Archivo para 30 diciembre 2018

“2019 NO SERA EL AÑO DEL BOOM, PERO SI DE LA RECUPERACIÓN”

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Si la economía iba a crecer 3% y caerá cerca del 2,5% y nadie pudo preverlo, ¿tiene sentido proyectar lo que podría suceder? Sí. Aun en contextos de alta complejidad, siempre es mejor tener algún mapa que ninguno. En su último libro, 11 mentalidades para prever el futuro, John Naisbitt, uno de los pioneros en robarle los secretos al porvenir, afirma que “el futuro es una suma de posibilidades, direcciones, hechos, avances y sorpresas. Si se quiere predecirlo, hay que entender dónde van las piezas y cómo se conectan. Vean el futuro como un rompecabezas”. Comencemos por la primera pieza: “La macro”. La última edición del Latinfocus Consensus Forecast, publicada en diciembre, señala que el consenso de economistas y bancos prevé una caída del PBI del 0,9% para el año próximo y un crecimiento del 2,7% para 2020. La inflación llegaría casi al 28% en 2019, para caer al 18,6% el año siguiente. El primer trimestre del año que ya comienza sería tan malo como el último del que se va : la economía, comparando con el mejor período que tuvo 2018 -que fue el de los meses previos a la primera corrida cambiaria de fines de abril. caería 5,5%. Luego se estabilizaría en el segundo trimestre, crecería moderadamente en el tercero y tendría un “ritmo 2017”, en el cuarto, con una suba del 2,4%. Es decir, al revés de 2018, que fue de más a menos, iría de menos a más. En un año para el olvido, claramente quien pudo ‘empatar’ es un ganador Sin embargo, a la hora de componer ese consenso, que incluye 42 fuentes, no todos los analistas coinciden. Mientras Orlando Ferreres y Gabriel Rubinstein proyectan un crecimiento del 1,7% y el 1,4%, respectivamente, en Econométrica y Moody’s ven una economía cayendo moderadamente, entre -0,3% y -0,4%. Por su parte, tanto FIEL como Ecolatina, Elypsis, Eco Go y Analytica anticipan caídas superiores al promedio: -1,2%, -1,4%, -1,6%, -1,9% y -2,5%, respectivamente. En todos los casos, igualmente, proyectan un crecimiento robusto para 2020. Conclusión: el disenso explícito se apoya en un consenso implícito: para la macroeconomía, 2019 será un año de transición. Cada uno tiene su punto de vista sobre la naturaleza y la velocidad de ese proceso. Veamos ahora la segunda pieza: “Las empresas”. El estado de ánimo de la gran mayoría de los que producen y venden hoy claramente no es el mejor. Es lógico. Las ventas de bienes durables como autos, motos, electrodomésticos, ropa, ferretería, muebles, decoración e insumos para motos, electrodomésticos, ropa, ferretería, muebles, decoración e insumos para la construcción tendrán caídas anuales que oscilarán entre el 5% y el 15%, pero que en el último trimestre serán mucho más agudas: entre 15% y 50 por ciento. El consumo cotidiano, como alimentos, bebidas, cosmética y limpieza, resiste mucho mejor la contracción: cae 1% en octubre y se mantiene sin cambios en el acumulado anual tomando en cuenta todos los puntos de venta, según la consultora Kantar Worldpanel. Por su parte, las ventas de las principales cadenas de supermercados bajaron 3,7% en noviembre y un 0,2% en el acumulado anual, según Scentia. Con costos disparados, tasas por el cielo y bajas posibilidades de trasladar toda la devaluación a los precios, la rentabilidad de las empresas se contrajo al máximo. En un año para el olvido, quien pudo “empatar” claramente es un ganador. Agobiadas por un 2018 que no dio tregua, las empresas miran 2019 con suma prudencia y mucha incertidumbre. Sus decisiones serán claves en dos aspectos: niveles de inversión y, sobre todo, nivel de empleo. Para 2019, se espera una recuperación suave, de menos a más La tercera pieza es “la gente”. ¿Cuál es el problema más grave hoy? La pérdida de poder adquisitivo cercana al 10% en los salarios formales y aún mayor en los informales. El “retiro” de los consumidores que vivieron los mercados en octubre y noviembre es la consecuencia directa del violento desbalanceo entre