Archivo para 24 febrero 2014

Los consumidores dejan “la fiesta” y se preparan para una transición turbulenta

Toda transición por definición es un interrogante. Un tiempo que no es ni el que fue ni el que vendrá. Conviven lo viejo con lo nuevo. Hay ambigüedad. Paradojas. Señales confusas y contradictorias. El 2014 sea probablemente el punto más álgido de este proceso. Los consumidores  “alegres” de los años 2010 y 2011 pasaron a estar en creciente “alerta” Y esta característica se agudizó en 2013. En 2014 es probable que se profundice.

Está claro que desde 2012 entramos en un nuevo paradigma económico y social. A partir del segundo trimestre de aquel año, el clima de época comenzó a mutar. Fue en ese momento que comenzó la transición. Bastante antes en el consumo y la economía, que en la política. Al modificar sus alianzas sindicales de casi una década, el Gobierno dejó a la gente durante tres meses con los precios nuevos y los salarios viejos.  La sociedad “redescubrió” la inflación al sentir plenamente sus efectos sobre el poder adquisitivo.

En el mismo momento se hicieron más estrictos los controles sobre el dólar y las importaciones. La memoria colectiva de los argentinos tiene tres despertadores que son capaces de convocar a sus peores fantasmas: la inflación, el dólar y el empleo.

Inflación y dólar  dispararon sus alarmas en aquel segundo trimestre de 2012. El empleo se mantuvo dentro de parámetros razonables. Por eso estamos hablando de transición y no de cambio. Estabilizado el empleo —aún con enormes dificultades para generar nuevos puestos de trabajo, pérdida de horas extras, con cesantías temporales— el Gobierno pudo mantener sin grandes alteraciones sus políticas económicas más allá de las dificultades del día a día. La inflación y el dólar son muy importantes. El empleo es fundamental.

En una investigación que realizamos en Consultora W junto con Trial Panel (1650 casos nivel nacional todos los niveles socioeconómicos), le preguntamos a los argentinos cómo veían el funcionamiento de la economía. En abril sólo el 16% dijo “bien o muy bien”, el 38% dijo “regular” y el 46% dijo “mal o muy mal”. Lo sorprendente fue que estas opiniones eran muy homogéneas entre las distintas clases sociales y las geografías.

La brecha entre las elecciones de octubre 2011 y las de 2013 terminarían reflejando ese cambio de humor social y evidenciando el nuevo clima de época.  Sin embargo cuando le preguntamos a la gente como evaluaban la situación económica de su hogar, las opiniones distaban de ser tan negativas. El 31% dijo que le va “bien/muy bien”, el 51% “regular” y sólo el 19% afirmó que en su casa están “mal o muy mal”.

La conclusión sería algo así: Desde el punto de vista económico, “al país le va bastante mal, a nosotros razonablemente bien”.
Es que con trabajo, se le da una pelea muy distinta a las dificultades que sin él. La gente dice que “la plata no alcanza”, que “pagar menos es lo más” y que hay que hacer “la propia sintonía fina”. Los consumidores están buscando exprimir al máximo su poder adquisitivo. No quieren retroceder en su calidad de consumo ni perder parte de lo recuperado en la reciente década. Hay matices, pequeños ajustes, modificaciones sutiles. Pero no una modificación estructural de los hábitos de compra. Al menos hasta ahora.

Los números reflejan esta dualidad de la Argentina “en transición”. Un sector importante de la población votó expresando en buena medida cierto enojo, cansancio, y frustración combinadas con la búsqueda de nuevas alternativas y esperanzas. El triunfo de Sergio Massa en la estratégica provincia de Buenos Aires por 12 puntos es la prueba más contundente.

No por ello dejó de consumir. Terminamos 2013 con la economía creciendo 3%,  la venta de autos 0 km más del 10%,, la de alimentos 2%, la de supermercados 2,5% y las de los shoppings3%  (todo medido en unidades). Son tasas más moderadas que durante el “boom”. Pero no dejan de ser atractivas.

No estamos ya en un contexto de “tasas chinas” . Se prevé un PBI que empuje poco y mercados alineados con esa dinámica. El crecimiento del consumo bajará del 8% al dos por ciento. En ese contexto la pirámide social no sufriría grandes modificaciones. Salvo que se produzca algún cambio estructural hoy difícil de prever, la Argentina de 2014  se asemejaría bastante a la que vivimos estos dos últimos años, tal vez aún algo más compleja y engorrosa.

Diario Perfíl

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“La inflación impone cambios de hábitos, consumo y ahorro a la clase media”

“Miro los precios y comparo”. “Trato de que nada me tiente”. “Hago magia para que el dinero me alcance”. “Compro menos y cuido más”. “Cocino en casa”. “No salgo ni uso el auto”.

Palabras más, palabras menos, muchas de estas frases se convirtieron en muletillas casi corrientes de un alto porcentaje de la clase media que experimenta desde fines del año pasado, y con fuerza desde enero, el impacto en la vida diaria de la crisis económica que atraviesa el país.

En las últimas semanas, la devaluación del peso y la aceleración de los precios -que atestiguan góndolas, vidrieras y boleterías- atentaron contra su bolsillo, los obligaron a dar pasos en falso y hasta pusieron a prueba su ingenio en la creación de estrategias orientadas a aplacar los efectos de “la improvisación” del Gobierno y sus medidas.

“Nos preocupa la inflación descontrolada y, sobre todo, la negación oficial de los problemas. Es como si uno tuviera una enfermedad declarada y se aturdiera para no pensar en cómo tratarla o le echara la culpa a los demás sin buscar una solución. La sensación es que o hay que comprar lo más posible ahora porque todo estalla, o hay que paralizarse y no gastar un centavo porque no se sabe qué viene”, expresan a LA NACION Lorenzo V., abogado, e Inés S., docente, de 45 años.

En la misma sintonía se manifiesta la pareja de Daniela P., consultora de 29 años, y Agustín F., empleado de 30, pese a la diferencia de edad que los separa de Lorenzo e Inés. “Me inquieta el nivel de incertidumbre que manejamos y la falta de mirada de largo plazo de las autoridades. La inflación deteriora la calidad de vida de todos”, plantea ella. Él completa: “Me preocupa no saber adónde vamos. Si hubiera reglas más transparentes y no discrecionales, la economía se reordenaría. Me hago mala sangre por estos anuncios”.

FALTA DE PROYECCIÓN

Como dejan ver representantes de la clase media consultados por este medio, la preocupación actúa como denominador común, aunque la incertidumbre y la incapacidad de poder proyectar también inclinan negativamente la balanza de gastos.

“Siento que no puedo planificar mi futuro y lo noto en cuestiones básicas, como el colegio de mi hija. Me es muy difícil prever el impacto que la cuota tendrá en nuestra economía doméstica. Hoy la puedo pagar, pero si la aumentan dentro de tres meses y en qué porcentaje, no lo sé”, plantea Diego M., de 35 años, cuya hija tiene tres y concurre desde pequeña al jardín de infantes.

