Archivo para 26 junio 2013

Llega la Supercard: el Gobierno quiere que se use para comprar desde remedios hasta una “cajita feliz”

Llega el día. Este miércoles, tras varios intentos fallidos para lanzar al mercado la Supercard y con una aplicación bastante menos ambiciosa de la que se suponía iba a tener cuando fue concebida su emisión, los argentinos van a poder a acceder al plástico.

En principio, se esperaba para los primeros días de abril pero su salida al mercado fue postergada en dos oportunidades hasta que, finalmente casi tres meses más tarde, comenzará a circular.

“Su lanzamiento se pospuso varias veces. Iba a estar lista para principios de abrilluegodijeron que saldría el 1° de junio y ahora aseguran que llega el día 26″, remarcó Emiliano Schwartz de la consultora Tomadato.

La tarjeta tiene un fondo negro y presenta un logo del Banco Hipotecario. Se podrá gestionar en los próximos en los principales supermercados del país y podrá utilizarse también en casas de electrodomésticos y farmacias.

Según fuentes del sector, el primer plástico será emitido para la presidenta Cristina Kirchner.

Un aspecto a destacar de la nueva tarjeta tiene que ver con su alcance.

Si bien, en un primer momento, se suponía que iba a reemplazar al resto de los plásticos, lo cierto es que la
Supercard saldrá a competir como uno más, lo cual es considerado todo un “desafío” de acuerdo con los expertos en consumo.

En este sentido Schwartz vaticinó: “Va a ser complicado salir a pelear con el resto de las propuestas que hoy existen en el mercado”.

De hecho, al ingresar en la página del Banco Central, ya se puede ver que el nuevo productoaparece formando parte del listado que agrupa a las distintas tarjetas.

De esta forma, este medio de pago impulsado desde la Secretaría de Comercio Interior será, junto con los listados de los 500 productos lanzados el sábado 1° de junio, una de las armas con las que el Gobierno dará pelea a la inflación a menos de dos meses de las elecciones primarias.

La tercera es la vencida
Tras una serie de anuncios fallidos, finalmente los argentinos podrán acceder a la famosa Supercard.

Los analistas en consumo explican que los casi tres meses de retraso en la llegada de la tarjeta a las góndolas obedecen a las dificultades que presentó la implementación de esta ambiciosa iniciativa.

Es que “el modus operandi necesario para llevar a cabo esta apuesta no es sencillo porque requiere de un respaldo económico importante”, comentó Schwartz.

La Supercard será administrada por una sociedad conformada por los supermercados Coto yCooperativa Obrera de Bahía Blanca, las cadenas de electrodomésticos Frávega y Garbarino, laCorporación Mercado Central y el Banco Hipotecario.

Beneficios extra: la clave del éxito de la nueva tarjeta
Si algo no se puede negar es que, a la hora de ir a comprar al supermercado, los argentinos cuentan con un amplio abanico de opciones que -aunque más acotadas que en años anteriores- les permiten ahorrarse unos pesos.

De hecho, actualmente las promociones funcionan como una especie de commodity, más que como un valor diferencial.

Y, en este contexto, la llegada de un nuevo plástico que brinde descuentos no resulta, en principio, demasiado llamativo para los argentinos.

Por eso, según los expertos en la materia, para que la Supercard sea un verdadero “triunfo”tendrá que ofrecer alguna rebaja extra.

Para el economista Mariano Otálora, “el éxito de la medida va a depender casi exclusivamente de que los descuentos que se ofrezcan sean buenos”.

Es decir, para que los consumidores se vean tentados a hacer el trámite necesario para obtener la tarjeta, la oferta de beneficios de este producto debe ser superadora en relación con los que se otorgan en el mercado.

“Si se ofrece alguna ventaja adicional, la gente se va a pasar a este sistema”, anticipó Otálora.

Sin embargo, al menos por el momento, no se dio a conocer información acerca de cuáles son las facilidades que brindará este nuevo plástico.

A su vez, Schwartz adelantó que “la Supercard va a tener que brindar no solamente descuentos, sino también cuotas para empatar a la oferta actual”.

Mitos y verdades
Cuando se habló por primera vez del plástico anunciado por la Secretaría de Comercio Interior se difundieron una serie de datos sobre el nuevo producto que fueron modificados con el transcurso de los meses.

Por ejemplo, se decía que la tarjeta reemplazaría al resto de las opciones dentro de los supermercados. Y también que el Banco Nación sería el encargado de su emisión.

Sin embargo, a medida que pasaron las semanas, se fue rectificando la información divulgada y se aclaró que la Supercard competiría en los súper como una tarjeta más.

Y se puntualizó que la entidad que tendrá a su cargo el lanzamiento del plástico será el bancoHipotecario.

Por otra parte, la empresa que operará este medio de pago será Starshop, encargada actualmente de Tarjeta Shopping.

En tanto, el nuevo plástico tendrá como adherentes a Jumbo, Disco, Vea, Carrefour, Walmart, Red Megatone y Musimundo.

A su vez, otras organizaciones ya anunciaron que la aceptarán en sus negocios. Particularmente, la Cámara Argentina de Supermercados, la Federación Argentina de Supermercados y Afines, la Cámara de Supermercados Chinos (CASRECH) y los del sudeste asiático (CEDEAPSA).

La Supercard también podrá usarse para pagar en las farmacias y perfumerías, e incluso enMcDonald´s.

Silencio de radio
Algo que llama la atención de los expertos en consumo es que, hasta ahora, son muy pocos los datos que se dieron a conocer sobre el nuevo plástico promocionado por el Ejecutivo.

diferencia de la “lista de los 500 productos”, que se difundió unos días antes de salir en los supermercados, los detalles sobre la Supercard son -prácticamente- un verdadero misterio.

“Se sabe muy poco acerca de cómo funcionará y todavía no se conoce cuáles serán los beneficios que ofrecerá”, indicó a iProfesional Claudia Collado, titular de la entidad Acción del Consumidor (ADELCO).

Y mencionó, además, que es llamativo que se postergue tanto la difusión de las características de este sistema de pago: “La información ya tendría que estar disponible”.

Por su parte, Otálora señaló que el gran interrogante a responder es puntualmente “cuál va a ser el diferencial que este plástico ofrecerá con respecto a los que ya están circulando”.

Una vez que se revele este secreto, dijo el economista, “hay que ver cómo reaccionan los bancos que no van a querer quedarse atrás en la oferta de beneficios”.

El Gobierno “ajusta las tuercas” de cara a las primarias
Con la llegada de la Supercard se cierra un mes de grandes apuestas oficiales para combatir la suba de precios en las góndolas e inducir al consumo.

La primera semana de junio la gran estrella de los supermercados fue la curiosa lista de los 500 productos que seguirían “congelados” (Lea más ¿Quién armó la lista “de los 500”?: faltan alimentos, sobran tinturas de pelo y limpiadores).

Y la llegada del plástico pospuesto desde abril también constituye una iniciativa en pos de estimular el nivel de consumo, en un contexto en el que predomina la cautela a la hora de las compras.

Otálora afirmó que “con este tipo de medidas, el Gobierno quiere intervenir en el tema precios y moderar la inflación”.

En la misma línea, Schwartz remarcó que la nueva tarjeta “intenta ser un paliativo más para impulsar el consumo”.

Y concluyó: “Con estas iniciativas solas no alcanza, pero puede funcionar como un granito de arena más para despertar las adormecidas compras”.

IProfesional

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¿Cambio de hábitos?: afirman que la lista de los “500” impulsa la vuelta a las grandes cadenas

Si bien no son pocos los que muestran excépticos frente a ella, su impacto visual en los consumidores es innegable. Es que desde que se dio a conocer la lista de los 500 productos congelados, los argentinos se acercan a buscar en las góndolas de los supermercados los artículos que aún siguen siendo parte del “freezer oficial”.

