 locales y unos 20.000 empleados.

El plan contempla, además, la reconversión de 16 hipermercados (tiene un total de 79) en tiendas mayoristas, como “parte de la estrategia global de Carrefour para reducir costos”, interpreta Osvaldo del Río, director de Scentia. Juan Vasco Martínez, director ejecutivo de ASU (Asociación de Supermercados Unidos), explica que las diferencias de costos entre ambos formatos son sustanciales: “Un mayorista tiene menos personal, baja reposición en góndolas y poca oferta de perecederos, lo que implica menores costos logísticos, laborales y energéticos”, dijo.

Carrefour fue pionera: instaló su primer hipermercado en 1982 y fue la abanderada de un formato que hoy representa el 26% de la facturación total de las cadenas. El menor tráfico, explican los expertos, obedece a un nuevo perfil de consumo que valora el tiempo y la cercanía de las tiendas para efectuar las compras. ¿Es el fin del hipermercado? “Algunos sí, otros no, según sea la ubicación”, sostiene Del Río. Y agrega que “el precio es el principal motivo por el cual las personas compran en tiendas o mayoristas. Hoy, esa variable es confusa, pero con una inflación de un dígito, el híper se recupera”.

Como si fueran GPS, las grandes cadenas recalculan. Un informe de la consultora Kantar Worldpanel indica que en 2017, los mayoristas (Diarco, Vital, Yaguar, Maxiconsumo y Makro) sumaron 500.000 nuevos clientes. Carrefour hoy tiene 7 “Maxis”, tal como llaman al formato. “La última tienda que inauguró Walmart, en Quilmes, es al por mayor”, recuerda Gizzi, de Nielsen. Por otro lado, reconoce que “el volantazo en el negocio” de Carrefour anticipa los cambios en todo el canal supermercadista, mucho más atento a la rentabilidad de cada metro cuadrado de superficie.

Según datos de Scentia, la cadena con mayor cantidad de puntos de venta es la española Día%: totaliza 941, casi todos de cercanía enfocados en las compras diarias. La compañía expandió su red a través de franquicias (cerca de la mitad) y con un modelo de negocios basado en productos de marca propia. “Es el 80% de su oferta, con buenos márgenes, volúmenes y precios”, señala Gizzi.

Formato, distancias, precios, marcas propias y servicios, como las compras online, son las variables que orientan la reconversión de las cadenas. Casi como un calco de Carrefour y para afrontar el desafío de Amazon, Walmart también encaró a nivel global un plan que contempla el cierre de algunas tiendas, la adecuación de otras y un salto al canal digital. En la Argentina, la cadena norteamericana cuenta con 106 puntos de venta, entre ellos 32 hipermercados.

Según Scentia, el canal moderno (las cadenas de supermercados y mayoristas) facturó $340.000 millones en 2017. Sus redes abarcan 2.838 puntos de venta y tiene 120.000 empleados. Del otro lado, el canal tradicionalestá compuesto por 24.000 autoservicios independientes y 98.000 almacenes, fiambrerías y tiendas. En este segundo universo, coinciden las grandes cadenas, radica el núcleo principal de la informalidad, el mercado negro, la evasión y la competencia desleal. Del Río coincide: “No son todos, pero hay un grupo de negocios más orientado a la informalidad que otros. En las ferias y mercados de barrio, el nivel es altísimo”, dijo.

Fuentes del sector estiman que cerca del 30% de las ventas de productos básicos se concretan sin tickets. Las propias cadenas sostienen que es la causa principal de sus problemas, incluso por encima de la desaceleración del consumo. Vasco Martínez, de la ASU, lo pone en perspectiva. “La evasión y la informalidad no es un dato nuevo. El nivel se mantuvo, pero en épocas de consumo elevado no se notaba tanto”, señala. El directivo añade que en paralelo, “los costos de las cadenas crecieron”, limando sobre los márgenes de rentabilidad.

Juan Manuel Primbas, director de Kantar Worldpanel, discrepa parcialmente con esas apreciaciones. El experto sostiene que las críticas de las cadenas por la evasión y la competencia desleal “son justas”, pero subraya que la problemática mayor para el supermercadismo es la fortaleza del canal tradicional, que hoy representa el 40% del gasto en los hogares. “El desafío no es nuevo y las cadenas no logran superarlo, pese a que realizaron grandes inversiones y cambios de formatos”, expresó.

“Hacia adelante —concluye Primbas— los supermercados afrontan varios desafíos y están en pleno proceso de redefinición en la Argentina y en toda América Latina”. En su opinión, para el consumidor, la elección del lugar para efectuar sus compras y cargar el changuito es la misma. El surgimiento del mayorista como competidor directo “cubre un espacio, pero no inventaron nada”. Según Primbas, los supermercados deben hacer énfasis “en el comercio electrónico, en fórmulas de cercanía y en métodos para atraer a la gente”.

En noviembre pasado, en la última jornada de supermercadismo organizada por ASU, las mayores cadenas reclamaron mayores controles a la informalidad. En aquel encuentro, el dueño de La Anónima, Federico Braun, explicó al Económico que “la evasión es fenomenal” y que un comercio ilegal “puede vender hasta un 25% más barato que nosotros”. Por su parte, Matías Videla, CEO de Jumbo, aportó que “hace 7 años teníamos el 45% del mercado y ahora el 35%”.

La rentabilidad de cada metro cuadrado

Carrefour inauguró su primer hipermercado en 1982, en San Isidro. Así, los argentinos conocieron un formato diseñado para tentar a los consumidores con una enorme variedad de productos: desde los más básicos hasta muebles y electrodomésticos. Según los entendidos, esa fórmula hoy está en crisis por el surgimiento de un nuevo consumidor, más racional, infiel a las marcas y con el radar puesto en el precio.

En conjunto, según un relevamiento de la consultora Scentia, el canal moderno (cadenas y mayoristas) posee un total de 2.838 tiendas, que facturaron el año pasado $340.000 millones. El ranking es liderado por la española Día%, con 941 locales, entre propios y franquiciados. Después aparecen Carrefour (605), las marcas del grupo chileno Cencosud (Jumbo, Vea y Disco), con 283, La Anónima (164), Cooperativa Obrera (124), Coto (120), Atomo (110) y Walmart (106).

En cuanto a formatos, Carrefour tiene 79 hipermercados, pero inicialmente la cadena francesa tiene previsto reconvertir 16 en tiendas mayoristas. A través de los años, absorbieron primero Norte y posteriormente, en 2012, la cadena de 129 locales de Eki.

Para las compañías líderes, el hipermercado les representa mayor volumen de facturación (por su oferta de bienes durables) pero también mayores costos de operación por metro cuadrado. Un ejecutivo de larga trayectoria en la industria explica que, en promedio, un híper requiere entre 150 y 200 empleados; un súper, entre 60 y 70 empleados; y una tienda de cercanía, entre 5 y 10.

El nuevo CEO global de Carrefour, Alexander Bompard, presentó un plan de reconversión de la cadena, cuyo objetivo principal es multiplicar por 6 sus ventas por el canal online. En la Argentina, el 1° de febrero asumió un nuevo CEO, Rami Baitieh, en lugar de Daniel Fernández.