precios y salarios luego de la segunda corrida de finales de agosto y la inflación de 6,5% de septiembre. En nuestra medición nacional de octubre 2018, el 76% de la gente afirmaba que, según su propia percepción, “la calle estaba fría”. Conclusión: la gran mayoría tiene menos poder de compra que el que tenía, pero además ve que esto sucede con los demás. Por lo cual quien “no tiene” no compra, pero quien “sí tiene” tampoco lo hace, porque entiende que este no es el momento. Finalmente, la cuarta pieza es la política. Desconocer la existencia y el impacto de esta pieza es subestimar la historia. El año próximo se disputa el control del Poder Ejecutivo en todo el país: presidente, gobernadores, intendentes. El consumo representa más del 70% del PBI. Los políticos saben que tiene una fuerte incidencia en el humor social. Y naturalmente el humor social influye en las decisiones electorales. La gran mayoría de las provincias hoy tiene superávit. Es decir, tiene caja. Las elecciones comienzan con las PASO de La Pampa, en febrero. De ahí en adelante se votará prácticamente todo el año en una larga secuencia de elecciones primarias y definitivas que irán cruzando transversalmente todo el territorio nacional mes a mes. Dicho todo esto, y procurando leer las conexiones entre las piezas que le dan sentido al rompecabezas del futuro cercano, la pregunta que surge es si el sentido al rompecabezas del futuro cercano, la pregunta que surge es si el consumo puede crecer en 2019. La respuesta es sí. Hay buenas probabilidades de que suceda. ¿Habrá un boom de consumo? No. De eso tenemos certeza. Sería una recuperación suave, de menos a más, acompañando la curva de la macro y motorizada inicialmente por los ganadores de la devaluación: turismo interno y receptivo -atención al verano-, agro (ya sin sequía, con una cosecha que crece un 30%), ganadería, economías regionales y servicios exportables. A estos factores se sumarán dos motores claves: la energía (principalmente con el proyecto Vaca Muerta ) y el grifo más directo que tiene la política para influir en la economía: la obra pública. Ya sea por las cajas provinciales como por los proyectos de Participación Público-Privada (PPP), que finalmente están obteniendo el financiamiento necesario. Clima favorable Esta hipótesis se sostiene en los siguientes racionales y condiciones. Primero, que no haya un nuevo cimbronazo cambiario. Esto no solo ayudaría a bajar la inflacíón, sino que también traería calma social. Ese clima más tranquilo, en algún momento, podría lograr que los que “sí tienen” empiecen a volcar al consumo algunos de los dólares que compraron a $20, $25 o $30, transformando los ahorros precautorios en merecidos premios, después de tanta angustia y temor. Una segunda condición es que la inflación continúe moderándose en torno al 2% mensual. La gran mayoría de las provincias hoy tiene superávit, es decir, tiene caja En tercer lugar hay que esperar que se frene la pérdida de empleo . En 2017, según los datos oficiales de la Secretaría de Trabajo, se crearon 285.000 puestos de trabajo formales. En 2018, de continuar con la tendencia que se ve hasta septiembre, se podría perder buena parte de esa recuperación, volviendo a los niveles de empleo de diciembre de 2016 (12,1 millones de trabajadores registrados), siendo este el paso y comenzando una progresiva recuperación a partir de mayo/junio de 2019. Por último, hay que confiar en que lentamente se recupere el poder adquisitivo, de la mano del bono de $5000, los ajustes salariales que restan de 2018 -cláusulas gatillo, renegociaciones, premios extras-, y los nuevos acuerdos salariales de 2019 (de entre 23% a 30%). A esto se podrían sumar los aumentos a jubilados que por fórmula ajustan con la inflación pasada y los extras que se dieron en la Asignación Universal por Hijo (AUH). Si todo esto sucediera, 2019 podría comenzar a curar, al menos en una parte de la población, las heridas de 2018. Algo que, sin dudas, debe considerarse a la hora de trazar escenarios electorales e imaginar el futuro del país.

