Récords ayer, problemas hoy: el Gobierno quedó “rehén” de un modelo consumista que ya no puede “bancar”

La seguidilla de cortes de luz, que no cesaron pese a la esperanza oficial tras el inicio de las vacaciones y la alusión -luego desmentida- a la posibilidad de avanzar con restricciones programadas al suministro eléctrico, trajeron en estas últimas semanas algo de la “atmósfera” del último período de la década de los ´80.

Para los expertos, esta caja de sorpresas en la que se ha convertido el sistema eléctrico argentino, no es más que el resultado de políticas de desincentivo a lainversión, que conjugaron tarifas congeladascostos crecientes en dólares y una demanda exacerbada, de la mano de una economía que durante años creció a tasas chinas.

Sin embargo, este escenario que fue llevando al borde del colapso al sistema eléctrico, no es privativo del rubro energético.

Por el contrario, es una de las consecuencias de una política económica que, durante la última década “privilegió” el consumo como motor del crecimiento y generador de la riqueza, sin un nivel de inversión en “fierros” e infraestructura que lo respalde.

Uno de los funcionarios que mejor sintetizó la particular visión del Gobierno K es el ex viceministro y actual diputado, Roberto Feletti: “El consumo interno es la principal variable de crecimiento y hoy representa el 73% de la economía nacional“, festejaba tiempo atrás.

“No podemos pensar que estamos sumergidos en una catástrofe si tenemos el ritmo de compras más dinámico de los últimos tiempos y una demanda interna sostenida“, completaba.

Sin embargo, apenas un puñado de meses después, el legislador daba cuenta un pequeño detalle: el hecho de que más argentinos siguieran sacándole jugo a las compras en cuotas, pensaran en adquirir un auto o un aire acondicionado, respondía a un estímulo artificial dado por el cepo y las dificultades para invertir.

“El Gobierno, entre ajustar el consumo priorizar el ahorro, decidió priorizar el consumo. Por eso, decidió restringir la tasa de ahorro en dólares. Dijimos: ‘vuelquen el ahorro a pesos o a consumir‘”.

Y dado que con una inflación cercana al 30% “ahorrar” en moneda local es inviable, está claro que el Ejecutivo puso todas sus fichas en incentivar el consumo.

Tarifas bajas, más demanda, menos dólares
En este contexo, desde el Gobierno siempre se encargaron de presentar el esquema de tarifas bajas y de subsidios en alza como una forma de incrementar el poder adquisitivo de los argentinos y, además, de hacer más competitiva a la industria nacional. Un argumento que, durante años, la propia Presidenta también utilizó para festejar los bajos precios de la nafta.

El problema, según el economista Lucio Castro, del CIPPEC, es que esto provocó un derrumbe en la inversión: “Los desembolsos del sector privado en infraestructura y servicios representaban 2 puntos del PBI en los años noventa, mientras que en la última década apenas equivalió amedio punto“.

“El retraso en las tarifas y la distorsión de precios relativos que viene afectando a la economía, hizo que la demanda corriera muy por sobre la oferta”, completó.

Esto se hizo notorio en el sector energético. Así, congelamiento de tarifas mediante, el Gobierno no hizo más que alentar a que más argentinos -aprovechando los planes de cuotas- se decidieran a comprar un equipo de aire acondicionado. Y muchos de quienes que ya tenían uno optaron por la adquisición de una segunda tercera unidad.

De hecho, desde hace más de cuatro años, la venta de estos equipos viene superando elmillón de unidades en cada período. Y esto, que antes fuera festejado, se transformó en un “boomerang” para el Gobierno.

Paralelamente, el desincentivo a invertir llevó a que los desembolsos en infraestructura se desplomaran: Edenor Edesur, que en los 90 inyectaban unos u$s600 millones anuales para mantener y extender las redes, en 2012 aportaron menos de u$s200 millones.

“El colapso del sistema eléctrico nacional es un testimonio de las consecuencias de las políticas populistas. Las tarifas fijadas en valores artificialmente bajos exacerbaron el consumo y desalentaron la inversión”, explicaron desde IDESA, para luego destacar que “las inconsistenciasse disimularon durante mucho tiempo gracias a la expansión de la capacidad de generación de electricidad lograda en años anteriores“.

Y el hecho de haber congelado tarifas tuvo otro “efecto colateral”: al explotar la demanda de equipos de aire acondicionado, paralelamente se potenció la actividad en el polo electrónico de Tierra del Fuego, que cada año “aspira” del Estado más de $10.000 millones en concepto de beneficios fiscales.

Así fue como el ensamblado de electrónica se ha convertido en una de las cuatro grandes “grietas” por las cuales más dólares pierde el Banco Central, que debe convalidar multimillonarias operaciones de importación.

Esto se debe al alto contenido de insumos del exterior. De hecho, las empresas sólo están obligadas a incorporar en los equipos de aire acondicionado cablestornillos cajas plásticasnacionales. Todo el resto es importado.

Esto es lo que contribuyó a generar -junto con la producción de LCD, celulares y portátiles- un déficit de u$s7.000 millones en 2013, según el Estudio Bein.

Esta enorme sangría, motorizada por el boom de consumo, provocó que el proyecto “Nac&Pop” de Tierra del Fuego chocara con la restricción de los dólares.

La necesidad de cuidar cada billete verde que entra a la economía para destinarlo a la importación de energía y para cubrir el pago de deuda, llevó a que el Gobierno le imponga a Tierra del Fuegoun “cepo” al crecimientoobligando a las compañías del sector a importar un 20% menosdurante el primer trimestre de este año en relación al mismo período de 2013.

