“Algo falló: esto pasó con la Supercard a un año de haberse lanzado para democratizar las compras”

Hoy cumple su primer año de vida, aunque para muchos empresarios y analistas el producto estaba muerto antes de nacer.

Un día como hoy, el 27 de junio de 2013, el Gobierno anunciaba con bombos y platillos la llegada de la Supercard.

Afirmaba que iba a servir como medio de pago para una amplia variedad de rubros, desde electrodomésticos, supermercados, hasta farmacias. Incluso, se hicieron tratativas para que sea utilizada en los McDonald´s y en la cadena de estaciones de servicio de YPF.

“La tarjeta incluye a socios como algunos supermercados, Cooperativa Obrera, casas de venta de electrodomésticos y al Banco Hipotecario, que las administrará a través de TarShop“, aseguraba por aquel entonces la subsecretaria de Comercio Interior, Lucila “Pimpi” Colombo, la segunda de Guillermo Moreno.

Su entusiasmo era tal que no dejaba medio de comunicación por recorrer o expresarse, para hablar de las bondades del plástico que, en su opinión, iba a reducir a la mínima expresión el uso de las tarjetas clásicas.

Hubo decenas de reuniones entre los distintos actores involucrados, se escribieron páginas y páginas en medios gráficos en las que se daba cuenta de los pormenores de la tarjeta. Los portales de noticias online seguían minuto a minuto los detalles de la instrumentación y en los medios radiales se multiplicaban las entrevistas a empresarios y expertos en consumo.

Parece que fue hace un siglo, pero lo cierto es que todo esto pasó en la Argentina hace apenas un año. 

Uno de los empresarios que se mostraba eufórico por el debut de la Supercard era Alberto Samid, que sostenía que con su aparición se iba a replantear todo el sistema de comisiones del mercado y le confiaba al plástico la capacidad de contribuir a moderar la inflación.

“Con la nueva tarjeta la gente va a tener más plata para gastar”, decía. Y hasta le confería “poderes mágicos”, como el de ser capaz de “estimular el consumo de los argentinos”.

Por cierto, no era el único entusiasmado. La propia Asociación de Supermercados Unidos (ASU) -que nuclea a los principales retailers del país (Coto, Jumbo, Disco, Vea, Carrefour y Día, entre otros)- también se había expresado favorablemente y daba cuenta de que la Supercard iba a ser aceptada en todas las sucursales de estas cadenas.

“Se comenzará a ofrecer en los distintos stands que se montarán en los propios locales de los súper e hipermercados“, aseguraba Juan Vasco Martínez, director ejecutivo de la Asociación de Supermercados Unidos (ASU) (ver foto).

También Yolanda Durán, titular de Cedeapsa, cámara que nuclea a los supermercados chinos, le daba la bienvenida: “Va a ser un instrumento muy positivo para el comercio y para los consumidores”. Y daba cuenta de las bondades democratizadoras de la Supercard: “Pone en pie de igualdad a las grandes cadenas”.

Hasta hubo ceremonia de lanzamiento
Hoy arranca oficialmente la tarjeta Supercard. Daremos los pasos jurídicos para conformar una sociedad entre las principales cadenas intervinientes”, decía el director de ASU para confirmar la entrada en vigencia.

Otro de los que se mostraba contento era el titular de la Confederación General Empresaria,Raúl Zylbersztein, que destacaba la importancia del producto: “Los bancos quieren seguir cobrando su 3% y es por eso la necesidad de esta nueva tarjeta“.

Hasta hubo ceremonia de presentación, a la que concurrieron cientos de empresarios. Guillermo Moreno, tomó la palabra y le dio la bienvenida a la Supercard, que fue adjudicada enprimer lugar y simbólicamente, a la presidenta Cristina Kirchner.

El segundo de los plásticos fue recibido por Lucila “Pimpi” Colombo” el tercero por Durán.

No podía fallar 
Estaba todo fríamente calculado. Los pormenores de las negociaciones hacían pensar que no había marcha atrás.

