El fantasma de Griesa recorre los shopping y la clase media cierra su billetera hasta que el panorama aclare

Cuando el taxista incluye, entre sus tópicos de conversación, las probabilidades de que el juez Thomas Griesa no le permita a la Argentina pagar por un largo tiempo, ya no caben dudas sobre hasta qué punto la saga de los fondos buitre cambió las expectativas de los argentinos: todos, entiendan o no los vericuetos jurídicos y financieros, perciben que el tema los terminará afectando.

Y actúan en consecuencia. Guiados por su memoria histórica, los ahorristas y consumidores intuyen que los tiempos que vienen son más para un repliegue estratégico que para salir a gastar alegremente.

Esto es lo que están percibiendo los comerciantes, para quienes las fuertes caídas en las ventas no tienen que ver exclusivamente con una retracción del salario real sino con la nueva lectura de la realidad económica que hace la población.

“Cuando observan que hay más incertidumbre, enseguida toman sus precauciones y retraen consumos”, explica a iProfesional Vicente Lourenzo, desde la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME).

En forma asociada con el litigio irresuelto con los buitres, otra de las cuestiones que genera intranquilidad tiene que ver con la suba del blue, que ya coquetea con los 14 pesos.

“El alza del dólar paralelo también tiene un claro impacto en el nivel de compras“, indica Lourenzo.

Al consultar a los expertos sobre el impacto que produce el incumplimiento de deuda en buena parte de la población, éstos hacen referencia a una suerte de “efecto dominó”.

Es decir, la cesación de pagos hace decaer el ánimo, que a su vez reduce las expectativas, lo que se traduce en menor consumo.

De acuerdo con estimaciones de la consultora Abeceb, de no resolverse el escenario de default, la Argentina cerrará un 2014 para el olvido: una baja del 3,5% del PBI, inflación anual del 41% y una retracción del consumo del orden del 3,8 por ciento.

Por cierto, en lo que se refiere al nivel de compras, los datos de los primeros meses de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) anticipan esta situación, con caídas de entre un 8% y 10% cada mes, con casi todos los rubros afectados.

“Hay que remontarse hasta septiembre de 2009 para encontrar bajas tan profundas“, indican desde la entidad.

Según el último informe, en el mes de julio el desplome en las ventas minoristas se ubicó cerca del 10% en comparación con 2013.

Sobre llovido mojado
De acuerdo con Abeceb, para el mercado interno la cesación de pagos significa“agravar la tendencia negativa que venía registrando la actividad productiva local”, en un contexto de caída del nivel de actividad.

En rigor de verdad, las perspectivas de empleo y salarios ya venían golpeadas, de modo que el default vino a sumar más preocupación a buena parte de la sociedad.

De hecho, más de la mitad de los argentinos espera que la economía empeore el próximo año, según lo revela un estudio de la consultora CCR.

La investigación señala que entre las cuestiones que más preocupación traen a los argentinos figuran la menor capacidad de compra de los salarios, el mayor temor aperder el empleo y la inestabilidad política.

El mismo informe arroja que siete de cada diez ya notan un claro deterioro de su poder adquisitivo. Esto, más allá de ver reducida su capacidad de ahorro: 3 de cada 4 personas afirman que no les sobra nada de dinero para atesorar, informan desde CCR.

Esta suma de factores impulsó a la baja al índice General de Expectativas Económicas (IGEE). La última medición de la UCA Y TNS Gallup, dio cuenta de una contracción superior al 10% en junio en relación con el mismo período del año pasado.

Analistas y empresarios anticipan que el default y, en forma asociada, el alza de dólar blue no harán otra cosa que acentuar la incertidumbre y deteriorar aun más dichas expectativas.

Malos recuerdos
A pesar de que aun existen dudas respecto de cuánto tiempo se mantendrá el litigio con los buitres, los expertos señalan que el sólo hecho de que el país haya recibido otra vez la etiqueta de “default” a nivel internacional, ya actúa como un inhibidor al consumo.

Es que esta palabra genera inmediatamente una fuerte asociación y trae a la memoria recuerdos no gratos para muchos argentinos.

“Hemos vivido muy malas experiencias con los defaults anteriores“, dice a iProfesional Guillermo Barbero, desde la consultora First Coporate Finance Advisors.

Los empresarios también advierten la “pesada carga” que buena parte de la sociedad asocia a este término.

“La gran mayoría de personas le teme a esta palabra, porque le trae recuerdos sobre lo que fue la crisis de hace 13 años y lo que le tocara vivir en ese entonces”, recuerda Lourenzo.

Los economistas reiteran una y otra vez que el actual incumplimiento nada tiene que ver con el del colapso de 2001. Pero lo cierto es que a muchas personas el sólo hecho de que se haya instalado otra vez este concepto les genera de por sí temor.

Según remarca el ejecutivo de CAME, “esta palabra, para los argentinos, es un sinónimo de lo que representó la crisis de 2001“.