Y no es para menos, en tiempos en los que la inflación se hace sentir en los bolsillos, en los que la mejora en los ingresos producto de las paritarias llegó -para muchas familias- casi a mitad de año y frente a un escenario donde reina la cautela a la hora de las compras.

Los expertos consultados por iProfesional aseguran que el congelamiento ya comenzó a incidir en los hábitos de los consumidores que tratan de conseguir lo que necesitan al precio oficialy hasta resignan la cercanía de los comercios con formato exprés los que, en los últimos tiempos, eran muy visitados para llenar el changuito.

No obstante, también advierten que este comportamiento encuentra limitaciones en la práctica tales como los faltantes en las góndolas, las restricciones en la cantidad de unidades que se pueden llevar o la presencia de artículos que no están debidamente identificados como para diferenciarlos de aquellos que no están incluidos en los listados.

Pese a todo, los argentinos persisten y no pierden de vista la posibilidad de llevarse lo que quieren a un precio “congelado” de modo de no pagar de más. Para los súper, luego del “cepo publicitario”, se trata de una oportunidad para atraer clientes a sus grandes superficies.

Las cadenas más grandes habían perdido espacio en el último tiempo“, cuenta aiProfesional Juan Manuel Primbas, country manager de la consultora Kantar Worldpanel. De hecho, así lo confirman las cifras de un relevamiento de la consultora CCR que indican que “un 70% de los locales que se abrieron en los últimos tres años pertenecen a formatos de cercanía“.

Sin embargo, esto podría cambiar. Así lo afirma desde la consultora Abeceb, Soledad Pérez Duhalde, quien arriesga un pronóstico: “De continuar la medida, va a haber un cambio de tendencia y la gente se va a volcar a las superficies adheridas al acuerdo de precios”.

En tanto, Primbas asegura que “la publicación de la nómina funcionó como una especie de oferta masiva y compensó, en algún punto, la pérdida de clientes de las cadenas”.

Por otra parte, Emiliano Schwartz de la consultora Tomadato remarca que para los consumidores se va a plantear una disyuntiva que ya se empieza a apreciar: “Tendrán que optar entre ahorrar tiempo -en locales de cercanía- o cuidar más el bolsillo -comprando los productos según los precios oficiales”.

Por eso, el experto -algo más moderado en sus pronósticos- considera que habrá que ver “cómo impacta definitivamente el nuevo congelamiento” entre los argentinos.

Lo cierto es que el plan Freezer ya lleva casi cinco meses desde su implementación y apareja muchas expectativas tanto desde el Gobierno como desde los supermercadistas y los propios consumidores.

Viento a favor para los supermercados
Según señala Primbas, “en los primeros tres meses de 2013, las cadenas más grandes disminuyeron su participación”.

La razón que aducen desde el sector es el “cepo publicitario”, que comenzó a principios de febrero junto con la llegada del freezer oficial y funcionó como un fuerte contrapeso de la medida.

“La no publicación de las ofertas en determinados diarios impactó mucho más que el congelamiento de precios”, indica.

Según José Ignacio Amodei, ejecutivo de la consultora CCR, los números daban cuenta de la situación que venían atravesando los súper. Por eso, puntualiza, “más de la mitad de las bocas que existen al día de hoy son superficies de menos de 500 m2”.

Pero algo distinto viene ocurriendo desde hace dos semanas atrás, cuando se dio a conocer la lista de los 500 productos con sus respectivos precios: al difundirse la nómina, los consumidores empezaron a volcarse nuevamente a las grandes superficies que venían dejando de lado.

Así lo explica Primbas: “El comprador, en general, va y se fija si los artículos de la lista están y si los encuentra, se los lleva”.

La pulseada entre formato de cercanía y supermercados
A lo largo de los diez años del kirchnerismo, los formatos de cercanía -de menos de 500 m2- se impusieron con fuerza, elegidos por los consumidores, principalmente, por dos razones: debido a su espacio reducido permiten a los compradores ahorrar tiempo y, además, en ellos existenmenos posibilidades de tentarse y comprar más de lo necesario (Lea más: Se imponen los súper en “envase chico” para conquistar a compradores que odian las largas colas).

“Los almacenes de barrio y los supermercados chinos, en general, ayudan a ahorrar dinero y dan una sensación de que se tiene un mayor control del gasto”, apunta Amodei.

El crecimiento de este esquema en los últimos tiempos fue tal que impulsó a los grandes retailers a lanzar también sus supermercados “mini” tales como los ya instalados Carrefour Express o Changomás.

De hecho, un informe de CCR releva que de 2012 a esta parte en términos de valores, loshipermercados redujeron su participación en el mercado de un 36,9% a un 33,5%. Por el contrario, los formatos de proximidad pasaron de ocupar un 14,3% a un 16,5% en el mismo período.

En el estudio mencionado, la medición en términos de unidades corrobora la misma tendencia: la caída en la participación de los jugadores más grandes y el crecimiento de los formatos de cercanía.

Según lo muestra el siguiente gráfico, entre 2012 y 2013 los hipermercados descendieron de un 30,5% a un 27,1% mientras que los esquemas “mini” pasaron de ocupar un 20,8% a un 23,5%del mercado.

No obstante, el congelamiento parece no funcionar como un aliado para este tipo de establecimientos.

Es que, al menos por el momento, los locales más chicos quedaron por fuera del nuevo congelamiento de precios.

Los especialistas advierten que esta situación puede producir un cambio en el tablero, en favor de los supermercados e hipermercados.

De acuerdo con Miguel Calvete, ex director de CASRECH y actual presidente del Instituto de Estudios de Consumo Masivo (INDECOM), los supermercados asiáticos y almacenes de barrio apenas pueden incluir entre 200 y 300 artículos del total de los que aparecen en la ambiciosa nómina.

Además, estos locales más pequeños no siempre cuentan con espalda suficiente como para soportar una iniciativa de esta envergadura durante un período sostenido de tiempo.

Del mismo modo, Amodei sostiene que “en la medida en que los valores de las grandes cadenas no se muevan y los del resto de los canales de venta suban, es muy viable que la gente se pase a las superficies más grandes“.

Para Primbas, “el país está frente a una situación de transición que registra aspectos preocupantes como el deterioro de las expectativas, un menor peso de las promociones y una baja lealtad a los retailers“.

En este punto, es posible que los argentinos empiecen a ceder la comodidad y el ahorro de tiempo que le brindan los formatos de cercanía y se muevan un poco más para conseguir mejores precios.

Y así lo confirma Amodei al sostener que “la gente busca promociones, controla más el gasto y trata de comprar sólo aquello que considera imprescindible”.

Preocupan los faltantes
Más allá de que los expertos en consumo ya comienzan a advertir algunas señales de movimiento hacia los formatos más grandes en las compras de los argentinos, también alerta que el plan “congelamiento 500” lejos está de cumplirse al pie de la letra.

En este sentido, critican la elaboración del listado de productos. “Hay que ver de esos 500 artículos cuáles son realmente importantes“, señala Amodei.

Y agrega que lo que ocurrió con el armado de la nómina es que, al ser interpeladas para “freezar” parte de su mercadería, muchas marcas incluyeron allí mercadería que no es necesariamente la más demandada.

Como lo explica el consultor, “las empresas congelaron los productos con menor nivel de rotación“.

Además, varias firmas encontraron en el camino ciertas vías que les permitieron sortear el acuerdo de precios. Por ejemplo, “sacaron nuevos productos o modificaron los envases que ya tienen”, dice el ejecutivo de CCR.

Otro punto que quienes se ocupan de estudiar el consumo destacan es que todavía ninguna de las cadenas ofrece los 500 productos en todas sus sucursales.

Así lo señala Pérez Duhalde, quien destaca que “por ahora, en muchos casos no se consigue la totalidad de la mercadería que aparece en la nómina”.