Su testimonio encuentra eco en el de Germán B., administrativo, de 32 años, quien se llevó el mes pasado algunas sorpresas en la negociación de su contrato de alquiler: “Pasamos un enero estupendo -recuerda irónicamente-. Lo que seguro iba a ser un 20% más terminó siendo un 28% anual. Y hubo que luchar para no tener un aumento mayor”. “Cada día, ni bien me levanto, lo primero que hago es leer el diario, inclusive antes de desayunar, para ver si hubo alguna medida nueva. La falta de planificación o proyección es lo peor”, admite.

El malestar anímico y social y la caída del poder adquisitivo conducen, inevitablemente, a este sector a implementar recortes obligados con el fin de proteger al máximo los ingresos y el ahorro de años. Impulsan, además, cambios de hábitos y nuevas formas de consumo, seguidas por restricciones y privaciones para no llegar, como se dice popularmente, “tan atados” o “con la soga al cuello” a fin de mes.

COMPRAR AL DÍA, VIVIR AL DÍA

 

La compra quincenal o semanal ya es práctica del pasado; ahora todo se reduce al día. Foto: Archivo / LA NACION/ Guadalupe Aizaga

La ida al supermercado se transformó para el sector en un “paseo” que apela a la creatividad y a la inteligencia, y que, por ende, demanda más tiempo, esfuerzo y caminata. No sólo se gasta menos en dinero y en cantidad, sino que se controlan y comparan precios, se aprovechan las ofertas del día y los descuentos con tarjetas que ofrecen los bancos, se reducen o suprimen los pedidos por Internet, y se restringe el consumo de alimentos, como la carne, la fruta y la verdura, cuyos valores se dispararon entre enero y febrero, según se desprende de una convocatoria realizada a los lectores de LA NACION a través de su página de Facebook.

Así, mientras varios se rehúsan a comprar productos excesivamente caros, otros optan por adquirir las segundas marcas o las que son propias de los supermercados, y un pequeño porcentaje, aunque en alza, visita los mayoristas o concurre una vez al mes al Mercado Central. Los más osados recomiendan, incluso, montar huertas y cultivar puertas adentro.

El regreso de “la lista” de faltantes en mano de los consumidores ilustra la vocación por el ahorro y la tendencia de comprar “lo justo y necesario” que se respira hoy por hoy en las góndolas.

LA VUELTA DE LA COMIDA CASERA

 

En la hora del almuerzo, la vianda gana peso entre los oficinistas frente al costo de los menúes ejecutivos. Foto: LA NACION / Archivo/ Matias Aimar

El consumo responsable y el despilfarro que implica, en consecuencia, el delivery llevan a muchos a tener que repensar rituales tan íntimos como el de sentarse a la mesa y compartir una comida. “Volví a preparar platos y los pongo en el freezer”, cuenta Beatrice Tonuch, una lectora de este medio. “Compro cuando está barato y guardo. Los fines de semana me dedico a elaborar todo lo que puedo, caserito, caserito”, coincide Diana Elizabeth Farias, otra usuaria que compartió su comentario en las redes sociales.

En este panorama, no hay que olvidar lo costoso que resulta almorzar en pleno centro u otros barrios de la Capital. La vianda, de acuerdo con la opinión de oficinistas, se impone a los menúes ejecutivos cuando el objetivo es achicarse.

PAUSAS OBLIGADAS A PEQUEÑOS Y GRANDES LUJOS

Los asados, las picadas, ir a comer afuera, el teatro y el cine pasaron a forman parte de esas costumbres donde se evidencian los tijeretazos. Ahora las salidas no se realizan en forma indiscriminada, sino que se eligen a conciencia, y además se vuelven más espaciadas. Por otro lado, se retoma la práctica de reunirse en casas y cocinar entre todos en lugar de pedir pizza, empanadas o sushi. “Si bien no restringimos por completo nuestros hábitos relacionados con el ocio, sí empezamos a reunirnos en casas de amigos en lugar de ir a cenar afuera”, ejemplifica Sebastián T., un defensor de este tipo de programas. “Si queremos mantener medianamente nuestro nivel de ahorro, no tenemos más remedio que hacerlo o reducir la frecuencia”, agrega.

FUERA DE FOCO

 

Por la crisis los comerciantes no logran vender la ropa ni en época de liquidación. Foto: Archivo / LA NACION/ Ezequiel Muñoz

Otro de los rubros donde la crisis hizo trizas fue el de la indumentaria, que ni siquiera con las liquidaciones o las rebajas del 50% logró atraer clientes y paliar la caída de las ventas post Navidad y de fin de temporada. “El precio de la ropa no tiene sentido y la calidad es muy baja. No creo que valga la pena comprar en estos momentos”, destaca Daniela P. “También se ha vuelto muy difícil comprar zapatillas para los chicos o botines de fútbol, que tienen valores exorbitantes”, añade Inés S.

MENOS CÓMODO, PERO MÁS BARATO

 

Cada vez menos argentinos eligen el auto para ir a trabajar por la suba de la nafta y los peajes. Foto: Archivo / LA NACION/ Guadalupe Aizaga

El aumento de las tarifas del peaje y la suba de la nafta obligó a parte de los conductores a tener que abandonar la comodidad de ir a trabajar en auto y cultivar la creencia de que se trata del medio de transporte por excelencia. “Ir al trabajo con el auto todos los días”, contestan al unísono Pablo O. y María J. cuando se les pregunta por la actividad que sacrificaron.

En ese marco, un número de ciudadanos en aumento opta por caminar, especialmente, cuando las distancias son cortas y lo permiten.

El taxi ingresó en el mismo cimbronazo hace rato tras su seguidilla de cambios en la bajada de bandera. Ahora, la tendencia sólo se agudizó.

CONSUMO “VINTAGE”

El presente ofrece una postal que recrea costumbres medievales, donde el trueque era una práctica de lo más común. Frente a las subas constantes que sufrieron los electrodomésticos y también los libros por los incrementos de sus insumos, son varios los argentinos que prefieren adquirir cosas usadas o intercambiarlas en función de sus necesidades. “Las cosas que piden en el colegio las busco usadas, y si no, los bajo de Internet, sin imprimir porque los cartuchos de tinta son espantosamente caros. En esto es curioso un detalle: ahora piden a los padres que imprimamos en casa muchos documentos para presentar allí o autorizaciones, así ellos se ahorrar el costo”, subraya Lorenzo V.