El plástico iba a tener un costo de financiamiento del 1%, su entrega sería gratuita y con límite de crédito de $3.000.

“La emitirán las propias cadenas y la tasa no superará el 22% anual. La comisión a los comercios será de entre el 0,75% y 1%”, aseguraban Gobierno y empresarios.

Se anunció que sería administrada por una sociedad integrada por los supermercados Coto y la Cooperativa Obrera de Bahía Blanca, las cadenas de electrodomésticos Frávega y Garbarino, la Corporación Mercado Central y el Banco Hipotecario.

En tanto, la firma TarShop, que opera Tarjeta Shopping, pasó a tomar la responsabilidad deanalizar los comercios que iban a participar en el nuevo programa.

Los adherentes “plenos” ya estaban confirmados: las cadenas Jumbo, Disco y Vea, Carrefour, Walmart y Chango Más y las casas de electrodomésticos Red Megatone Musimundo.

También, se afirmaba, habría firmas que iban a aceptar la tarjeta en sus negocios:  CEDEAPSA, las cámaras regionales de supermercados (CAS y FASA), las cadenas de farmacias -incluidaFarmacity– y perfumerías, y además McDonald´s.

Todo esto se decía hace apenas un año y fueron varias las marcas que se sumaron a la Supercard. De hecho, en la página oficial aún aparece -casi como invitando a ver algo que no fue- la nómina de locales en los que se podía (“puede”, en rigor de verdad) gestionar el plástico.

Allí figuraban -hasta hace poco- algunas sucursales de Carrefour, Correo Argentino, Frávega y Garbarino (ver imagen).

En cuanto al método de financiamiento del plástico, el Gobierno iba a buscar el apoyo decompañías de seguros y empresas, para crear un fideicomiso y con ello sustentar la emisión.

¿Cuántas Supercard se iban a imprimir de arranque? Unas 10.000, para que luego esa cifra fuera creciendo exponencialmente.

Pero algo falló 
A contramano del entusiasmo que despertaba el flamante plástico, la cantidad que se llegó a emitir no fue ni a la mitad de ese número, pensado para un inicio. Más aun, jamás se realizóuna segunda tanda.

“Los retailers ofrecieron la Supercard solamente los primeros 15 días desde el lanzamiento”, afirma Fernando Aguirre de la Cámara Argentina de Supermercados (CAS).

“Finalmente quedó en la nada“, apunta Soledad Pérez Duhalde, de la consultora Abeceb. Quedó en el libro de las anécdotas de este país, “ni siquiera arrancó“, completa.

Sin embargo, hay algo que resulta tan curioso como contradictorio: al día de hoy -pese al desenlace que ha tenido la Supercard- aún sigue vigente la página web del plástico impulsado por el oficialismo.

Al consultar cuáles son los comercios en los que se puede utilizar este medio de pago, ellistado de marcas adheridas ha desparecido (ver imagen):

Este panorama contrasta con el que los usuarios podían encontrar un año atrás, cuando en el sitio figuraban unos 1.722 comercios, que incluía supermercados, casas de electrodomésticos y cadenas de hamburgueserías, entre otros, que recibirían con agrado la Supercard.

Más aun: se había difundido un 0-800 para que los clientes puedan habilitar la tarjeta o efectuar consultas sobre su funcionamiento y establecimientos adheridos.

¿Qué pasa si alguien llama hoy a ese número que aparece en la página oficial? Lo atiende uncontestador automático que amablemente lo invita a aguardar para ser atendido. Minutos después, la comunicación se corta.

La web “despoblada” de marcas y el silencio en el teléfono sirven para pintar la postal de cuál fue el destino final del plástico oficial.

“Se trató de un fraude, ya que ni siquiera se llegó a implementar“, resume en pocas palabras Pérez Duhalde.

Pero, si por casualidad, alguien se encuentra con otra persona que tuvo la suerte de conseguirla puede -con algo de envidia- jactarse de que el plástico no se acepta y nunca se aceptó.