“Las grandes multinacionales adaptan sus modelos de negocio a este nuevo escenario. Y dentro de este esquema, lo primordial es revisar la rentabilidad de cada metro cuadrado”, interpreta Diego Gizzi, gerente de Retail de la consultora Nielsen.

Clarín

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“Consumo bipolar: Por qué se venden más autos, explota el crédito hipotecario y los viajes pero cae la compra de ropa y alimentos?”

En estos días, una de las preguntas más difíciles de responder es si el consumo está subiendo o si se encuentra en retroceso, ya que hay indicadores apuntando en direcciones contradictorias.

Las ventas de motos aumentaron 47% el año pasado y las de autos, el 27%. El patentamiento del primer bimestre de 2018 fue récord. Paralelamente, cada vez se adquieren menos cantidad de alimentos.

Las ventas de notebooks crecieron 52% el último año al tiempo que “vuelan” los créditos hipotecarios.

Ni hablar de los viajes al extranjero, o de argentinos gastando la friolera de u$s11.000 millones anuales. Junto a ello, convive el fuerte retroceso en la venta local de indumentaria. Y se derrumba el uso de productos para el aseo, como jabón o desodorantes.

Los artículos de venta en supermercados, como dio cuenta el INDEC en la medición correspondiente a enero, registran una caída interanual de 3,1%.

Pero, al mismo tiempo, se baten récords en cada evento promocional de e-commerce, ya sea de ropa, tecnología, viajes o incluso de artículos de la canasta básica.

A primera vista, semejante cuadro parece contradictorio, pero no lo es. Más bien, refleja una cruda semblanza de lo que está sucediendo en la sociedad argentina.

Una “grieta” en el changuito
Según INDEC, el consumo privado creció el año pasado 3,6%, siete décimas por encima del PBI. Lo que parece claro es que esa expansión no se dio de manera homogénea.

La consultora especializada Kantar WordlPanel midió una caída del 2% en el consumo masivo durante enero. Algunas de las compañías líderes en ventas de productos de la canasta básica señalaron, en diálogo con iProfesional, que febrero también fue “flojo”.

Además, anticiparon que la tendencia para el resto del año recién podría estabilizarse a partir de abril, cuando un mayoritario grupo de trabajadores perciba incrementos salariales.

Lo que empieza a quedar en evidencia es la divergencia de situaciones según los estratos sociales. Concretamente:

– Un grupo de asalariados, que está relativamente cubierto contra la inflaciónmantiene cierto nivel de consumo.

– Como contrapartida, están aquellos que en los últimos años vieron cómo sus salarios perdieron contra los aumentos de precios, tendencia que empeoró cuando se empezaron a actualizar las tarifas de los servicios públicos.

El año pasado, los precios de los alimentos subieron 20%. Las tarifas, un 56% promedio en todo el país.

En conclusión, si se hiciera un mapa del consumo global, podría concluirse que existe una franja de la sociedad con ahorros y capacidad para aprovechar las “posibilidades” que se le abren.

Una de ellas son los viajes al exterior de la mano del atraso cambiario. Prueba de ello es la salida de u$s11.000 millones del año pasado.

Esa “fuga” alarma a algunos economistas, como Carlos Melconian, que pidió un tipo de cambio más alto para esos viajantes, ya que profundizan el llamado “déficit de cuenta corriente”, que no es otra cosa que las divisas que Argentina necesita para pagar la deuda externa, sostener su rojo comercial y la salida de dólares por turismo.

En palabras de Juan Manuel Primbas, analista de la consultora Kantar World Panel, el boom en las ventas de autos responde a un “efecto precios”. Es decir, consumidores que aprovechan que los valores de los autos subieron menos que la inflación en los últimos años.

Lo propio puede argumentarse con las notebooks. Para algunos, se trata de la misma cantidad de aparatos que se traían desde Chile o Miami y pasaron a adquirirse localmente tras el abaratamiento que generó la quita de impuestos de importación.

A esto se suma el boom de hipotecarios, con créditos que se duplicaron el último año y permitieron que enero de 2018 se haya constituido en el mes de mejor performance de la última década, medido en escrituraciones apalancadas con préstamos bancarios.

La respuesta está en la pirámide
Una decisión tomada por la gigante del consumo masivo Unilever ayuda a comprender lo que está sucediendo.

Lanzó una cuarta marca de jabón para lavar la ropa en respuesta a la irrupción de jabones “truchos”, que se venden en las calles o “sueltos” en almacenes de algunas barriadas populares.

¿Con qué intención? recuperar a los consumidores que dejaron de comprar en comercios tradicionales, luego de que la inflación les redujera el poder adquisitivo y los desplazara al mercado informal para adquirir artículos de baja calidad.

Otro caso notorio de reacción ante la retracción de ventas fue el de Carrefour: en respuesta a la pérdida de clientes que emigraron a canales alternativos, relanzó la estrategia de “precios corajudos”, por la cual mantiene invariable los precios de 1.300 productos de marca propia desde agosto pasado.

Pese a ese “esfuerzo” para subir las ventas, ha tenido que aplicar políticas de ajuste y se encuentra en un proceso de cierre de algunos puntos de venta y despidos masivos.

Otro síntoma del cambio de contexto es el de Walmart, que debió incursionar en el segmento de las ventas al por mayor, formato al que recurrió en forma masiva la clase media en los últimos dos años, atraída por la posibilidad de ahorro.

El retroceso del consumo masivo no se limita a los supermercadistas: también pega de lleno en importantes alimenticias del país, como Arcor y Molinos, que experimentaron fuertes caídas en sus márgenes operativos.

Un indicio sobre este consumo “bipolar” lo da el hecho de que, mientras cae el consumo masivo crece fuerte el de bienes durables y el turismo al exterior, señalan desde Kantar.

De acuerdo con la consultora, esos sectores de “bajos” ingresos que en 2016 sufrieron un recorte consumista (de hasta 8%) no lograron recuperar casi nada de lo perdido al año siguiente, pese a la leve recuperación económica.

Es más, según Kantar, la denominada clase “media baja” y el sector “bajo superior” (trabajadores independientes y grupo de los asalariados formales), que en total engloba a seis de cada diez familias, vieron cómo su consumo siguió declinando.

Según Kantar, los únicos que pudieron consumir por encima del nivel de 2016 fueron las familias de ingresos más bajos (trabajadores informales y jubilados de menores haberes): registraron una mejora del 3% tras una pérdida de 8% el año anterior. Nada para festejar.

Mariela Mociulsky, directora de Trendsity, especializada en consumo, echa claridad sobre el “consumo bipolar”: “Los sectores medios bajos y bajos se vieron obligados a reconfigurar sus tipos de compra, a raíz de la pérdida de poder adquisitivo”.

Debieron restringirse a lo imprescindible y, en todo caso, concentraron sus ingresos para asegurarse la salud y la educación“, afirma, en diálogo con iProfesional.

Mociulsky cuenta que en las últimas investigaciones detectaron que para explicar la caída del consumo masivo hay que ponerle el ojo al comportamiento de la “clase media-media y a la clase media baja”.