La Nación

“Inflación y salarios: pocos estímulos para el consumo”

Devaluación, dólar, salarios, inflación, empleo y tasas de interés. Esas son las principales variables que miran los analistas para proyectar el nivel de consumo para los próximos meses. Sin pronósticos tajantes, la mayoría de los entendidos sostienen que la recuperación demorará varios meses, siempre y cuando la macroeconomía se estabilice. Coinciden, eso sí, en que estamos atravesando el peor momento de la crisis.

En octubre, dice un relevamiento de la consultora W, se agudizó el bajón de ventas en todos los rubros: autos (38%), motos (45%), inmuebles (45%), indumentaria (8,5%), electrodomésticos (25%), y productos masivos (1%). Los primeros indicadores de noviembre también son negativos: el consumo masivo cayó 5,9% (según Scentia) y la inflación cede menos de los esperado: 3,2%, con un acumulado de casi 44% en el año, según difundió el Indec la semana pasada.

El impacto de las variables económicas varía según el rubro. “La inflación, las expectativas de empleo y el poder de compra del salario influye mucho en la venta de productos masivos (alimentos, bebidas, tocador y limpieza). El encarecimiento o la falta de crédito repercute más en bienes durables (electrónicos, motos), distingue Juan Manuel Primbas, director de Kantar Worldpanel. Pero aclara que “una tarjeta de crédito impaga afecta a todos por igual”.

De este modo, cada categoría de consumo tiene perspectivas diferentes. Con el resurgimiento del crédito hipotecario y tras dos años de fuerte crecimiento, la venta de propiedades frenó abruptamente por el doble efecto de la suba de tasas y la devaluación. “El sector inmobiliario está en plena crisis. Veníamos de subas constantes y para el próximo trimestre se esperan cifras muy malas”, señala el director de Reporte Inmobiliario, Germán Gómez Picasso.

La razón es simple. El entendido explica que hoy, con la suba de las tasas, la cuota de un crédito UVA (una fórmula que ajusta por inflación más una tasa) duplica y hasta triplica un alquiler equivalente. “Además está la devaluación -remarca el entendido-, por lo cual un departamento que el año pasado valía $1,7 millones pasó a costar $3,8 millones”. Gómez Picasso cree que un repunte es posible a partir de marzo o abril si se estabiliza el dólar y las propiedades bajan. “La gente percibe que los precios son altos y no están dispuestos a convalidarlo. “Dejaron de subir por la recesión pero en el último trimestre cayeron apenas el 2% en dólares, que es casi nada”, dice.

“Entre el miércoles 29 y jueves 30 de agosto, cuando el dólar superó los $42, fue el punto de inflexión: inflación altísima y sin correcciones salariales, el poder adquisitivo cayó 10%, promedio”, describe Guillermo Oliveto, director de W. En ese contexto de alta incertidumbre, añade el consultor, el consumo se paraliza, porque “el que no tiene, no gasta, pero el que tiene, tampoco”. El escenario viene cambiando de a poco, si se tiene en cuenta que “ya llevamos dos meses de estabilidad cambiaria y la inflación viene desacelerando”.