De hecho, los encargados de los comercios se muestran sorprendidos ante la consulta por algún tipo de beneficio, ya que muchos se olvidaron o desconocen su existencia.

iProfesional preguntó en el local de Garbarino, ubicado en el segundo piso de Alto Palermo Shopping. “No la tenemos registrada, sólo contamos con la tarjeta de nuestra marca”, dijeron.

Lo cierto es que la Supercard fue una más de las tantas iniciativas anunciadas por el oficialismo que quedaron en el olvido.

El sector supermercadista atribuye su fracaso a una sencilla razón: nadie -salvo el Gobierno- tenía un interés real en el desarrollo de este producto.

“Hubo una gran falta de motivación por parte de las personas y de las empresas”, puntualiza Aguirre desde CAS.

Es así que la iniciativa no logró arrancar, por graves inconsistencias, tanto del lado de lademanda como de la oferta, por dos motivos básicos:

1. Las personas no tenían interés en adquirirla. “La gente, que ya tenía un promedio de tres tarjetas bancarias en la billetera, no entendía cuáles eran los beneficios de hacerse de un plástico más”, afirma Aguirre.

2. Las propias empresas -pese a mostrar su apoyo para contentar a Moreno-, micrófonos apagados mediante, descreían de la iniciativa y ni se molestaron en fomentar su desarrollo. De hecho, muchas ya contaban con plásticos propios y no estaban dispuestas a promocionar un producto que compitiera con el de ellas.

Así las cosas, las falencias hicieron que la apuesta del Gobierno terminara siendo sólo una serie de buenas intenciones.

Ni siquiera logó juntar una cantidad mínima de usuarios para que tenga algo de circulación”, agrega el supermercadista.

Otro de los errores que el ejecutivo de la CAS remarca tiene que ver con la desinformación asociada al producto.

“Se transmitieron mal los requisitos para adquirir el plástico. En un principio se había dicho que iba a ser para las personas más necesitadas, pero luego aparecieron exigencias como, por ejemplo, contar con otra tarjeta que tuviera al menos un año de antigüedad”, recuerda Aguirre.

También los analistas hacen referencia a errores de estrategia.

Desde el sector supermercadista señalan que hubo más de presión a los bancos que una evaluación sobre los puntos fuertes en los que podía apuntalarse un nuevo plástico en el mercado.

“Hubo errores de base, ya que la Supercard tenía por objeto asustar a las entidades financieras, algo que por cierto nunca el Gobierno logró”, admite a iProfesional un empresario del rubro.

Otra de las razones que frenó su avance fue que la compra con plásticos que ofrecendescuentos es un hábito muy arraigado entre los argentinos.

En ese contexto, la Supercard tenía poco para ofrecer.

Archivo molesto
Los meses transcurrieron y los buenos augurios fueron quedando en el pasado, como tantas otras promesas de la historia argentina.

Los ejemplos se multiplican y no resulta necesario irse muy atrás en el tiempo.

La indumentaria “Nacional y Popular” Nac&Pop que se impulsó bajo el programa “Ropa para todos”, hasta se dio el lujo de tener en el programa 6,7,8 al vicepresidente Amado Boudou como modelo televisivo. 

 


Pero, como dicen los optimistas, siempre hay que buscar el lado bueno. Incluso de los fracasos se aprende.

Como aliciente queda que el fugaz paso de la Supercard por la historia económica argentina, en cierto modo, fue “inofensivo”, ya que no generó grandes pérdidas, más allá de tiempo que le dedicaron funcionarios y empresarios.

Hubo cosas peores. Para otro capítulo queda entonces contar el plan de pesificación -ideado por el Gobierno para que los argentinos dejen de lado su costumbre de pensar en dólares y se acostumbren al cepo-. O el Cedin que, aunque usted no lo crea, se mantiene vigente.

IProfesional

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Emiliano Schwartz

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