Consumo: por qué la clase media tiene la mente en “off” y el Gobierno quiere un clic

“Lo que quiero es que la gente se ponga las pilas, que salga y consuma, y que generemos un clima de confianza”, dijo el alto funcionario, luego de explicar que el problema de la economía argentina era el exceso de espíritu ahorrativo, que llevaba a que la clase media postergara decisiones de compra.

¿Quién pronunció esta frase? ¿Cristina Kirchner, tal vez? No, no fue ella ni ninguno de los ministros o secretarios del área económica. Fue el ex presidente Fernando de la Rúa, en noviembre de 2001, cuando pocas semanas antes del estallido le pedía a la sociedad que hicieraun “clic” y se volcara masivamente a los supermercados y shoppings.

Los vericuetos de la historia argentina pueden traer estas ironías: más de una década después, un gobierno que se dice en las antípodas de aquél que acabó en corralito y helicóptero, repite muchos de sus argumentos.

Tales como que no es cierto que exista un retraso cambiario que haga perder competitividad al país y que hay una conspiración de los especuladores para forzar una devaluación. O que, contra los escépticos que quieren fomentar la incertidumbre, el Gobierno responde recreando un clima que haga que la gente vuelva a consumir y que así la rueda de la economía no se detenga.

Claro que hay diferencias entre estos dos momentos: antes la gran arma para incentivar el consumo era la garantía de que un peso era igual a un dólar, mientras que en el kirchnerismo selubricó la maquinaria por la vía de emitir billetes.

En ambos casos, para desesperación de los funcionarios, se produjo un “clic”, de manera tal que la fórmula que había dado resultado durante mucho tiempo, de pronto empezó a fallar.

Por estos días, lo que está haciendo agua es el modelo que usaba a la inflación y al sistema de fuertes subas de salarios acordadas en paritarias como detonante de un boom consumista.

En busca de una nueva vuelta de tuerca
Es explicable que haya desconcierto en el equipo económico del Gobierno. Después de todo,esa fórmula de crecimiento empujada por la demanda interna parecía imbatible.

Tanto, que hasta los más enconados críticos debían aceptar que, contrariando lo que podría ocurrir en otros países, en el plano local se daba el extraño fenómeno de que la gente no sólo no se retraía cuando veía inflación, sino que, por el contrario, eso parecía exacerbar sudisposición a comprar.

Es así que en los últimos años la Argentina contribuyó a la ciencia económica con el surgimiento de nombres tales como “reactinflación” o “fuga al consumo”.

El gran interrogante que está planteado en estos momentos es si la fórmula ya está agotadao si, con algunos ajustes de por medio, todavía puede seguir dando satisfacciones en forma de récords de compras de bienes, desde todo tipo de electrodomésticos, ropa, artículos tecnológicos o autos 0km.

La idea surgida de la usina intelectual K parecía de una efectividad irreprochable: si se anunciaba un congelamiento de precios, entonces la gente retomaría su entusiasmo consumista, de manera que las ventas de las cadenas comerciales pudieran volver a ser una locomotora del crecimiento económico.

Por si ello no alcanzaba, una dosis de presión a los bancos para que se limite el costo de la financiación al consumo, debería terminar de convencer a los indecisos.

La propia Cristina Kirchner anunció que con esta política se lograría el objetivo buscado por el Gobierno: por un lado, generar un clima favorable para un aumento de la demanda; y que, por su parte, las empresas no respondan con incrementos de precios sino con más volumen de producción.

La realidad, sin embargo, mostró otra cosa. El consumo sigue lejos de ser lo que fue en la época dorada del modelo K.

La recaudación impositiva por el IVA (sin contar el que se cobra a las importaciones) está en unnivel de caída real, ya que evoluciona por debajo de la inflación.