Para Oliveto, estamos atravesando el piso de la crisis. Si el dólar finalmente se estabiliza, es posible que haya “una suave recuperación” en el consumo masivo, con el impulso de algunos estímulos, como “el bono de $5.000, el aguinaldo, las cláusulas gatillo de los salarios y los ajustes a jubilados y la AUH”. Además, prevé señales positivas para el campo, los sectores exportadores y un buen verano para el turismo interno. “Los bienes durables dependen del retorno del crédito y la baja de tasas, por lo cual podrían recuperarse las ventas recién en el segundo semestre de 2019”.

Basada en insumos importados, la electrónica cayó sobre el fuego cruzado de la devaluación y el retiro de los planes en cuotas sin interés. Un caso emblemático son las TV. Con el efecto del Mundial, un impulso extra para la renovación tecnológica, los fabricantes proyectaban cerrar el año con 3,5 millones de unidades vendidas. La suba del dólar y las tasas modificó drásticamente el panorama. Datos de la AFARTE (la cámara de las terminales fueguinas) estiman fabricar 2,2 millones en 2019 (1 millón menos del promedio de los últimos años) por los remanentes de stock.

“Estamos en el día a día de las ventas y en los últimos 6 meses registramos caídas de entre 20% y 35%, según la categoría”, señala Alejandro Toscano, gerente de Comunicaciones del fabricante de electrodomésticos Whirlpool. El ejecutivo señala que las cifras actuales contrastan con la suba acumulada del 15% entre enero y mayo. Toscano dice que el cuadro es más complejo, ya que las empresas no pudieron trasladar a precios la devaluación. “Medido en dólares, los productos de línea blanca (heladeras, cocinas y lavarropas) hoy son más baratos que en enero”, concluyó.

Los pronósticos de los analistas para 2019 son cautos. Mantienen cierta dosis de optimismo, pero lo supeditan a la evolución de las variables que impactan directamente en el consumo, la recuperación salarial, la estabilidad del dólar y una baja en el costo del crédito: “Una previsión conservadora -puntualiza Toscano- es recuperar lo que se perdió este año. Podría haber un leve crecimiento, en el mejor de los casos”. De todos modos, anticipa “un primer trimestre duro”.

Considerado pieza clave por su impacto electoral, el consumo masivo registra caídas, en paralelo a la pérdida del poder adquisitivo. Los expertos prevén un descenso de entre 1,5% y 2,5% en el acumulado del año y una cifra similar para el año próximo. “Hasta abril teníamos un buen año. En el primer cuatrimestre de 2018 registramos una suba de 2%”, señala Primbas, de Kantar Worldpanel.

“Las claves son los salarios y la inflación”, opina DelRío, de Scentia. Pablo Mandjic, de Nielsen, señala que “es difícil saber si lo peor ya pasó”. Y añade que, a pesar de las dificultades, “una desaceleración en los niveles de inflación podría ser una luz en el camino”. La crisis introduce otras variables: “Cambios a segundas marcas, compra de productos más baratos y abandono de categorías”, enumeró.

Clarín

“¿Consumo, ahorro o pago de deudas? ¿Qué harán los argentinos con el esperado aguinaldo?”

El dilema del aguinaldo, consumo o pago de deudas

¿Pago de deudas, ahorro o consumo atrasados? ¿A dónde destinarán el dinero del aguinaldo y del bono del fin de año los argentinos que recibirán esos extras durante diciembre? En un contexto de alta inflación y caída del poder adquistivo, el margen del dinero que se dirigirá al consumo será más limitado que años anteriores, según estiman los economistas.

Para Gerardo García Oro, investigador en IERAL de la Fundación Mediterránea, el impacto del bono se verá reducido porque una parte se pagará en febrero, con el sueldo de enero. “Lo que sí es claro es que la masa salarial perdió un 9% en términos interanuales al cierre de este año. Los salarios perdieron fuertemente contra la inflación”, destacó el economista.

La masa salarial es el resultado del producto de dos variables: empleos por haberes y retribuciones laborales. Por lo tanto, es previsible que durante las fiestas el consumo se mantenga en niveles bajos.