“Son los que les cuesta mantener el consumo. Se enfocan en lo imprescindible porque advierten que están en un período de incertidumbre. Sienten temor a perder el trabajo o a seguir resignando capacidad de consumo”, señala la experta.

La clave del ajuste hay que buscarla en el impacto por el aumento de las tarifas de los servicios públicos, incluyendo al transporte.

Fue lo que llevó a que, según una reciente encuesta de Ipsos, siete de cada 10 familias hayan tomado medidas de reducción presupuestaria para la canasta mensual. Las conductas más típicas fueron la adopción de marcas más baratas en alimentos y el recorte de compras en indumentaria.

¿Un fenómeno pasajero?
El riesgo, justamente, es que esta foto que muestra un retroceso del consumo masivo desde 2016 se cristalice.

El Gobierno tomó la decisión de que los salarios hagan de ancla inflacionaria en 2018, al propiciar alzas con techo del 15% contra una inflación esperada cinco puntos más arriba.

En esa estrategia, el peligro es que el consumo -responsable del 67% del PBI- quede planchado y le ponga freno a la actividad económica.

Otro relevamiento, de Trendsity, brinda un panorama similar: 54% de las familias reconoce que “no le sobra nada” cuando llega fin de mes. En otras palabras, no disponen de capacidad de ahorro.

A partir de esta situación, 9 de cada 10 consultados admiten que “tendrá que disminuir su consumo -en alguna de las categorías- durante los próximos seis meses” completa.

En el “Top 5” de los “gastos superfluos” aparecen: salidas y entretenimiento fuera del hogar; turismo; renovación de electrodomésticosindumentaria y calzado; y los arreglos en el hogar.

Se trata de una estrategia defensiva, en un contexto de aceleración inflacionaria -con salarios que, en su mayoría, han quedado viejos y que corren por detrás de los precios.

A esta altura, cuando recién finaliza el verano y todavía queda la mayor parte del año por transitar, la única opción de levantar el consumo masivo es que los salarios le ganen a la inflación.

Un escenario que nadie está previendo. Todo hace suponer que el consumo bipolar -la grieta del consumo- se profundizará en este 2018.

Iprofesional

Marcas argentinas cambian ante el “new normal” del consumo: cuidado personal, compra racional y “permitidos”

El concepto de “nuevo normal” viene de su versión en inglés “new normal” que alude a todo aquello que comienza por ser una novedad y luego se va transformando en un estándar de comportamiento.

Supone que una conducta, que en un principio se concentra y desarrolla en una élite, alcanza un grado de masificación importante como para convertirse en un parámetro de amplio espectro, o sea, se “normaliza”. 

El tema de las marcas propias, es decir, las que promueven las propias cadenas de retail, también está siendo una cuestión fundamental para los nuevos parámetros de consumo.

Ya no se trata de considerarlas como opciones baratas de ocasión para los tiempos de crisis sino como alternativas inteligentes para esquivar los gastos superfluos que se suponen están implícitos en las marcas tradicionales de consumo masivo.

Es una tendencia que se plantea fuerte en los mercados maduros de Europa, donde se trata de evitar cualquier cuestión que se asocie a lo excesivo.

Las empresas argentinas empiezan a sentir que esos hábitos, que antes correspondían a minorías, ahora pasaron a ser el comportamiento promedio.

Esto plantea un desafío a sus estrategias de planificación, de posicionamiento y de marketing. Para ello, se está analizando con lupa la experiencia en aquellos países que lideraron la tendencia.

Según detalla la consultora Nielsen hay un gran proceso de cambio en marcha a nivel global.

“Existe una revolución en el consumo y esto va a afectar a la industria de la alimentación en todo el mundo por los próximos cinco años de un modo nunca visto. Nos referimos al desarrollo de marcas propias del retail y al desafío que esto representa para los fabricantes tradicionales”, afirma.

A nivel local, aún en contextos de crisis, se suelen adoptar tendencias propias de economías más desarrolladas, porque el consumidor local es permeable a las prácticas más maduras.

Según un informe de Kantar Worldpanel “un tercio de los argentinos están muy preocupados por su salud y recientemente cambiaron sus hábitos nutricionales y este fenómeno ocupa el cuarto lugar de las preocupaciones, justo después de la inseguridad y la inflación”.

En este sentido, ya deja de ser un tema “de moda” y pasa a ser una cuestión prioritaria. Y las marcas no pueden estar ajenas.

Ya no se trata de una cuestión de si un producto es “light” o “dietético”, un concepto surgido en la década de los ’80 más bien ligado a un interés de combatir el sobrepeso, y que ahora parece superado. La nueva tendencia tiene que ver con un concepto más amplio de “cuidado”.

En este contexto, el paradigma de “cuidarse” dejó de ser algo restrictivo y amplificó su sentido. Es cuidar el cuerpo, cuidar la billetera, cuidar el bienestar logrado, cuidar el medio ambiente, cuidarse uno y cuidar al prójimo -al menos al más cercano-. En definitiva, cuidar la propia vida. 

En este contexto, los expertos empiezan a detectar que los cambios de hábitos de los consumidores ya no pueden explicarse apenas por los altibajos coyunturales del ciclo económico, sino que obedecen a tendencias más profundas y de largo plazo.

De hecho, un dato que surge de las investigaciones es que esta “nueva normalidad” va ganando terreno en todos los sectores sociales y crece aun a contrapelo de las posibles recesiones. Son valores que se van abriendo camino y cosechan adeptos de modo transversal y horizontal en la sociedad.

Así, cuidarse es buscar la eficiencia pero no de manera mezquina, sinosiendo inteligentes en la racionalidad del consumo.

En este nuevo escenario ya se consolidan algunos comportamientos:

-Los alimentos cuanto más saludables mejor, porque hay que cuidar el propio cuerpo.

-Las marcas propias de los supermercados son bienvenidas, porque pueden ser una buena alternativa, no tan costosas en relación a las llamadas “primeras marcas” pero igualmente de calidad.

Y por otra parte, también hay lugar para “darse el gusto”, para lo que se conoce como “los permitidos”, esos espacios donde se prioriza el placer por sobre todo y esto también tiene que ver con la consciencia de finitud, con la premisa de que “la vida es ahora” y también es importante disfrutarla en el presente.

La vida “extra large” y ahora
Cecilia Alva, directora de Kantar WorldPanel, en diálogo con iProfesional, brinda un claro panorama de este momento del consumo.

“Hay una preocupación que se asocia a que si mi vida es más larga que antes, en relación a lo que era hace 50 años. Entonces mi cuerpo es importante y eso genera mayor consciencia sobre la alimentación“, señala.

Según las mediciones de la consultora “el 40% de las mujeres eligen recetas que brindan una nutrición balanceada”. Y esta tendencia pone en foco a las marcas como principales depositarias de una responsabilidad ante el consumidor.

“La educación es un territorio donde las empresas deberían centrarse, ya que así se incrementa la confianza y lealtad en cada punto de contacto”, puntualiza Alva.

Y no se trata solamente de tener recursos económicos. En Argentina, según detallan los expertos de Kantar Worldpanel, hay una preocupación transversal por este tipo de problemáticas.

