Archivo para 26 noviembre 2013

Clase media “cuotera”: ¿cuánto influye en ropa, viajes, electro y autos la opción de pagar financiado?

Nada más tentador para un argentino que planifica unas vacaciones fuera del país que esas seis letras que aparecen casi como un anzuelo infaltable si una agencia de viajes, una aerolínea o un banco tienen como propósito “pescar” la compra de un pasaje de avión.

Es indudable que las cuotas se han vuelto unaliado fundamental a la hora de los gastos y un elemento de peso que define la contratación de una u otra opción.

La oferta en este rubro al día de hoy es variada. Hay planes que brindan sólo 6, la mayoría cuenta con 12 y algunos, más “generosos”, proponen hacerlo en 18.

Si bien es cierto que la financiación representa una oportunidad para los consumidores, losexpertos detectan una señal de alerta ante el crecimiento desmesurado del fenómeno “cuotero” en todas las categorías.

Y no es para menos. Los datos en esta línea resultan llamativos: de acuerdo con la Asociación de Fábricas de Automotores (ADEFA), 4 de cada 10 cero kilómetros se venden con esta modalidad.

En cuestión de viajes, el endeudamiento es ya moneda corriente. Según indica Walter Rodríguez, secretario de la Asociación Argentina de Agencias de Viajes y Turismo (AAAVyT), $5 de cada $10en contratación de servicios de turismo son en cuotas.

Pero la compra en planes de pago no se limita a turismo y vehículos.

Hasta en la ropa, la costumbre de “tarjetear” se hace evidente. De hecho, “hoy los gastos realizados con tarjetas de crédito superan el 70%“, señalaba en diálogo con iProfesional Fabián Castillo desde la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME).

Y, como es sabido, una de las categorías en la que se destaca esta modalidad de pago es electrodomésticos.

Así lo firma Guillermo Olsen, quien hasta principios de este año fue director de Operaciones y Marketing de Frávega.

Al ser consultado por este tema, sus palabras no dan margen a la duda: “En el sector, el tema cuotas es central”.

En este rubro, indica el ejecutivo, “de cada $10 que se gastan, $8 son financiados”.

Es que la “pasión” por “tarjetear” tiene una razón lógica y coyuntural.

Impulsados por la inflación, que consultoras privadas estiman en un 25%, los argentinos se vuelcan al financiamiento siempre que les sea posible, a sabiendas de que las cuotas se van licuando con el avance de los meses.

Pero este “negocio” también tiene su “lado B”: las personas incrementan su nivel deendeudamiento para seguir consumiendo.

De hecho, para Rodríguez, uno de los riesgos de esta tendencia es que los usuarios de las tarjetas entren en una suerte de “rueda de morosidad”.

Sin embargo, a esta altura del partido, es indudable que el financiamientó se ha vuelto la base en la cual se apoya el “castillo de naipes” de muchos empresarios y, de tocarse este elemento, se derrumbaría gran parte de la estructura de consumo.

Así lo afirma con claridad el secretario de la AAAVyT: “Si se bajara el grado de cuotas, caería la demanda”.

Es que “el modelo actual es absolutamente dependiente de la financiación y de las rebajas”, indica a este medio Santiago Mignone, socio de la consultora PWC, ex Price Waterhouse.

Como consecuencia de ello, advierte, “es muy difícil salir de ese esquema que ya está instalado“.

“Tarjetear” hasta el límite
Si bien la apuesta por comprar financiado en distintos rubros no cesa y ya se ha vuelto un hábitoel preguntar tarjeta en mano “¿Hasta cuántos pagos se aceptan?”, también se detectan algunas señales de agotamiento en esta estructura.

Ocurre que “mucha gente sigue todavía abonando cuotas pendientes desde el año pasado”, dice Rodríguez.

Y agrega que “para algunas personas, haber explotado el plástico implica agotarlo y tenerlo durante 12 meses casi bloqueado”.

Sin embargo, la dependencia del consumo de la existencia de planes de pago resulta notoria a tal punto que los expertos coinciden que, de no existir esta opción, se complicaría fuertemente el escenario de compras -al menos, en determinados rubros-.

El caso autos
Uno de los casos más paradigmáticos en lo que al furor de las compras en cuotas se refiere es el de los autos, categoría en que los argentinos valoran mucho las opciones disponibles en esta materia.

De hecho, un informe de la Asociación de Concesionarios de la República Argentina (ACARA) arroja que en septiembre de 2013 las ventas financiadas crecieron más de un 30% en relación con el mismo período del año pasado.

El mismo relevamiento muestra, además, cómo los bancos más demandados en materia de financiación son el HSBC y el Santander Río que concentran, en conjunto, casi el 50% del total.

Como se puede deducir de los gráficos precedentes, en el sector automotor, el modelo de cuotas cumple un rol fundamental. Y la demanda se fue incrementando en el último tiempo.

En esta línea, Gustavo Ávila, presidente de la Asociación de Financieras de Marcas Automotrices (AFIMA) indica que “el porcentaje de autos financiados ha registrado un crecimiento sostenidoen todas las marcas”.

De hecho, el ejecutivo estima “una media que ronda en el 55% del valor del automóvil con una financiación promedio de 40 meses” y agrega que “esto se debe tanto a la incidencia de la renovación del usado y al alto valor de los mismos como a la capacidad de ahorro de los clientes volcada a las nuevas compras”.

Por supuesto, el éxito de este mecanismo tiene una explicación coyuntural.