EL DESCANSO, ALTERADO

Las vacaciones, la pausa y el descanso también se vieron condicionados por la situación actual. A diferencia de años anteriores, los destinos locales encabezaron las opciones de la mayor parte de la clase media, y la estadía se redujo en días como en frecuencia. Sin dudas, los más castigados aquí fueron los amantes de las escapadas cortas; algo que se dificultó por los costos de la nafta, los hoteles y la gastronomía. “Años anteriores solíamos irnos varios fines de semana a la costa y este año solamente fuimos uno. Además, dejamos las vacaciones para abril, ya que es un mes más económico para viajar”, relata Diego M.

ELLOS, PRIMERO

 

Los adultos se las ingenian para que los chicos no perciban el ajuste. Foto: Archivo / LA NACION/ Maxie Amena

El fenómeno que se vive no escapa a los chicos y pone, a su vez, a los adultos en el desafío de lograr que la crisis les pase casi inadvertida. Entre las artimañas y los malabarismos sobresalen la carrera por conseguir descuentos o 2×1 y, si la suerte acompaña, programas gratuitos. Los padres consultados acuerdan que tratan de evitar tener que trasladar el ajuste a ellos. “Tienen que tener una infancia feliz y necesitan distraerse. Por eso, a veces cambiamos el tipo de salidas para que puedan pasarla bien, pero sin gastar tanto”, reconoce Germán B., que tiene dos hijos.

PRESUPUESTOS RECORTADOS

Tímidamente, la inflación empieza a entrometerse, además, en otro tipo de cuestiones que atañen a la vida diaria, aunque en casos más puntuales, como la capacitación a través de cursos o las actividades extracurriculares de los chicos, los arreglos de la casa o del auto, los gastos escolares y del club, y los regalos a amigos en ocasiones especiales, que dado el contexto hay que limitar gradualmente..

¿Se acabó el ahorro? Sobre este punto existen opiniones encontradas entre los testimonios recogidos y las opiniones vertidas en las redes sociales. Algunos aseguran, como Pablo O. y Agustín F, que no hay que gastar de menos, sino dejar de adquirir aquellos bienes o servicios que “no brinden valor agregado”. “El consumo superfluo es el primero que sufre en época de recesión”, desliza el segundo.
Otros, como Germán B., confían que, ante la improvisación que se está teniendo, “hay que ir a lo seguro, como el dólar, y evitar los plazos fijos”.
Finalmente, están quienes creen que el ahorro está perdido, y hay que invertir en lo se pueda “por temor a que lo que venga sea todavía peor”.

La Nación

“Apagón de consumo: nueva embestida”

Vamos a tomar todas las medidas que tengamos que tomar”, enfatizó Cristina en su último discurso al referirse a los empresarios que, a su entender, especulan y aumentan los precios.

Hay innumerables denuncias que estamos recibiendo en Precios Cuidados”, agregó, al tiempo que identificó a las cadenas Coto y Carrefour como unas de las responsables de los incrementos en las góndolas.

En su discurso en cadena, felicitó “al pueblo que se está defendiendo de toda esta especulación, de todos los que quieren saquearle los bolsillos”, al defender el programa Precios Cuidados.

Es en este contexto que este viernes los argentinos son convocados nuevamente a evitar sus visitas al supermercado durante toda la jornada a modo de protesta contra los aumentos que se advirtieron en las últimas semanas.

Con una propuesta en continuidad con la del polémico #8F -cuando la premisa consistió en no comprar alimentos ni cargar nafta por un día- los grupos K ahora insisten en impulsar un boicot con el objetivo de frenar el encarecimiento de la mercadería en las góndolas.

Es que la fuerte suba de precios se volvió una realidad imposible de ocultar, dejando en evidencia que -más allá de los sucesivos acuerdos que el Gobierno fue poniendo en marcha en conjunto con las cadenas de retail- llenar el changuito en la Argentina resulta cada día más caro.

La inflación de diciembre, enero y febrero generó una gran preocupación en los consumidores”, indica en diálogo con iProfesional José Ignacio Amodei, director de Trade de la firma especializada en consumo CCR.

De hecho, sólo el mes pasado las consultoras privadas estimaron que los artículos de supermercado se encarecieron entre un 4% y un 6% y para el cierre de febrero se espera un resultado similar.

Es en este contexto que desde organizaciones afines a la gestión kirchnerista vuelven a proponer un viernes de supermercados vacíos e impulsan a los argentinos a no hacer las compras ese día.

Como puede verse en la convocatoria realizada a través de las redes sociales, las imágenes que se utilizan para impulsar el #14F son muy similares a las del viernes pasado.

En algunas de ellas se explicita el significado del “apagón de consumo” y en otras directamente figuran los logos de aquellas empresas a las cuales se culpa de los aumentos y se las tilda deespeculadoras.

Por supuesto, no faltan los llamados a los usuarios a “cuidar el bolsillo”:

Otro ejemplo:

“Hubo mucha repercusión en las redes sociales en relación con la concientización de los usuarios sobre este tema”, destaca Emiliano Schwartz desde la consultora Tomadato.

Los expertos sostienen que hacerle un “boicot al changuito” un día ya no alcanza para frenar una inflación que no da tregua.

En cambio, explican que los incrementos de precios en las góndolas forman parte de un contexto de “espiral” de subas y que la devaluación del peso tuvo un inevitable impacto en los productos que se exhiben en los estantes de los supermercados.

“Apagar el consumo” para que los precios bajen
Este mes de febrero se cumple exactamente un año de que las cadenas de supermercado anunciaran por primera vez que habían llegado a un acuerdo con la Secretaría de Comercio Interior por el que se comprometían a que los precios de la mercadería se mantendrían sin alteraciones.

Desde entonces, la medida se ha ido prorrogando, aunque con objetivos bastante menos ambiciosos -los productos “freezados” comenzaron siendo casi todos, luego se redujeron a 500 y hoy la canasta abarca tan sólo unos 194 artículos-.

Sin embargo, los argentinos ya venían advirtiendo algunos “desajustes” en el congelamiento. A esto se sumó en las góndolas, además, el impacto que tuvo un dólar oficial que se elevó a los $8.

Y ante la evidencia de la disparada de precios nació la primera convocatoria a “apagar el consumo” por un día por parte de grupos kirchneristas.

Según lo indica Amodei, esta iniciativa -que este viernes se repite- descuida el hecho de que “los precios de los productos no dependen sólo de las cadenas de retail“, sino que integran parte de un sistema más amplio.

El #7F en las góndolas
El viernes pasado se dio inicio al primer “apagón” y los resultados que se obtuvieron luego de finalizada la jornada son, al menos, cuestionables.

Es cierto que quienes impulsaron la medida y aquellos que le dieron su apoyo aseguran que efectivamente derivó en una baja en las ventas, pero desde el sector supermercadista apuntan que el factor climático también ayudó a que esto suceda.

Sobre este punto, Miguel Calvete, titular del Instituto de Estudios de Consumo Masivo (Indecom), indica que “algunos comercios llegaron a vender un 35% menos“.