“Hay que disponer de tiempo para armar la comida, para cuidar la dieta. Las marcas tienen un rol importante porque pueden inventar y desarrollar productos que acompañen ese proceso dando opciones más saludables.”

Y, agrega Alva, se empieza a detectar que el consumidor percibe cierta obsolescencia en las categorías del tipo “bajas calorías”, “diet” o “light”.

“Nosotros distinguíamos que saludable no es solo bajas calorías. Antes existía el concepto de diet. Saludable tiene que ver con su composición, si no tiene gluten, que no es solo una restricción para celíacos sino que también se impone en otros sectores, que no tenga grasas trans, que tenga menos sodio. Está claro que hay una mirada sobre los ingredientes para saber qué se consume y saber que uno se está cuidando”, señala.

Las etiquetas con lupa
Las etiquetas dejan de ser ahora solamente un tema estético para convertirse en un elemento que juega un papel trascendente. 

“El 71% de los argentinos lee la información nutricional antes de comprar un producto y, en los últimos cinco años, los productos azucarados están cada vez más en la mira. Por otra parte, el 70% de las personas está optando por reducir la cantidad de grasas que consumen, al tiempo que un 50% quiere reducir la ingesta de sal”, puntualizan desde Kantar Worldpanel.

Claro que, al mismo tiempo, los gerentes de marketing tomaron nota de que hay oportunidades de negocio en esa nueva categoría que se generó: los “permitidos“, que implica un placer dosificado y en la medida justa.

“La gente va haciendo elecciones y va balanceando. Las marcas pueden identificar en qué momento de consumo puede haber una oportunidad. Darse el gusto con un snack, aunque tenga grasa, sal o azúcar, también está bien visto dentro de la cosmovisión del consumo actual”, explican.

Así, gana terreno la lógica de la indulgencia, todo sin perder de vista que la vida es única y es finita.

El mejor exponente
El producto insignia de este nuevo perfil de consumidor es el Chocoarroz, la marca nacida de un emprendimiento familiar que abrió todo un abanico de productos nuevos baja la consigna de disfrutar sin dejar de cuidarse. Según Alva, es un claro ejemplo de un desarrollo inteligente para los tiempos que corren.

“Hay que identificar los espacios que resuelven las necesidades de las personas acompañando los diferentes momentos de su vida. Incluso se lanzó en plena crisis y lograron agregar un valor increíble al producto base del arroz para convertirlo en una marca con un fuerte sello”, sostiene.

Tanto es así que ya es conocida la historia de que fue comprada por Molinos y la marca pasó a formar parte del mundo Gallo desde 2012. Y los números demuestran cuánta sintonía se da con el mercado.

“Utilizando Gallo Snack como masterbrand (marca principal), se lanzaron seis nuevos productos en el transcurso de cinco años. A pesar del contexto económico desafiante, la línea extendida logró incrementar el volumen 36% en los últimos 24 meses, reclutando nuevos compradores e intensificando su consumo”, concluye.

Iprofesional

La era del consumo “low cost” en la Argentina: un primer pronóstico prevé suba de 0,7% y más cambio de hábitos

El consumo masivo en la Argentina también entró en modo “low cost”, a tono con la idiosincrasia interna y los días que corren. La perspectiva de crecimiento del consumo masivo para este año es de 0,7%, según el pronóstico de Kantar Worldpanel elaborado en conjunto con Ecolatina.

Por lo pronto, esto confirmaría que el consumo estará lejos de ser la “locomotora” del crecimiento económico, ya que las expectativas del crecimiento del PBI -aun las más pesimistas- se ubican bien por encima de ese número: 3% la meta oficial y en torno del 2% para las consultoras privadas.

Aun así, los expertos afirman que esta proyección de 0,7% para las compras minoristas tampoco está asegurada y hay margen para un recorte. El mercado se está comportando de un modo tan volátil que todo puede modificarse en los próximos meses.

Así lo expresó Federico Filipponi, director comercial de Kantar Worldpanel, durante la Jornada que la consultora realizó con el objetivo de que las marcas puedan encontrar a los nuevos consumidores que imponen los tiempos modernos.

El hecho de que el consumo sea “low cost” no responde sólo a la coyuntura política doméstica, como el hecho de que ante una inflación rebelde y en plenas paritarias el Gobierno esté presionando para que los salarios hagan de “ancla” de los precios. Sino que también esta situación también se explica como parte de una tendencia mundial, con modificaciones en los hábitos de compra, que también se replican localmente.

Por eso la expectativa de crecimiento de consumo de 0,7% es, podría decirse, optimista, si se advierte que el año arrancó con una caída de 2% en volumen, iniciando así el tercer año con retracción de manera consecutiva. Y que 2017 finalizó con una baja de 1 por ciento.

El informe de Kantar reveló otros datos, algunos más preocupantes que otros, en cuanto a los comportamientos registrados por parte de los compradores. En primer lugar, retrocedió un 6% la frecuencia de visitas al punto de venta, cayó un 9% la venta en el canal mayorista, cuando en 2017 consolidó su opción como canal de compra dada la percepción de precios más bajos, y un 75% de las categorías perdió compradores.

Este último aspecto enciende luces de alerta.

Para llegar al 0,7% de proyección de crecimiento de consumo para 2018, esta vez Kantar trabajó en conjunto con Ecolatina. El consumo se viene comportando de manera tan volátil, que desde la empresa consideraron necesario poner en juego nuevas variables para llegar a escenarios más acertados.

“En los últimos 18 meses no logramos acertar un pronóstico“, admitió durante su presentación Juan Manuel Primbas, director general de Kantar Worldpanel cono sur. Y semejante reconocimiento no hace más que mostrar la complejidad de la situación que presenta la Argentina.

Por eso, las mediciones que permitieron elaborar el pronóstico actual -que será revisado en tres meses- contó con datos aportados por Ecolatina, que evalúa aspectos a nivel más macro, y también con la consultora W, de Guillermo Olivetto. Una muestra, a su vez, de que no sólo se hace necesario ser más preciso en las mediciones sino que el mercado que adquiere los informes ya no es tan grande y obliga a varios de sus actores a trabajar de manera conjunta.

Para llegar a este primer pronóstico de crecimiento de consumo de 0,7% para el año se pusieron en juego variables con índices positivos y negativos, en simultáneo.

Entre los positivos se destacan:

 -Una proyección de 1,3% de crecimiento en el empleo privado.

-Incremento de 4,2% en las jubilaciones y de 1,5% en las AUH y asignaciones familiares.

-Suba de más de 4% del empleo no asalariado.

Entre los negativos, pesan:

Crecimiento de 42% en los servicios públicos.

-Salario real que en el sector privado no crece.

-Salario real que en el sector público cae 1,5 por ciento.

Finalmente, hay algunos factores que pueden ser positivos en el largo plazo, porque alude a compras de bienes durables, pero que en el corto plazo suponen un desvío de ingreso familiar que resiente el consumo masivo:

-Mayor consumo de electrodomésticos y autos, con crecimiento estimado en 15%.

Mayor adopción de créditos hipotecarios y prendarios.

