Archivo para 25 febrero 2015

Ser “clase media” hoy en Argentina: cuánto se debe ganar y los límites de la movilidad social ascendente

Si se le preguntara a un grupo de personas si saben cuáles son los atributos que caracterizan a la “clase media”, la mayoría respondería afirmativamente y -acto seguido- enumeraría una lista de rasgos que la emparentan con este segmento.

De hecho, al consultarle a buena parte de los argentinos acerca de si se consideran integrantes de este estrato social, casi todos contestarían que sí hasta de manera instintiva.

Según los estudios socioeconómicos llevados a cabo, ocho de cada diez personas levantarían la mano si se les preguntara si piensan que integran este segmento que se ubica en el centro de la pirámide social.

“Porque no soy ni muy rico ni muy pobre“, tienden a responder cuando se le consulta por qué creen que forman parte.

Hay personas de pocos ingresos que no se reconocen a sí mismas como miembros de la clase baja. Y, de la misma forma, hay una minoría del nivel alto que rechaza formar parte de una “élite” de millonarios.

Es por eso que los expertos distinguen entre lo que significa “ser de clase media” -desde el punto de vista de los ingresos- y componer un grupo que comparte valores que, históricamente, estuvieron emparentados con este sector.

Este grado de pertenencia es algo que llama la atención ya que, al poner la lupa en este grupo que ocupa el centro de la pirámide social, se observa que resulta bastante más heterogéneo y complejo de lo que muchos piensan.

Comprender el significado de esta clase social es, prácticamente, entender la argentinidad“, afirma Guillermo Olivetto, experto en materia de comportamiento social y director de W Consultora.

Agrega que “este sector tiene una característica: el hecho de saber que formar parte es algo que ordena, tranquiliza y construye en las personas un sentido de pertenencia“.

¿Cuánto gana un clase media?
Algunas de las dudas que surgen cuando se habla en términos numéricos tienen que ver concuál es el piso de ingresos que se debe tener para integrar este grupo social. Y cuál es el techo que lo separa de los estratos más altos.

En este sentido, un relevamiento realizado por W Consultora divide a este sector en dos subgrupos:

1. Clase media típica (denominada C3): comprende a aquellas personas que perciben entre $8.800 y $15.600 por mes.

2. Clase media alta (C2): incluye a quienes tienen ingresos mensuales de entre $15.600 y $42.500.

El siguiente gráfico muestra la última pirámide social argentina realizada por la consultora W, especializada en este tipo de investigaciones:

Otro de los datos que se desprende del estudio tiene que ver con el espacio que ocupa la “clase media típica” en el total de la sociedad.

En este punto, en la pirámide se observa que una de cada tres familias pertenece a esta franja socioeconómica.

En cambio, quienes componen la “clase media alta” integran un grupo proporcionalmente más reducido: apenas el 17%.

Por otro lado, quienes forman parte de la clase “top” o ABC1 son todas aquellas familias quesuperan los $42.500 mensuales de ingresos. En el informe de W Consultora se muestra quesólo un 5,5% del total se ubica dentro de este grupo.

Cambios y permanencias
Al observar la evolución de la pirámide poblacional en los últimos años se advierten algunos cambios.

Si se compara la composición de clases de 2012 con la del año pasado, se puede observar, principalmente, algunas modificaciones en los dos extremos sociales:

En dos años, la “clase top” se redujo en un 2%.
– En igual lapso, la clase baja se incrementó 2%.

Por otro lado, los analistas destacan que en los últimos diez años los sectores medios protagonizaron un crecimiento sustancial tras la salida de la crisis de 2001.

“La explosión del 2002 llevó a la Argentina al inédito nivel del 55% de la población bajo la línea de la pobreza y al 25% de desempleo”, recuerda Oliveto.

En este punto, el experto destaca que con la posterior recuperación de la economía y del empleo se retomó la movilidad ascendente, aunque más como un proceso de retomar lo perdido que de generación de nuevos ingresantes.

Ahora, con un contexto económico más frío, el fortalecimiento de la clase media empieza a mostrar sus límites.

Aun guiándose por los pronósticos oficialistas, la movilidad social ascendente parece haber encontrado un techo. En este punto, Oliveto puntualiza que “este alentador proceso hoy ha perdido fuerza“.