Aunque admite que “el viernes 7 influyó muchísimo el tema de la lluvia“. Y agrega que “eso fue un punto clave, ya que desalentó las visitas a las góndolas”.

En el caso de los supermercados chinos, éstos decidieron apoyar la iniciativa contra los incrementos dejando de comprar ese día los productos que evidenciaban un mayor encarecimiento.

Es así que “varios de los comercios manejados por propietarios asiáticos no compraron carne ese viernes ni van a adquirir algunos artículos puntuales el día 14″, apunta Calvete.

Pero la idea de los “apagones” no se limita a la Argentina. Según explican los analistas en consumo, el boicot a los supermercados cuando los precios en góndolas se disparan tiene unaamplia tradición en otras regiones del mundo.

Por ejemplo, en palabras de Schwartz, “en Europa y Estados Unidos se ponen en marcha este tipo de acciones, pero la gente suele abstenerse de llevar un determinado producto y no la totalidad de la mercadería”.

En el ámbito local, los expertos destacan que estos tienen por sobre todo una función simbólica, ya que no repercuten en la facturación de las empresas.

Ocurre que “muchas personas postergan o adelantan las compras, pero estas iniciativas no modifican en absoluto el volumen de ventas”, afirma el ejecutivo de Tomadato.

Una cadena de subas
Si bien los “apagones de consumo” funcionan como un método de protesta de los consumidores impulsados por grupos afines al kirchnerismo, los expertos hacen hincapié en que el hecho de dejar de comprar un día está lejos de funcionar como una verdadera soluciónfrente a la escalada inflacionaria.

No obstante, la elección de sumarse a esta protesta “forma parte de los derechos que tienen los consumidores”, apunta Calvete desde INDECOM.

Aunque agrega, en la misma línea, que para que realmente cedan las subas de precios “tiene que haber un verdadero control en toda la cadena de valor“.

Lo que ocurre -señalan los expertos- es que la devaluación generó un incremento en los costosque deben afrontar los proveedores que, inevitablemente, termina traduciéndose en los precios que los argentinos hoy ven en las góndolas.

Es por eso que Schwartz remarca que lo que ocurre es que “una convocatoria como ésta puede ayudar a que los consumidores tomen conciencia, pero aquí hay un problema de fondo y ésta no es la solución”.

Y, en un contexto inflacionario, los compradores se vuelven mucho más selectivos.

En este sentido, Amodei desde CCR indica que, en un escenario como el actual, los artículos premium serán dejados más de lado, mientras que “los productos básicos son los que se van a mantener mejor”.

Por otra parte, entre quienes analizan el consumo surgen dudas en relación con la evolución de la mercadería que, según afirman desde el oficialismo, actualmente está siendo “cuidada”.

Sobre este punto, Schwartz se muestra desconfiado y explica que “en una primera instancia, dijeron que se iban a realizar revisiones trimestrales de este plan, pero seguramente antes de este período van a tener que hacer algún tipo de ajuste”.

Y resume: “No sé si los precios como están en el listado aguantan tres meses“.

El consumo, amesetado
Si bien actualmente existe una disputa en relación a cuáles son los factores que determinan los incrementos de precios y que llevaron a que los valores de algunos artículos se hayan “disparado”, algo sobre lo que hay pocas dudas es que en 2014 el consumo se verá más estancado que en los años previos.

Algunas señales de este enfriamiento se pudieron advertir ya a fines de 2013, dado que “hay unamesetamiento en el nivel de compras desde fines de diciembre“, advierte Calvete en diálogo con iProfesional.

En tanto, Amodei destaca que “los últimos meses del año pasado disminuyó la venta en lasgrandes cadenas de supermercado”. Y agrega que “hay una notoria reducción de la velocidad de crecimiento”.

Además de las fuertes subas de precios, otros de los factores que impulsan a los argentinos a moderarse en sus gastos tienen que ver con las expectativas sobre la economía y el escenario del país en 2014.

Este sentido, el ejecutivo de CCR apunta que “este año, la preocupación aparece por el lado del empleo. La gente advierte que el escenario laboral se vuelve más complejo”.

Es por eso que Schwartz describe el panorama actual con una frase muy clara: “La palabra que se emparenta con el consumo hoy es, sin lugar a dudas, incertidumbre“.

Atraer a los argentinos al súper
En un entorno en el que los argentinos cuidan más el bolsillo, sufren más las restricciones presupuestarias y hasta organizan “apagones de consumo” en protesta por los incrementos de precios, las marcas y supermercados tienen por delante un gran desafío, si es que no están dispuestos a perder clientes.

Y una de las herramientas que suelen ser más efectivas ante esta situación son los altamente valorados beneficios promocionales, que en los últimos años resultaron fuertes impulsores a la compra.

En este punto, Schwartz asegura que “los retailers van a tener que incentivar a los consumidores mediante la oferta de descuentos y promos“.

La razón por la cual estas acciones resultan de vital importancia en el esquema vigente es que las personas tienen incorporada en sus consumos la noción de “compra inteligente” gastan su dinero cuando, de alguna manera, sienten que están “haciendo negocio”.

En palabras del ejecutivo de Tomadato, “el argentino hoy necesita percibir que está realizando una compra efectiva”.

IProfesional

“7F”: el día en que los grupos “K” le pidieron a los argentinos que no vayan al super

Desde que el dólar oficial cotiza en torno a los $8, las visitas de los argentinos al súper se volvieron cada vez más frecuentes como una suerte de mecanismo para intentar “cubrirse” de los efectos de la devaluación en las góndolas, tales como aumentos de precios o faltantes de productos, a través del “stockeo”.

Y, si bien la “disparada” más fuerte de valores se dio en las cadenas de electrodomésticos, quienes llenaron el changuito por aquellos días pudieron advertir unas semanas más tarde que la mercadería de las cadenas de retail también se vio encarecida.

La suba del dólar incide en todos los productos que tienen componentes importados“, explica en diálogo con iProfesional Miguel Calvete, titular del INDECOM (Instituto de Estudios de Consumo Masivo).

El “aumentazo” en los supermercados provocó tal preocupación entre los consumidores e, incluso, en el seno del Gobierno, que en una conferencia de prensa realizada en conjunto por el Ministro de Economía, Axel Kicillof, y el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, se trató explícitamente el tema.

“Se van a establecer las condiciones normales de abastecimiento y revisión de aumentos injustificados por maniobras especulativas“, disparó el Ministro.

Hasta la misma Presidenta de la Nación, Cristina Kirchner, aludió al encarecimiento de la mercadería en las góndolas en una de sus pocas apariciones públicas que tuvo lugar el martes pasado.

Allí, la mandataria criticó a los empresarios del sector y los acusó de sacar ventaja de la situación. “No me molesta que ganen mucho dinero. Lo que me molesta, y no vamos a permitir, es que nos tomen el pelo y nos tomen por estúpidos“, se atrevió a decir en su discurso.