Por otro lado, las personas ya empiezan a notar que el escenario laboral ya no es el de antes y es así como se acentúa la preocupación por las suspensiones y despidos.

“Ahora se observa un mayor temor por el empleo“, dice Barbero.

En este sentido, no es menor el hecho de que seis de cada diez argentinos aseguren que hay pocos o muy pocos puestos de trabajo disponibles en la actualidad, según arroja el IGEE.

Rubros más afectados
Un gran interrogante que trae este nuevo escenario es el de cuáles serán los rubros que pueden verse más afectados.

“Se retraerá principalmente, la compra de todos aquellos bienes que impliquen un alto endeudamiento“, señala Lourenzo.

Y agrega: “La gente prefiere no tomar más créditos por la incertidumbre”.

Es por eso que los productos que habitualmente se adquieren en cuotas por su altos preciosson los que se verán resentidos en sus niveles ventas, de mantenerse el escenario de incumplimiento de deuda.

A modo de ejemplo, el ejecutivo de CAME hace referencia a artículos y muebles del hogar,electrodomésticos, viajes, ropa y compras de autos.

Lo “justo y necesario”
El combo que componen la caída del poder de compra del salario, el alza del blue, el temor a perder el empleo y la baja de las expectativas ha impulsado a buena parte de la sociedad a poner en marcha una estricta selectividad a la hora de consumir.

De acuerdo con Oliveto, “la conducta de las personas se fue modificando, producto de lapérdida de poder adquisitivo, que este año se ubicó entre un 6% y un 7% por debajo”.

El consultor resume el desafío “de optimizar el dinero que se tiene en la mano”, que se ve reflejado en un intenso aprovechamiento de las promociones, menos salidas a restaurants, la mayor búsqueda de formatos de cercanía (en lugar de los grandes supermercados) y un cambio en el mix de productos que se llevan al changuito, entre otros tantos ejemplos.

Con salarios alicaídos por el efecto corrosivo de la inflación, los argentinos empezaron a enfocarse en los artículos de primera necesidad y tuvieron que resignar aquellos más prescindibles.

Desde Kantar Worldpanel, Juan Manuel Primbas indica que “se profundiza la tendencia hacia un consumo menos sofisticado“, que deja mejor parados a las categorías de productos más básicos, en detrimento de otros.

Barbero señala: “Hoy se piensa mucho más antes de tomar una decisión, se compra lo esencial y todo lo que se puede postergar, se posterga“.

Los empresarios también ponen “pausa”
Así como la palabra default funciona como inhibidor de las compras y lleva a postergar consumos o a limitarlos, los analistas señalan que una conducta similar ocurre por el lado de los ejecutivos de negocios.

Es que, ante un posible cambio de escenario y frente a la reducción de las ventas, reaccionan y toman sus precauciones.

“Además de impactar por el lado de la demanda, el default afecta también por el lado de la oferta”, indica Barbero.

En este punto, el analista señala que el contexto actual impulsa a las firmas a adoptar, principalmente, dos actitudes: reducir los planes de financiamiento sin interés e intentar mantener a raya el stock, reduciendo para ello las compras de insumos a sus proveedores.

Las casas de electro o indumentaria son ejemplos del achique de beneficios. En las primeras, los planes de 18 cuotas quedaron acotados sólo a los fines de semana. En las segundas, desaparecieron las seis cuotas sin recargo.

La cadena de pagos se estiró y se observa un mayor esfuerzo de los gerentes financieros porcuidar el capital de trabajo (dinero en caja, más créditos por ventas, menos deudas con proveedores).

Según cuenta a iProfesional un reconocido empresario del rubro del calzado, con varios locales en los principales shoppings porteños, “si uno realiza las operaciones con fabricantes con cheques a 45 o 90 días, hay que pagar un importe más elevado“.

En cambio, quienes cancelan en “cash”, reciben como beneficio quitas de entre un 10% y 15%, algo nada despreciable en momentos de baja rentabilidad y de caída en ventas.

“Las empresas tienen que salir a comprar materia prima o productos semi-elaborados y, para hacerlo, precisan el dinero en mano“, explica Fabián Castillo, presidente de la Cámara de Comercio del Calzado y Afines.

Esta necesidad tiene su efecto inmediato en el público en general. Es por ello que varios comercios gastronómicos colgaron el cartel de “no se aceptan tarjetas”.

En otros rubros, por pagar en efectivo, los consumidores hoy acceden a importantes rebajas.

Al igual que ocurre con las personas, las compañías tampoco quieren exponerse demasiado y reducen la cantidad y variedad de productos de la misma categoría, un hecho que se hace visible en los supermercados.

El escenario de default funciona como “wait and see” que actúa sobre ambos lados: oferta y demanda. Y en tanto no se resuelva el litigio que permita que se disipen los temores y se gatillen los malos recuerdos, el consumo también es otra de las variables que quedó presa del fantasma de Griesa.

IProfesional

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Emiliano Schwartz

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