Archivo para 27 diciembre 2019

“El año del consumo low cost: el mayorista le saca provecho a la crisis”

En 2019, una de cada dos familias realizó una compra al por mayor para contrarrestar en parte la caída del poder adquisitivo. Las tiendas mayoristas, un sector en el que sobresalen Vital, Maxiconsumo, Diarco, Makro y Yaguar, sacaron provecho de la crisis y avanzaron varios casilleros frente a otras opciones de consumo masivo, como los supermercados, almacenes, ferias y autoservicios.

Una estadística de la consultora Nielsen destaca que “la canasta de artículos masivos en lo que va del año cayó un 13%”, pero los mayoristas registraron la menor caída: 1,7%. El despegue del canal, que tradicionalmente abastece a comercios chicos y medianos, no es nuevo y coincide con el inicio del gobierno de Cambiemos. Según Kantar, en 2015 los mayoristas terminaron el año con el 6% del mercado total de consumo masivo –alimentos, bebidas, cosmética y limpieza- y “hoy tienen el 9,5% de ese mercado y continúan creciendo”.

Para los entendidos, el consumo mayorista aumenta por varios motivos. Por un lado, los dueños de las cadenas profundizan la reconversión de los puntos de venta, por lo cual hoy hacen un doble juego: “No sólo abastecen a los almacenes y comercios sino también al consumidor final”, dice Javier González, analista de Nielsen. El otro aspecto tiene que ver con la recesión y la necesidad de contrarrestar la caída del salario. “La propuesta de precios de los mayoristas, contra los hipermercados, resulta un 20% más barato en el promedio de los productos de la canasta básica”, aclaró el experto.

Así las cosas, los mayoristas desplazaron a los hipermercados como el lugar ideal para efectuar las grandes compras mensuales, denominadas de abastecimiento. Y no parece algo circunstancial. Cerca del 10% de los consumidores pasa al menos una vez por el mayorista. “Esa base de clientes no se pierde más”, explica Eduardo Pochinki, presidente de Vital, una cadena con 20 grandes tiendas y que tiene 500.000 clientes mensuales. De ese total, “el 40% son consumidores finales”, dice Pochinki.

Los mayoristas ofrecen mejores precios, justamente porque venden al por mayor. La reconversión de las tiendas se aceleró en los últimos años para captar a un cliente que ajusta su bolsillo por la crisis y por las dificultades económicas. El formato achicó los bultos, incrementó su oferta de productos (incluso electrodomésticos), cuenta con varios medios de pago y líneas de caja, como en cualquier súper. “Igual, el mayorista tiene algunas limitaciones, por ejemplo, no se venden productos por unidad y hay que disponer de tiempo para realizar la compra”, aclaró Pochinki.

La mayor afluencia de público a los mayoristas resulta lógica no sólo por los esfuerzos de las empresas del sector. “Hay un nuevo patrón de consumo, que es un legado del macrismo. Esto va más allá de la crisis y se trata de la irrupción de la sensatez al momento de comprar”, argumenta Guillermo Oliveto, director de la consultora W “. Para el experto, la gente asume que las tarifas, “por más que ahora se congelen por 6 meses”, finalmente habrá que pagarlas, y que eso exige la reformulación del presupuesto hogareño.

Con respecto al gasto, Oliveto subraya que hoy prevalecen tres variables: sensatez, orden y control. “Y por eso se expande la lógica low cost, como las compras en el mayorista, las aerolíneas de bajo costo, las segundas marcas, la indumentaria fast fashion o value for many, o los premium outlets. Cuando uno lo analiza, el fenómeno es transversal y es la búsqueda de la mejor fórmula entre precio y calidad”, interpreta el consultor especializado.

Los entendidos sostienen que las compras mayoristas llegaron para quedarse. Es algo, añaden, que ocurre en casi todas partes del mundo, sobre todo en los mercados europeos. En la Argentina, la reformulación de las cadenas para captar al cliente minorista arrancó hace 5 años. Por eso es posible sacar algunas conclusiones, por ejemplo el tipo de compra según el perfil del cliente. En Vital, el ticket promedio de un comerciante ($16.900) más que triplica el gasto del consumidor final ($5.500).