La situación derivó en la llegada de un pedido inesperado: grupos kirchneristas -entre los que figura Unidos y Organizados- impulsaron a los argentinos a dejar de hacer las compras en el súper este viernes 7 de febrero.

Si bien, por el momento, no se habla de una gran baja en el nivel de compras durante la jornada, algunas de las principales cadenas decidieron cerrar ciertas sucursales por temor a que surjan inconvenientes.

La llamativa propuesta en las redes sociales invitaba a dejar “en pausa” el changuito bajo la consigna “7F”.

El argumento del oficialismo es que las subas son producto de la especulación de los empresarios.

Sin embargo, los supermercadistas explican que el impacto de la devaluación en los productos es inevitable y admiten que ya se advierten cambios en el comportamiento de los argentinos.

Principalmente, notan que -por temor a mayores incrementos y por la falta de precios de referencia – las personas empiezan a llevarse más de lo que necesitan para stockearse.

Esta actitud encuentra un freno en los carteles que los consumidores notan en los estantes de algunos súper, que les prohíben llevarse más de determinada cantidad de artículos por persona.

Si bien desde el oficialismo culpan a los empresarios por los aumentos, desde el sector supermercadista dan otra opinión.

En diálogo con iProfesional, señalan que la razón por la que el precio de los artículos que llegan a las góndolas “pegó un salto” es que los empresarios tuvieron que afrontar las subas de los fabricantes de la mercadería.

En esta línea, Calvete explica que “algunos proveedores aumentaron mucho los valores”.

Según cuenta el supermercadista, por ejemplo, esto le valió a Arcor una denuncia por haber efectuado incrementos de entre un 15% y un 20% en sus productos.

Sobre este punto también se pronunció el secretario de Comercio Interior, Augusto Costa, quien indicó: “Tenemos denuncias sobre la empresa por incumplimiento del acuerdo, pero los tiempos los pone la ley. No vamos a proceder precipitadamente”.

La pelea por marcar el precio
Detrás de los precios que los consumidores ven en las góndolas se libra una dura batalla protagonizada por los empresarios del rubro supermercadista, los proveedores de mercadería y el Gobierno, a través de la Secretaría de Comercio Interior.

Así lo afirma Emiliano Schwartz, desde la consultora especializada en consumo Tomadato, al comentar que “hay una gran pelea entre las cadenas de retail y los fabricantes de los productos”.

El motivo de la disputa es claro: desde un lado, argumentan que el “dólar a $8” afecta inevitablemente a la cadena de comercialización de los artículos que pueblan los supermercados y, desde el otro, atribuyen los fuertes saltos en los precios a las especulaciones de los empresarios.

El trasfondo de la discusión tiene que ver con cuál es el impacto real de la devaluación en los valores a los que se comercializan los productos.

En palabras de Schwartz, “la disputa pasa por si la empresa productora absorbe ese extra o no y hasta qué punto”.

Incrementos
Las subas que los argentinos ya empezaron a advertir en los supermercados tienen que ver, en muchos casos, con el costo del packaging.

En diálogo con este medio, Calvete destaca que “entre un 10% y un 40% del valor de un artículo pasa por el envase” y agrega que “es allí donde se da el incremento más evidente y tangible”.

En este punto, el titular de CASRECH indica que la “disparada” de precios se dio, por ejemplo, “en aquellos productos que tienen paquetes de plástico o de vidrio y en los envases larga vida”.

Y, por supuesto, no todos los rubros se vieron afectados por igual. Algunos de los que percibieron un impacto mayor -puntualiza Calvete- fueron “vinos, lácteos y jugos”.

El impacto del dólar a $8 en las góndolas

Desde que el dólar oficial superó los $8, se generó un revuelo al interior de las cadenas de supermercados, donde se produjeron algunos desequilibrios que se tradujeron, inmediatamente, en incrementos de precios.

Algunos de los efectos de la devaluación en las góndolas que mencionan los expertos son:

• “Stop” en la entrega de mercadería
Desde el sector advierten que el gran “salto” de la divisa estadounidense dio origen a un desajuste en la provisión de productos.

“Hay que monitorear la retracción en la entrega que hacen los proveedores”, apunta Calvete en este sentido.

• Cambios en los “Precios Cuidados”
Desde el oficialismo admitieron que la devaluación impulsará un “ajuste” en el valor de los 194 artículos que integran la lista del acuerdo de precios.

En este punto, Calvete señala que esto resulta inevitable: “Va a haber un encarecimiento de la mercadería que componen la nómina”.

• Temor por el desabastecimiento
Si bien aún no se puede hablar de que se haya producido un desabastecimiento generalizado en el mercado, existe entre los supermercadistas cierto temor al respecto.

En esta línea, el titular de INDECOM advierte que, dado el contexto, “la industria puede llegar a descuidar el mercado interno”.

Stockeo
En un escenario en el cual los precios en las góndolas se disparan, y ante el temor de que en los próximos meses se acentúe el proceso devaluatorio, los argentinos empiezan a llevarse más de lo que necesitan y optan por acopiar mercadería de los supermercados.

Así lo afirma a iProfesional el experto en finanzas Mariano Otálora, quien señala que “la gente empezó a llenar el changuito y a llevarse todo lo que puede“.

Los especialistas relacionan este comportamiento con la sensación de incertidumbre que afecta a los consumidores.

En este punto, Otálora advierte que “estas actitudes se van a mantener hasta que la gente confíe en que la devaluación ya se hizo y no va a continuar“.

Y, en el mismo sentido, considera que “todo dependerá del tipo de cambio y lo que ocurra con la estabilidad del dólar”.

Pero, más allá de las estrategias de los argentinos por preservar sus bolsillos, las cadenas de retail también hicieron lo suyo para que las góndolas hoy estén más vacías que hace unas semanas atrás.

Según apunta el especialista en finanzas, en estos días “muchos súper retiraron productos de la venta”.

¿Y los “precios cuidados”?
A pesar de que en el contexto actual, el programa “Precios Cuidados” parece haber quedado un tanto desactualizado, desde el oficialismo mantienen que seguirá vigente y alientan a los argentinos a estar atentos a controlar que su cumplimiento se haga efectivo.

“No vamos a permitir que sigan saqueando los bolsillos de los argentinos”, apuntaba la Presidenta por cadena nacional el martes pasado.

A estos efectos, Otálora advierte que también habrá que poner la mirada en aquellos artículos que quedaron por fuera del nuevo congelamiento de precios.

En este punto, señala: “Si el acuerdo se mantiene, el resto de los artículos van a seguir subiendo mucho, para compensar“.

Y Schwartz agrega, en la misma línea, que “los que no están controlados son los más vulnerables a los incrementos”.