“Fundamentalmente, por la oferta de tasas fijas y en pesos en el contexto actual, ya que se trata de la adquisición de un bien durable que resguarda el valor de los ahorros“, indica Ávila.

La relación salario- inflación, un eslabón clave
Cuando se consulta a los analistas acerca de cuán preocupante es en un mediano plazo lapropulsión de los argentinos a comprar en cuotas, éstos enseguida ponen la lupa sobre lasnegociaciones paritarias.

Y explican que el “pico” de endeudamiento de las familias suele darse en el verano, previo a los incrementos de sueldo. “En los primeros meses del año hay en general un mayor grado de morosidad”, destaca Mignone.

Luego, con los incrementos salariales, se suele equilibrar el nivel de deuda.

“El período de mayor endeudamiento de los argentinos es que se extiende entre las compras de Fin de Año y los incrementos salariales”, apunta el ejecutivo de PWC.

Es por eso que la continuidad de la “pasión por las cuotas” en 2014 dependerá, señalan los expertos, de la relación entre aumentos e inflación.

En este punto, advierte Mignone, “el principal riesgo es la acumulación de cuotas y que las personas terminen debiendo más de lo que su sueldo les permite“.

Dos casos distintos
Al analizar la conducta “cuotera” de los argentinos, los analistas distinguen dos tipos de actitudes que impulsan hoy a inclinarse por el financiamiento de sus compras.

En este sentido, destacan que:

• “Están los que tienen una mayor capacidad de ahorro y ven a las cuotas como unaoportunidad de negocio“, dice el socio de PWC.

En este caso, afirma, se prioriza al acceso a planes de pago en el sector viajes, electrodomésticos y autos.

• Un segundo grupo “apela a la financiación con tarjeta porque no le alcanza el dinero, como consecuencia de la caída del salario real por la inflación”, dice Mignone.

Dentro de esta categoría, el abuso de los planes de pago puede derivar en un problema. “Aquí existe un mayor riesgo de endeudamiento y de no poder cumplir con los plazos”, alerta el ejecutivo.

Un esquema apoyado en las cuotas
Un análisis del escenario actual permite advertir que existe una doble dependencia: la de losusuarios que -principalmente en electrodomésticos, autos y viajes- sólo consumen si hay cuotas, y la de las mismas empresas que quedaron “cautivas” de la oferta de estas alternativas para vender.

Así lo admiten desde distintos rubros, que fueron quedando “presos” de estos beneficios.

Tal es el caso de Olsen que señala que, en cuanto a solicitudes de financiamiento,“electrodomésticos está por encima de viajes”.

En el mismo sentido, agrega que, de no existir esta alternativa de pago, “se achicaría muchísimo el mercado en esta categoría”.

En tanto, desde el sector automotor, Ávila sostiene que “la herramienta financiera para la adquisición de automóviles motoriza la industria”.

Y señala que “la posibilidad de comprar a un vehículo a través de las cuotas facilita el acceso tanto para la renovación como para la compra de un primer automóvil”.

Es por eso que el ejecutivo admite que “la falta de esta opción afectaría fuertemente el nivel de compra”.

Más cuotas para el Mundial
En cuanto a la continuidad de la oferta de cuotas en los próximos meses, los analistas de consumo plantean que es una gran incógnita.

Sin embargo, algo es seguro: desde el sector electrodomésticos aprovecharán la “fiebre del Mundial” para promover sus opciones de financiamiento y lanzar promociones temporales para la ocasión.

En este sentido, Fabián Castillo desde la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), afirma que “es posible que desde febrero las firmas lancen propuestas vinculadas con Brasil 2014“.

Y asegura: “No sé si habrá 50 cuotas como en otros momentos, pero más financiación va a haber seguro”.

A juzgar por los hábitos de consumo actuales, la “fiesta de las cuotas” tiene para rato en la Argentina.

Sin preocuparse por su endeudamiento y, en una carrera contra la inflación, los usuarios de las tarjetas compran todo lo que pueden con planes de pago.

Así lo resume Rodríguez: “Cada vez se toman más deudas para consumir. Por eso, hoy las tarjetas están muy cargadas”.

IProfesional

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“La inflación, ese viejo monstruo patrio”

Los billetes de 2 pesos tienen la textura del papiro, los de 20 escasean y los de 100 parecen ser los nuevos 10 pesos, si consideramos la velocidad en que se nos van de las manos. Rotosa o satinada, la historia reciente de la inflación está impresa a cuatro colores en los bolsillos argentinos. Y la suba de precios le impone el tempo supersónico a la máquina de la Casa de la Moneda, en donde los billetes chicos salen poco y nada, porque valen poco y nada. En datos concretos: en diciembre de 2006, el 50% de los billetes en circulación (1.173 millones de papeles) eran de 2, 5, 10 y 20 pesos. Ahora, sólo representan el 30% del total, a pesar de que la cantidad circulando se triplicó (3.769 millones de unidades). La diferencia del 20% fue absorbida por el papel de más alta denominación desde 1992: seis de cada diez billetes que hay en la calle son de 100. Los descoloridos de $20 representan sólo el 2%, y los de 2 -aunque existen ya 300 millones de monedas- resisten y aportan el 11% del total.

