“Sueldos viejos con precios nuevos: la clase media ajusta sus consumos para capear inflación y dólar a $8”

Era la “fórmula del éxito” y parecía que nada podía hacerle mella: la inflación desestimulaba el ahorro y fogoneaba el consumo, la prohibición de comprar dólares motorizaba los plazos fijos -con los cuales se financiaba el crédito barato- y la recaudación impositiva aumentaba para garantizar que la economía se mantuviera caliente.

Contra los malos augurios de los críticos a la gestión, la economía no sólo no colapsaba sino que se generaba una sensación de prosperidad como hacía años no se veía, con récords de ventas de autos, electrodomésticos y viajes.

Los analistas acuñaban nuevas expresiones para definir el fenómeno, tales como “reactinflación” o“fuga al consumo”.

Pero detrás del tono peyorativo que empleaban, terminaban reconociendo que sí, que era cierto que el ritmo de compras se mostraba más resistente a la baja de lo previsto y que la economía no se enfriaba.

El mecanismo parecía perfecto, porque cuando los precios subían todos tenían algo para festejar: los empresarios porque licuaban costos, los consumidores porque sus cuotas de la tarjeta de crédito se achicaban respecto de su sueldo, el Gobierno porque reducía gasto público y además tenía una nueva oportunidad de anunciar aumentos de sueldos, jubilaciones y planes sociales.

Pero todo lo bueno alguna vez se termina, como están comprobando en estos días los argentinos, algo sorprendidos porque ya no siguen rigiendo los fuertes descuentos en supermercados y tiendas de ropa, los planes de 12 cuotas en eléctrodomésticos y los paquetes turísticos “subsidiados” y con financiación de hasta 24 meses.

Más que pensar en sus futuras vacaciones, muchos están preocupados por si su próximo aumento nominal de sueldo llegará a compensar la creciente inflación y empiezan a sacar cuentas sobre cuánto deberán pagar por la luz y el gas cuando se concrete el inminente “tarifazo”.

La palabra “recesión” está en el ranking de las que más se repiten en los medios de comunicación e informes de economistas.

¿Cómo fue posible que en tan poco tiempo la “fórmula perfecta” haya perdido su magia?

Los expertos creen que más que una crisis pasajera causada por la devaluación, lo que está ocurriendo es un verdadero cambio de paradigma: hay que empezar a olvidarse de los tiempos en los que el consumo era la locomotora de la economía.

Nuevos tiempos
Una de las primeras señales de que los argentinos han comenzado a moderar el gasto ya se advierte en los supermercados, donde los consumos se vuelven más selectivos y se vuelca a los changuitos una menor cantidad de productos.

Según lo advierte Miguel Calvete desde el Instituto de Estudios de Consumo Masivo (INDECOM), “desde hace dos meses hay un amesetamiento en la venta de alimentos”.

José Ignacio Amodei, director de Trade de CCR, consultora especializada en consumo, indica que “hay una reducción en el crecimiento de las compras en supermercados“.

De hecho, un informe realizado por la firma da cuenta de cómo fue bajando la tasa de crecimiento de las ventas en el total de los canales de comercialización.

Por cierto, dicha tasa en 2010 era de casi 4% respecto del año anterior. En 2012 se redujo a un 2,1% y el año pasado se achicó a sólo un 1,9%.

El 2014 muestra un escenario aún más complejo en las góndolas.

Ocurre que la devaluación del peso desató fuertes subas de precios. Con el debut del “nuevo Indec”, el Gobierno admitió que en enero la inflación había sido del 3,7%.

Pero este fuerte incremento no es privativo del primer mes. Para febrero las estimaciones de consultoras privadas dan cuenta de que el índice se ubicará en una franja que va del 4,5% al 5%.

La suba del dólar impactó tanto en los supermercados como en las cadenas de electrodomésticos, al tiempo que elevó la cautela de las argentinos y los indujo a cuidar más el bolsillo.

“En las góndolas, el componente importado tiene un peso del 20% del valor del producto y esto tiene una clara incidencia en los precios que paga el consumidor”, explica Calvete aiProfesional.

Pero el enfriamiento del consumo no se observa solamente a la hora de llenar el changuito.También en las compras que durante los últimos años habían sido rubros estrella del “modelo consumista”, como los electrodomésticos y la indumentaria, en los que se observan fuertes caídas.

Al respecto, la última encuesta de la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME) muestra datos contundentes: medidos en cantidades -es decir, en términos reales-, los productos electrónicos cayeron un 11,7% respecto de hace un año, mientras que en indumentaria hubo una baja de 7,1%.

El análisis de CAME apunta a tres causas para este enfriamiento: la caída en el poder adquisitivo por la inflación, la suspensión de promociones con descuentos o cuotas sin interés, y un “efecto compás de espera” hasta que se acomoden los precios que quedaron desfasados tras la devaluación de enero.

También se está notando un enfriamiento en otros rubros emblemáticos del “ahorro consumista”, como los autos y viajes.