Por otra parte, los expertos en consumo desconfían de que, tal como se encuentra el escenario al día de hoy, las condiciones de “Precios Cuidados” permanezcan sin ninguna alteración.

Otra de las cuestiones que en las próximas semanas también tendrá un claro impacto en los precios son las negociaciones salariales.

Al respecto, Otálora concluye: “Hay que ver qué pasa con los precios y para esto, las paritarias son un factor clave”.

IProfesional

“Golpe al consumo: comercios redujeron financiación y los argentinos se despiden de las 12 cuotas sin interés”

Durante los últimos años, si hubo una variable que ayudó a explicar el boom de consumo fueron -además del contexto con pocas alternativas de inversión- los cada vez mayores plazos para financiar la compra de todo tipo de bienes, ya sea electrodomésticos como, viajes y autos.

La leyenda “12 cuotas sin interés” se había transformado en un estándar, si bien había cadenas de retail que, de la mano de tarjetas y bancos, ofrecían planes de pago de más largo plazo.

Hasta comienzos de 2012, por ejemplo, era común ver en algunos comercios, promociones que llegaban hasta los 36 meses.

Sin embargo, el abrupto salto del dólar, sumado a las expectativas inflacionarias en alza -con consultoras que ya plantean un piso del 33% para este 2014-, impactaron de lleno en las góndolas.

En las cadenas de retail, el fuerte avance del billete verde se tradujo en faltante de productosy alzas de hasta el 40% en los precios al público.

Esto fue lo que obligó al Gobierno a intervenir, obligando a las empresas del sector a no “stockear” mercadería, a cambio de permitirles ajustes de hasta el 7,5%.

Sin embargo, esta concesión, aseguran en el sector, no resulta suficiente para sostener la rentabilidad, considerando que más del 90% del contenido de la electrónica es importado. Esto, sumado a las expectativas de una mayor presión inflacionaria y de una creciente tensión cambiaria, terminó impactando en el terreno de las promos y los planes de pago en cuotas.

Los economistas se muestran preocupados ante este escenario de financiación recortada”, al tiempo que remarcan que las cuotas son un elemento clave para impulsar las compras tanto de electrodomésticos como de paquetes turísticos y viajes.

“El modelo actual es absolutamente dependiente de la financiación y de las rebajas“, indica a este medio Santiago Mignone, socio de la consultora PWC, ex Price Waterhouse, quien observa que este “fin de ciclo” va a impactar negativamente en el ritmo de compras de los argentinos.

Para Mariano Lamothe, en tanto, el hecho de que “se encarezca el financiamiento del consumoque hacen los bancos, hace que no se pueda esperar un desarrollo positivo de la economía“.

El discurso y la realidad
En una conferencia de prensa que brindaron en conjunto la semana pasada, el jefe de Gabinete Jorge Capitanich y el ministro de Economía, Axel Kicillof, se mostraron preocupados por losincrementos de precios que se habían producido en rubros como el de la electrónica yartículos del hogar.

Además, los funcionarios también hicieron referencia a la importancia que tiene la oferta de cuotas para este sector.

“Gran parte de los artículos electrodomésticos se comercializan en cuotas a través de instrumentos como tarjetas de créditos. Por eso, su uso es una garantía para resolver el funcionamiento del sector“, aseguraba el jefe de Gabinete en su discurso.

Sin embargo, apenas unos días después de estas palabras, los argentinos se toparon con otra realidad al ir en busca de celulares, tabletas, televisores o aires acondicionados: pese a la advertencia oficial, las empresas alertaban que la oferta de cuotas estaba llegando a su fase final.

Y la confirmación de este cambio de tendencia llegó este mismo domingo, cuando las líderes del sector achicaron a la mitad -de 12 a 6- los planes de financiamiento que venían ofreciendo.

Este viernes, algunas tarjetas de grandes retailers, como Cencosud -que hasta 2013 acostumbraban a lanzar fuertes acciones con hasta 24 meses de plazo– comenzaron a comunicarplanes de 6 cuotas.

Además, otras cadenas, en una suerte de “remate de promos”, salieron a ofrecer lo que serían los últimos planes de 12 cuotas para la compra de heladeras, equipos de aire acondicionado y lavarropas, advirtiendo que se trataba de los “últimos días” para aprovechar estos beneficios.

Así las cosas, tal como consignara iProfesional, el inicio del mes de febrero se convirtió en una suerte de punto de inflexión para los tentadores planes de financiación, tan valorados por los argentinos.

En el caso de Falabella, por ejemplo, los clientes de la empresa pudieron enterarse de esta modificación por medio de un correo electrónico que los invitaba a disfrutar de esta oportunidad en vías de extinción:

Como se mencionó, la devaluación -que ubicó al dólar oficial por encima de los $8 – y la consecuente sensación de incertidumbre, impulsaron a las cadenas del rubro a realizar estas modificaciones en su política de precios y beneficios.

El fin de semana último se hizo evidente que el recorte de los planes de financiamiento se había hecho extensivoa las principales cadenas de electrodomésticos del país, lo cual da cuenta de que el escenario de devaluación del peso complica el panorama para todos aquellos que querían disfrutar de la posibilidad de hacerse de algunos de estos artículos abonándolos a lo largo de un año y con la posibilidad de “licuar” los pagos mensuales por el efecto inflación.

Algo que también llamó la atención de los consumidores es que, al visitar los sitios de Internet de las principales cadenas de electrodomésticos, habían desaparecido casi por completo lasopciones de planes de pago.

En la página web de otras cadenas de retail también se advierte la ausencia de la palabra “cuotas” (ver imagen): 

A esto se suma que cada vez son más los comercios que empiezan a rechazar el pago con tarjeta de crédito, según denuncian los usuarios de las redes sociales.

Tiempos de cambio
Quienes dejaron la compra de electrodomésticos para último momento, están padeciendo este “fin de fiesta” del financiamiento.

Así lo confirmaron a este medio desde el punto de ventas de una de las empresas líderes del sector, ubicado en el shopping Alto Palermo.

“Desde el domingo, ofrecemos sólo 6 cuotas en todos los productos“, contó la responsable de ventas del local.

Y advirtió que, por lo cambiante del escenario actual, la posibilidad de seguir comprando con financiación también está “en la cuerda floja”.

En este punto, recomendó que “si el cliente encuentra que subsiste alguna promo, la aproveche, porque esto puede cambiar de un día para el otro”.

La misma respuesta se puede encontrar al consultar en la sucursal de otro de los retailers más fuertes del sector, en Alcorta Shopping.

“Cambió todo el fin de semana pasado”, reconoció la responsable del local situado sobre la avenida Figueroa Alcorta.

Y agregó que “hoy las cuotas son hasta 6 en todos los productos y las condiciones cambian día a día”.

Bronca en las redes sociales
El espacio en el que los usuarios descargaron su bronca hacia el recorte de uno de los beneficios más valorados en el rubro fue, nuevamente, las redes sociales.