Después de atravesar este paisaje de cifras y billetes baqueteados, bien podríamos emprender un viaje en el tiempo para volver hasta el año en que la economía crecía más del 8% y la inflación no llegaba al 10% anual. El año feliz era 2006. Y el deseo de viajar al pasado podría ser el de los especialistas -los del gobierno actual y los del gobierno que vendrá- que deberán lidiar con una tendencia de precios alcista que, sólo para septiembre y según lo informado por legisladores de la oposición, fue del 2,1% mensual. Proyectada al 25% anual, la inflación se perfila para ocupar el primer lugar entre las preocupaciones argentinas. Esto es: si en enero tenías diez billetes de 100 y decidiste guardarlos hasta diciembre, tu poder de compra en Navidad va a ser el de siete billetes y medio. Conviene entonces repasar algunas cuestiones -para ejercer con mayor autoridad nuestra angustia- y ensayar algunas respuestas que expliquen cómo se llegó a esta situación y qué estrategias se están pensando para ver la luz al final del túnel.

. “Inflar” la cantidad de dinero que circula en una economía. Ese es el origen de la palabra inflación: una metáfora para la emisión de moneda. Una práctica generalmente utilizada por el sector público para financiar sus posiciones deficitarias (más gastos que ingresos). Y como la emisión de moneda sin respaldo impacta de manera decisiva sobre los precios, la palabra inflación se asocia en forma automática con una suba generalizada de precios. En la Argentina, es un término que activa el horror. Quién no recuerda -o no escuchó hablar- de la “hiper del 89”: los precios subían ese año más del 3.000%; y las facturas de gas, luz y teléfonos -que estaban retrasadas- aumentaban 700%. La mitad de un salario obrero era destinado al pago de servicios, según un paper con la firma del historiador económico Mario Rapoport. Sin embargo habría que anticipar que casi no quedan economistas que se rasguen las vestiduras frente a niveles moderados de inflación: entre un 8 y 10% es aceptable. La historia de ajustes feroces con niveles de altísimo desempleo hizo que muchos especialistas hayan cambiado de opinión. Ya nadie quiere la paz de los cementerios.

. Una inflación aceptable fue la que dominó el período 2003-2006. El Indice de Precios al Consumidor (IPC), que es la medida utilizada para calcular la inflación de un período a través de la variación en el precio de una canasta de alimentos seleccionada, fue en promedio del 8%. La confiabilidad del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) todavía no había sido puesta a prueba.

. Pero en aquel verano de 2006, los precios comenzaron a acelerarse. Era el principio de un período caracterizado por lo que se conoce como “inflación de demanda”. Simple: la oferta de bienes y servicios era insuficiente para satisfacer la demanda y el desequilibrio impulsó la suba de precios. Aumentar la oferta no era sencillo. El fuerte crecimiento del consumo durante los años previos había colocado a las empresas muy cerca del límite de su capacidad instalada. Frente a este desequilibrio no hubo señales de moderación. Ninguna. No era el objetivo “enfriar” la economía, ni siquiera aplicarle paños tibios. El gasto público siguió creciendo, continuó alentándose el consumo y la circulación de dinero -que podría haber sido controlada por el Banco Central, por ejemplo, elevando las tasas de interés- mantuvo su ritmo expansivo.

. El alza de precios empezó a hacerse visible y la negación fue la política elegida para evitar que a la “inflación de demanda” se sumara “la inflación por expectativas”: si todos creen que los precios van a subir, tomarán decisiones que harán que, finalmente, los precios suban. El riesgo de la profecía autocumplida. El INDEC comenzó entonces a publicar datos subestimados de acuerdo con un “cambio metodológico” y dejó de ser, a partir de 2007, una fuente creíble. Consultoras, algunas provincias e incluso la Universidad de Buenos Aires se convirtieron en fuentes sustitutas con estimaciones que suelen duplicar las estadísticas públicas. ¿Se puede proyectar a mediano y largo plazo sin información confiable y consensuada? No, no se puede. Por eso la economía está clavada en el corto plazo.

. Además de intentar -fallidamente- controlar la inflación por expectativas, la subestimación de la inflación tuvo otro objetivo: reducir el pago de intereses de los bonos ajustables por CER, una medida técnica que también refleja la inflación. Muchos creen que el ahorro estimado (30 mil millones de dólares) no compensa el clima negativo que quedó instalado: nuevos riesgos y más difíciles de evaluar, dada la discrecionalidad de las acciones públicas. En esos meses, el riesgo país de Argentina era casi idéntico al de Brasil; hoy lo cuatriplica.

. En guardia. Así estaba el sector productivo cuando en marzo de 2008 comenzó el conflicto con el campo por el aumento de las retenciones. La crisis no hizo más que profundizar el malestar. Desde entonces, la presión impositiva siguió en aumento y fue señalada como una de las trabas a la inversión (necesaria para que crezca la oferta y se achique el desequilibrio por el exceso de demanda). No es casual que desde aquel otoño las tasas de inversión hayan estado cayendo casi sin respiro: en 2012, la caída de la inversión bruta interna fija fue del 4,9% y opacó el crecimiento económico, que apenas alcanzó un modesto 1,9%. Este año la tendencia mejora, pero hace falta un impulso mayor.

. Mientras el mundo desarrollado se debatía en medio de la recesión y el desempleo que dejó la tremenda crisis financiera desatada en 2007, aquí se ratificaba el rumbo de la política económica: no habría medidas de ajuste, el crecimiento se sostendría con estímulos al consumo y un gasto público creciente orientado a redistribuir la riqueza. Los aumentos salariales reflejaron el costo de vida real -lejos del IPC del INDEC-, comenzando una carrera contra la inflación que se retroalimenta año a año y que, difícilmente, termine con un saldo favorable para los trabajadores.