Perspectivas de mejora bajo la lupa
“Los ajustes estructurales impactan fuerte en la base de la pirámide, especialmente en el rubro transporte”, destacó Filipponi. Así, mientras el impacto por esas subas es de 7% en el sector de ingresos más bajos (equivalente al 17% de la población), y de 4% en el medio bajo (33% del total de la población), es de 1,5% en el estrato medio bajo (28% de los argentinos) y de sólo 0,5% en el segmento medio alto y alto, equivalente al 22% de la población.

Pero que se consideren como “negativos” factores como la mayor adopción de créditos o de adquisición de bienes durables muestran que hay dinero en circulación, y que cuando esa disponibilidad se está corriendo a segmentos que, hasta hace unos años, no tenían tanto peso en un esquema de consumo.

Por esa razón, las perspectivas de mejoras en este aspecto no sólo son relativamente bajas sino que irán ascendiendo de manera paulatina a lo largo del año. En la previsión de Kantar, la historia se dará de la siguiente manera:

 -Crecimiento de 0,3% en el primer trimestre.

-Avance de 0,8% en el segundo trimestre.

-Suba de 0,6% en el tercer trimestre.

-Un salto de 1,3% en el último cuarto de 2018.

Este no es un dato menor. A diferencia de lo que ocurrió con 2017, donde los últimos tres meses fueron positivos y enero arrancó para abajo, en 2019 las cosas comenzarán mucho mejor. Se prevé, con el escenario actual, un avance de 1,8% para el primer trimestre, y un soñado 2,5% para el segundo trimestre. Más allá es difícil de ir. Pero sólo hay que imaginarlo con la mira puesta en las elecciones de ese año.

Antes de llegar a 2019, las categorías que mejor comportamiento tendrán este año serán:

Bebidas con alcohol, con suba de 2,3%. El mayor avance será protagonizado por las cervezas.

-Bebidas sin alcohol avanzarán 1,5% al igual que las infusiones.

-Cuidado del hogar crecerá 1,1 por ciento.

-Los lácteos, que fueron uno de los rubros que peor desempeño tuvo en 2017, promete crecer 1%, por encima inclusive del promedio estimado hasta ahora.

-Los productos secos, como fideos, arroz y similares, tendrán alzas de 0,5%.

Cuidado personal caerá 0,1%. Se trata de una categoría muy desarrollada en la Argentina razón por la que obligará, en la perspectiva de los especialistas, a reformular ciertas estrategias.

Prioridades diferentes
Frente a estas estimaciones es que las marcas deberán encarar nuevas ideas para salir a capturar a esos consumidores que, cuando tienen un peso de más, lo destinan a lo que mejor les convenga: alimentos, cuando se trata de los segmentos de menores ingresos, viajes y/o bienes durables, cuando se tratan de segmentos medio y altos.

Así, mientras el consumo masivo en el sector bajo inferior tuvo un crecimiento de 3% en 2017 y de 6% en los últimos tres meses de ese año, en el de más altos ingresos fue de menos 2% para el año y de 2% positivo en el último trimestre de 2017.

Pero los que lo traccionan son los segmentos medio y bajos, y no es que no están consumiendo, sino que lo están direccionando hacia otros sectores, como se dijo, pero no a cualquier costo. Los compradores ya no están dispuestos a pagar cualquier precio por un producto. “Hay un fuerte foco de los consumidores en la racionalización del gasto. No es que no hay plata”, enfatizó Primbas.

Y destacó que en 2017 unos 4,6 millones de argentinos viajaron al exterior y gastaron u$s10,6 millones, un 25% más que en 2016.

“Se ve esta dualidad en el consumo masivo. Hay quienes restringen gastos para orientarlos hacia nuevos consumos y quienes lo ajustan por necesidad. Además de estar estancado, el consumo está priorizando otras cosas”, añadió.

Comparó, en un punto, la situación local con lo que ocurre en el mundo, donde el consumo global tampoco crece y apenas avanzó 1% en 2017. “Tenemos que adaptarnos a estas nuevas tasas de crecimiento. Es esta nuestra nueva normalidad”, subrayó el director general de Kantar.

Esta nueva racionalidad que experimenta el consumidor es reflejada en el surgimiento de tiendas de bajo costo en el mundo, tales como la sueca IKEA en el mundo de los muebles para armar, y la francesa Decathlon en el de la ropa deportiva, entre otras. Más cercana a nuestras pampas, la aerolínea Flybondi apunta en esa dirección.

“De las 10 marcas que más crecen, cinco corresponden a las de más bajo precio: Manaos, Tregar, Satur, Nosotras y Emeth“, ejemplificó Primbas, razón por la que también los canales mayorista y los llamados discount, se llevan las preferencias a la hora de elegir en dónde comprar.

A esto se suma que el 50% del segmento bajo superior, que aglutina al 33% de la población, no cree que habrá cambios en las situación económica familiar ni en el corto ni en el largo plazo, razón por las que las marcas tendrán que seguir con atención no sólo el comportamiento de este grupo sino de qué manera seducirlo para no seguir perdiendo participación.

Y esto es porque el informe apuntó que desde hace tres años, este segmento compra tres categorías menos y adquiere un 10% menos del total de productos que hace tres años.

En este escenario, los únicos retailers que crecen son ChangoMas, Jumbo y La Anónima, aunque sobre estos dos últimos pesan cuestiones particulares: foco en el grupo de más poder adquisitivo en el caso del primero, y predominancia regional inigualable en el caso del segundo, fuertemente concentrado en la región Patagónica.

“El crecimiento está en lugares incómodos -disparó Primbas- Depende de juntar muchas pequeñas partes para adaptarse a esta nueva normalidad”. La del consumo low cost.

Iprofesional

“Las marcas propias de los supermercados ayudaron a frenar la caída de las ventas en el último tramo de 2017”

Las marcas propias de los supermercados frenaron la caída en volumen que sufrieron los supermercados durante casi todo 2017. Esto se debió a que en el último trimestre del año, estas marcas crecieron un 12% en volumen, el mejor resultado obtenido en los últimos tres años.

Al proyectar el comportamiento de este segmento a lo largo del año se observó que la participación que ganaron las marcas propias en el changuito alcanzó un 9% en total, según datos de Kantar Worldpanel.

Este grado de participación parece haberse alcanzado luego de que, en el segundo semestre del año las distintas cadenas inauguraron diversas estrategias comerciales tendientes a frenar la caída en las ventas de los productos de consumo masivo.

Cada una de ellas puso en marcha diversas acciones. Carrefour y Walmart se mostraron como las cadenas más activas, aunque todas los supermercados diseñaron diversas estrategias, algunas concentradas sólo en pocas categorías de productos, otros con un enfoque más amplio.

Carrefour hizo lo suyo con los Precios Corajudos, orientada a congelar los precios desde agosto y hasta el pasado 31 de enero. Pero antes de que llegara el fin de ese mes extendió la promoción hasta finales de abril.

Walmart hizo lo propio con Great Value, compuesta por un portfolio de más de 400 productos que se ofrecen a valores un 20% por debajo de artículos de otras marcas.

Y en sentidos similares se ubicaron también las propuestas de Grupo Cencosud (Jumbo, Disco y Vea) y de otras cadenas como Coto y DIA.