Una categoría confusa
Al analizar los datos que se desprenden de la pirámide social, se puede detectar con claridad que no siempre la percepción de pertenecer a una determinada clase tiene correlación con lo que sucede en la realidad.

De hecho, a partir de la investigación de W Consultora, se disparan dos conclusiones:

1. La “clase media típica” y la “clase baja superior” tienen casi la misma cantidad de miembros (del orden del 30%).
2. La “clase media alta + la clase media típica” reúnen un total de personas (48%) muy parecido al de la suma de los dos estratos inferiores de la pirámide (clase baja superior y clase baja).

Del relevamiento se deduce que -más allá de que el 80% de los argentinos se considere clase media– en realidad, dicho porcentual se reduce casi a la mitad, si se tienen en cuenta los niveles de ingresos de la población.

Según lo explica Oliveto, la clase media “real” está integrada por unas 20 millones de personas, mientras que la “imaginaria” (es decir la de quienes creen formar parte de este sector) comprende algo más de 32 millones.

Los “símbolos” de la clase media
Más allá de los números, los integrantes de la clase media comparten algunas características que se vinculan con factores de tipo cultural.

Y, particularmente en el caso de Argentina, este gran “aglomerador” tiene una fuerza tal que influye tanto en la toma de decisiones diarias como en los hábitos de consumo.

En palabras de Oliveto, “de allí emanan sus expectativas, sus demandas, sus patrones de compra, sus preferencias políticas y hasta sus opciones electorales”.

Según el experto, los integrantes del segmento funcionan de acuerdo con una serie deaspiracionales comunes:

1. Consumir y tener trabajo
Para Oliveto, tener un buen puesto laboral es el atributo que identifica a por excelencia.

“Por paradójico que parezca, en Argentina este estrato se identifica a sí mismo como la clase asalariada“, indica el director de W Consultora.

Esto es así porque lograr un cierto nivel de ingresos es lo que habilita a adquirir determinado tipo de bienes que son “típicos de los sectores medios”.

De ahí que la preocupación por perder el puesto de trabajo -si bien afecta a todos los estratos y niveles de ingresos- cobra particular relevancia en este segmento.

2. Vivienda y auto propio
Si bien en la Argentina actual comprar un inmueble se ha transformado casi en una “misión imposible”, el consultor señala que el “techo propio” todavía sigue funcionando como una meta o aspiracional.

Sucede que, según el experto, las personas de clase alta ya lo poseen y los pertenecientes a los estratos más bajos saben que -en general- no pueden acceder a una unidad de su propiedad.

En consecuencia, no la tienen como un objetivo. Sobre este punto, el consultor afirma que “en un país de oscilaciones bruscas como éste, tener una vivienda propia es percibido como un reaseguro frente a los vaivenes de las crisis”.

En el caso del auto, Oliveto destaca que históricamente, junto con la casa, ha funcionado como símbolo de ascenso social.

Por otro lado, el experto señala que el kirchnerismo supo leer una de las principales ansias de la sociedad tras la crisis de 2001: “Volver a ser”, lo que implicaba recuperar parte de la idiosincrasia de la clase media.

Es así que se fomentó el consumo de distintos tipos de bienes como base del modelo. Y -dentro de ese modelo consumista- el 0Km se consagró como uno de los grandes símbolos.

De esta manera, funcionó a modo de “chapa identificatoria” para mostrar al resto de las personas el ascenso que pudo lograr dentro de la pirámide social.

¿Qué es la frustración consumista?
Según explican quienes estudian las características de la clase media a nivel local, en la Argentina este estrato históricamente se ha vinculado en forma directa con el consumo.

En esta línea, Oliveto destaca que “comprar es un hecho que se asocia a una aspiración democratizada“.

Es por eso que la caída en las expectativas de los consumidores que tuvo lugar en los últimos años genera preocupación y en algunas personas deriva en un sentimiento de “frustración consumista”.

De hecho, un relevamiento de la consultora Nielsen presentado en 2014 destacaba que “lapercepción negativa del contexto y la incertidumbre respecto al futuro tienen un impacto directo en las intenciones de gasto del consumidor argentino“.

Y, en el caso de la clase media, esta sensación tiene su raíz en el hecho de ya no poder darse algunos gustos que antes, allá por 2010, sí se permitían.

A ojos de los expertos, hay tres variables clave que inciden en la clase media a la hora de gastar: la evolución del dólar, la inflación y el empleo.