Aunque no sea la única razón, la crisis les dio impulso a las ventas mayoristas, sobre todo después del tembladeral cambiario post PASO. El director de la consultora Focus Market, Damián Di Pace, explica que “el canal tuvo un comportamiento desdoblado”. Hasta septiembre, las ventas en volumen venían cayendo hasta 8%, pero en octubre repuntaron 4,4% y en noviembre, otro 6%. “El consumidor pasó de un comportamiento por reposición al stockeo, para anticiparse a las remarcaciones de precios”, dijo.

Pochinki asegura que entre los mayoristas existen diversas estrategias. Por caso, Vital apuesta a las marcas líderes, aunque las propias (S&P, Bonux, Carmel y Bon Mar) le representan el 10% de las ventas totales. Diarco, por su parte, además de reconvertir sus puntos de venta expande desde mediados del año pasado su red de locales de cercanía “Diarco Barrio”. Maxiconsumo tiene 7 marcas propias, entre ellas Marolio, Molto y Esencial, con la cual abarca casi todas las categorías de productos.

Su dueño y fundador, Víctor Fera, cuenta que su cadena acaba de inaugurar una sucursal en San Juan y que hoy totalizan 34. “Dentro de dos meses abrimos otra en Comodoro Rivadavia y tenemos previsto alcanzar las 50 en 2022”, enumeró el empresario al Económico. El consumidor final, en el caso de Maxiconsumo, representa el 30% del volumen total de ventas. “Apostamos a todos los públicos, porque nuestro negocio es vender”, resumió Fera.

Si bien el formato mayorista está en expansión, existen varias diferencias entre cadenas y localidades. Según el analista de Kantar Joaquín Oría, “las compras de volumen no son propicias para los hogares de bajos recursos ya que es un segmento que no puede afrontar grandes desembolsos”, dijo. Por otro lado, “el mayorista es más importante en las localidades del interior del país que en la zona AMBA”. Oría describe que en las provincias hay muchas tiendas mayoristas individuales, incluso algunas especializadas por rubro, “como limpieza o perfumería”.

Los supermercados están al tanto de los cambios de hábito. Carrefour, por caso, acaba de reconvertir su hipermercado de Avellaneda en un “Maximercado”, su formato mayorista. La cadena francesa, hoy, contabiliza 9 bocas de ese tipo. Incluso dentro de sus híper “tenemos góndolas exclusivas para la venta de productos al por mayor”, dijo un vocero de la compañía.

Inauguración de una fábrica de fideos

El dueño de Maxiconsumo, Víctor Fera, junto a Kicillof, en la inauguración de la planta Marolio.

El dueño de Maxiconsumo, Víctor Fera, junto a Kicillof, en la inauguración de la planta Marolio.

La semana pasada, Axel Kicillof participó de la inauguración de la planta de fideos secos Marolio. Perteneciente al grupo Maxiconsumo, la fábrica cuenta con máquinas de 160 metros de largo de última generación, lo que permite ingresar la harina en un extremo para elaborar los productos en forma automática. Kicillof llegó con varios integrantes de su gabinete, entre ellos el ministro de la Producción, Augusto Costa.​

Clarín

Arranca el “plan consumo”: se volcarán $80.000 millones a la economía y Alberto apuesta a reactivar la demanda

Arranca el "plan consumo": se volcarán $80.000 millones a la economía y Alberto apuesta a reactivar la demanda

Las medidas oficiales para reactivar el consumo y la cercanía de las fiestas de Navidad y Año Nuevo pueden transformarse en el salvataje que las casas matrices de las grandes cadenas de supermercados están esperando para dejar de inyectar fondos a sus filiales argentinas con el objetivo de mantenerlas a flote, en el marco de la crisis financiera que sufren.

No es la emisión monetaria, como se estimaba en el mercado, lo que el presidente Alberto Fernández tuvo finalmente en mente para tratar de cumplir con una de sus promesas de campaña vinculada a cambiar las expectativas y aumentar el consumo de manera inmediata.