Las marcas propias de los supermercados crecieron, entre octubre y diciembre de 2017 un 12% en volumen, aseguró un informe de Kantar Worldpanel. Y su participación superó ampliamente el dos por ciento que creció la canasta de consumo masivo en ese período, agregó el reporte.

Así, ocho de cada 10 hogares argentinos compraron al menos un producto de este tipo de marcas durante el último trimestre de 2017.

Las marcas propias alcanzaron el máximo histórico de participación en la canasta de consumo masivo, llegando al nueve por ciento del total vendido. 

Las cadenas que se ubican, de acuerdo a datos propios, por encima de ese promedio son, una vez más, Walmart y Carrefour. La primera ostenta un 13% de participación de sus marcas propias en el changuito, mientras que la francesa logró, antes de fin de año, una participación de 11,5 por%. La extensión de las distintas promociones podría arrojar, hacia adelante, todavía mejores cifras.

“Sin embargo, la importancia de las marcas propias es todavía baja en el mercado local comparada con la media global y Europa, donde su participación está en 14% y 35% aproximadamente, con esto, podríamos esperar un desarrollo mayor de este tipo de marcas si se da la recuperación del canal moderno”, sostiene Filipponi.

Algunas cadenas apostaron fuerte para competir mejorando el posicionamiento de precio de estos productos, y finalmente el incremento en los precios fue aproximadamente la mitad al registrado por el promedio del mercado.

“Una muestra de la búsqueda de conveniencia mediante las marcas propias es que el crecimiento no se registra solamente en hipermercados y supermercados, sino que es extensivo al canal mayorista, con lo cual estamos viviendo una búsqueda de conveniencia extrema por parte del consumidor”, explica Filipponi.

Entre los rubros en los que se registran una mayor cantidad de compradores para las marcas propias se encuentran los sectores de alimentos secos y cuidado del hogar, mientras que entre los menos desarrollados se encuentran las bebidas con alcohol, infusiones, cuidado personal y bebidas sin alcohol.

Antecedentes que echarán raíces
Para este año se prevé que las políticas comerciales de las compañías se mantendrán en la misma dirección.

Desde las distintas cadenas aseveraron que seguirán incorporando nuevos productos durante 2018, en varios casos para llegar también a acaparar el interés en las líneas premium, y responder a nuevas tendencias de consumo. Por caso, se prevé que se diseñen productos de marca propia para las categorías de orgánicos, aptos para celíacos y sin gluten, entre otros.

En un contexto marcado por la inflación, donde los productos no parecen tener precio, las cadenas buscarán, justamente, anclar los valores de referencia a partir de sus líneas de productos propias.

Todo esto se dará en un contexto donde el consumidor, como ya se dijo, no tiene reparos en dejar de lado las primeras marcas si encuentra en la del supemercado un artículo que ofrezca una buena relación precio-calidad.

De modo que, vistos los resultados obtenidos, y dadas las actuales circunstancias económicas, donde el aumento de tarifas y dólar impacta directo en el consumo, a lo largo de 2018 seguramente se implementen nuevas estrategias tendientes a posicionar las marcas propias que se apoyan en el marketing de la calidad y el precio. Un aspecto más que válido en una Argentina totalmente inestable.

Iprofesional

“El consumidor del 2018: no será como el de 2016, pero tampoco como el de 2014”

El consumidor del 2018: no será como el de 2016, pero tampoco como el de 2014

En los últimos dos años se fueron transformando de forma gradual elementos clave de la lógica de consumo en la Argentina. Y eso explica por qué hoy la vuelta lenta –o demasiado lenta– al consumo es distinta a la que las empresas y las marcas estaban acostumbradas.
Solo con ánimo de spoilear lo que se viene a continuación, esta transformación estuvo en gran parte vinculada con un escenario económico local mucho más restrictivo; pero también estuvo relacionada con otras variables más “macro” y menos “bolsillo”.

Estuvo influida por el cambio de lógica en el vínculo entre el poder/Estado y la ciudadanía, con la reasignación de responsabilidades públicas y privadas, y con cambios en la oferta de marcas. Con marcas que acompañaron y marcas que no.
Pero, tal vez es mejor contar la historia en orden cronológico…

Lo que pasó

A fines de 2014, se pasó de un Estado paternalista y “protector” que se mostraba más enfocado en los problemas del día a día y que, para cada uno de ellos, generaba una solución “momentánea”,  a un Estado tutor  y “técnico”. Un Estado de estilo racional, que busca resolver las dificultades con soluciones más de largo plazo. “Haciendo lo que hay que hacer”.

Hoy, fruto de este cambio de lógica institucional, las problemáticas cotidianas quedan relegadas a la esfera privada. Estamos viviendo un presente con más exigencia individual, con mucho más peso en la persona y menos responsabilidad en el colectivo.
Y eso trajo fuertes consecuencias sobre cómo la gente opera su consumo. Si durante el kirchnerismo, y coincidiendo con las tendencias globales, el consumo construía identidad y te convertía en parte del conjunto social, hoy la lógica es otra.

No es casual que, espejando este cambio, la arquitectura de marcas públicas durante el kirchnerismo apuntó a consumos y disfrutes del presente: Ahora 12, Precios Cuidados, Fútbol para Todos. Mientras que la propuesta de “consumo” del macrismo se ancla en esquemas a futuro, como créditos hipotecarios o programas de desarrollo para emprendedores.

Y esta lógica de la escena de los bienes públicos domina la escena de los bienes privados.
¿Qué significa esto? Significa que antes las personas comprábamos un televisor de 52 pulgadas y lo exhibíamos orgullosamente. Mientras que hoy, si bien persisten las ganas, tengo que explicarme a mí y explicarle al mundo después por qué lo hago. Hacen falta justificaciones personales y después sociales para consumir.

Y esto no es un dato menor, esta necesidad de justificación y restricción coincidió con un bolsillo ajustado y con expectativas de que se siguiera ajustando. El cuidarse era algo que el consumidor necesitaba hacer. Hasta acá el “recorte” tenía su justificación material.

Lo que se viene

Lo extraño o lo curioso es que ya en la última parte del 2017 y en lo que se espera de 2018, no pareciera ser tan así. Al recorte se le están “reduciendo los argumentos”. Lentamente se están recuperando variables macro del mercado interno y del consumo como empleo, salario, créditos hipotecarios. Y, sin embargo, el consumo no parece recuperarse. Está lejos de volver a sus años dorados.

¿Miedo? ¿Expectativas negativas? ¿Prudencia preelectoral? Sí a todo, pero no necesariamente o no absolutamente.

A grandes rasgos, lo que pasó en estos dos años parece ser más que un ajuste temporal de cinturones, se acerca mucho más a un cambio de valores y prácticas. Un cambio no sedimentado, pero con algunas razones para mantenerse al menos en el mediano plazo.

¿Qué razones? Primero, el cambio de discurso, valores y prácticas respecto del consumo es parte del ADN de Cambiemos, felicidad del mercado interno mediante. Forma parte de la receta propuesta para dejar atrás el “cristinismo” del puro presente, de la economía de confort diaria. La racionalización del consumo, el esfuerzo de cada uno de los argentinos es condición necesaria desde la ecuación del Gobierno para empezar a construir las bases para un país con mirada a futuro y con proyecto e inversiones de largo plazo.