Oliveto destaca que el orden de importancia se va alterando según los vaivenes de la economía. Y a mediados de 2014 empezó a ubicarse en el centro de las miradas está lo que puede ocurrir con el trabajo.

En la misma línea, Soledad Pérez Duhalde desde la consultora Abeceb señala que en la actualidad uno de cada cuatro argentinos admite tener miedo a perder el trabajo en los próximos 12 meses.

De no producirse una mejora en este sentido en 2015, el efecto se hará notar nuevamente en el consumo, un aspecto que hasta el día de hoy sigue resultando clave para los integrantes de la clase media.

Y también para aquellos que, sin ubicarse en este rango de la pirámide, consideran serlo.

IProfesional

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Con rebajas de hasta un 30%, los bancos ponen sus fichas en la “vuelta al cole”

Muchos argentinos regresaron de vacaciones y algunas marcas ya están“preparando sus valijas” para terminar con las acciones promocionales en los lugares de veraneo y apostar nuevamente a sus esquemas de descuentos habituales.

Más aún teniendo en cuenta que el mes de enero resultó positivo para las firmas ubicadas en los destinos turísticos, pero -como suele ocurrir en el inicio del año- los resultados no fueron tan buenos para las que se quedaron.

Según arroja un informe de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), “los locales ubicados en ciudades de veraneo tuvieron buenos volúmenes de ventas, pero en el resto del país el consumo se mantuvo más retraído“.

El mismo estudio agrega que “en las grandes urbes del país prevalecieron las bajas generalizadas en casi todos los segmentos”.

Es por eso que una de las claves a las que apelan las marcas para mejorar el escenario es aprovechar las distintas fechas especiales que existen a lo largo del año para impulsar el consumo.

El Día de la Madre, el Día del Niño, el Día del Padre y las Fiestas son algunas de las oportunidades en las que usualmente los distintos jugadores salen a dar la batalla para potenciar estas jornadas que suelen generar un pico en las compras de los argentinos.

La próxima “excusa” para vender está a casi un mes de distancia, pero tanto las firmas como las entidades financieras ya empezaron a apuntar sus cañones en esa dirección: la esperada“Vuelta al Cole”.

Utilizando las tarjetas que tienen en sus billeteras, las personas pueden acceder hasta a un 30% de ahorro pagando con crédito y débito y -en determinados casos- tienen la posibilidad de hacerlo en 6 pagos.

Estas rebajas son muy bien recibidas por los argentinos en un momento en el cual algunos de los productos que componen la canasta escolar registran un incremento de hasta un 60% en comparación con el año pasado.

Algunos de los bancos que se sumaron a la “pelea” por aprovechar esta ocasión son Macro, Citi, Hipotecario, BBVA Francés, Citi, Patagonia y Santander Río.

Las diferentes promociones que se ofrecen en el mercado tienen foco en los siguientes rubros: librerías, indumentaria escolar y calzado.

Pero, más allá de la “jugada” de las entidades financieras, algunas marcas de indumentaria y cadenas de electrodomésticos también brindan distintas alternativas pensadas especialmente para quienes visiten sus locales en estas fechas.

Para ahorrar con las tarjetas
Son varias las entidades financieras que ya pusieron en marcha diferentes acciones para impulsar los consumos asociados a la vuelta al colegio con sus plásticos bancarios.

Por ejemplo, el Macro lanzó una serie de promociones con este objetivo.

En librerías asociadas al banco, éste otorga un 25% de ahorro entre el 25 de febrero y el 1° de marzo inclusive.

En las mismas fechas, los clientes de la entidad financiera pueden aprovechar un 30% de descuento y la posibilidad de abonar hasta en 3 cuotas sin interés en locales adheridos de las marcas de indumentaria escolar Juvenilia y Saber.

Además, quienes posean tarjetas del Macro podrán acceder a este mismo beneficio en locales adheridos de Dexter, Stock Center, Grimoldi, The North Face, Oustscape, Merrell, Hush Puppies y Timberland.

“Banco Macro apunta a incentivar a sus clientes de tarjetas de crédito y débito. Además busca hacer más atractivas sus tarjetas con el valor agregado que otorgan sus beneficios”, cuenta Milagro Medrano, Gerente de Relaciones Institucionales de la entidad financiera.

Otro de los que ya presentó sus promociones pensadas para la “previa” al regreso a la escuela es el BBVA Francés.