Principalmente en Twitter, las personas expresaron sorpresa ante la reducción de los planes de financiamiento y se mostraron molestos frente a la desaparición de esta alternativa de la web.

Y, por supuesto, allí tampoco faltaron quienes hicieron referencia a los precios de los productos, que sufrieron incrementos de hasta un 40 por ciento.

La tarjeta de crédito, “invitado no grato”

Otra de las “novedades” con las que se toparon los argentinos en los últimos días es que cada vez son más los comercios que rechazan el pago con tarjetas de crédito.

Si bien hace unos meses ya se venía notando que los comercios buscaban estimular el uso de efectivo a través de una serie de promociones que se aplicaban a aquellos que abonaran con cash,ahora algunos locales directamente no aceptan plásticos.

Esto, por supuesto, también tuvo su eco en las redes sociales, donde los usuarios aprovecharon para contar sus experiencias a la hora de ir de compras.

Algunos de ellos, inclusive, se mostraron sorprendidos de que esta situación también se haya replicado en la costa atlántica:

Otro golpe al turismo
Además de electrodomésticos, otro rubro en el ya se siente el impacto de la devaluación en la oferta de cuotas es en el de viajes y turismo. 

Tal como lo indicara iProfesional, algunas agencias advirtieron que se estaba ante los últimos días para acceder a las ansiadas 12 cuotas.

Por ejemplo, así se pudo ver en las páginas de Internet de Garbarino Viajes el viernes pasado:

Paralelamente, a fines de la semana pasada, la oferta de cuotas de Despegar llegaba a 12:

Este lunes, sin embargo, el escenario ya era otro y los planes de financiación son de hasta 6 cuotas:

Para los expertos, la limitación de los planes de pagos en el rubro turismo se traducirá en unduro golpe para el sector, que tras la suba del recargo que impone la AFIP y el salto del dólar, sólo podía aspirar a mantenerse a flote de la mano del financiamiento.

En efecto: uno de los “puntos débiles” del Gobierno en su cruzada contra el déficit del turismoera el amplísimo menú de cuotas, de la mano de bancos y compañías aéreas que ofrecían tentadores planessin interés y en pesos.

Así, en un contexto inflacionario como el actual, los movimientos cambiarios y los recargos, en alguna medida se podían ir diluyendo de la mano de la cancelación a lo largo de varios meses.

Para Belén Olaiz, economista de Abeceb, este cambio en el menú de financiamiento no pasará inadvertido, dado que “el pago en cuotas fue la gran clave para explicar el boom de argentinos en el exterior”.

IProfesional

Récords ayer, problemas hoy: el Gobierno quedó “rehén” de un modelo consumista que ya no puede “bancar”

La seguidilla de cortes de luz, que no cesaron pese a la esperanza oficial tras el inicio de las vacaciones y la alusión -luego desmentida- a la posibilidad de avanzar con restricciones programadas al suministro eléctrico, trajeron en estas últimas semanas algo de la “atmósfera” del último período de la década de los ´80.

Para los expertos, esta caja de sorpresas en la que se ha convertido el sistema eléctrico argentino, no es más que el resultado de políticas de desincentivo a lainversión, que conjugaron tarifas congeladascostos crecientes en dólares y una demanda exacerbada, de la mano de una economía que durante años creció a tasas chinas.

Sin embargo, este escenario que fue llevando al borde del colapso al sistema eléctrico, no es privativo del rubro energético.

Por el contrario, es una de las consecuencias de una política económica que, durante la última década “privilegió” el consumo como motor del crecimiento y generador de la riqueza, sin un nivel de inversión en “fierros” e infraestructura que lo respalde.

Uno de los funcionarios que mejor sintetizó la particular visión del Gobierno K es el ex viceministro y actual diputado, Roberto Feletti: “El consumo interno es la principal variable de crecimiento y hoy representa el 73% de la economía nacional“, festejaba tiempo atrás.

“No podemos pensar que estamos sumergidos en una catástrofe si tenemos el ritmo de compras más dinámico de los últimos tiempos y una demanda interna sostenida“, completaba.

Sin embargo, apenas un puñado de meses después, el legislador daba cuenta un pequeño detalle: el hecho de que más argentinos siguieran sacándole jugo a las compras en cuotas, pensaran en adquirir un auto o un aire acondicionado, respondía a un estímulo artificial dado por el cepo y las dificultades para invertir.

“El Gobierno, entre ajustar el consumo priorizar el ahorro, decidió priorizar el consumo. Por eso, decidió restringir la tasa de ahorro en dólares. Dijimos: ‘vuelquen el ahorro a pesos o a consumir‘”.

Y dado que con una inflación cercana al 30% “ahorrar” en moneda local es inviable, está claro que el Ejecutivo puso todas sus fichas en incentivar el consumo.

Tarifas bajas, más demanda, menos dólares
En este contexo, desde el Gobierno siempre se encargaron de presentar el esquema de tarifas bajas y de subsidios en alza como una forma de incrementar el poder adquisitivo de los argentinos y, además, de hacer más competitiva a la industria nacional. Un argumento que, durante años, la propia Presidenta también utilizó para festejar los bajos precios de la nafta.

El problema, según el economista Lucio Castro, del CIPPEC, es que esto provocó un derrumbe en la inversión: “Los desembolsos del sector privado en infraestructura y servicios representaban 2 puntos del PBI en los años noventa, mientras que en la última década apenas equivalió amedio punto“.

“El retraso en las tarifas y la distorsión de precios relativos que viene afectando a la economía, hizo que la demanda corriera muy por sobre la oferta”, completó.

Esto se hizo notorio en el sector energético. Así, congelamiento de tarifas mediante, el Gobierno no hizo más que alentar a que más argentinos -aprovechando los planes de cuotas- se decidieran a comprar un equipo de aire acondicionado. Y muchos de quienes que ya tenían uno optaron por la adquisición de una segunda tercera unidad.

De hecho, desde hace más de cuatro años, la venta de estos equipos viene superando elmillón de unidades en cada período. Y esto, que antes fuera festejado, se transformó en un “boomerang” para el Gobierno.

Paralelamente, el desincentivo a invertir llevó a que los desembolsos en infraestructura se desplomaran: Edenor Edesur, que en los 90 inyectaban unos u$s600 millones anuales para mantener y extender las redes, en 2012 aportaron menos de u$s200 millones.

“El colapso del sistema eléctrico nacional es un testimonio de las consecuencias de las políticas populistas. Las tarifas fijadas en valores artificialmente bajos exacerbaron el consumo y desalentaron la inversión”, explicaron desde IDESA, para luego destacar que “las inconsistenciasse disimularon durante mucho tiempo gracias a la expansión de la capacidad de generación de electricidad lograda en años anteriores“.