. Desatadas las expectativas de inflación, las reservas del Banco Central empezaron a caer. El proceso virtuoso de “emisión de moneda-compra de dólares-crecimiento de reservas” que se había sostenido en años previos comenzó a revertirse. ¿Qué quieren los argentinos cuando sienten que sus ahorros están bajo amenaza? Dólares. El cepo cambiario fue la respuesta del gobierno en 2011. Restricciones al turismo primero y poco después, en octubre, prohibición de compra de moneda extranjera con fines de atesoramiento. El resultado devino, como con la inflación, en la convivencia de dos realidades: un tipo de cambio oficial y otro paralelo o blue. Según la demanda, la brecha entre ambos oscila entre un 30 y 50%. Y si bien ese corsé sobre el dólar oficial viene actuando como un ancla de precios, la sospecha de que esa distancia tendrá que achicarse o desaparecer alimenta la inflación por expectativas. Existe memoria de lo que pasa con los precios cuando se destapa la presión contenida.

. Si no se puede atesorar moneda extranjera, si la tasa de interés por un depósito a plazo fijo es en términos reales negativa (los bancos ofrecen el 18% mientras la inflación estimada es del 25%), si las operaciones inmobiliarias se han vuelto complejísimas, si se hace imposible ahorrar y conservar el valor del peso en el tiempo: ¿qué hacer? Consumirlos. Ya. Antes de que se disuelvan en el bolsillo. Viajes, electrodomésticos, autos, arreglos en la casa, esparcimiento. Si la compra es en cuotas, mucho mejor; las últimas seguramente “ni se sentirán” (aunque la tasa de interés implícita que cobran las cadenas de electrodomésticos cuando se compra en cuotas pueda alcanzar el 60 o 70% anual). Más alimento para la inflación de demanda.

. Entonces, había inflación. Los controles de precios que se implementaron últimamente reconocen que la inflación existe y debe ser tratada. Es una buena noticia más allá de que el control de precios pueda ser una política anti-inflacionaria sostenible en el tiempo. Si la inflación fuese del 10,8% anual, como se proyecta en el presupuesto nacional para el 2014, esta nota no tendría sentido.

No se sabe si los ajustes comenzarán tras las elecciones de octubre o si quedarán a cargo del próximo gobierno. Se habla de recuperar las estadísticas confiables para controlar la inflación por expectativas; de recomponer el clima de negocios para que despeguen las inversiones y aumente la oferta; de comenzar a moderar el gasto público y los incentivos al consumo privado para atacar la inflación de demanda. Nada violento, se escucha decir; ajustes lentos, progresivos. El crecimiento ya no es el de los años felices. Para 2014, el gobierno proyecta un 6,2%; las consultoras privadas menos de la mitad. “No es el 89 ni el 2001, pero hay que ajustar y la gente ya lo sabe; la expectativa está instalada”, dice José María Fanelli, profesor de Macroeconomía de la UBA. “Si hacen un ajuste de calidad, no debería ser salvaje. Hay que trabajar sobre el INDEC, el cepo, los subsidios regalados a quienes no lo necesitan. Si no se ocupan, seguirán perdiendo reservas. ¿Y para cuántos meses hay?”

Revista RollingStone

“Pesos que vuelan: los precios suben, el consumo no despega”

Entre guirnaldas rojas y verdes y figuras que representan al buen Papá Noel, por las cajas de pago de los comercios que ofrecen productos de consumo masivo pasaron, en diciembre de 2012, casi 19% más de pesos que en el mes anterior. Pero, inflación mediante, los compradores no se llevaron tanto más: si la comparación se hace en volumen de mercadería, el crecimiento respecto de noviembre fue de 12 por ciento. Algo similar había ocurrido cuando estaba a punto de finalizar 2011.

Con motivos para celebrar -que en la vida siempre los hay-, con más dinero en la calle y algunas promociones, diciembre es, cada año, un mes clave para las ventas. Pero también, claro, para la suba de precios, sobre todo en un país con un grado considerable de emisión monetaria y con déficit de inversiones de las que permiten ampliar la oferta de bienes. Los datos del primer párrafo, que surgen de analizar un índice elaborado por la consultora CCR, avalan esas conclusiones. Además, el índice de inflación que difunde un grupo de legisladores en el Congreso Nacional y que se basa en las estimaciones de consultoras privadas muestra en diciembre uno de sus valores más elevados, en un podio compartido con meses como marzo, también caracterizado por una mayor demanda de bienes y servicios.

En un escenario de actividad económica con el pie en el freno, incertidumbre respecto de la política cambiaria, empleo estancado y salarios que no empardan la carrera contra los precios, es una incógnita, para los analistas, qué comportamiento mostrará el consumo este fin de año.

Pero eso sí: las proyecciones coinciden en que, aun cuando en esta época se incremente la actividad comercial, 2013 será, al igual que 2012, un año con una evolución muy modesta del consumo, variable que supo ser el motor del crecimiento económico del país hacia mediados de la década pasada.

Las expectativas no mejoran para 2014, y se suma un agravante: mientras que el consumo se quedaría en un valle, la inflación sería más alta o por lo menos similar a la de este año. Y esto último no es poco: los economistas advierten que 2013 cerrará con un índice de alrededor de 25 por ciento.