Desde la entidad financiera adelantaron a iProfesional que del 23 de febrero al 6 de marzo otorgarán una serie de beneficios en distintos rubros asociados a esta fecha especial.

En estas semanas, los clientes del banco podrán aprovechar un 15% de descuento con tarjetas de crédito en las librerías del Grupo Suma, Papel Top y en muchos otros comercios de todo el país adheridos a esta promoción.

Por otro lado, el BBVA Francés también ofrece rebajas en los negocios de ropa escolar de Top3 y Chenson.

Además, quienes posean plásticos del banco pueden acceder a un 10% de descuento y pagar hasta en 3 cuotas sin interés en librerías Distal, Hernández y Boutique del libro.

“La propuesta del banco, además, va a contar con un apoyo de otras acciones tipo one shot(Francés Go), las cuales entendemos que van a marcar la diferencia por lo agresivo del descuento. Al ser sorpresivas estas acciones, no podemos revelar qué vamos a estar ofreciendo por ese medio, pero sí adelantar que serán rebajas fuertes y de utilidad para este período previo a la vuelta a clases​”, anticiparon a este medio desde el BBVA Francés.

El Citi no se queda atrás a la hora de aprovechar comercialmente la vuelta al colegio.

Según contaron desde la entidad financiera, en estas fechas el objetivo es ofrecer “diferentes promociones para acompañar a los clientes con las compras escolares con importantes descuentos en librerías, locales de uniformes y marcas líderes de calzado”.

Por este motivo, desde el 18 de febrero al 6 de marzo con las tarjetas de débito y crédito del Citi se podrá acceder a un 15% de descuento y 3 cuotas sin interés en librerías y casa de uniformes seleccionadas.

Y los clientes Citigold y Citi Priority tienen beneficios extra: en estos casos, el ahorro asciende a un 25%. La promoción tiene un tope de devolución de $1.000 diarios.

Por otro lado, para la compra de calzado colegial, desde el 18 al 22 de febrero las tarjetas de débito y crédito Citi permitirán acceder a rebajas de un 15% y 3 cuotas sin interés enGrimoldi, Hush Puppies, Merrell, Timberland, The North Face y Outscape. También en estos casos, para los clientes Citigold y Citi Priority el descuento será de un 25%.

El Galicia es otro de los que “se pone la mochila” en el mes de febrero. La entidad otorga un 20% de ahorro y cuotas sin interés en los artículos de las categorías “niño” y “colegial” de Falabella.

Ese mismo beneficio lo pueden aprovechar también quienes tengan en sus billeteras los plásticos del Santander Río.

Otro de los bancos que en estos días presentó su campaña para “la previa” a la escuela es el Banco Hipotecario. El slogan de esta acción es “Yo amo la vuelta al colegio” y consiste en una serie de descuentos en locales de diferentes rubros e incluye, también, algunos beneficios en sitios de eCommerce.

Por ejemplo, sus clientes pueden disfrutar de un 25% de ahorro y hasta 10 cuotas sin interés en Walmart y Changomás, 12 pagos en MercadoLibre, 20% de descuento y 6 cuotas en Falabella, 25% de ahorro y 6 pagos en Stock Center y Dexter y rebajas del 25% en librerías.

También Banco Patagonia preparó sus beneficios para que los padres ahorren en los preparativos para los primeros días de los más chicos en la escuela.

El slogan de la campaña es “con sus tarjetas de crédito el regreso a clases es más fácil“.

La semana del 9 al 13 de febrero la entidad financiera otorga un 15% de ahorro (20% en el caso de los clientes VIP) y 12 cuotas sin interés en marcas adheridas de indumentaria.

Además, del 16 al 20 del mismo mes la entidad financiera brinda rebajas de hasta un 25% enartículos escolares y librerías.

Las marcas también apuestan a la “previa” escolar
No sólo las entidades financieras apuestan al retorno al colegio para estimular el consumo.

También las marcas lo hacen, y lanzan propuestas para seducir a los argentinos en estas fechas para que suelten sus pesos.

Es el caso de 47 Street, que ya presentó la línea “Back To School”, con diseños exclusivos de mochilas, carpetas, útiles e indumentaria.

A su vez, la cadena de librerías Staples aprovecha esta ocasión para inaugurar cuatro tiendas nuevas en la ciudad de Buenos Aires.