Aún así, y a pesar de sus evidentes falencias, el listado de precios ayuda a las grandes cadenas a recuperar consumidores que las habían empezado a dejar de lado en busca de opciones más cómodas y cercanas.

IProfesional

“Gasoleros, otra vez: la clase media recorta y resiste”

Es docente (o no). Es empleada (o no). Es comerciante ( o no). Tal vez una de las cuestiones más llamativas de esa nebulosa social a la que por comodidad se le dice “clase media” sea ésa: la multitud de vidas que se trepan a este mismo tren en cierto modo indefinible, porque en él parecen entrecruzarse todos los extremos. El que estudió, y el que no, o no tanto. El que es dueño de su casa, y el que no la tiene. El que manda a su hijo a un colegio privado, y el que no, y así hasta el infinito.

Hace ya tiempo, apuntan los sociólogos, que el ingreso dejó de ser un criterio fiable para hablar de esta clase que alguna vez fue nuestra marca de agua en América latina, y que en la Argentina vuelve a caminar por la cuerda floja económica, ajustando gastos y cuestionándose hasta qué punto la capacidad de sobrevivirlo todo, en un país en el que la imprevisibilidad es una quimera, es algo de lo que hay que sentirse orgullosos.

En el informe La movilidad económica y el crecimiento de la clase media en América Latina , el Banco Mundial asegura que en una década (de 2000 a 2010, y sólo en la región) 50 millones de personas salieron de la pobreza y se integraron (bien o mal, según el caso) a la clase media. Pero, mirando el fenómeno algo más de cerca, se advierte que -según los criterios allí expuestos- de clase media es aquella familia de cuatro miembros que dispone de al menos de US$ 40 por día. Traducido a moneda local, hablamos de un piso mínimo de $ 9600 al mes (cifra con la que no todos los hogares autodefinidos como “de clase media” cuentan) para costear todos los consumos del mes, cosa que tampoco todos los hogares autodefinidos como “de clase media” logran.

Así lo explica la economista Victoria Giarrizzo, egresada de la UBA y especializada en analizar cómo la macroeconomía impacta en la de todos los días. “Las familias están teniendo problemas cada vez más serios, porque a raíz de la inflación y la menor actividad, hace tiempo que sus ingresos no logran ganarles a los precios. Los trabajadores autónomos o vinculados a la venta de servicios son los más castigados, junto a los que trabajan en la economía informal”, precisa. “Hoy, de todos modos, más que de estrategias de supervivencia como las que se pusieron en juego en la crisis de 2001, lo que podemos ver son estrategias de resistencia. En otras palabras, las familias notan que sus ingresos ya no alcanzan para mantener lo que se venía consumiendo en el hogar, y activan mecanismos para no resignar estándard de vida. A fuerza de superar crisis, las familias argentinas tienen almacenado ese comportamiento en su ADN y cuando lo necesitan, lo activan. Como ahora.”

Así, mientras la clase media española le cuenta a quien quiera oírla que el sueño se terminó, la clase media argentina dice que hay vida después del sueño, y de la pesadilla. Que después de tanto todo (emigración, desempleo, club del trueque y siguen las firmas) ha llegado tal vez a su más logrado avatar: el de la clase anfibia. Esto es, un grupo humano multifacético y todoterreno, capaz de desplegarse y volar algunas veces, pero también capaz de hacer esto que hace ahora: contraerse y resistir como se pueda.

Distintos indicadores lo reflejan: el taxi, la peluquería y las salidas a comer se espaciaron o suspendieron; las tarjetas de crédito redujeron los planes de pago en cuotas sin interés, mientras son cada vez más los que no pagan mensualmente su resumen; aumentaron las cuotas de colegios privados y los alimentos incrementaron sus precios en un inalcanzable 185% desde 2007.

La reacción es lógica. Cercada por un gobierno que la detesta explícitamente (la Presidenta adora citar mal a Arturo Jauretche sólo para poder reírse del “medio pelo” nacional y no popular) y la inflación comiéndole a tarascones todo lo que genera, quienes hoy viven de un ingreso no necesariamente fijo se sienten verdaderos Tupac Amarus sociales, tironeados entre las deudas, los sueños de clase y una sola certeza: hay que pasar el invierno. O el Gobierno, que para el caso es casi lo mismo.

Según el crítico y escritor Marcos Mayer, a punto de editar un libro sobre la cultura política en esta última década, “históricamente la clase media ha pasado de ser una amenaza a un sinónimo de idiotez más o menos útil. Allá por 1880, Miguel Cané llamaba a «rodear a nuestras mujeres» como la forma desesperada de evitar que se colaran los integrantes de esa nueva clase media que surgía a partir de la ola inmigratoria. Dentro de la clase media hay sectores que se dedican a fustigar de múltiples maneras a sus colegas de origen social. Esa disputa es la que se reproduce en estos tiempos: gente de clase media acusa a los demás del pecado de serlo”.

CONDENADOS AL DÉBITO

Los sectores medios parecen ser hoy un compilado de medianías. De sueños y deseos hasta la mitad, que es también hasta donde suele alcanzar el sueldo, y las fantasías. De allí las mezclas más extrañas: colegio privado con súper de descuento, prepaga con vacaciones de cuatro días. De allí también los proyectos (como el de la casa propia) arrumbados hasta nuevo aviso.

“En estos 10 años ha habido mejoras en el ingreso de los sectores medios, pero que eso no las hace menos vulnerables a las crisis”, asegura Eduardo Amadeo, sociólogo y ex ministro de Desarrollo Social de la Nación. “Las crisis a repetición, que pueden hacer perder ahorros y empleos, pero sobre todo la persistencia del cortoplacismo en temas esenciales como el ahorro y el crédito largo, conspiran contra la consolidación de la movilidad social de los sectores medios y medios bajos. Argentina tiene la mitad de crédito hipotecario que Brasil y un décimo de lo que tiene Chile. Es por esa razón que, según lo muestra la comparación entre los censos de 2001 y 2010, cada vez hay más inquilinos y menos propietarios”, apunta.

Ya pasó. Ya nos pasó. Pasó en 1985, en 1989, pasó en 2001, por sólo nombrar los casos más recientes. Será por eso que, para quienes han sobrevivido a la “malaria” tantas veces, las señales están en todos lados. En los envases cada vez más pequeños, en la gaseosa vuelta artículo suntuario, en las promociones que no son tales, en la brevísima vida de un billete de cien pesos.

Esther, vecina de Floresta, las lee sobre todo en los estantes semivacíos del supermercado de descuento al que se “mudó” hace más de un año. “Fijate: aceite hay uno solo bueno, y no podés llevar más de dos litros. Con la leche es igual. Y acordate que cuanto más tiempo pase va a ponerse peor”, pronostica. “Ponerse peor”, dice, como si la economía fuera un paciente y la inflación, su enfermedad terminal. Pero algo de eso hay: algo de memoria y algo de secreto. Algo de lo que se conoce porque ya se lo vivió, y algo de lo que daña de sólo mencionarlo. Así lo entiende Laura Orsi, psicoanalista y coautora del libro Psicoanálisis y sociedad , quien asegura que la inquietud ya llegó al diván, otro hábitat natural de la clase media nativa.

“Con la «sensación de inflación» se han reactivado los fantasmas de pérdida de la calidad de vida. Hay una gran ansiedad respecto del futuro y por eso algunos se estresan, otros se paralizan o se deprimen. Pero lo central es que todos se achican: cambian de colegio a los chicos, salen menos y van menos al psicólogo aunque lo necesitan para superar los miedos y la impotencia, y maquillan el malestar con psicofármacos. Lo peor de todo es que resulta muy difícil tomar decisiones. La incertidumbre respecto del porvenir nos vuelve cautelosos y nos inmoviliza”, advierte.