El análisis de CCR muestra que el volumen de productos vendidos crecería este año poco más de 2%, una evolución cercana a la de los dos años previos y lejana a la de 2007 (8,3%) o 2008 (5,5 por ciento). Los datos surgen de una muestra de 137 categorías de productos que incluyen alimentos no perecederos y artículos de cosmética, tocador y limpieza. “En el período de enero a septiembre, el aumento interanual fue de 2,3% en volumen de productos, con diferencia según el tipo de local: en los hipermercados, supermercados y tiendas de descuento, la suba fue de 2,9%, y en los canales tradicionales, de 1,7%”, comenta José Amodei, director de CCR.

Entre las razones de esa diferencia, está la apertura de tiendas de cercanía pertenecientes a las cadenas de supermercados. Es un fenómeno que va de la mano de la tendencia a hacer compras más pequeñas y con mayor frecuencia.

Más allá de esos locales, tal comportamiento abre una posibilidad para las pymes, según señala Gabriel Molteni, economista jefe de la Cámara Argentina de Comercio (CAC).

Pero a los pequeños comerciantes el optimismo no les llegó: un relevamiento hecho por la CAC en octubre entre 300 comercios porteños reveló que más de la mitad (52,3%) tuvo ese mes una caída interanual de sus ventas, en tanto sólo 12,6% registró mayor actividad. Uno de cada cuatro no tuvo cambios. Ante la proximidad de las Fiestas, 45,7% cree que sus ventas repuntarán. Pero, según advierte Molteni, el índice de los que tienen buenas expectativas cayó 3,5% este año respecto de 2012. Además, nada alcanza para pensar en nuevos empleados. Ninguno de los encuestados prevé contratar personal en estos meses. Es un dato consecuente con el que indica que sólo 8 de cada 100 consideran que la economía mejorará.

“Notamos una caída en el consumo, además de más compras que se hacen semanalmente y que se reparten entre diferentes lugares”, describe Claudia Collado, presidenta de Acción del Consumidor (Adelco). Collado califica de “una política muy débil” el congelamiento de precios de 500 productos, ideado por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, artífice de la construcción de esa realidad paralela relatada por el Indec, en la que la inflación es de menos de 1% mensual y en la que una familia de cuatro personas no es considerada pobre si percibe ingresos de más de $ 1717 mensuales.

“Los bienes con precios congelados se encuentran poco; a eso se agrega que hay lanzamientos de un mismo producto con otro packaging y, por lo tanto, con otro valor, que es ubicado en la góndola al lado del que tiene precio congelado, algo que confunde al consumidor”, dice Collado.

Para el economista Camilo Tiscornia, de C&T Asesores Económicos, para analizar qué ocurrirá con el consumo en los próximos meses, se conjugan factores a favor y en contra.

Entre los primeros está el menor peso del impuesto a las ganancias (desde agosto quedaron exceptuados quienes hasta ese mes tuvieron salarios brutos menores a $ 15.000); la confianza del consumidor que mostró un repunte, y el hecho de que no haya muchas opciones de inversión que protejan de la inflación, un factor que alentó la compra de bienes durables, como autos. Entre los factores no favorables están la actividad estancada, la baja o nula creación de empleo y la incertidumbre en materia de tipo de cambio, con una brecha, entre el dólar oficial y el blue, que ronda el 70 por ciento.

“En estos últimos meses del año, se verá el impacto que puede tener la mayor cantidad de dinero en la calle por el aguinaldo y este año también por las medidas tomadas tras las PASO en materia impositiva”, señala el economista Dante Sica, director de Abeceb.com. A la presión que eso puede significar sobre los precios se suman aspectos puntuales, como la nueva suba en el precio del pan (y sus derivados). ¿La causa? Una pobre cosecha de trigo, en gran medida consecuencia del desincentivo que las políticas del Gobierno dejaron en los productores rurales.

“Para 2014 se prevé un consumo amesetado -dice Sica-. La economía no crea empleos y los sindicatos van a estar más concentrados en que se preserven los puestos.” El economista advierte que, en tal contexto, puede aumentar la informalidad laboral. Y si los salarios de los empleados registrados no logran alcanzar a la inflación -un escenario que se ve posible para este año y el próximo-, menos podrán los ingresos de quienes están en negro o hacen tareas por cuenta propia, muchas veces sin continuidad y en condiciones precarias.

“En 2013 el consumo de alimentos básicos creció o se mantuvo, mientras que el de otros productos, como los textiles, cayó”, agrega Sica. Aumentó la compra, además, de los bienes vistos como refugio de la inflación. Entre enero y octubre, según las concesionarias, se vendió 13% más de autos que en ese período de 2012.

COMPRAR PARA NO PERDER

“No está bueno el crecimiento por el lado de que se compra por protección contra la inflación; si alguien no puede dirigir su ahorro a poner, por ejemplo, un pequeño negocio, y entonces compra un auto, eso conspira contra la movilidad social y el objetivo de mayor igualdad”, sostiene el economista Guido Sandleris, director del Centro de Investigación en Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella. En ese centro de estudios se elaboran cada mes indicadores que tienen que ver con cómo les va a ir a los precios y al consumo. Uno de ellos indaga en el nivel de inflación que los ciudadanos consideran que habrá en los 12 meses por venir. En octubre, el alza de precios esperado en promedio, por los 1210 encuestados, fue de 31,3%, un índice algo más bajo que en el mes previo, pero igual elevado.

