“Consumo 2014: retracción en los gastos en un año marcado por la incertidumbre”

Precios para arriba. Los analistas creen que la venta de artículos de consumo masivo se estancará, pero no tanto como los bienes durables.

El consumo, factor central de la economía en la última década, cambiará sustancialmente en 2014. Devaluación, suba de precios y de tasas, recortes abruptos en la financiación y las promociones, y una muy segura pérdida del poder adquisitivo de los salarios confluyen en un escenario dominado por la incertidumbre. Así las cosas, salvo los artículos masivos, los pronósticos sombríos abarcan a casi todos los sectores, sobre todo los bienes durables (autos, motos y electrónica hogareña), indumentaria, shoppings y esparcimiento (cine, teatro, gastronomía). “Es un contexto muy similar a 2009”, resumió Guillermo Oliveto, director de la consultora W, remitiendo sus proyecciones a los malos indicadores registrados en el país en la última crisis.

La gente comenzó a tener malas expectativas, con claro impacto en el consumo, a fines del año pasado. De octubre a enero, el Indice de Confianza del Consumidor que elabora la Universidad Di Tella cayó 16%. La profundización del malhumor social se debe a múltiples causas. “Devaluación, suba de tasas, recorte de subsidios, caída del salario real, cero generación de empleo y menor crédito. Eso es estancamiento de consumo asegurado, incluso con una caída”, dijo a iEco Soledad Pérez Duhalde, economista de la consultora abeceb.

La comparación con 2009 causa escalofríos. Ese año, cayó casi todo: PBI (-1,5%), autos 0 km (-19%), electrodomésticos (-10%) y ventas en shoppings (-2%). “Partiendo de ahí –explica Oliveto– es razonable diferenciar el comportamiento de los bienes considerados como postergables (autos, electrodomésticos, indumentaria, por ejemplo), de otros cuya demanda es inelástica, como alimentos y bebidas”. Pérez Duhalde, de abeceb, coincide con esa apreciación: “La temporada de verano fue mala para la indumentaria, y continuará así”.

El sector textil afronta un período de complicaciones, producto de la suba de precios y el drástico recorte –o directamente el retiro– de estímulos promocionales (descuentos) y de la financiación (cuotas sin interés). El mes pasado, con mucha antelación y en plena temporada, las marcas y los comercios del rubro adelantaron liquidaciones.

En los shoppings, de todos modos, juran que no les va tan mal. “En comparación con febrero del año pasado no observamos ninguna variación en cantidad de gente y las ventas se mantuvieron”, señaló una fuente de Irsa, dueña y administradora de los principales shopping del país. Sin embargo, recalcó que en marzo la tendencia podría cambiar, en el inicio de la temporada de invierno, “cuando lleguen los nuevos precios y se endurezca la posición de los bancos”.

Un panorama similar afronta el rubro esparcimiento (gastronomía, cine, teatro, recitales, entre otros), todos gastos prescindibles. “En una crisis, lo primero que cae son las salidas familiares”, define Pérez Duhalde. A la falta de clientes, los restoranes afrontan numerosos escollos, como la inflación y la falta de crédito. Ante esas dificultades, muchos negocios ya suspendieron el pago con tarjeta. La devaluación, en cambio, es un duro escollo para la llegada de artistas internacionales, cuyos cachets son dolarizados. El mayor costo de las entradas achica los márgenes de rentabilidad de los organizadores. “Todavía no cancelamos ningún show, pero cada negocio lo analizamos con mucho cuidado”, aseguró Marcelo Dionisio, de la promotora Fenix Entertainment Group.

Los artículos masivos (alimentos, bebidas, limpieza y de tocador) podrían ser los menos afectados por la retracción generalizada del consumo. En 2013, de acuerdo con la consultora W, la venta del sector creció un 2% a nivel general. Damián Di Pace, analista en consumo minorista, hace un pronóstico cauteloso. “Tengo dudas de que el gasto se mantenga en el nivel del año pasado. El consumidor 2014 está poco oxigenado financieramente: se perdieron las promociones, las cuotas sin interés y los descuentos están desapareciendo. Las ofertas que hay son puntuales y tienen que ver con la liquidación de stock”, grafica Di Pace.

A pesar de todo, los entendidos sostienen que los artículos masivos, incluso aquellos que tienen que ver con la belleza, representan una de las pocas oportunidades de satisfacción personal frente a tanta austeridad impuesta por la economía. Desde una empresa fabricante de productos de belleza dijeron que el mercado, por ahora, “está bien, pero desacelerándose”. Y añaden que tampoco se percibe, como en otras crisis más profundas, corrimientos hacia productos más baratos: “No hay corrimientos, el consumidor defiende la marca”.

En artículos de lujo (perfumes, fragancias y cremas) el sector está más afectado por las restricciones a las importaciones. “Nos pega como a otras industrias”, dijo, como así también la falta de financiación. “En algunos puntos de venta el crédito se cortó”, remarcó la fuente.

Ajustes a la demanda

De las condiciones que hicieron posible un constante crecimiento del consumo en la última década, en 2014 sólo quedará en firme el bajo nivel de desempleo. Y esto también resultará difícil de sostener. El resto de las variables (suba del salario real, bajas tasas de interés, financiamiento del consumo y políticas sociales) entrará en una fase de contracciones y dinámicas bajas durante el año.

Las obligadas medidas que está tomando el Gobierno para corregir los desequilibrios macroeconómicos llevan hacia un ajuste de la demanda. Por la devaluación del dólar oficial, los argentinos verán perder su poder adquisitivo a causa de la inflación. Y debido a la suba de la tasas de interés, se encarecerá el financiamiento del consumo. Por este último motivo, comercios y bancos disminuyeron sustancialmente la cantidad de cuotas sin interés para las compras, una estrategia que impulsó la demanda.

Además, este año seguramente habrá un ajuste en las tarifas de los servicios públicos. Porque la distorsión de los precios de la electricidad por la mala política energética es una de las principales causas de los desequilibrios que llevan al déficit fiscal y a la excesiva emisión monetaria que aplica el Gobierno para financiarlo. La probable suba de tarifas reducirá la porción del gasto destinado al consumo.

La caída del consumo, entonces, es inevitable, pero aún está por determinarse su dimensión. Esto tendrá sus matices. Se profundizarán las heterogeneidades que se vieron el año pasado en cuanto a la demanda por sectores. Por ejemplo, con la alta inflación algunos bienes durables seguirán siendo vistos como refugio de valor para quienes puedan comprarlos. Pero en el caso del sector más representativo de esta tendencia, que es el de autos, se esperan caídas por las trabas a la importaciones y la fuerte suba de precios. Los sectores que se sostendrían son los relacionados con el consumo inelástico, es decir los vinculados al consumo más básico, como los alimentos y bebidas.

IECO

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Emiliano Schwartz

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