Por temor a una mayor disparada de la inflación, que este año terminará en el orden del 54%, la “maquinita” se dejará para otra oportunidad y se optará por el doble bono de $10.000 pesos para jubilados, la tarjeta social que se entregará a beneficiarios de planes sociales, posibles aumentos salariales por decreto, la nueva composición del programa de Precios Cuidados y la Canasta Navideña.

Se trata de un conjunto de medidas oficiales y decisiones privadas que, en conjunto, podrían volcar casi $80.000 millones a la economía de manera inmediata, según datos de algunas consultoras y analistas económicos.

Todos “anabólicos” con los que se permitiría recuperar en parte las ventas perdidas por los hipermercados y los principales centros comerciales en estos últimos años.

Con el mismo optimismo, desde el Gobierno estiman que la aplicación de un impuesto del 30% a los paquetes turísticos y a la compra de dólares ayudará a que el cash no vaya a la compra de billetes verdes o a consumo de servicios en esa moneda. Y confían, además, en que ese recargo no se traslade a precios.

A pesar de que se trata de una depreciación encubierta, consideran que al quedar afuera de la medida el dólar usado para la importación, no hay razones para incrementar los precios por la presión del tipo de cambio, tal como ocurrió en las anteriores devaluaciones.

Técnicamente, el impuesto no está destinado a que impacte en los valores domésticos, salvo especulaciones puntuales que seguramente serán investigadas por las autoridades, en especial en aquellas importaciones destinadas a la compra de insumos productivos.

Otros dos componentes que también podrían ayudar a mejora el negro panorama se vinculan con el pago del medio aguinaldo y con las mayores compras que se dan durante diciembre para llenar la mesa de Navidad y la de Año Nuevo.

Expectativa en cadenas de supermercados y shoppings

Desde el aspecto político, el paquete de beneficios asegura un diciembre tranquilo y sin sobresaltos en las calles. Es decir, sin marchas de organizaciones sociales ni reclamos de piqueteros frente a las sucursales de los supermercados o shoppings en el marco de un escenario social con un nivel de pobreza que ya llegó al 39,8% de la población.

En este sentido, el propio Alberto Fernández venía planificando medidas antes de asumir para evitar situaciones de tensión durante el último mes del año, junto a los ministros de Desarrollo Social, Daniel Arroyo, y de Producción, Matías Kulfas.

En tanto, desde cadenas como Coto, Walmart, Cencosud, Carrefour, entre otras, coinciden en un diagnóstico: que parte de todo el dinero que se volcará a la economía en los próximos días se direccione al consumo.

Más que nada en un año crítico para los grandes grupos de este sector que apuestan a que diciembre les permita, por lo menos, incrementar en algo sus operaciones aun cuando esas mayores ventas no alcancen para terminar con la recesión.

Para los supermercados, diciembre es un mes clave a la hora de hacer las cuentas finales. Por lo menos, las dos primeras semanas que son las que más traccionan las ventas relacionadas con las fiestas religiosas y la despedida del año y que siempre aportan cifras mayores a las de los otros meses.

El optimismo se mantiene a pesar de que en diciembre del 2018 ni las fiestas de Navidad ni las de Año Nuevo salvaron al consumo. Ese mes y según datos del Indec, las ventas en supermercados cayeron en un 8,7% a precios constantes, mientras que en los autoservicios mayoristas bajaron 12,4% y en los shoppings llegaron al 13,3%.

A nivel anual, en el 2018 los supermercados sufrieron una caída real de sus ventas de 3%, mientras que el consumo en los centros de compras retrocedió 2,4%.

Este año volverán a apostar por una acción especial como es la tradicional “Noche Shopping”, que se llevará a cabo el 23 de diciembre y durante la cual se ofrecerán descuentos de entre el 20% y el 40% en casi todos los locales.

Las ofertas estarán vigentes en determinadas franjas de dos a tres horas y se espera que los locales permanezcan abiertos hasta las 4 de la madrugada.

A eso le sumarán, como el caso de los centros comerciales de IRSA, los habituales “Happy hours”, con rebajas de 50% y 60% durante 10 minutos de manera aleatoria.