En el caso de los trabajadores informales, puede también haber algún tipo incentivo por alguna negociación particular y, en ese caso, lo más probable que ese dinero vaya directamente a consumo o al pago de deudas acumuladas de las familias. “La situación del aumento de las tarifas seguramente haga que parte de ese bono tienda a paliar esos compromisos”, destacó García Oro.

Los especialistas aseguran que el impacto de aguinaldo y bonos en el consumo será limitado

El especialista recordó que en la Argentina, hay 4,4 millones de asalariados en la informalidad que no necesariamente reciben alguna retribución y otros 3,2 millones de cuentapropistas no profesionales que también están en una situación de más fragilidad.

Con todo, los niveles de deuda de los consumidores argentinos aun se mantienen en niveles moderados. “No vemos que los niveles de irregularidad del crédito al sector privado sean alarmantes, según los últimos datos provistos por el BCRA, que son de septiembre; lo que no quita que exista una tendencia alcista dada la profundización de la caída en la actividad y la aceleración de la inflación de los últimos meses”, explicó Nicolás Crespo, analista económico de la consultora Elypsis.

Según el último informe de bancos del BCRA, que corresponde a septiembre, la morosidad de los préstamos a las familias se incrementó, en promedio, ligeramente hasta 3,6% de la cartera. En el caso de las líneas al consumo, que incluyen a las tarjetas de crédito, el porcentaje ascendió a 4 por ciento.

“De esta forma, el aguinaldo, el bono al sector privado registrado, el bono al sector público y los aumentos por movilidad social a jubilados, pensionados y asignaciones ayudarían a apaciguar el clima de tensión social hasta que comience la verdadera recomposición del poder adquisitivo, con la entrada en vigencia de los acuerdos paritarios de 2019 que apuntarían a aumentos mayores a la inflación esperada como compensación por lo ocurrido este año”, añadió Crespo.

Esto, claro, siempre que se cumpla con la condición de que la inflación continúe una trayectoria descendente, como comenzó a suceder desde el pico de septiembre.

Para que el dinero de aguinaldo y bono llegue a tener impacto en el consumo, coinciden los especialistas, deberá haber tranquilidad en dos variables: cotización del dólar e inflación. “Son los temas que pueden poner más nerviosos a los consumidores. Dicho eso, sin dudas, el bono y el aguinaldo son paliativos que van a permitir atemperar un contexto per se complejo”, destacó Oliveto, fundador de la consultora W.

Según su visión, será una Navidad con un consumidor “austero recargado”, que va a comprar buscando la mejor oportunidad. Por eso, los estímulos que pueda generar el mercado van a estar siendo seguidos con mucha atención y ya se prevén que haya varias promociones de alto impacto, al estilo “sale” americano.

Para mover la aguja esta Navidad, tenés que ser capaz de llamar la atención“, advirtió Oliveto. Un ejemplo fue el reciente Black Friday, con descuentos que permitieron a las marcas crecimiento de 40% en facturación y 22% más de tickets que el año pasado.

Para Oliveto, el panorama de consumo para este fin de año se puede comparar con 2009. “La diferencia es que este año la caída es más marcada en el cuarto trimestre y llegás a la la Navidad en el punto más frío del año“, explicó. Además, hoy le quita dinamismo al consumo la falta de financiamiento o el financiamiento muy caro.

Para Juan Manuel Primbasmanager director de la consultora especializada en consumo masivo Kantar Worldpanel, estos adicionales al salario van a tener un impacto relativamente bajo en el consumo. Entre otras razones, porque no alcanzará a todos los asalariados y el pago será diferido en dos cuotas. “Es una ayuda de corto plazo, para pasar las Fiestas, pero no creo que tenga un alto impacto“, dijo. Para la recuperación del consumo, según su visión, tiene un impacto más positivo la desacelaración de los precios.

Infobae


Autor

Emiliano Schwartz

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