Falabella es otra de las empresas que ya arrancó con las promociones de vuelta al colegio. Además de los descuentos que ofrece en conjunto con las entidades financieras, la firma otorga un 30% de ahorro en todos los artículos colegiales a aquellos que posean la tarjeta propia de la cadena, CMR.

Y algunas empresas de electrodomésticos se suman a la apuesta de aprovechar la cercanía de la vuelta al colegio para comercializar sus productos.

Una de ellas es Garbarino, que presentó su campaña para estas fechas y seleccionó una serie de productos en todas sus sucursales pensados “para acompañar a los estudiantes y facilitar su desarrollo escolar”, dice la marca.

Todas estas son propuestas con las que firmas y entidades financieras buscan estimular las compras de los argentinos en el arranque de un año que, según los expertos, puede llegar a marcar algún repunte con respecto a su antecesor, si el Gobierno toma medidas para impulsar el consumo en medio de la previa electoral.

Iprofesional

“El consumidor 2015: entre el ajuste y la resignación”

Por donde se lo mire, la contracción del consumo en 2014 marcó el peor registro de la década. Un estudio de la consultora W destaca que todas las variables analizadas cayeron, incluso por debajo de 2009: autos, motos, ventas en shoppings, electrodomésticos y supermercados. Lo más preocupante y significativo, y que permite observar la envergadura de la recesión, es que también cayó 2,2% la venta de artículos de consumo masivo.

La categoría incluye alimentos, bebidas, cosmética y limpieza, es decir, casi todo aquello que la gente nunca se resigna a dejar de consumir. Las perspectivas generales para 2015 son entre cautas y pesimistas. “El mejor escenario es no seguir cayendo. Si la coyuntura y el contexto son similares al año pasado, se puede inferir que el consumo se mantendrá estancado”, resumió Juan Manuel Primbas, country manager de la consultora Kantar Worldpanel. Si bien los estudios especializados difieren en algunos porcentajes, hay una coincidencia general: la economía se achicó y la caída del consumo perforó el piso de la crisis de 2009. La diferencia es que en 2010, el Gobierno –con muchas más reservas de dólares y superávit fiscal– logró incentivar la demanda. Hoy, las condiciones son muy distintas.

Guillermo Oliveto, director de W, compara el ánimo de la gente. Entre 2010 y 2011, el consumidor promedio era alegre y oportunista compulsivo. El del año pasado, en cambio, está “preocupado y frustrado”. Tales sensaciones se reflejan en las estadísticas. Los expertos remarcan una diferencia sustancial: una cosa es no poder cambiar el auto, comprar una moto o una heladera. Otra muy distinta es resignar la gaseosa, el yogur o un shampú. Con una inflación en torno al 38% y las paritarias promediando el 32%, produjo un efecto corrosivo en la demanda de los productos que componen la canasta familiar.

Para ese segmento tan sensible y primordial, representa la primera caída anual desde la salida de la crisis de 2001/2002. Las proyecciones de los analistas y las cadenas comerciales, como ya se dijo, oscilan entre la cautela y el pesimismo liso y llano. “La demanda de alimentos secos envasados, frescos y congelados, bebidas con y sin alcohol, golosinas, limpieza, cosmética y tocador cayó un 1,4%”, explica José Ignacio Amodei, director de Trade de la consultora CCR. A su entender, la tendencia se profundizará aún más este año: “Prevemos una nueva retracción, cercana al 2%”, añadió.

Para Amodei, hay dos factores que explican la contracción. Por el lado de la oferta, es decir, por parte de los super e hipermercados, está la limitación de la entrada de insumos y productos terminados, básicamente por las trabas a las importaciones. La demanda, en cambio, fue afectada por la inflación y la caída del salario real, producto del desfasaje entre la inflación y las actualizaciones salariales. “El salario se viene ubicando por detrás del alza de precios, lo que genera pérdida del poder adquisitivo. Esto, sumado a la suba de impuestos, produjo cambios en los hábitos de compra para sostener o resignar lo menos posible las compras habituales”, señaló el entendido. El cuadro actual viene configurándose desde fines de 2011. “Ya en ese entonces apreciamos una tendencia declinante en la demanda”, sostiene Amodei.