Otro índice es el de confianza del consumidor, que en octubre mejoró y que está en niveles similares a los de principios de 2012 y por debajo de los más optimistas números que surgieron de la misma encuesta en 2011. Varios de los analistas consultados vincularon la mejora de la confianza a los resultados de las elecciones, en tanto permiten pensar en un nuevo escenario político hacia adelante.

“En las expectativas influye la manera en que se reciben las subas de salarios; en un mes con precio «nuevo» y sueldo «viejo» la percepción es que va a empeorar”, agrega Sandleris.

Los resultados de las negociaciones salariales tienen su impacto real en el consumo y los precios. “La inflación parece mantenerse en niveles estables; en eso puede haber influido que el Banco Central bajó un cambio en su política de emisión monetaria que había sido muy expansiva, y también tuvo que ver el freno en la actividad y las paritarias que no fueron tan intensas”, analiza Luciano Cohan desde Elypsis. La consultora releva diariamente 140.000 precios de comercios que venden por Internet. En octubre se observó un aumento promedio de 1,8%, mientras que, anualizado, el resultado de lo medido entre abril y octubre dio 23,1 por ciento. “Proyectamos que el año terminará en 25% con una leve tendencia al alza, que lleve el índice uno o dos puntos más arriba hacia 2015”, concluye un informe de la consultora.

“Dicen números que sólo sirven para ser publicados en los diarios”, se quejó días atrás María Lucila “Pimpi” Colombo, subsecretaria de Defensa del Consumidor, en referencia a los índices de inflación ajenos al Indec, que no sólo surgen de consultoras privadas, sino también de varios institutos de estadística provinciales e incluso de la ciudad de Buenos Aires. Demasiado lejos de esa apreciación, los sindicatos se han guiado por esos índices para firmar convenios colectivos y varios lograron, en los últimos años, mejoras del salario real.

Como cada fin de año, comenzaron a escucharse reclamos por el pago de un plus de fin de año. El pedido está en trámite en gremios como el de camioneros, que conduce Hugo Moyano y que reclama 5000 pesos.

“Hay un abanico de situaciones este año: compañeros que hacen reclamos «testimoniales», otros que tienen la posibilidad de buscar un plus porque firmaron convenios en forma temprana y por debajo de la inflación, y otros gremios donde todavía no se terminó de aplicar lo firmado”, describe Héctor Daer, dirigente del sindicato de la Sanidad, secretario de Prensa de la CGT de Antonio Caló y diputado electo por el Frente Renovador que lidera Sergio Massa.

Ya con problemas en el frente fiscal, en 2012 el Gobierno no otorgó el adicional para jubilados y pensionados que sí se había dispuesto en los años previos y que inyectaba varios millones en el mercado de consumo.

Este año, con un comportamiento errático de las ventas (en el indicador de CCR hubo, entre enero y septiembre, cinco meses que registraron una baja y cuatro que tuvieron alza), la mayor cantidad de dinero que quedó en manos de consumidores por medidas como el aumento de 35% de la asignación universal por hijo, el alivio en Ganancias y la actualización del esquema del monotributo, no derivó por ahora en un claro incremento de la facturación del comercio.

Para el próximo año, las materias pendientes del Gobierno podrían retirar recursos de la calle. Hoy el Estado subsidia el consumo de servicios públicos (incluidas la clase media y alta) y una posible quita, de la que ya se está hablando, tendría su impacto negativo tanto en los bolsillos como en el consumo de bienes. Por otra parte, una mayor restricción a las compras en el exterior para frenar la salida de divisas (“podría crearse un dólar turista o bien hacer que los bancos dispongan límites «voluntarios» a sus clientes”, analiza Sica) dejaría más dinero para compras locales.

“Eso generaría más inflación, por una mayor demanda hacia sectores que no tienen capacidad de aumentar la oferta”, advierte Tiscornia.

“Lo bueno sería que se pudiera producir más, para que no haya presión sobre precios. Pero el crecimiento está trabado por temas como el déficit de infraestructura, y cosas como el acuerdo YPF-Chevron demuestran que hay poca credibilidad -dice Sandleris-. Con poca credibilidad, hay pocas inversiones, y las que vienen piden una tasa de retorno muy alta; el caso Chevron parece muy beneficioso para la empresa y no se sabe si lo es tanto para el país.”

Como ciertas pasiones llevan a comprar más, en 2014 la Copa del Mundo jugaría a favor del sector de electrodomésticos, que ofrecerá promociones, según pronostica Sica. Será un factor particular esto de confiar en la pelota, en medio de un escenario en el que, según advierten, no se atacan los problemas de fondo que llevaron a una inflación que no cede.

ALIMENTOS FRESCOS, AL TOPE DE LAS SUBAS

Los economistas prevén que 2013 cerrará con una inflación de 25% o algo más. Algunos alimentos básicos están en los primeros puestos del ranking de alzas de precios: según la consultora Elypsis, entre febrero y octubre las frutas y verduras se encarecieron 39 y 49%, y los panificados acumularon subas de 27 por ciento.

Se estima que en el último mes del año habrá una aceleración del nivel de consumo, pero también de los precios. Por ahora, ni los datos oficiales son optimistas: el Indec informó que en septiembre la facturación de los supermercados creció 22,6% interanual, por debajo de la inflación real.

El contexto favorece la compra de bienes durables. De todas formas, con una devaluación a un ritmo similar a la inflación, aparecen opciones como los activos financieros dólar linked, para proteger el valor de los pesos.