En buen romance, ya no hay divisas para “bancar” el boom de consumo que el propio Ejecutivo fomentó. Otra suerte de “efecto boomerang”.

Más celulares, menos redes
Otro rubro que también se verá perjudicado por un “cepo” al crecimiento es el de celulares, del cual el Gobierno festejaba el hecho de que más del 90% de los equipos comercializados sean deproducción nacional –si bien todas estas unidades cuentan casi con un 100% de insumos importados-.

“En la Argentina se venden entre 12 y 13 millones de celulares por año. Tenemos un mercado muy atractivo y exigente; es muy bueno que las empresas se actualicen tecnológicamente para responder a esta demanda”, se enorgullecía tiempo atrás la ministra de Industria, Débora Giorgi.

Sin embargo, este boom de ensamblado ayer festejado, hoy debió ser “castigado“: con la exigencia oficial de achicar las importaciones hasta el mes de marzo, se prevé que seensamblarán 1 millón de equipos menos en la isla.

El otro problema está en la pobre calidad del servicio. Cabe destacar que una década atrás había 6 millones de usuarios de teléfonos celulares, en tanto que en la actualidad las líneas activas son unas 40 millones, es decir, un salto de casi 570%.

Esta explosión se topó contra la falta de inversión en redes, lo que genera que el servicio de telefonía e internet móvil hoy funcione peor que hace cuatro cinco años.

Según el consultor Enrique Carrier, “la demanda superó con creces a la capacidad instalada“, que no se movió al mismo ritmo, lo que genera que hoy “las llamadas se corten o los mensajes de texto no lleguen“.

Más autos, más déficit
El rubro automotor fue, durante años, el “niño mimado” de la administración K, de la mano de un crecimiento sin precedentes: en 2013 se vendieron unas 955.000 unidades, un 540% másque hace una década.

Este boom se sustentó en dos variables clave: la falta de alternativas de inversión y el hecho de que, al menos hasta comienzos de 2013, “los autos nunca habían resultado tan baratosen términos de ingresos“, tal como rezaban una y otra vez desde la Asociación de Concesionarios (ACARA).

Así, con precios de 0Km que durante un buen tiempo se movieron por debajo de las mejoras salariales y del índice inflacionario, y gracias a los planes de financiamiento en pesos y sin interés, se construyó un récord que el kirchnerismo ahora está pagando caro.

No es para menos: la falta de inversiones consistentes en el sector llevaron a que nunca se haya logrado incrementar el “contenido nacional” de cada vehículo, que hoy apenas orilla el 30%. El resto necesariamente debe ser importado.

Así es como, a mayor boom de ventasmayores son las compras de autopartes al exterior. ¿La factura a pagar el año pasado? Unos u$s8.900 millones de déficit, más elevado que el del sector energético.

De este modo, tras años de fogonear y festejar las ventas de 0Km, el Gobierno se vio obligado aimponerle un doble “cepo”: por un lado, avanzó con el impuestazo a los vehículos de alta gama. Por otro, obligó a todas las empresas del sector, fabriquen o no en el país, a restringirsus importaciones entre un 20% y un 27% durante este primer cuatrimestre.

Más camiones, más importaciones
Los problemas energéticos también se ven notoriamente por el lado del transporte: luego de décadas de desinversión en el sector ferroviario, se llegó a la situación paradójica de que el 90% de la producción agropecuaria hoy se mueva en camión, cuando el tren permitiría achicar los costos en un 50%.

Así, a medida que la cosecha de granos llegó a las 100 millones de toneladas, explotó la venta de estos vehículos.

El problema es la pérdida de eficiencia: un tren con cien vagones equivale a 100 camiones en las rutas. Y “alimentar” este creciente parque automotor obliga a importar más gasoil, que compite con las compras de combustible para las centrales eléctricas, fogoneando un déficit energético que en 2013 superó los u$s7.000 millones.

Cabe recordar que hasta 2010 la Argentina era superavitaria en materia de energía. Sin embargo, las bajas inversiones pusieron fin a las épocas de bonanza. 

Frente a esta creciente demanda del transporte de cargas, el Gobierno no tuvo más remedio que aumentar el corte obligatorio con biodiesel y así intentar reducir importaciones. Una vez más, el boom que se quiso alimentar terminó transformándose en otro “efecto boomerang“.

El otro problema está en la infraestructura obsoleta: frente a un parque automotor en plena expansión, se estima que hay poco más de 2.500 kilómetros de rutas de doble calzada cuando, para evitar accidentes y hacer más eficiente el transporte, el país debería contar con 5.000 kilómetros.

De festejar el éxito a “amargarse” por los récords
Producción de artículos tecnológicos récord, boom de venta de electrodomésticos, marcas históricas para la industria automotriz… ayer, motivos de festejo; hoy, un gran dolor de cabezapara el Ejecutivo.

Frente a este cuadro, el Gobierno se vio obligado a actuar en varios frentes: por un lado, a limitar importaciones de algunos grandes sectores y así aminorar la sangría del BCRA; por otro, a acelerar la devaluación para desalentar las compras al exterior y, por último, a avanzar con una quita parcial de subsidios, de modo de achicar la cuenta, que en 2013 alcanzó los$150.000 millones, un 50% más que en 2012.

Todo un combo que marca el “fin de fiesta” tras una década de haber fogoneado el consumo sin inquietarse por el hecho de que la oferta pudiera llegar a correr por detrás de la demanda.

Iprofesional

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Emiliano Schwartz

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