Sin disentir demasiado, Primbas trata de segmentar el desempeño de las diferentes categorías de productos que componen la canasta familiar: “El consumidor se vio obligado a reorganizar los gastos de su hogar, y su reacción fue clara y racional”. Este experto puntualiza que, en este marco austero y recesivo, “los productos básicos, como pastas, yerba, aceites y papel higiénico, entre otras, mantuvieron un volumen estable”, es decir, no cayeron tanto como los rubros considerados prescindibles, como sopas, cereales, cremas corporales y faciales. Así las cosas, el estudio de Kantar indica que la caída en este segmento fue del 13%, mientras que los artículos básicos mantuvieron su nivel.

“Los consumidores están entre el ajuste y la resignación”, sentenció. El cuadro, en 2015, podría empeorar, según evolucionen variables clave, como la inflación, el nivel de actualización salarial acordado en paritarias y la fecha del cierre de esas negociaciones. “En 2014, los salarios contra la inflación perdieron entre 5 y 6 puntos. Para decirlo más claro, el poder adquisitivo perdió un 20%. El problema es que no sabemos cómo ni cuándo cerrarán las paritarias este año”, analizó. Además, al tratarse de un año electoral, los pronósticos se dificultan. En este sentido, “el pronóstico más optimistas es que el consumo se mantenga que el año pasado. De todos modos y en el mejor de los casos, no tenemos indicios de que se recupere lo que ya se perdió el año pasado”, dijo.

Desde las alturas “El consumo cayó y fuerte, es verdad, pero desde una base muy alta. Eso también es verdad”, destaca Guillermo Oliveto, de la consultora W, para ponerlo en perspectiva. La expansión de la economía y la recuperación salarial de los primeros años fue perdiendo fuerza producto, básicamente, de la aceleración inflacionaria. La curva declinante, sin embargo, nunca afectó al consumo más básico y elemental, hasta el año pasado. “La caída (de la economía) tiene múltiples efectos. Impacta en los puestos de trabajo, en los hábitos de compra, en el humor social, y en la política”.

Y eso se observa en los resultados de una encuesta que realizaron en conjunto las consultoras W y Trial Panel: “El 86% de la gente dijo que en 2014 recortó sus gastos; el 70% plantea que fue un año donde disminuyó su poder adquisitivo, y el 50% se manifestó preocupado por su situación laboral. Todo eso conduce a que el 76% haya dicho estar preocupado; el 57%, triste; y el 56%, cansado”, explica Oliveto. La misma situación se repite en los principales segmentos de la economía. La venta de autos, por ejemplo se derrumbó un 28% el año pasado. Habría que ponerlo en perspectiva, porque la cifra surge de la comparación con las 956.884 unidades nuevas que se colocaron en 2013, récord absoluto. En total, según datos de ACARA, se patentaron 683.485 autos 0km, un mercado que los fabricantes y concesionarias consideran “bueno”.Con respecto a este año, desde la industria no quieren arriesgar pronósticos.

Por un lado, las terminales se quejan por las dificultades que existen para importar insumos y porque el Gobierno no les gira los dólares que necesitan para cancelar los pagos al exterior. “No tenemos pronósticos. La realidad es que no sabemos qué medidas tomará el Gobierno, si habrá autos para vender y si se lanzarán planes de financiación. No se puede hacer futurología. Recién en marzo tendremos un panorama más claro”, reconoció a iEco Dante Alvarez, vicepresidente de la ACARA, la cámara de las concesionarias. Pronóstico difícil. El sector automotriz afronta un escenario repleto de incertidumbre. Por el cepo al dólar, las trabas para importar y la suba de impuestos, las ventas en enero de este año cayeron casi un 40% con respecto al mismo mes de 2013. En total, se patentaron 65.550 unidades nuevas, que contrastan con las 108.101 de enero del año anterior.

Enero es un mes clave, pero engañoso para sacar conclusiones, ya que la gran mayoría corresponde a ventas realizadas en diciembre y noviembre y que se tramitan después para que los autos no pierdan valor.Casi a la par del sector automotor, las ventas de motos también cayeron abruptamente. Por razones parecidas, en 2014 se patentaron 483.736 motocicletas, lo que representa un descenso del 32% con respecto al año previo, “en el que se había establecido el récord, con 712.167 unidades colocadas”, dice una estadística de la Asociación Argentina de Motovehículos.

Concesionarios y armadurías del sector plantean reclamos similares a las automotrices: falta de dólares para importar y pagar kits con las piezas necesarias para ensamblar motos. La falta de mercaderías, en casi todas los mercados de bienes durables, es la principal dificultar que afrontan no sólo para vender sino para planificar el año. Hay incertidumbre detrás del mostrador. Y delante de las vidrieras.