En tanto, las ventas en los supermercados no muestran un despegue, según dan cuenta los primeros relevamientos hechos por consultoras privadas. Finsoport estima que en el primer trimestre hubo una contracción real de 0,9% en las góndolas, mientras que los shopping sufrieron una caída de 2,3%.

Las cifras de los canales minoristas marcan un retroceso (en volumen, no en pesos) de 2,8% para el primer cuatrimestre del año. Pero llama la atención que la baja fue mayor aun en marzo y abril (3,4% y 6,4% respectivamente), pese a que ya llevaba varias semanas de vigencia elcongelamiento de precios.

Y el frío llegó incluso a segmentos emblemáticos del modelo económico K, como el de loselectrodomésticos.

En cuanto a la “línea blanca” -heladeras, lavarropas, microondas- el descenso ya se ubica en torno del 10%, según la consultora GfK Retail and Technology.

El último refugio parece ser el de los automóviles, donde a pesar de la fuerte volatilidad que se observa entre un mes y otro, las ventas en lo que va del 2013 son un 6% mayores que el año pasado. Los analistas creen que el abaratamiento relativo de los vehículos importados (por la escapada del dólar blue) ha jugado un rol determinante para que aquellos que tienen capacidad de ahorro los sigan viendo como refugio de valor.

En este contexto, los analistas creen que el consumo ya no servirá para apuntalar a la economía K, como sí ocurrió en períodos previos.

“Se terminó la ‘reactinflación’; ahora nos quedamos con la inflación y sin reactivación”, grafica el economista Carlos Melconian.

“Los depósitos a plazo fijo están bajando, nadie quiere resultar perdedor, con una colocación al 15% anual. Los préstamos están descendiendo, en especial los personales. Los individuosno ven en el horizonte las paritarias y han bajado sus consumos de tarjetas de crédito. Todo se conjuga para un escenario poco alentador”, resume el consultor rosarino Salvador Di Stefano.

En tanto, el ex economista jefe del Banco Galicia, Nicolás Dujovne, señala que, por más que los funcionarios se esfuercen, ya no se podrá recrear el clima festivo de hace tres años: “Estamos en un punto en donde el mecanismo ‘me gasto los pesos para consumir’ se ha agotado y eso se traduce en el aumento del dólar paralelo”.

La fórmula agotada
¿Por qué los mismos argentinos que antes reaccionaban con la alegre disposición a consumir y se endeudaban, para luego ver cómo la inflación licuaba sus cuotas, ahora se muestran reticentes a comprar?

¿Y por qué no se conmueven siquiera con el congelamiento de precios? Los analistas apuntan a varios motivos. Algunos reversibles, y otros ya con apariencia de causa perdida.

Entre los primeros figura el tema salarial. Está claro que la condición para que los argentinos consuman en tiempos de inflación es que los sueldos se indexen por encima de la suba deprecios.

Ya el año pasado comenzó a evidenciarse una brusca caída del poder de compra, con tendencia a acentuarse en este 2013.

Según una estimación de la consultora Analytica, se pasó de una variación positiva (12% interanual a fines de 2011) a una pérdida del 0,7% a fines de 2012.

Para Ricardo Delgado, economista jefe de Analytica, la clave es que el Gobierno no repita el mismo error del año pasado de demorar demasiado el cierre de las paritarias.

El efecto de salarios “viejos con precios “nuevos” fue un factor clave para enfriar la economía, de modo que ahora se buscaría lo opuesto, gracias al congelamiento de precios.

No obstante, ya habiendo entrado en el quinto mes del año, y a pesar de haber impulsado como modelo el “techo Caló” -con 24% de variación anual- los acuerdos por mejoras en las remuneraciones vienen otra vez lentos y discutidos, mientras que el “plan freezer” empieza a hacer agua en las góndolas.

A esto se suma otro dato no menor: más personas ahora se ven alcanzadas por el pago delimpuesto a las Ganancias, tributo cuyas escalas quedaron desactualizadas frente a la inflación. Un problema que el Ejecutivo no puede resolver, al no tener “caja” para hacerlo.