Por cierto, en este último rubro, el “dólar turista” (oficial más 35%) cotizando a más de $10 hizo que el nivel de contrataciones de paquetes cayera a la mitad, lo que ya encendió la alarma en el sector.

La industria automotriz no escapa a este complicado escenario que se plantea para 2014. Por lo pronto, sus directivos advierten que el impuestazo aplicado por el Gobierno generará despidos de personal y una caída en el nivel de general de patentamientos de entre un 20% y 30%, de no mediar cambios.

El último reporte de la asociación de concesionarias marcó para febrero una caída de 8,5% en las ventas de autos, mientras que en las motos se produjo una verdadera debacle de 27%, lo que llevó al sector a declararse en emergencia económica. 

El segmento de vehículos de alta gama se lleva la peor parte, con un desplome en ventas de hasta un 70%, tal como el registrado en enero y febrero.

Los “refugios”, más caros
Hasta el año pasado, había rubros que se mostraban particularmente fuertes en materia de consumo.

En el turismo, ayudaba el atraso cambiario y los planes de cuotas en pesos y sin interés.

En cambio, en el caso de los vehículos se había llegado a un abaratamiento tal que, en términos de salarios, el precio de un 0km tomado como referencia (VW Gol) equivalía a apenas unos 8 ingresos promedio cuando, hace tres años, ese indicador era de unos 12.

“Muchos bienes durables venían creciendo en ventas por su precio, por dólar oficial bajo y por ser buscados como refugio del dinero“, apunta Soledad Pérez Duhalde, de la consultora Abeceb.

Ahora el escenario es diferente, producto del fuerte encarecimiento de los distintos rubros.

Otro de los frenos que el consumo encontrará en 2014 tiene que ver con que este año se empezarán a notar promociones más acotadas en lo que hace a descuentos para compras con tarjeta.

Los planes de pago se redujeron abruptamente. Las 12 cuotas sin interés sólo sobreviven para algunas fechas y casos puntuales. Pero, en general, la tendencia es la de ofrecer seis.

Esto, vinculado principalmente con el encarecimiento del crédito, producto de la suba de las tasas de interés.

Para defender al peso y evitar que se escape al blue, el Gobierno indujo a los bancos a que paguen más por los plazos fijos, pero también cobran más por el dinero que prestan para otorgar cuotas.

En la actualidad, el costo financiero total (CFT) para financiarse con tarjeta o avanzar en unpréstamo personal implica pagar una tasa del orden del 80% (ver nota: ¿Tarjeta o préstamo personal?: qué opción conviene tras suba del costo de los créditos).

La incertidumbre gana terreno
A las subas de precios también hay que agregar otro factor clave que -según indican los analistas- este año inclinará la balanza a favor de un mayor cuidado del bolsillo: el deterioro de las expectativas de los argentinos en cuanto al futuro de la economía.

Hacia finales de 2013 ya se advertía una mayor desconfianza en relación con la evolución del país.

El Índice General de Expectativas Económicas (IGEE) -realizado en conjunto por la UCA y la consultora TNS Gallup- daba cuenta en diciembre de “una baja en la medición, motivada por una peor evaluación de los argentinos sobre la situación de la economía“.

El 2014 trajo en sus primeros meses un “extra”: por efecto de la sorpresiva devaluación se acentuó la sensación de desconcierto.

En palabras de Amodei, de CCR, “hoy todo puede cambiar de un momento para el otro, hay un mayor grado de incertidumbre y de preocupación”.

Una clara evidencia de esta percepción de los argentinos se refleja en las góndolas, donde las personas ya no tienen demasiada precisión respecto de cuál es el precio que debería regir para un determinado producto.

“Cada vez hay menos valores de referencia“, explica a este medio Emiliano Schwartz desde la consultora especializada en consumo Tomadato.

Las expectativas económicas en baja no sólo afectan a los consumidores, sino también a lasempresas, una cuestión que tiene impacto en lo que a oferta laboral se refiere.

En este punto, Amodei sostiene que “las compañías, al igual que las personas, también empiezan a postergar sus decisiones de inversión, producto de un contexto incierto como el actual”.

La “pelea” por los salarios
Si bien son varias las razones que en 2014 impulsarán a los argentinos a darse menos gustos y a estar más pendientes del bolsillo, los expertos destacan que habrá un punto que resultará decisivo a la hora de determinar la evolución del consumo: las paritarias.

En este sentido, Amodei destaca que “si los sueldos crecen por debajo de los precios, se profundizará la caída en el ritmo de compras”.

Schwartz, desde Tomadato, indica que la situación actual se asocia a la de “sueldos viejos y precios nuevos”, producto del fuerte incremento que están teniendo los bienes y servicios por sobre los ingresos.

Y Amodei apela a una frase más que ilustrativa y muy conocida por los argentinos: “Hoy los precios van por ascensor y los salarios suben por escalera“.

IProfesional

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Emiliano Schwartz

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