Así, torpedeada con discursos de barricada emitidos desde Puerto Madero y acusada de ser la causa de casi todos los males nacionales, la clase media se vuelve el enemigo más inesperado y rendidor. Pero, como detalla Amadeo, también esto es puro relato: “El kirchnerismo agrede a la clase media porque en su desorden económico toma decisiones de control microeconómico que la afectan. El resto de las agresiones es el resultado de un enorme desorden conceptual y comunicacional, que lo lleva a mezclar a los sectores medios con los «intereses oligárquicos»”.

Sin embargo, nada de patricio hay en el interior grisáceo del supermercado de descuento, frío y feo como él solo. Aquí, al tiempo que se consultan listas escritas en casa, se apura el paso para quedarse con el último champú en promoción. Aquí, en una versión doméstica y desvencijada de la teoría de los seis grados, se teje con los otros (perfectos desconocidos) una red de saberes útiles. “Ojo que acá los quesos ni conviene comprarlos. Hay que ir al mayorista de la esquina”, dice en voz alta una señora frente a la heladera donde los quesos toman frío panza arriba, como sabiendo que -a estos precios- nadie osará interrumpir su gélido descanso. “Guarda también que el caldo en oferta es nada más que el de gallina, eh. No se confundan”, evangeliza a su turno un hombre de carrito franciscano, mientras avisa que en el supermercado de Avellaneda “el azúcar está casi tres pesos menos”.

Mirándolos, nadie podría decir que son pobres; van bien vestidos, tienen zapatos buenos. Pero, se sabe, si algo les gusta a las apariencias es justamente engañar. Y. para quienes pagan regularmente servicios, salud y educación, cuotas y facturas, hoy vuelve a pasar lo que hacía rato no pasaba: tener que elegir, porque plata para todo no hay. Caminar, vestidos con relativa elegancia, diez cuadras más para gastar cinco pesos menos.

“Cuando la crisis o la sensación de empobrecimiento deja de ser privada ya no se la esconde. El argentino oculta la caída como cosa personal. Pero, desde la experiencia de 2001, lo que quedó grabado en la experiencia de la gente es que cuando la «malaria» nos afecta a todos, la impostura se guarda en el bolsillo y se pierde la vergüenza de decir que la plata no alcanza. Hasta comienza a verse como algo bueno cuidar la plata y mostrarse más inteligente que el otro en materia de gastos”, apunta el economista Tomás Bulat, que acaba de publicar el libro Economía descubierta(Ediciones B).

RECUERDOS DEL FUTURO

Entonces el ingenio, ese que según dice el refrán nunca descansa, echa mano de cuanta cosa se le ponga delante y prometa pagar menos. El caso de Mariana, una empleada de 50 años que vive en Las Cañitas, es revelador: dos veces al mes, ella y su marido van al Mercado Central y vuelven con el auto atiborrado de bananas, acelgas y mandarinas. “Lo que usamos mucho también son los cupones de descuento, las tarjetas de club para cuando salimos a comer y cosas así. Antes ni nos fijábamos, pero hoy estamos con cuatro ojos y ves que todo el mundo está en la misma”, dice.

Mariela Mociulsky, directora de la consultora Trendsity, especializada en análisis de consumo, confirma y agrega que hoy hasta los dos bastiones de resistencia de la clase media (educación y salud) comienzan a acusar el impacto de una inflación que lija los bolsillos. “En nuestras investigaciones comprobamos que son dos rubros emblemáticos y rara vez se negocian. La educación es clave para la salida laboral futura de los hijos y la salud es el hoy, muy concreto e ineludible. El punto es que hoy estamos notando que en las prepagas se buscan planes que demanden una cuota menor y, respecto de la educación, se negocian pagos en cuotas y, llegado el caso, se cambia de colegio. Los recortes concretos se ven en los viáticos (se deja el auto por el transporte público), se restringen las salidas y se planifican los días de compra”, explica.

Ana, una periodista de 47 años casada y con dos hijos adolescentes, aclara aún más el plan: “En vez de galletitas, pan y mermelada; en vez de delivery, comida casera; la ropa se compra en losoutlets o se la pide específicamente al resto de la familia como regalo de cumpleaños y, en vez de fraccionados, todo en envase familiar, que siempre es más conveniente”. Con el budín inglés convertido casi en un artículo de lujo, Ana convida galletitas de limón y sigue dando detalles de su particular diario del ajuste: “Me voy hasta Carapachay a buscar el boleto escolar y los libros del colegio los compro en ferias de usados. ¿Para los regalos? Mercado Libre o ferias artesanales”, explica.

No, definitivamente ni ella ni todos los demás lucen como exponentes de la patria sojera. Son, apenas, personas que tratan de vivir de su trabajo. Son, bien mirados, los nuevos superhéroes que supimos conseguir.

La Nación

Consumo: por qué la clase media tiene la mente en “off” y el Gobierno quiere un clic

“Lo que quiero es que la gente se ponga las pilas, que salga y consuma, y que generemos un clima de confianza”, dijo el alto funcionario, luego de explicar que el problema de la economía argentina era el exceso de espíritu ahorrativo, que llevaba a que la clase media postergara decisiones de compra.

¿Quién pronunció esta frase? ¿Cristina Kirchner, tal vez? No, no fue ella ni ninguno de los ministros o secretarios del área económica. Fue el ex presidente Fernando de la Rúa, en noviembre de 2001, cuando pocas semanas antes del estallido le pedía a la sociedad que hicieraun “clic” y se volcara masivamente a los supermercados y shoppings.

Los vericuetos de la historia argentina pueden traer estas ironías: más de una década después, un gobierno que se dice en las antípodas de aquél que acabó en corralito y helicóptero, repite muchos de sus argumentos.

Tales como que no es cierto que exista un retraso cambiario que haga perder competitividad al país y que hay una conspiración de los especuladores para forzar una devaluación. O que, contra los escépticos que quieren fomentar la incertidumbre, el Gobierno responde recreando un clima que haga que la gente vuelva a consumir y que así la rueda de la economía no se detenga.

Claro que hay diferencias entre estos dos momentos: antes la gran arma para incentivar el consumo era la garantía de que un peso era igual a un dólar, mientras que en el kirchnerismo selubricó la maquinaria por la vía de emitir billetes.

En ambos casos, para desesperación de los funcionarios, se produjo un “clic”, de manera tal que la fórmula que había dado resultado durante mucho tiempo, de pronto empezó a fallar.

Por estos días, lo que está haciendo agua es el modelo que usaba a la inflación y al sistema de fuertes subas de salarios acordadas en paritarias como detonante de un boom consumista.

En busca de una nueva vuelta de tuerca
Es explicable que haya desconcierto en el equipo económico del Gobierno. Después de todo,esa fórmula de crecimiento empujada por la demanda interna parecía imbatible.

Tanto, que hasta los más enconados críticos debían aceptar que, contrariando lo que podría ocurrir en otros países, en el plano local se daba el extraño fenómeno de que la gente no sólo no se retraía cuando veía inflación, sino que, por el contrario, eso parecía exacerbar sudisposición a comprar.

Es así que en los últimos años la Argentina contribuyó a la ciencia económica con el surgimiento de nombres tales como “reactinflación” o “fuga al consumo”.

El gran interrogante que está planteado en estos momentos es si la fórmula ya está agotadao si, con algunos ajustes de por medio, todavía puede seguir dando satisfacciones en forma de récords de compras de bienes, desde todo tipo de electrodomésticos, ropa, artículos tecnológicos o autos 0km.

La idea surgida de la usina intelectual K parecía de una efectividad irreprochable: si se anunciaba un congelamiento de precios, entonces la gente retomaría su entusiasmo consumista, de manera que las ventas de las cadenas comerciales pudieran volver a ser una locomotora del crecimiento económico.