Segundo, porque los consumos individuales empiezan a teñirse un poco de esa lógica de futuro.  Y se empiezan a habilitar, defender y proyectar compras que tienen un contenido libidinal de más largo plazo. Se cambia el disfrute del corto plazo por el acceso a créditos hipotecarios, el cambio de vehículo, etc.

Tercero, y esto es importante, cambió el set de marcas que entran en consideración al momento de comprar. El argentino no dejó de ser marquista, pero incorporó –sin vergüenza, ni angustia- otras opciones.

¿Qué pasó? Se combinaron dos cosas; por un lado, las grandes marcas que durante la última década habían acompañado el proceso de expansión del consumo no supieron acompañar a la gente durante el recorte. Estuvieron auto-centradas en su propia pérdida de rentabilidad y corrieron su mirada de lo que le pasaba a la gente.

Y, en paralelo, aparecieron las segundas marcas con branding y estrategia. Marcas como Querubín o Día%, marcas como Marolio o Don Satur. Segundas marcas que no son como las segundas marcas de antes. Son segundas marcas que no apuntan a “pasar el invierno”, a ser la opción de los sectores bajos o de momentos de crisis que después se abandonan.

Estas marcas apuestan a la disponibilidad física (distribución) y a la disponibilidad mental (awareness y vínculo emocional). Cubren los requisitos de funcionalidad racional y emocional y, por eso, irrespetuosamente ponen en jaque la ecuación de las primeras marcas.

El marketing –en su correcta expresión– dejó de ser monopolio de las marcas líderes, que no entendieron qué le pasaba a la gente, y las segundas marcas hicieron de su “core value” una lógica de posicionamiento.

Paréntesis antes de avanzar: como toda norma hay excepciones. Sí hubo primeras marcas que entendieron el cambio de lógica. Marcas como Carrefour o La Serenísima que están dando pistas de cómo operar en la Argentina, acompañando no solo con precio, con promociones o con productos y con valores.

Y cuarto, y amplificando lo que pasa con las marcas, la gente está más crítica. Esta combinación de cinismo y exigencia es en parte una cuestión de época y es en gran parte el resultado de malas experiencias. De promesas que no se cumplieron. De abuso de precios, de pérdida de calidad, de deterioro en el servicio.

En síntesis: la gente quiere consumir. Y en ese punto no hay que equivocarse, el argentino sigue siendo consumista, pero no va a volver a consumir como lo hacía antes. Ni cualitativa ni cuantitativamente. La arquitectura de razones por la que consumieron en los últimos doce años no tiene nada que ver con la arquitectura de razones por la que van a volver a hacerlo.
Este cambio de valores respecto del consumo no es estable, pero tiene razones de peso para mantenerse en el mediano plazo.

Y, sin herir susceptibilidades pero alentando incomodidades, vale decir que la gran mayoría de las marcas y de las empresas del mercado van a tener que hacer el esfuerzo de reaprender el código, así como lo hicieron después del 2001.

Revista Apertura

“Consumo masivo 2018: apuestas y desafíos que le esperan al sector”

Consumo masivo 2018: apuestas y desafíos que le esperan al sector

Las oficinas de las industrias productoras de artículos de consumo masivo vuelven a llenarse tras el regreso de vacaciones. Y tras un 2017 peor al esperado, se arremangan para levantar vuelo. En el plano interno, los principales ejecutivos del sector, entrevistados por El Cronista, esperan que sus innovaciones impacten en los consumidores y procuran no repetir los mismos errores.

Pero dicen que no todo depende de la performance de las compañías, sino que necesitan de un mercado que las sostenga, políticas públicas que las acompañen y consumidores bien predispuestos.

En ese sentido, el panorama fue un tanto gris para el sector analizando el año que pasó. La canasta de consumo masivo cayó un 1% respecto de 2016, según el informe Consumer Insights de Kantar Worldpanel. Es que, durante septiembre, octubre y noviembre, se había registrado cierto nivel de recuperación que no continuó en diciembre, por lo que “no se logró cumplir con las expectativas de crecimiento proyectadas”, coinciden los ejecutivos.

En consecuencia, el análisis de Federico Filipponi, director Comercial de la consultora a cargo del informe, plantea que las expectativas para 2018 serán “no mayores a un 1% de crecimiento para el primer trimestre”. Explica además que una de las causas por las que diciembre no continuó con la tendencia positiva de meses anteriores fue “el comportamiento dispar de los diferentes sectores”. Tanto Bebidas y Cuidado Personal, que mostraban un comportamiento positivo, finalizaron el mes a la baja, con 2% y 5%, respectivamente, por lo que su año cerró prácticamente en cero. Lácteos presentó una contracción mayor a la canasta, de 5% en el último trimestre y una caída anual de 7% respecto de 2016.

Los sectores que mantuvieron su buena performance durante el trimestre lograron terminar el año con saldo positivo: alimentos secos con casi un 1% de crecimiento, y cuidado del hogar cerró en casi un 3% por encima del año anterior. Esto último se dio en línea con un incremento de precios menor al del total de la canasta. Como dato de color, durante el último trimestre, las marcas que mayor desarrollo alcanzaron fueron las propias de las cadenas. “Este efecto se da porque los consumidores buscan ahorro en sus compras y dentro de las cadenas las marcas propias se presentan como una opción para cuidar el bolsillo”, concluye Filipponi.

Con todo, la proyección de las grandes empresas de consumo masivo para 2018 es sumamente positiva. La mayoría coincide en que 2017 fue un año desafiante -para algunos con mayores mejoras que para otros- con ciertas adaptaciones al mercado y con un consumidor que planteaba nuevas exigencias. Por eso, algunos de los principales líderes del sector hablaron con El Cronista y manifestaron su opinión al respecto.

El sector, hoy

“El año que pasó fue extremadamente retador de la mirada de consumo, que siguió bajando frente una expectativa de retomada fuerte, en que las familias tuvieron que ajustar mucho su canasta”, define el Managing Director de la región en Johnson & Johnson, Leonardo Curado. Sin embargo, dice que, en la empresa, mantuvieron sus planes e inversiones, ya que confiaban en un escenario positivo de la Argentina hacia el futuro: “Estamos seguros de que la compañía adentrará más fuerte y preparada en 2018”.

En Kimberly-Clark, el vicepresidente de la región, Pablo Latrónico, se anima a opinar sobre el mercado y la coyuntura y califica a 2017 como “un año con un primer semestre donde comenzaron a vislumbrarse algunos síntomas de leve recuperación, más tardía para el consumo”. Explica que algunos obstáculos fueron los altos costos impositivos y también los altos costos en la cadena de valor, que terminan generando “un fuerte impacto” en el producto. Además, critica los “altos dígitos” de inflación. De todas formas, cuenta que para la empresa fue un año con mejoras en cuanto a ventas respecto de 2016, debido al “fuerte trabajo” que hicieron para innovar y mejorar el mix de ofertas al consumidor.