Desde el lado oficial, los planes oficiales “Ahora 12” y “Ahora 18” también aportarán impulso a las cadenas de súper y a los centros comerciales, junto con las ofertas y descuentos que están lanzando los bancos y las emisoras de tarjetas de crédito para aprovechar la época navideña.

Como ejemplo, los clientes del Galicia tienen un 25% de descuento y un 30% los socios Eminent. En el caso de Visa, ofrecerá estos días un 25% de descuento general y 30% para socios Signature en todos los shoppings.

La proyección de los comercios es que la demanda inicial a partir de las nuevas medidas oficiales y de los planes y descuentos ofrecidos por el sector privado se oriente a productos de segundas y terceras marcas, más que nada porque los anuncios del Gobierno buscan beneficiar a los sectores de menores recursos.

Pero también se espera que el medio aguinaldo y las cuotas y promos bancarias alienten a la clase media, un sector que viene siendo castigado por la recesión y que incide de manera fundamental en las cuentas de las cadenas de supermercados y los shoppings.

“Como viene ocurriendo en los últimos años, creemos que vamos a terminar el 2019 con números negativos. Pero esperamos que las ventas de diciembre alcancen para que la caída no sea mayor a la del 2018” se esperanzan en una de las grandes cadenas extranjeras.

Lo mismo sostienen desde los centros comerciales, en donde aspiran a que el consumo muestre síntomas positivos durante este mes a partir de las medidas del Gobierno y del uso de parte del medio aguinaldo para compras.

Desde otra empresa agregan que si las autoridades deciden mantener el IVA cero a los alimentos, habrá todavía mayores chances de que el consumo crezca y de que se genere un arrastre positivo para el primer trimeste del 2020.

La medida vence a fin de año y no hay convencimiento en el Gobierno para mantenerla, aunque todavía no se ha tomado una decisión final al respecto. Hasta ahora está claro que el 21% de IVA no será aplicado en las compras con la tarjeta social que el ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo, impulsa como parte de su plan para combatir la pobreza.

Entre los productores de alimentos se espera, de todos modos, que se continúe con el beneficio de manera generalizada porque entienden que ha servido para fomentar el consumo en estos meses de vigencia, desde agosto pasado, cuando el ex presidente Mauricio Macri adoptó la medida para intentar revertir la recesión.

Precios, factor clave

También anticipan que el nuevo “formato” de Precios Cuidados sumará para mejorar las cuentas, con una canasta que tendrá mayor cantidad de artículos y la inclusión de marcas líderes a precios menores a los que actualmente se comercializan en las góndolas.

Tanto las empresas de alimentación como los supermercados están terminando de negociar con el Ministerio de Producción la conformación de la nueva lista que debería ser informada en las próximas semanas.

El ministro Matías Kulfas intenta sellar los acuerdos de manera inmediata para poder ofrecer otra herramienta en la lucha del Gobierno por cambiar las expectativas en la sociedad.

Ya tuvo varias reuniones con cámaras del sector como la COPAL, que agrupa a los fabricantes de alimentos del país. Y también con los representantes de las cadenas de supermercados. En todos los encuentros, el ministro repitió la necesidad de acordar esfuerzos para mejorar la situación y para frenar los aumentos de precios que se vinieron dando durante todo el año pero que se aceleraron luego de la eliminación del IVA.

Si bien, no se espera repetir el convenio alcanzado con los laboratorios para retrotraer valores, el objetivo es que los artículos líderes que formarán parte de Precios Cuidados se ofrezcan con cierto nivel de rebaja a lo que actualmente se promocionan en las góndolas y estanterías.

Se discute además cuál será el reparto de marcas y segmentos que conformarán de manera paralela la canasta de Precios Cuidados y de la tarjeta social para, de ese modo, hacer foco en todos los perjudicados por la crisis. Es decir, clase media y sectores con mayores necesidades.

En el caso de la tarjeta social, no tendrá productos sino categorías. Serán 14 los segmentos alcanzados, salvo bebidas gaseosas y alcohólicas. Y la prueba piloto se está lanzando en dos localidades del interior como son Concordia y Mar del Plata.