La Nación

Nota de consumo

“Congelamiento: qué productos saldrán más rápido del freezer y cuáles golpearán los bolsillos de la clase media”

Hay un viejo refrán que dice que “lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Parecía que calzaba a la perfección cuando se lo vinculaba con el plan de congelamiento de precios, allá por los primeros días de febrero de este año, cuando recién nacía la iniciativa concebida para durar sólo dos meses.

Por ese entonces, los analistas aseguraban que la medida podía resultar exitosa en tanto fuera implementada por no más de un trimestre, porque no era una verdadera solución contra la inflación.

Y eso fue lo que sucedió, producto desucesivas prórrogas, ya que su efectividad se fue “diluyendo” y los precios siguieron aumentando.

“Si en el camino no se toma algún tipo de decisión de largo plazo, el impacto de la salida va a ser mucho mayor”, advertía oportunamente José Ignacio Amodei de la firma CCR.

En los primeros meses del “freezer”, el Gobierno logró reducir la inflación al 1,5% mensual, tal como arrojó el IPC Congreo en marzo.

Pero con el tiempo fueron quedando en evidencia algunas falencias y la necesidad de una medida más de fondo.

La primera prórroga tuvo lugar en abril, por dos meses más, y una vez que llegó junio se optó por sostenerla hasta octubre.

Fue ahí cuando se dio a conocer una lista de 500 productos que quedarían “congelados”.

Poco antes de las elecciones, “los huecos” se hacían notar cada vez más, al punto que en septiembre la inflación alcanzó el 2,11%, el mayor incremento desde el mismo mes de 1991.

No obstante, la semana pasada la Subsecretaría de Defensa al Consumidor anunció que la medida se extendería – al menos- hasta fin de año:

Mientras muchos analistas se preguntan por qué el Ejecutivo tomó esta decisión pese a que “las góndolas hablan por sí solas” con precios “descongelados” y también con “faltantes”, lo que es indudable es que la credibilidad y la sustentabilidad del plan quedaron “en la cuerda floja”.

De hecho agregan que a nueve meses de que naciera el congelamiento ninguna de las cadenas cuenta en todas sus sucursales con los 500 artículos de la lista. E, incluso, en su lugar se ven opciones más caras o productos similares con nuevas presentaciones y composición para escapar al freezer.

En este escenario, algunos afirman que la prórroga tuvo que ver con los resultados adversos para el oficialismo en los últimos comicios legislativos.

En tanto, desde el Gobierno insisten en mantener la medida. De hecho, Colombo afirmó en su cuenta de Twitter que “en los hogares argentinos ha mejorado el acceso al consumo de bienes y servicios”.

Para Fernando Blanco Muiño, titular de la entidad Unión de Consumidores de Argentina (UCA), los “aumentazos” van a llegar a un 9%.

“Va a haber un impacto en los supermercados”, alerta en diálogo con iProfesional Claudia Collado desde la entidad Acción del Consumidor (ADELCO).

Por otra parte, Blanco Muiño señala que “se prevén incrementos en la nafta y los costos de transporte, lo cual también va a repercutir en los precios“.

“Lo que más preocupa es que se produzca un aumento importante en los alimentos básicos“, enfatiza el experto.

En este contexto, los analistas anticipan que los argentinos se verán oblilgadoa a tener que “ajustar aún más sus cinturones”.

Subas de precios y faltantes
Así las cosas, lo que impera entre los analistas es el escepticismo.

“Hay que ver si dejan de reponer la mercadería congelada“, advierte Emiliano Schwartz desde la consultora Tomadato.

En tanto otros expertos ya hablan de fuertes subas de precios para aquellos artículos que estánfuera del famoso listado. Y creen que no se darán los aumentos de igual modo en las distintas categorías.

Es que, tal como indica Miguel Calvete del Instituto de Estudios de Consumo Masivo (INDECOM),“el Gobierno arregló con la industria incrementos diferenciados”.

En este sentido, el especialista asegura que serán de entre un 9% y un 14% en los Premium.

De acuerdo con el supermercadista, las subas en alimentos se harán evidentes, principalmente en:

Frescos: debido a la alta rotación de este sector, Calvete asegura que será uno de los primeros rubros en los que se sentirá el impacto.

Productos elaborados con harina: al respecto, Blanco Muiño destaca que “la escasez va a afectar próximamente a sus derivados”.

Aceites: los aceites también fueron señalados como productos que subirán de precio en estas semanas por efecto del “descongelamiento”.

Lácteos: de acuerdo con el titular de UCA, en “esta categoría se autorizaron subas de hasta un 9%”.

La “trampita” de las marcas
En este contexto, los expertos señalan que las empresas ya “buscaron la vuelta” para elevar el valor de su mercadería.

Según Calvete, lo que se hace es tomar algunos artículos de “compra frecuente” y catalogarlos dentro de los grupos en los que se autorizan las subas más fuertes.

Por ejemplo, “muchos de los productos que las marcas ubican como selectivos, en realidad, sonclaramente masivos pero las empresas los categorizan así para poder subirles el precio“, dice el titular de INDECOM. (Lea más: “Los nuevos aumentos llegarán a las góndolas pasadas las elecciones legislativas”).

De hecho, afirma Calvete, “un 37% de los que se consideran selectivos forman parte de la canasta básica y se encuentran dentro de los 250 artículos de supermercado más consumidos por los argentinos”.