Por si ello no alcanzaba, una dosis de presión a los bancos para que se limite el costo de la financiación al consumo, debería terminar de convencer a los indecisos.

La propia Cristina Kirchner anunció que con esta política se lograría el objetivo buscado por el Gobierno: por un lado, generar un clima favorable para un aumento de la demanda; y que, por su parte, las empresas no respondan con incrementos de precios sino con más volumen de producción.

La realidad, sin embargo, mostró otra cosa. El consumo sigue lejos de ser lo que fue en la época dorada del modelo K.

La recaudación impositiva por el IVA (sin contar el que se cobra a las importaciones) está en unnivel de caída real, ya que evoluciona por debajo de la inflación.

En tanto, las ventas en los supermercados no muestran un despegue, según dan cuenta los primeros relevamientos hechos por consultoras privadas. Finsoport estima que en el primer trimestre hubo una contracción real de 0,9% en las góndolas, mientras que los shopping sufrieron una caída de 2,3%.

Las cifras de los canales minoristas marcan un retroceso (en volumen, no en pesos) de 2,8% para el primer cuatrimestre del año. Pero llama la atención que la baja fue mayor aun en marzo y abril (3,4% y 6,4% respectivamente), pese a que ya llevaba varias semanas de vigencia elcongelamiento de precios.

Y el frío llegó incluso a segmentos emblemáticos del modelo económico K, como el de loselectrodomésticos.

En cuanto a la “línea blanca” -heladeras, lavarropas, microondas- el descenso ya se ubica en torno del 10%, según la consultora GfK Retail and Technology.

El último refugio parece ser el de los automóviles, donde a pesar de la fuerte volatilidad que se observa entre un mes y otro, las ventas en lo que va del 2013 son un 6% mayores que el año pasado. Los analistas creen que el abaratamiento relativo de los vehículos importados (por la escapada del dólar blue) ha jugado un rol determinante para que aquellos que tienen capacidad de ahorro los sigan viendo como refugio de valor.

En este contexto, los analistas creen que el consumo ya no servirá para apuntalar a la economía K, como sí ocurrió en períodos previos.

“Se terminó la ‘reactinflación’; ahora nos quedamos con la inflación y sin reactivación”, grafica el economista Carlos Melconian.

“Los depósitos a plazo fijo están bajando, nadie quiere resultar perdedor, con una colocación al 15% anual. Los préstamos están descendiendo, en especial los personales. Los individuosno ven en el horizonte las paritarias y han bajado sus consumos de tarjetas de crédito. Todo se conjuga para un escenario poco alentador”, resume el consultor rosarino Salvador Di Stefano.

En tanto, el ex economista jefe del Banco Galicia, Nicolás Dujovne, señala que, por más que los funcionarios se esfuercen, ya no se podrá recrear el clima festivo de hace tres años: “Estamos en un punto en donde el mecanismo ‘me gasto los pesos para consumir’ se ha agotado y eso se traduce en el aumento del dólar paralelo”.

La fórmula agotada
¿Por qué los mismos argentinos que antes reaccionaban con la alegre disposición a consumir y se endeudaban, para luego ver cómo la inflación licuaba sus cuotas, ahora se muestran reticentes a comprar?

¿Y por qué no se conmueven siquiera con el congelamiento de precios? Los analistas apuntan a varios motivos. Algunos reversibles, y otros ya con apariencia de causa perdida.

Entre los primeros figura el tema salarial. Está claro que la condición para que los argentinos consuman en tiempos de inflación es que los sueldos se indexen por encima de la suba deprecios.

Ya el año pasado comenzó a evidenciarse una brusca caída del poder de compra, con tendencia a acentuarse en este 2013.

Según una estimación de la consultora Analytica, se pasó de una variación positiva (12% interanual a fines de 2011) a una pérdida del 0,7% a fines de 2012.

Para Ricardo Delgado, economista jefe de Analytica, la clave es que el Gobierno no repita el mismo error del año pasado de demorar demasiado el cierre de las paritarias.

El efecto de salarios “viejos con precios “nuevos” fue un factor clave para enfriar la economía, de modo que ahora se buscaría lo opuesto, gracias al congelamiento de precios.

No obstante, ya habiendo entrado en el quinto mes del año, y a pesar de haber impulsado como modelo el “techo Caló” -con 24% de variación anual- los acuerdos por mejoras en las remuneraciones vienen otra vez lentos y discutidos, mientras que el “plan freezer” empieza a hacer agua en las góndolas.

A esto se suma otro dato no menor: más personas ahora se ven alcanzadas por el pago delimpuesto a las Ganancias, tributo cuyas escalas quedaron desactualizadas frente a la inflación. Un problema que el Ejecutivo no puede resolver, al no tener “caja” para hacerlo.

Falla el factor clave
Con todo, el tema salarial no es lo único que explica la menor disposición a consumir por parte de la clase media. Hay otro elemento fundamental, que no siempre es evidente a primera vista pero que resulta tal vez más influyente que el sueldo: el temor a perder el empleo.

Un estudio de Ernesto Kritz, consultor experto en temas laborales, demostró que el índice de confianza de la población podía seguir alto en momentos de elevada inflación, siempre que eldesempleo se mantuviera bajo.

Si bien los números oficiales muestran un índice que aún se mantiene acotado, la gente percibe una desmejora.

El propio hecho de que la Presidenta haga mención al riesgo del desempleo y a la necesidad de que no existan desbordes en la negociación salarial es, de por sí, un elemento que juega a favor de la austeridad.

Al respecto, es bien ilustrativa la encuesta de expectativas sobre la economía que realiza la Universidad Católica: un 45% de la gente afirma que hay pocos puestos de trabajo, un porcentaje elevado si se lo compara con el 26% que tenía esa percepción en octubre de 2011, cuando fuera reelecta Cristina.

La encuesta muestra que la predisposición a gastar dinero en la compra de bienes durables sigue en clara tendencia descendente, y el índice acumula una caída de 15% respecto de su pico histórico de fines de 2011.

En tanto, otro sondeo, de la firma Management & Fit, revela -sobre un total de 2.000 entrevistados- que la mayoría cree que su situación personal empeorará en los próximos meses ycasi el 60 por ciento sostiene que las condiciones se agravarán en el país.

El blue ya no reactiva
Hay, finalmente, otro tema central para explicar la ausencia del “clic”: el cepo cambiario.

Cuando recién se instauró esta medida, daba la sensación de que tenía un efecto pro-consumo: al no poder destinar sus pesos excedentes al atesoramiento de dólares, muchos argentinos los gastaban en bienes o servicios. Fue un efecto explícitamente argumentado por funcionarios K. Pero también parece haberse agotado.

Al menos, así lo ven los expertos, como Federico Muñoz, quien pone en dudas los supuestos optimistas sobre los cuales muchos de sus colegas habían pronosticado una recuperación económica.

“Se presumía que el exceso de moneda local, al no poder canalizarse al dólar oficial no tendría otra alternativa que fogonear el consumo. Sin embargo, quedó demostrado que las restricciones cambiarias no hicieron otra cosa que impulsar al blue y que -con el paso del tiempo- esa liquidez excedente pudo buscar refugio fuera del peso”, remarca Muñoz.

No se agota ahí la lista de malas noticias para el Gobierno. Porque hay factores que antes jugaron a favor y ahora pueden ser un boomerang.

El caso más claro es que en 2011, con la clásica incertidumbre pre-electoral, se generó un fenómeno de “adelanto de consumo”. Esto es, la clase media se apuraba a ir de compras ante el temor de que luego ocurriera algo que no le permitiera consumir.

Ahora se está viviendo la fase inversa. Prueba de ello es el incipiente movimiento tendiente adisminuir la exposición al endeudamiento con tarjetas de crédito.

Pero, por sobre todo, lo que más fuerte atenta contra el plan oficial de generar un “shock de demanda” es el deterioro de las expectativas en el público.