Falla el factor clave
Con todo, el tema salarial no es lo único que explica la menor disposición a consumir por parte de la clase media. Hay otro elemento fundamental, que no siempre es evidente a primera vista pero que resulta tal vez más influyente que el sueldo: el temor a perder el empleo.

Un estudio de Ernesto Kritz, consultor experto en temas laborales, demostró que el índice de confianza de la población podía seguir alto en momentos de elevada inflación, siempre que eldesempleo se mantuviera bajo.

Si bien los números oficiales muestran un índice que aún se mantiene acotado, la gente percibe una desmejora.

El propio hecho de que la Presidenta haga mención al riesgo del desempleo y a la necesidad de que no existan desbordes en la negociación salarial es, de por sí, un elemento que juega a favor de la austeridad.

Al respecto, es bien ilustrativa la encuesta de expectativas sobre la economía que realiza la Universidad Católica: un 45% de la gente afirma que hay pocos puestos de trabajo, un porcentaje elevado si se lo compara con el 26% que tenía esa percepción en octubre de 2011, cuando fuera reelecta Cristina.

La encuesta muestra que la predisposición a gastar dinero en la compra de bienes durables sigue en clara tendencia descendente, y el índice acumula una caída de 15% respecto de su pico histórico de fines de 2011.

En tanto, otro sondeo, de la firma Management & Fit, revela -sobre un total de 2.000 entrevistados- que la mayoría cree que su situación personal empeorará en los próximos meses ycasi el 60 por ciento sostiene que las condiciones se agravarán en el país.

El blue ya no reactiva
Hay, finalmente, otro tema central para explicar la ausencia del “clic”: el cepo cambiario.

Cuando recién se instauró esta medida, daba la sensación de que tenía un efecto pro-consumo: al no poder destinar sus pesos excedentes al atesoramiento de dólares, muchos argentinos los gastaban en bienes o servicios. Fue un efecto explícitamente argumentado por funcionarios K. Pero también parece haberse agotado.

Al menos, así lo ven los expertos, como Federico Muñoz, quien pone en dudas los supuestos optimistas sobre los cuales muchos de sus colegas habían pronosticado una recuperación económica.

“Se presumía que el exceso de moneda local, al no poder canalizarse al dólar oficial no tendría otra alternativa que fogonear el consumo. Sin embargo, quedó demostrado que las restricciones cambiarias no hicieron otra cosa que impulsar al blue y que -con el paso del tiempo- esa liquidez excedente pudo buscar refugio fuera del peso”, remarca Muñoz.

No se agota ahí la lista de malas noticias para el Gobierno. Porque hay factores que antes jugaron a favor y ahora pueden ser un boomerang.

El caso más claro es que en 2011, con la clásica incertidumbre pre-electoral, se generó un fenómeno de “adelanto de consumo”. Esto es, la clase media se apuraba a ir de compras ante el temor de que luego ocurriera algo que no le permitiera consumir.

Ahora se está viviendo la fase inversa. Prueba de ello es el incipiente movimiento tendiente adisminuir la exposición al endeudamiento con tarjetas de crédito.

Pero, por sobre todo, lo que más fuerte atenta contra el plan oficial de generar un “shock de demanda” es el deterioro de las expectativas en el público.

El panorama de incertidumbre cambiaria, alto intervencionismo, baja inversión, incremento de la conflictividad sindical, tiene para los argentinos un fuerte olor a “película repetida”.

Y los antecedentes históricos llevan a que haya una fuerte expectativa por algún tipo desinceramiento drástico en los precios.

En ese contexto, no es de extrañar que los argentinos hayan adoptado actitudes defensivas.Contra la memoria histórica es difícil pelear, por más esfuerzo que pongan los gobernantes en forzar un “clic”.

IProfesional

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Emiliano Schwartz

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