Una caída que perfora los índices de 2009

En cuanto a consumo, economistas y analistas coinciden en señalar que 2014 fue el peor año de la década. De este modo, y con una contracción del PBI de entre 1,5% y 2%, el año anterior perforó casi todos los indicadores de 2009, los más bajos del ciclo kirchnerista. Por ejemplo, según un estudio de la consultora W, en 2009 las ventas de autos 0km cayeron un 19%; los shopping, 2% y electrodomésticos, 10%. A diferencia de lo que ocurrió el año pasado, las ventas en supermercados y productos de consumo masivo crecieron 4,4% y 1,6%. En 2014, ningún rubro zafó de la recesión.

Al compás del consumo, la evolución de la economía y la incertidumbre política, el humor social va mutando. Así las cosas, el especialista Guillermo Oliveto, entre 2010 y 2011 califica al consumidor promedio como “alegre y oportunista compulsivo”. Entre esos dos años, prevalecía el comprador entusiasta y buscador de ofertas y promociones. Los dos años siguientes, entre 2012 y 2013, con la aceleración inflacionario, el reforzamiento de los controles cambiarios y la incertidumbre, se pasó al consumidor “alerta y calculador”. Desde el año pasado, con la ampliación de la brecha entre la inflación y los acuerdos paritarios, surge el consumidor “preocupado y frustrado”.

Para entender tales cambios de “personalidad” en el consumidor promedio, el estudio de la consultora W calcula que la pérdida del poder adquisitivo real ronda el 5%. Básicamente por esta razón más la incertidumbre creciente por el nivel de empleo, la retracción del consumo afectó a los artículos más elementales: alimentos, bebidas, tocador y limpieza. Y no sólo eso. Además, y por primera vez desde la crisis de 2002, las segundas marcas vienen incrementando su preponderancia. Para W, “las primeras marcas perdieron el año pasado 2,8% del market share”.

Todos los datos alumbran un nuevo escenario, tanto para los consumidores como para los comercios. El desafío para 2015, coinciden los expertos, es mantener el mismo nivel de ventas del año pasado.

Mercados en clave electoral

Para proyectar lo que puede suceder con el consumo, deben considerarse dos elementos centrales que exceden su propia lógica y que dependen del Gobierno. El primero es la resolución o no del conflicto con los “holdouts”. El segundo, la probable vocación del oficialismo por recuperar el vínculo con una parte de la ciudadanía a través de incrementar su poder de compra. Naturalmente, ambas decisiones están fuertemente conectadas: para incrementar la capacidad de consumo de la población y esperar un rédito político-electoral, hay que tener con qué.

El kirchnerismo se ha caracterizado a lo largo de toda su gestión por estimular el consumo. Esta política tuvo réditos claros, como la fuerte reducción de la tasa de desempleo, el incremento exponencial entre 2002 y 2013 en la demanda de muchos bienes, o el gran triunfo en las elecciones de 2011 con el 54% de los votos. Y tuvo también fuertes costos colaterales: el más notorio, la creciente inflación. El segundo de ellos, la pérdida de la confianza en el peso y la fuga hacia el dólar, que terminó afectando las reservas y por ende la economía, vía restricción de importaciones, múltiples tipos de cambio y cepos varios.

Para trazar alguna hipótesis sobre 2015, vale la pena analizar lo que sucedió en 2014. Y lo primero que debe decirse es que acabamos de concluir el peor año en la evolución del consumo masivo desde 2002. Por primera vez en toda la gestión “K”, cayó 2,2% la venta de alimentos. Del mismo modo, no puede dejar de observarse que, sin embargo, la dinámica de los mercados continuó siendo “razonable” en la mayoría de los sectores económicos. Lo que en principio puede leerse como una contradicción, expresa en realidad la dualidad del momento actual.