En ese sentido, el presidente de Unilever Latinoamérica, Miguel Kozuszok, confiesa que en la empresa han tenido que “aprender de un nuevo consumidor, más racional y cuidadoso al momento de gastar, quien busca maximizar la ecuación de valor”. Agrega: “Ha sido desafiante, pero, al mismo tiempo, gratificante poder acompañar esta nueva etapa en el país, adaptándonos a los cambios y llegando a los hogares argentinos con nuevas propuestas”.

A su turno, el CEO de L’Oréal Argentina, Marcelo Zimet, también califica a 2017 como “desafiante” por la dificultad para ganar participación en un mercado que “no estaba creciendo” y tenía una “inflación elevada”. Por eso, indica, la empresa desarrolla actualmente cuatro divisiones de negocio con nuevos modelos de trabajo y estrategias. A su vez, menciona el “proceso de transformación de la compañía”, que consta en hacer foco en la gestión de talento, digitalización y de-sarrollo sustentable. “Tanto en estos tres ejes, como en participación de mercado, hacemos un balance muy positivo del año que, afortunadamente, se reflejó en los resultados globales de la compañía que consideran a nuestro país como un mercado estratégico”, concluye.

Por su parte, Axel Gegenschatz, gerente general de la región en Cosméticos Avon, analiza: “La Argentina es uno de los mercados destino de las inversiones globales para implementar plataformas digitales que mejoren la comunicación entre las revendedoras y los clientes”. Por eso, dice, en la empresa dedican una “fuerte inversión” en canales tradicionales y digitales en la que apoyan las categorías de fragancias y color.

Las predicciones

En general, los líderes de consumo masivo son optimistas respecto del año que ya empezó a correr. Pronostican un 2018 positivo, con más expectativas que 2017, y con nuevas apuestas y proyectos. En esa línea, Kozuszok, de Unilever, comenta: “Proyectamos un 2018 con un cambio positivo de tendencia, acentuándose desde los primeros indicios de recuperación de consumo que comenzamos a ver”. El presidente de la región agrega que su plan será continuar siendo líderes en la agenda de sustentabilidad tanto desde el accionar como en su portafolio de innovaciones.

Kimberly-Clark cumplió 25 años en el país. Su vicepresidente en la región manifiesta que para este año van a apostar “siempre con la vara de la alta calidad” a incluir novedades en el portfolio “con un estilo de negocio regido por la ética y la responsabilidad. “Esperamos ver para 2018 una recuperación en el mercado del consumo masivo y seguir creciendo”, analiza.

La apuesta desde Johnson & Johnson, según cuenta su Managing Director, será expandir la oferta de salud y bienestar en el país, invertir en la mejora del sitio fabril local y en nuevos lanzamientos de productos. “Además de todo eso, seguiremos expandiendo nuestra actuación colaborativa con clientes, y servicios ciudades”, agrega.

Destinar los esfuerzos al crecimiento del canal de ventas es la meta de Cosméticos Avon para 2018. Para lograrlo, invertirán en tecnología destinada al desarrollo de “herramientas innovadoras”, que brinden a las revendedoras independientes una experiencia para emprender y desarrollar su propio negocio también en el canal digital. Así lo explica el gerente general de la empresa.

La firma cumple en 2018 su 55 aniversario en belleza e innovación: “Renovamos nuestro compromiso con la Argentina y esperamos mantener la tendencia de crecimiento en unidades y facturación, y seguir ganando volumen y participación en el mercado”, señala su CEO. Para lograr estos objetivos, cuenta, se basan en tres pilares: liderazgo de mercado con el desarrollo de las marcas actuales y grandes lanzamientos, aceleración digital, y responsabilidad corporativa. A su vez, la apuesta será invertir en infraestructura logística para crecer en el resto del país.

El rol de lo público

Uno de los aspectos en los que mayor coincidencia se observa respecto de la opinión del consumo masivo es respecto de las políticas públicas. Todos coinciden en que desde el Gobierno tiene que haber mayor control de la inflación, fomento de la competitividad y desarrollo de más puestos de trabajo. En ese sentido, Latrónico, de Kimberly-Clark señala: “Las políticas públicas orientadas a generar una atmósfera de seguridad y previsibilidad que favorezcan nuevas inversiones en el país permitirán impulsar y estimular a todos los sectores del mercado argentino”. Además, destaca la importancia de trabajar en el control de la inflación y en medidas que favorezcan la reactivación del consumo y la economía.

Lo mismo plantea el CEO de L’Oréal Argentina, quien señala particularmente hacia el control de la inflación y mejora de la competitividad. “Creemos en el aporte del sector privado para el crecimiento de la Argentina”, postula y dice que estimular la educación, enseñar una profesión y crear empleo son tres factores a los que “todos podemos contribuir”. “Esta articulación público-privada se ve plasmada en proyectos como ‘Belleza por un futuro’ de L’Oréal, que se realiza en articulación con distintos ministerios y secretarías, nacionales, provinciales y municipales, en conjunto con organizaciones del tercer sector, y pequeñas y medianas empresas de nuestro segmento”, ejemplifica.

En tanto, la prioridad para Unilever es que se desarrollen políticas públicas que estimulen la generación de puestos de trabajo inclusivos y mejorar las condiciones de empleo para así disminuir la informalidad. Otro aspecto que destacan es el trabajo sobre los ejes que incrementen la competitividad argentina “en toda la cadena de generación de calor”. Por último, mencionan las prácticas sustentables -tanto productivas como comerciales- “que generen un impacto ambiental social positivo y aporten al crecimiento del país”.

En tanto, desde Cosméticos Avon plantean algo distinto respecto de lo mencionado por el resto. Se trata del desarrollo de la mujer que, según Gegenschatz, “es clave para transformar realidades”. “En ese sentido, el trabajo que realiza Avon para la equidad de género en todos los ámbitos de la sociedad apunta a crear un mundo con mujeres más empoderadas que, a su vez, ayuden y empoderen a otras”, explica.

En conclusión, si bien 2017 fue un año con ciertas barreras para el sector del consumo masivo, los líderes apuestan por un 2018 con nuevos aires y proyectos innovadores. Además, buscarán captar a un consumidor hiper-racional en su consumo y esperan que el Gobierno encamine un escenario propicio para el crecimiento.

El desafío

Guillermo López, director de Consumo Masivo y Retail de Cognitiva, plantea que el mayor desafío que tienen las empresas hoy es conocer mejor a los clientes, proveerles ofertas, acercarles los productos que necesitan, cuando los necesitan y donde los requieran. Para esto, existen herramientas que recolectan datos, los estructuran en bases, los procesan, los analizan, y generan conclusiones sobre cómo accionar y qué resultados se pueden obtener. Ahí es donde la inteligencia artificial dice “presente”.

Por regiones

Según Kantar, el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) fue la responsable de una caída del consumo en 2017. Si bien la región terminó el año pasado con una expansión del consumo del 4% en el último trimestre, el total anual arroja una merma de 2%. En el interior, el volumen de ventas cerró sin cambios el año pasado, aunque registró una caída del 1% en diciembre.

El Cronista

 


Autor

Emiliano Schwartz

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