El panorama de incertidumbre cambiaria, alto intervencionismo, baja inversión, incremento de la conflictividad sindical, tiene para los argentinos un fuerte olor a “película repetida”.

Y los antecedentes históricos llevan a que haya una fuerte expectativa por algún tipo desinceramiento drástico en los precios.

En ese contexto, no es de extrañar que los argentinos hayan adoptado actitudes defensivas.Contra la memoria histórica es difícil pelear, por más esfuerzo que pongan los gobernantes en forzar un “clic”.

IProfesional

Bancos “patean el tablero”: dejan de lado “promos light” y ofrecen rebajas del 30% por el Día del Padre

En un contexto en que los descuentos son cada vez más acotados y los argentinos se muestran más cautos a la hora de gastar su dinero, los beneficios que puedan conseguir al ir de compra con sus tarjetas bancarias valen oro.

Más aún cuando se trata de rebajas que superan ampliamente en porcentaje a las que las entidades financieras ofrecen durante el resto del año, como ocurre en vísperas del Día del Padre.

Mientras que habitualmente las promociones con estos plásticos rondan el 15%, en esta semana es posible llegar a ahorrar hasta un 30% del valor del producto si se apela a esta herramienta.

Por eso -y como vienen haciéndolo desde que se inició este esquema de compras-, losargentinos acomodan su agenda a los beneficios y prefieren gastar sus pesos aquellos días en que su entidad financiera les permita ahorrar más.

A su vez, los bancos también consideran a las fechas especiales como una gran apuesta por estimular el uso de sus plásticos.

Es así que, conscientes del valor que tienen para sus clientes las promociones, ponen todas sus fichas en estos días y salen a pelar entre sí en los principales shoppings del país a través de fuertes descuentos.

En este punto, desde el Banco Francés señalan a iProfesional que “las acciones más valoradasson las de rebajas y cuotas en diferentes rubros, donde los clientes cuenten con la posibilidad de comprar obsequios para los distintos miembros de la familia”.

Y agregan: “Por ello, trabajamos con propuestas en centros comerciales que brindan un abanico de posibilidades para el consumidor”.

Por su parte, Sonia Scalisi, responsable de beneficios del Banco Itaú indica que “el Día del Padre es, sin duda, uno de esos festejos en los que una propuesta de ahorro es bien valorada y donde desde la entidad nos interesa incentivar el uso de nuestras tarjetas de crédito”.

Con diferentes promociones y seleccionando determinados días de la semana, las principales entidades financieras brindan herramientas que conviene aprovechar para comprar el regalo para el domingo 16 sin gastar una fortuna.

Para ahorrar en la compra del regalo
Uno de los que ofrece rebajas para la compra del obsequio del Día del Padre es el Banco Francés.

Según se puede ver en su página de Internet, la misma ofrece un 30% de descuento para los consumos realizados con tarjeta el 10 y 11 de junio en los locales adheridos de Unicenter, Plaza Oeste, Palmas del Pilar y Portal Rosario.

Desde el banco explican que eligen los dos primeros días de la semana para otorgar descuentos porque esto les permite seducir a aquellos que prefieran comprar el regalo para el domingo con cierta antelación.

“Principalmente, trabajamos sobre el concepto de la anticipación y tenemos dos días de promoción (lunes y martes) para que el cliente pueda realizar con tiempo las compras para esta fecha”, señalan a iProfesional desde la entidad.

Una vez que se buscan más detalles sobre la promoción, en la web del banco se aclara que las rebajas son sólo para aquellos que paguen con tarjeta de crédito y, si no se está registrado en el sistema Fracés Go, sólo se puede acceder a un 25% de ahorro.

Los clientes del Santander Río también pueden aprovechar grandes descuentos si compran el regalo del Día del Padre con sus plásticos.

Quienes cuenten con las tarjetas de débito o crédito de esta entidad financiera tienen beneficios cualquier día de la semana y tienen tiempo, inclusive, hasta el sábado para disfrutar de la promoción.

El banco otorga un ahorro general del 25% y un 30% si se trata de clientes Infinity Platinum o Infinity Black.

El descuento es para los que compren en locales adheridos de Alto Palermo, Paseo Alcorta, Patio Bullrich, Dot Baires Shopping, Abasto Shopping y Alto Avellaneda, entre otros centros comerciales.

Aquellos que cuenten con plásticos del Galicia también tienen descuentos en la semana previa al domingo.

En este caso, la promoción se extenderá por tres días: tendrá vigencia desde el jueves (día en que tradicionalmente ofrece las rebajas el banco) hasta el sábado anterior al 16.

La entidad financiera ofrece para la ocasión un 25% de rebaja para quienes abonen con sus plásticos de crédito o débito en los locales adheridos de Alto Palermo, Dot Baires Shopping, Paseo Alcorta, Abasto Shopping, Patio Bullrich y Soleil.

Los clientes del Itaú también cuentan con los beneficios utilizando sus plásticos bancarios.

“Una de las cosas que más valoran nuestros clientes son los beneficios para la compra de indumentaria y ropa deportiva. Por eso mantenemos una variada propuesta de ofertas en locales de ropa, que incluye desde marcas de este rubro hasta otras más formales”, señala Scalisi.

Y agrega que “los beneficios y oportunidades son acciones de valor agregado, que el cliente percibe y sabe apreciar“.

La entidad financiera les ofrece un 20% de ahorro y 25% (si son clientes Platinum) en Wrangler, Ufo, Bensimon, Prototype, New Man, Kevingston, Dexter, Rever Pass y Stock Center, entre otras marcas.

Así puede verse en su página web:

En el caso del Citi, la apuesta para el Día del Padre es original.

Además de los descuentos del 25% y 30% (para clientes Citigold) que la empresa ofrece a sus clientes el viernes 14 en centros comerciales –Unicenter y Solar, entre otros- y el sábado 15 en locales de Palermo Viejo, la entidad apuesta a las famosas “noches de shoppings”.

Durante la noche del martes 11 de junio, los clientes del banco que visiten Paseo Alcorta yCórdoba Shopping podrán acceder a estos mismos beneficios.

El HSBC, por su parte, brinda descuentos a quienes se acerquen a comprar el regalo del Día del Padre durante el fin de semana.

Con sus plásticos, el sábado 15 y domingo 16, los clientes podrán acceder a un 20% de ahorro o un 25% -si tienen Visa Advance o Premier Mastecard – en Paseo Champagnat y Paseo Pilar, entre otros centros comerciales.

El Banco Ciudad es otro de los que brinda descuentos con sus plásticos en estas fechas.

Quienes compren el regalo para el próximo domingo este martes en Abasto Shopping, Dot Baires Shopping, Alto Avellaneda, Galerías Pacífico, Recoleta Mall o El Solar con sus tarjetas de crédito podrán aprovechar un 25% de ahorro o un 30%, si son clientes Gold, Platinum, Black o Signature.

Los descuentos, más acotados
Los beneficios a los que se puede acceder con las tarjetas bancarias son un componente clave del esquema de consumo actual, ya que constituyen uno de los principales incentivos a la compra.

Sin embargo, en los últimos años, estos fuertes motivadores se fueron reduciendo a razón de un 5% anual.

Es así que en el año 2010 el promedio de rebajas que se brindaban en el mercado era del 25%, el año pasado estas rondaban el 20% y desde principios de 2013, los argentinos vieron que la mayoría de los jugadores del mercado ofrecían apenas un 15% (Lea más Descuentos “light”: bancos se ajustaron el cinturón y las rebajas “adelgazaron” diez puntos en menos de dos años).

La explicación de este fenómeno que daba Fabián Castillo desde Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) es la siguiente: “Lo que está ocurriendo con las promociones es el resultado de una ecuación. Los bancos ahora están analizando qué gastos recortar porque no quieren ganar menos. Por eso, acortan los descuentos“.