Y el hecho de haber congelado tarifas tuvo otro “efecto colateral”: al explotar la demanda de equipos de aire acondicionado, paralelamente se potenció la actividad en el polo electrónico de Tierra del Fuego, que cada año “aspira” del Estado más de $10.000 millones en concepto de beneficios fiscales.

Así fue como el ensamblado de electrónica se ha convertido en una de las cuatro grandes “grietas” por las cuales más dólares pierde el Banco Central, que debe convalidar multimillonarias operaciones de importación.

Esto se debe al alto contenido de insumos del exterior. De hecho, las empresas sólo están obligadas a incorporar en los equipos de aire acondicionado cablestornillos cajas plásticasnacionales. Todo el resto es importado.

Esto es lo que contribuyó a generar -junto con la producción de LCD, celulares y portátiles- un déficit de u$s7.000 millones en 2013, según el Estudio Bein.

Esta enorme sangría, motorizada por el boom de consumo, provocó que el proyecto “Nac&Pop” de Tierra del Fuego chocara con la restricción de los dólares.

La necesidad de cuidar cada billete verde que entra a la economía para destinarlo a la importación de energía y para cubrir el pago de deuda, llevó a que el Gobierno le imponga a Tierra del Fuegoun “cepo” al crecimientoobligando a las compañías del sector a importar un 20% menosdurante el primer trimestre de este año en relación al mismo período de 2013.

En buen romance, ya no hay divisas para “bancar” el boom de consumo que el propio Ejecutivo fomentó. Otra suerte de “efecto boomerang”.

Más celulares, menos redes
Otro rubro que también se verá perjudicado por un “cepo” al crecimiento es el de celulares, del cual el Gobierno festejaba el hecho de que más del 90% de los equipos comercializados sean deproducción nacional –si bien todas estas unidades cuentan casi con un 100% de insumos importados-.

“En la Argentina se venden entre 12 y 13 millones de celulares por año. Tenemos un mercado muy atractivo y exigente; es muy bueno que las empresas se actualicen tecnológicamente para responder a esta demanda”, se enorgullecía tiempo atrás la ministra de Industria, Débora Giorgi.

Sin embargo, este boom de ensamblado ayer festejado, hoy debió ser “castigado“: con la exigencia oficial de achicar las importaciones hasta el mes de marzo, se prevé que seensamblarán 1 millón de equipos menos en la isla.

El otro problema está en la pobre calidad del servicio. Cabe destacar que una década atrás había 6 millones de usuarios de teléfonos celulares, en tanto que en la actualidad las líneas activas son unas 40 millones, es decir, un salto de casi 570%.

Esta explosión se topó contra la falta de inversión en redes, lo que genera que el servicio de telefonía e internet móvil hoy funcione peor que hace cuatro cinco años.

Según el consultor Enrique Carrier, “la demanda superó con creces a la capacidad instalada“, que no se movió al mismo ritmo, lo que genera que hoy “las llamadas se corten o los mensajes de texto no lleguen“.

Más autos, más déficit
El rubro automotor fue, durante años, el “niño mimado” de la administración K, de la mano de un crecimiento sin precedentes: en 2013 se vendieron unas 955.000 unidades, un 540% másque hace una década.

Este boom se sustentó en dos variables clave: la falta de alternativas de inversión y el hecho de que, al menos hasta comienzos de 2013, “los autos nunca habían resultado tan baratosen términos de ingresos“, tal como rezaban una y otra vez desde la Asociación de Concesionarios (ACARA).

Así, con precios de 0Km que durante un buen tiempo se movieron por debajo de las mejoras salariales y del índice inflacionario, y gracias a los planes de financiamiento en pesos y sin interés, se construyó un récord que el kirchnerismo ahora está pagando caro.

No es para menos: la falta de inversiones consistentes en el sector llevaron a que nunca se haya logrado incrementar el “contenido nacional” de cada vehículo, que hoy apenas orilla el 30%. El resto necesariamente debe ser importado.

Así es como, a mayor boom de ventasmayores son las compras de autopartes al exterior. ¿La factura a pagar el año pasado? Unos u$s8.900 millones de déficit, más elevado que el del sector energético.

De este modo, tras años de fogonear y festejar las ventas de 0Km, el Gobierno se vio obligado aimponerle un doble “cepo”: por un lado, avanzó con el impuestazo a los vehículos de alta gama. Por otro, obligó a todas las empresas del sector, fabriquen o no en el país, a restringirsus importaciones entre un 20% y un 27% durante este primer cuatrimestre.

Más camiones, más importaciones
Los problemas energéticos también se ven notoriamente por el lado del transporte: luego de décadas de desinversión en el sector ferroviario, se llegó a la situación paradójica de que el 90% de la producción agropecuaria hoy se mueva en camión, cuando el tren permitiría achicar los costos en un 50%.

Así, a medida que la cosecha de granos llegó a las 100 millones de toneladas, explotó la venta de estos vehículos.

El problema es la pérdida de eficiencia: un tren con cien vagones equivale a 100 camiones en las rutas. Y “alimentar” este creciente parque automotor obliga a importar más gasoil, que compite con las compras de combustible para las centrales eléctricas, fogoneando un déficit energético que en 2013 superó los u$s7.000 millones.

Cabe recordar que hasta 2010 la Argentina era superavitaria en materia de energía. Sin embargo, las bajas inversiones pusieron fin a las épocas de bonanza. 

Frente a esta creciente demanda del transporte de cargas, el Gobierno no tuvo más remedio que aumentar el corte obligatorio con biodiesel y así intentar reducir importaciones. Una vez más, el boom que se quiso alimentar terminó transformándose en otro “efecto boomerang“.

El otro problema está en la infraestructura obsoleta: frente a un parque automotor en plena expansión, se estima que hay poco más de 2.500 kilómetros de rutas de doble calzada cuando, para evitar accidentes y hacer más eficiente el transporte, el país debería contar con 5.000 kilómetros.

De festejar el éxito a “amargarse” por los récords
Producción de artículos tecnológicos récord, boom de venta de electrodomésticos, marcas históricas para la industria automotriz… ayer, motivos de festejo; hoy, un gran dolor de cabezapara el Ejecutivo.

Frente a este cuadro, el Gobierno se vio obligado a actuar en varios frentes: por un lado, a limitar importaciones de algunos grandes sectores y así aminorar la sangría del BCRA; por otro, a acelerar la devaluación para desalentar las compras al exterior y, por último, a avanzar con una quita parcial de subsidios, de modo de achicar la cuenta, que en 2013 alcanzó los$150.000 millones, un 50% más que en 2012.

Todo un combo que marca el “fin de fiesta” tras una década de haber fogoneado el consumo sin inquietarse por el hecho de que la oferta pudiera llegar a correr por detrás de la demanda.

Iprofesional


Autor

Emiliano Schwartz

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