El consumo cayó y fuerte. Es verdad. Pero desde una base muy alta. Volvemos ahora a nuestro interrogante inicial: ¿qué sucederá en 2015? En base al análisis de lo que sucedió en 2014, de lo que ha hecho el kirchnerismo a lo largo de toda su gestión y de lo que se pone en juego este año que comienza desde el punto de vista electoral, es plausible pensar que, de algún modo, el Gobierno va a intentar estimular nuevamente la demanda. Habrá que ver cómo y con qué recursos. Si esto sucediese, podemos imaginar un consumo que el año 2015 claramente no vivirá un boom como en 2011, y que tendrá como objetivo de máxima evitar una contracción tan marcada como la de 2014. Sería un año de “empate” o a lo sumo de crecimiento moderado, pero crecimiento al fin.

IECO

“Cómo le fue al consumo argentino en 2014 rubro por rubro”

Ventas minoritas, escrituras, electrodomésticos y patentamientos. ¿Qué tiene en común? Todos esos rubros forman parte de la caída al consumo que se registró en 2014. 

De acuerdo con un informe de la consultora Ecolatina, que analizó los principales rubros del consumo argentino, “la devaluación de enero (de 2013) impactó negativamente sobre el poder adquisitivo de las familias, al generar un pico de inflación que socavó el salario de los argentinos (que cayó 5 por ciento en 2014)”.

En ese sentido, la consultora reflejó que eso “redujo fuertemente el salario medido en dólares, el cual descendió un promedio de 12,6 por ciento”.

¿Qué otros factores atentaron contra el consumo? La compra de dólares, permitida por el Gobierno de acuerdo a cada contribuyente, fue crucial, según al consultora. “Si bien la cantidad de dólares que cada individuo puede adquirir representa una proporción pequeña de su salario, la posibilidad de adquirir dólares al precio oficial (más el 20 por ciento de retención impositiva) resultó tentadora”, sostuvo.

En cuanto a la disponibilidad de crédito, “los préstamos personales de 2014 se contrajeron 13,5 por ciento en términos reales. Aunque el consumo con tarjetas de crédito mostró mayor dinamismo, tampoco logró ganarle a la inflación”.

Rubro por rubro. En primer lugar, el volumen de venta de electrodomésticos se retrajo 8,4 por ciento anual, según la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME).

El patentamiento de automóviles 0 Km se retrajo 28,6 por ciento anual, volviendo a niveles similares a los de 2010. Incluso la venta de vehículos usados se vio perjudicada por el enfriamiento del consumo, al contraerse 11 por ciento anual.

La compraventa de inmuebles se hundió tanto en la Ciudad como en la Provincia de Buenos Aires: las escrituras se contrajeron por tercer año consecutivo (-6 y -8 por ciento anual, respectivamente).

En cuanto al comportamiento del consumo masivo, éste fue desparejo según el canal de venta. Las compras en grandes supermercados se mantuvieron estables gracias a la implementación de descuentos y promociones, y la adhesión al programa de Precios Cuidados. En cambio, se observaron fuertes caídas en las ventas del canal tradicional (almacenes, pequeños autoservicios y negocios de barrio) y de autoservicios chinos (-6,5% y -8,2% anual, respectivamente). Estos últimos exhibieron su primera baja desde 2002.

Apertura.com

 

“Estiman que el ahorro en compras mayoristas llega hasta el 40%”

El ahorro en precios que puede obtener un consumidor si compra mercadería en un supermercado mayorista es de hasta el 40%, y las ventas se concentran principalmente en los días viernes y sábado, indicaron fuentes del sector.

Alberto Guida, presidente de la Cámara Argentina de Autoservicios Mayoristas (Cadam), dijo a Télam que el supermercado mayorista es “una alternativa comercial válida” en la que el público consumidor, incluso comprando por unidad, puede obtener rebajas de hasta 40% en comparación con la compra realizada en almacenes, autoservicios y supermercados.

La consultora de consumo masivo CCR evaluó que la expansión del supermercado mayorista, que se extiende en todo el territorio argentino a cargo principalmente de empresas familiares de origen nacional, se debe a los buenos precios de las mercaderías.

A criterio de Guida, el crecimiento del supermercadismo mayorista se debe a que las cadenas de supermercados tienen “altos costos operativos” a lo que se suman los “márgenes excesivos” que registran algunas de ellas, lo que hace que sus precios sean elevados si se los compara con los distribuidores mayoristas.

Por bulto cerrado, los consumidores pueden adquirir -en los distribuidores mayoristas- artículos de almacén, bebidas, artículos de tocador y limpieza.

Guida sostuvo que la mayor cantidad de ventas se produce los sábados, especialmente en los primeros días del mes.

Telam


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Emiliano Schwartz

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