Por estas horas, los productores de alimentos y los supermercados estudian una lista de artículos de esas categorías que el Gobierno quiere incluir en el programa que inicialmente le otorgará $2.000 a cada beneficiario para que sean gastados durante este mes.

IProfesional

El plan “derrame inverso” sale a la cancha

Contra lo que fue la teoría del derrame que ganó popularidad en Estados Unidos durante el gobierno de Ronald Reagan en los 80 y en América Latina en los 90, el nuevo gobierno ha comenzado a implementar un plan económico que bien podría considerarse un “derrame inverso”. En lugar de dinamizar la economía de “arriba hacia abajo”, la idea es hacerlo en el sentido contrario: “de abajo hacia arriba”.

El plan tiene sentido con lo que a grandes rasgos se esperaba, y con lo que se prometió en la campaña electoral. La prioridad estará puesta inicialmente en los alimentos. Se anunció el lanzamiento de una tarjeta alimentaria que llegará a dos millones de hogares con alta fragilidad estructural, a partir de bases de datos de la Anses y la Asignación Universal por Hijo (AUH), lo que les permitiría resolver necesidades muy básicas.

En simultáneo se mantendrá el programa de Precios Cuidados, que ya lleva más de seis años de vigencia, y se prevé además que haya algún mecanismo de corto plazo para recuperar poder adquisitivo. Probablemente una conjunción de incrementos salariales con cierta estabilidad temporal de precios.

A lo que se suma el anuncio oficial del regreso de la doble indemnización por seis meses para desincentivar los despidos sin causa justificada.

Es esperable entonces que el mercado de consumo masivo -alimentos, bebidas, cosmética y limpieza- vuelva a recuperar volumen de ventas de manera progresiva. Especialmente si se considera que estos productos representan cerca del 40% del gasto de los hogares de los estratos más bajos, según la medición más reciente que acaba de publicar el Indec. El dinero adicional que llegue a estas familias se destinará en buena parte a la heladera y a la alacena.

La otra pata del plan es generar herramientas para crear consumo anticipado. En otras palabras, crédito. Por ahora se especula con una baja pronunciada de la tasa de interés por parte del Banco Central, otorgándoles a los bancos los mecanismos para que puedan concretarla, lo que favorecería tanto a las pymes como al comercio de bienes durables.

Efecto créditos

Lo que ya no es especulación, sino una medida oficial, es el reciente anuncio de un programa de microcréditos prácticamente a tasa de interés cero, que abarcaría al 40% de la población y que irá por fuera del sistema bancario. Este programa tiene como objetivo no solo dotar de bienes de capital -herramientas y máquinas- a millones de autónomos y cuentapropistas, sino también “reperfilar” la deuda de las familias de los sectores bajos.

La conjunción de ambos factores -más capacidad productiva y un canje de deuda a tasa altas por otra a tasas muy bajas- les permitiría, si todo sale como se pensó, volver al mercado de crédito en un tiempo no muy largo, impulsando así las ventas de electrodomésticos, indumentaria, motos y construcción/reparación del hogar, entre otros rubros.

La clase baja abarca al 50% de las familias de la Argentina -siete millones de hogares- y casi el 60% de la población -26,8 millones de habitantes-. Naturalmente, en este grupo se incluyen los ciudadanos que están por debajo de la línea de la pobreza -25% de los hogares, 35% de las personas-, pero hay otro grupo muy relevante que sin llegar a ser clase media tampoco es pobre. Este grupo podría motorizar la recuperación del consumo si sus condiciones económicas cotidianas mejoran. Son nada menos que otro 25% de las familias del país, que constituyen un mercado inmenso: 3,5 millones de hogares y 11 millones de habitantes.

La lógica del programa que se está implementando, y que ya puede intuirse de un modo bastante claro, es ponerle plata en el bolsillo a quienes integran la base de la pirámide social, y de ese modo aceitar un flujo de dinero que iría, tal la idea del “derrame inverso”, de abajo hacia arriba.