Otros analistas señalan también que, en la percepción de los consumidores, existen grandes diferencias entre las rebajas oscilan entre un 25% o 30% -como es el caso de las que se ofrecen hoy para las fechas especiales- y un humilde 15%.

En este sentido, Emiliano Schwartz desde la consultora Tomadato apuntaba que, a diferencia de los porcentajes de descuento más alto, “un 15% no es un número que genere un gran impacto en el consumidor”.

IProfesional

De “visita” al supermercado: los argentinos enfrentan las góndolas con “precios nuevos y sueldos viejos”

Durante los últimos diez años, los hábitos de compra de los argentinos en los supermercados se fueron modificando.

En gran medida, debido a que vieron cómo sus sueldos les rinden cada vez menos en razón de “llenar el changuito”.

Y de ello dan cuenta diversas entidades que defienden a los consumidores consultadas por iProfesional. En este sentido, señalan que hoy una familia tipo gasta un promedio de entre $700 y $1.000 en una visita quincenal al súper, al tiempo que destacan que el escenario se torna cada vez más complicado a causa de la inflación y el retraso del cierre de paritarias.

Si bien los salarios no son los de diez años atrás y se fueron incrementando a lo largo del tiempo, ese aumento se percibe como escaso frente a las subas de precios y es considerado más una “actualización” que un verdadero reconocimiento salarial.

Y, en esta carrera, también “juega en contra” la inicidencia del Impuesto a las Ganancias en los bolsillos de los empleados.

Antes me costaba cambiar un billete grande en el supermercado y hoy el más alto que tengo en la billetera no me alcanza casi para nada” es una de las principales quejas que recibe acción del Consumidor (ADELCO) por parte de los compradores.

Pero el fenómeno excede ampliamente las visitas al supermercado. Se repite también en otros ámbitos. De hecho, como explica a iProfesional Claudia Collado, presidente de ADELCO, “la gente muchas veces dice que con $100 no se compra nada, ni siquiera un remedio“.

Bolsillos cada vez más apretados
La visita al súper es la forma más sencilla y clara de percibir lo que constituye una de las principales grietas de “el modelo”.

Al tiempo que creció el valor nominal de los sueldos, estos no pudieron ganarle la batalla a la inflación, si se analiza el fenómeno en términos relativos.

“Hoy con un billete de $100 a la gente le alcanza para llevarse sólo tres o cuatro productos“, dice Collado. Y agrega que “esto siempre que no se compre carne, ya que para adquirir un corte hoy se paga aproximadamente entre $30 y $50”.

Es que “los lácteos y las carnes suben y son los artículos que más encarecen una compra“, apunta la presidente de ADELCO.

Según la experta en consumo, hoy una familia gasta en el súper un promedio de entre $1.500 y $2.000 por mes. Y esto es así pese al congelamiento de precios.

Del “boom” de consumo a un argentino más cauto
Durante los primeros años del kirchnerismo, el esquema económico sostenido en el consumo parecía mantenerse a flote, lo cual podía advertirse al visitar los shoppings abarrotados de gente que -tarjeta bancaria en mano- aprovechaban las promociones.

Pero, pasado el “boom” de 2010, algunas señales comenzaron a indicar que el modelo sostenido en las compras escondía algunas grietas.

En los últimos años, se dio un cambio paulatino que pone en jaque la teoría de que mientras los argentinos sigan comprando, la economía va sobre ruedas.

Es que, según explica Amodei, hoy el panorama de consumo encuentra ciertas complicaciones producto de:

  •  El retraso en el cierre de paritarias, que ya se acerca a mitad de año.
  •  La inflación -estimada por las consultoras privadas en un 25%- que va licuando el poder adquisitivo de los argentinos.
  •  La caída de la confianza y las expectativas de los consumidores.

Respecto de este último punto, vale mencionar que el Índice General de Expectativas Económicas (IGEE) del mes pasado, relevado en conjunto por la UCA y la consultora TNS, registró una fuerte baja debido a la caída experimentada por todos sus indicadores, siendo el subíndice que mide la percepción sobre el momento para la compra de bienes durables el que registró la baja más significativa.

Así las cosas, hoy los argentinos prefieren manejarse con cautela.

Como lo explica el ejecutivo de CCR, “este es un combo que afecta al consumo y hace que la gente ahora prefiera postergar determinadas decisiones de compra”.

Por eso, dice, “buscan aprovechar los descuentos, controlan más sus gastos, evitan llevar los productos que no consideran imprescindibles, revisan varios canales hasta encontrar el que tenga mejores precios y prefieren los formatos más chicos”.

Mercado laboral, paritarias y consumo
De acuerdo con Amodei, para que el consumo se mantenga a flote se tienen que dar una serie de condiciones que el experto concentra en un esquema con tres pilares: confianza de los consumidores, empleo y salarios.

Y, particularmente este año, el escenario laboral presenta algunas características que impactan a la hora de los gastos.

Según Amodei, “disminuyó la cantidad de búsquedas laborales por parte de las empresas“, y esto generó un efecto dominó, ya que “también influyó en que la gente empiece a gastar menos dinero“.

En la misma línea, el economista Fernando Moiguer, advierte que “ahora hay un temor al futuro, un cierto malestar y menos ofertas de trabajo“, lo cual condiciona el comportamiento de las familias en ocasión de ir al súper.

Pero, según los especialistas, este panorama podría cambiar. En este sentido, la extensión delcongelamiento de precios (que se mantendrá ahora para 500 productos) y, principalmente, laactualización de los salarios serán determinantes.

“Cuando nos aproximemos al período electoral, va a haber más dinero en el bolsillo de la gente“, estima Amodei y aclara que “cuando se actualicen los salarios, la situación del consumo podría mejorar”.

Del mismo modo, Moiguer también opina que de aquí a los comicios el escenario de compras puede mejorar. “El cierre de paritarias va a impactar de lleno en las compras“, afirma. No obstante, dice que podría ser algo temporal. “Después de las votaciones, volverá a bajar el consumo”, asegura el experto.

“Rebusques” para salir a flote
En estos últimos diez años, las grandes aliadas de los argentinos a la hora de ir de compras fueron las promociones realizadas en conjunto entre las cadenas de supermercados y los bancos.

Y si bien ya no se ven los descuentos de años atrás, igualmente no deja de ser tentador ahorrarse unos pesos.

Según Amodei, “al 78% de las personas le interesa ir de compras cuando ven algún tipo de promoción o rebaja“.

Y agrega: “El 44% de los compradores admite que hace modificaciones en sus consumos si aparece alguna promo”.

Sin embargo, es indudable que las cosas han cambiado y cuesta cada vez más conseguir algún beneficio interesante. En 2011 las rebajas para quienes compraban con tarjeta promediaban el 20%, el año pasado rondaban alrededor del 15% y en 2013 están más cerca del 10%.

Aún así, este “rebusque” es bienvenido por los consumidores para “hacer rendir más el sueldo” pagando menos y en cuotas.

IProfesional

Lo que importa, ¿ahora es lo de afuera?: con nuevos packagings, las marcas buscan hacer frente al plan “congelamiento 500”

A partir del 1° de junio, las marcas de productos de supermercados serán las protagonistas de la nueva extensión del congelamiento de precios.

Pero, en esta ocasión, las empresas saben que el escenario presentará algunas complicaciones extra.

En primer lugar, los 500 artículos seleccionados por la Secretaría de Comercio Interior deberánpermanecer sin alteraciones en sus valores por dos meses más (en teoría, se mantienen sin ninguna suba desde principios de febrero).

Y, además de tener que sostener “freezados” los precios de su mercadería, las firmas deberán afrontar otro desafío aun mayor, ya que estarán sujetas a un control mucho más férreo en cuanto al cumplimiento del acuerdo.