Los efectos del “descongelamiento”
Ante este panorama, los especialistas estiman que los argentinos van a poner nuevamente en marcha aquellas estrategias que ya conocen de memoria para cuidar el bolsillo.

En este sentido, aclara Calvete, “el consumo hoy está amesetado y los argentinos se muestran más cautelosos en el supermercado”.

Y remarca que “en 2013 empezaron a resurgir con fuerza las B brands, lo cual se hizo más notorio en los últimos seis meses“.

Esta tendencia, puntualiza el analista, se viene dando sobre todo en la categoría alimentos.

Por otra parte, los especialistas afirman que el “descongelamiento” podría traer como consecuencia una “vuelta” de los consumidores a las superficies más chicas, que habían quedado más relegadas a raíz del freezer.

“La gente ahora compra menos productos y lo hace -muchas veces- en los locales de cercanía, lo cual implica una baja en el ticket promedio”, apunta Collado.

Sin embargo, los argentinos no se quedarán solo con los negocios chicos ya que, afirma la experta, “ciertos artículos, como el vino, son más baratos en los locales de cercanía, pero otros están más caros”.

Con poco dinero en el bolsillo y precios altos, se hacen menos compras en el supermercado y si baja la cantidad no se justifica tener que ir a las grandes superficies”, concluye Blanco Muiño.

IProfesional

“El consumo no repunta pese a la suba del mínimo no imponible en Ganancias”

La reactivación del consumo que provocaría la suba del mínimo no imponible en Ganancias todavía se está haciendo esperar. Lejos de cumplirse la aspiración del Gobierno, que apostaba a lograr un fuerte repunte de la demanda, en septiembre -que fue el primer mes de vigencia de los cambios en el régimen impositivo- se registró la primera caída en volumen en las ventas de productos de la canasta básica.

De acuerdo con los datos de la consultora especializada CCR, septiembre cerró con una inédita baja de 0,6% en el consumo masivo. La caída no fue pareja en todos los canales y se explica básicamente por el mal desempeño del canal tradicional (almacenes y comercios de barrio), que tuvo un mes para el olvido, con un descenso del 2% en las ventas medidas en unidades.

“Está claro que los aumentos de precios de agosto y septiembre terminaron neutralizando las mejoras en el poder adquisitivo logradas con las actualizaciones vía paritarias”, advirtió José Amodei, director de la consultora CCR.

La idea de que los aumentos de precios les terminaron por ganar la carrera a los salarios se sustenta en datos concretos. Según la medición de CCR, el fin del congelamiento integral de los productos de los supermercados que se concretó el 1° de junio se tradujo en un salto inmediato en los precios, que durante ese mes tuvieron un incremento promedio de 4,5 por ciento. A partir de julio, el ritmo de los aumentos se fue desacelerando un poco, pero las nuevas listas de precios nunca dejaron de llegar a las góndolas, y de hecho en septiembre el alza se ubicó en 2,2 por ciento. “De mayo a septiembre la suba de precios acumulada en los supermercados llegó a 12,2%, contra el 10% promedio de aumento salarial que se había otorgado en las paritarias de mayo”, explicaron en la consultora.

El panorama en los supermercados es un poco mejor, aunque las cadenas del rubro aseguran que tampoco hay muchos motivos para festejar. Según la medición de CCR, en septiembre las grandes cadenas lograron un incremento de 1,1% en su volumen de ventas, lo que igual estuvo muy lejos de la suba de 4,1% que habían tenido en agosto y de 5% con que había cerrado el segundo trimestre del año.

El director de CCR además precisa que, dentro del llamado canal moderno (súper e hipermercados), el desempeño de las ventas no fue parejo para todas las cadenas y formatos. “Hoy, el foco de crecimiento pasa por el desarrollo de las tiendas de cercanía nuevas y reacondicionadas que fueron sumando las grandes cadenas, a lo que se suma que los híper y supermercados se vieron beneficiados indirectamente por el mensaje oficial de los precios controlados y los 500 artículos congelados”, señaló Amodei.

En las cadenas de supermercados, consultadas por LA NACION, ratificaron que la política oficial de incentivar las ventas vía la suba del mínimo no imponible no alcanzó para mover la aguja del consumo. “Lamentablemente hasta ahora no pasó nada con Ganancias, y de hecho en el caso de los electrodomésticos y todo lo que no sea las categorías más básicas, septiembre no fue un buen mes por la suba en las tasas de interés, que impactó en la posibilidad de ofrecer ventas en cuotas”, se lamentó el número uno de una cadena líder de supermercados.

En otra cadena son igual de concluyentes. “La mejora en los salarios vía Ganancias coincidió con las subas en otros gastos, y lo que ingresó de más por un lado se lo llevaron los aumentos en expensas, colegios y el pago de las tarjetas”, explicaron en la empresa.

Los autoservicios chinos tampoco vieron una mejora en la demanda de sus locales. “Las ventas se mantienen estables. No vemos un gran repunte, pero por lo menos están sostenidas”, explicó Yolanda Durán, presidente de Cedeapsa, la cámara que reúne a los supermercados orientales.

Indirectamente, la desaceleración del consumo también fue confirmada por el Indec, que informó que en septiembre la facturación de los supermercados había crecido 22,6% en forma interanual, es decir, por debajo de la inflación promedio que informaron las consultoras privadas, que la ubican en torno a 25 o 26 por ciento.

La Nación


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Emiliano Schwartz

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