La sumatoria de siete factores haría que se empiece a sentir una mejora progresiva en la economía de la calle. Por un lado, la alta propensión al consumo de los estratos más bajos, que sería estimulada por la recuperación del poder de compra. En segundo lugar, los sobrantes de stock que tienen casi todos los sectores. Tercero, los precios con “resto” o con “colchón”, que permitirían focalizarse ahora en recuperar las cantidades vendidas antes que en seguir defendiendo la rentabilidad con nuevos ajustes, empezando así a liquidar esos stocks sobrantes. Cuarto, la ya mencionada recuperación de la capacidad de tomar crédito. Quinto, el consumo latente que existe. Y por último, dotar de estabilidad a dos variables que allanarían un nuevo enfoque en comprar antes que en guardar: tarifas congeladas por un tiempo y dólar estable más cepo cambiario.

Esta mejora potencial en la economía de la calle en el corto plazo le daría cierta calma al humor social, garantizando así la paciencia de la sociedad por un tiempo, mientras se trabaja en cuestiones más estructurales de la macroeconomía.

¿Funcionará?

Hasta aquí, a trazo grueso, la descripción del plan que en parte ya fue anunciado y que es probable que se termine de configurar y formalizar en los próximos días. ¿Funcionará?

Mientras las políticas del Consenso de Washington proponían acotar al máximo la injerencia del Estado en la economía para que las fuerzas del mercado generaran la riqueza que “derramaría” luego hacia los sectores populares, sus detractores señalaban que eran precisamente los fallos del mercado los que impedían traducir la teoría en la práctica. El “derrame no derramaba” o al menos no lo hacía en la medida esperada.

Treinta años después, lo que está en profundo debate en el mundo es cuál debe ser la injerencia del Estado en la economía, no tanto si debe haber alguna o no. Aun los gobiernos con inclinaciones de carácter más liberal y el propio Fondo Monetario Internacional reconocen que es necesaria la presencia del Estado para atender las fragilidades sociales de los grupos más vulnerables.

Ahora bien, cuál es el gradiente de esa intervención es lo que hoy desvela incluso a potencias como los Estados Unidos de Donald Trump, la Gran Bretaña del Brexit o la Francia de los chalecos amarillos.

Todos quieren todo

Claramente no hay todavía un consenso global de ningún tipo. Más bien todos están en una especie de prueba, error y aprendizaje, tratando de encontrar el punto justo entre la generación de riqueza y su modelo de distribución. Lo que en definitiva hace tanto al bienestar social como a la gobernabilidad.

La sociedad de consumidores en la que vivimos es por naturaleza deseante e impaciente. Todos quieren todo, pero no todos pueden todo, lo que genera focos de conflicto permanentes que llegan hasta los lugares más inesperados y desafían una y otra vez a los gobiernos de turno.

Aun sin dar todavía con la fórmula justa entre Estado y mercado -¿se la encontrará alguna vez?-, en lo que sí hay acuerdo es en que para poder repartir, primero hay que generar. Sobran las evidencias empíricas para apreciar lo que sucede cuando se pretende distribuir lo que no hay.

Tal como ha señalado recientemente el prestigioso economista Ricardo Arriazu, con un tipo de cambio competitivo como el que hoy existe, un superávit comercial que sería de unos 14.000 millones de dólares, un boom del turismo extranjero -este año habrán llegado al país cerca de ocho millones de turistas-, la gigantesca oportunidad de Vaca Muerta, la potencia y competitividad del sector agroexportador -habrá que ver su reacción por las nuevas retenciones-, un déficit fiscal primario acotado -0,5% del PBI- y el tema subsidios energéticos resuelto en buena parte, si se logra refinanciar la deuda, las condiciones para volver a crecer están dadas.

Para ser sustentable en el tiempo, el “derrame inverso” requeriría que se cuiden y se potencien estos activos como la fuente de ingresos que nutrirían el sistema e impulsarían la recuperación del consumo, el mercado interno y la industria.

Dado que más temprano que tarde surgirán, como sucede siempre en la política económica, objetivos contrapuestos e incompatibles, que redundarán en tensiones sociales y sectoriales múltiples, para ser exitoso el mecanismo demandará, sobre todo, mucha precisión.

La Nación


Autor

Emiliano Schwartz

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