Según lo especificado por el oficialismo acerca del plan “Mirar Para Cuidar”, presentado por la propia Presidenta, la “militancia K” tendrá la ambiciosa misión de monitorear que losgrandes comercios cumplan con la promesa de no aumentar los artículos detallados en un listado.

La iniciativa es tan importante para el oficialismo que la mandataria, incluso, dedicó una sección específica de su flamante página de Internet al plan que se propone “cuidar los bolsillos del pueblo”.

Por ese motivo -más allá de cuáles sean los resultados que se obtengan a partir de la implementación de este programa- los comerciantes saben que ahora estarán más vigilados.

De hecho, si no llegaran a respetar el acuerdo, las multas podrían ser grandes en cuanto a montos. Según trascendió, el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, será el encargado de sancionar a todos aquellos que incumplan la medida con un castigo monetario que puede alcanzar los $5 millones.

El funcionario podría, inclusive, clausurar aquellos supermercados que no cumplan con la iniciativa oficial.

Por eso, “si el control que se va a llevar a cabo es muy fuerte, tal como se viene anunciando, lascadenas y las marcas se van a tener que cuidar más“, advierte Emiliano Schwartz desde la consultora Tomadato.

Una de las dificultades con las que se puede topar la implementación del programa del Gobierno, viene dada por los distintos precios que hoy se pueden encontrar en un producto de igual marca en diferentes sucursales de la misma cadena de un supermercado.

“Hoy cada empresa tiene distintos valores en sus distintas bocas, de acuerdo con la zona en la que se encuentren”, dice Schwartz.

Para enfrentar el nuevo contexto, lo cierto es que las empresas ya comenzaron a desarrollar sus estrategias para así poder “aumentar sin incumplir” con el congelamiento.

Y la “pista” para saber cómo harán puede encontrarse en una palabra clave: el packaging.

Tal como señalan los expertos en consumo, ya son varias las firmas que modificaron sus envases para “saltear” el freezer oficial.

Por eso, están comenzando a lanzar nuevos tamaños para así poder ofrecer una mayor gama de opciones de gramaje o contenido neto para un mismo tipo producto.

Así lo observa Schwartz, quien indica a iProfesional que “las marcas están apuntando a darnuevas presentaciones de su mercadería”, a fin de que los artículos alcanzados por el plan freezer representen una proporción menor de su portafolio de productos.

Artilugios
Para hacer frente al congelamiento -que ya lleva cuatro meses de vigencia- las compañías fueron recurriendo a distintos “artilugios” que les han permitido morigerar el impacto del “plan freezer”, vía la oferta de un mayor set de productos.

Entre otras estrategias, ampliaron su menú de artículos premium, ofrecieron productos en combo (con un descuento en la segunda unidad) o agregaron un poco más de contenido a un precio incremental conveniente, como forma de orientar las compras hacia aquellos más rentables.

De este modo, mientras avanzaba el acuerdo, varias marcas lograron adaptarse al nuevo escenario impuesto por el Gobierno.

Según Schwartz, “siempre suele ocurrir que, en los congelamientos, las firmas saquen nuevos envases” y esto es lo que se verá con mayor énfasis en los meses venideros.

Lo que ocurre, apunta Adrián Kittner desde eConsultora, es que “cuando se modifica el gramaje, cambia el código del producto y se lo considera otro artículo”.

Los analistas hacen referencia a cómo las marcas ampliaron el abanico de opciones que se ofrecen para un mismo bien.

“Los tamaños de los envases han ido variando”, confirma el ejecutivo de Tomadato.

Y esto se advierte, principalmente, en ciertas categorías tales como lácteoslimpieza yperfumeríasnacks productos no perecederos.

“En estos rubros se ven cada vez más novedades dado que las firmas están lanzando envases de todo tipo de tamaños y diferentes calidades“, apunta el consultor.

Las góndolas se “reacomodan”
A partir de que las marcas ya empezaron a ampliar su oferta de envases -preparándose para la implementación de la “lista de los 500”- es que también se espera un reordenamiento en la organización de las góndolas.

Como lo explica Kittner, “es probable que en los estantes del súper se dé menos exposición a lamercadería que aparece en el listado oficial para hacer más visibles otros tamaños”.

Es que, pronostica el consultor, “los artículos congelados se agotarán más rápido ya que es de prever que se vendan antes que el resto”.

En ese caso, quienes lleguen más tarde al supermercado podrán encontrarse con que faltan algunos de los productos freezados y no tengan otra opción que llevarse un sustituto.

“Comprando otro artículo que tal vez tenga un poco más de contenido, los consumidores tendrán que pagar un precio mayor“, dice Kittner.

Consultado por iProfesional acerca de si las empresas pueden llegar a afrontar una penalidad -si los inspectores del plan “Mirar Para Cuidar” detectan un faltante- los expertos consideran que, al menos hasta el momento, no es seguro que se las pueda multar.

Sobre este punto Kittner es claro: “Hasta ahora, lo que se propone en el plan se encuentra en una zona gris, porque el supermercado puede argumentar frente a un control que vendió todo lo que tenía para el día”.

Por lo pronto, ante esta situación, los consumidores, se verán obligados a apelar a las otras opciones que brindan las marcas.

El fantasma de los faltantes
Una duda que resurge, producto de la nueva extensión del congelamiento es si, al tratarse de una medida que se viene sosteniendo desde el mes de febrero, los argentinos verán en las próximas semanas un incremento de faltantes en las góndolas.

De hecho, en los primeros cuatro meses del freezer, los consumidores habían empezado a notarsubas de precios, escasez, un nivel de abastecimiento empobrecido -en cuanto a variedad de oferta- y una reducción de la cantidad de promociones en góndolas.

Consultados sobre este punto, los expertos señalan que, al menos en una primera etapano habrá problemas de escasez. “No se observará desabastecimiento porque las firmas van a ofrecer una amplia variedad de productos similares“, dice Kittner.

Sin embargo, los especialistas no descartan que, con el correr de las semanas, se intensifiquen los espacios vacíos en las góndolas, algo que ya había empezado a notarse en las dos primeras etapas del acuerdo de precios.

Irrumpen los envases “XS”
Otra de las tendencias en lo que al packaging se refiere tiene que ver con la proliferación de paquetes tamaño “mini” en las góndolas de los supermercados, una moda a la que se están sumando varias marcas.

De hecho, menciona Shwartz, “esto se advierte en productos tales como el dulce de leche y las galletitas, que fueron reduciendo su contenido de 500g. a 400g”. También, en el caso de loslácteos, como yogures.

Lo mismo sucede en una gran cantidad de artículos de bellezacuidado e higiene personal. 

En el caso de estos envases “extra-small”, estos cumplen principalmente con un doble objetivo:

– Hacer un incremento más “sutil” del precio por gramaje.

En los últimos meses, cada vez son más las empresas que fueron reduciendo sus envases con el objetivo de mantener inalterables los precios -cediendo cantidad de producto-.

– Satisfacer la demanda de consumidores que cuidan más su bolsillo.

Es que, como lo explica Adrián Pierini, especialista en packaging, “la cautela en las compras lleva a que la gente se incline por llevar envases más pequeños”.

“Mirar para cuidar”
Aun restan conocer detalles sobre cómo se implementará la propuesta oficial de controlar los precios en los distintos supermercados del país.

Sin embargo, por lo que expresó la Presidenta, serán las organizaciones juveniles -junto con inspectores- quienes tengan la responsabilidad de monitorear que los valores de la mercadería no se incrementen en las góndolas.

Además, se aclaró que en una primera etapa, el plan se implementará en 50 municipios, para luego extenderse a todo el territorio nacional.

No obstante, los expertos advierten que desarrollar una medida de estas características en todo el país es una tarea casi imposible de poner en marcha.

IProfesional


Autor

Emiliano Schwartz

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