¿Barato o caro? Saber el precio real de las cosas es cada vez más difícil

Según el cartelito, el paquete de galletitas vale $ 5,40. Pero ese día, los clientes de un banco tienen un descuento del 20% que, junto al 5% del IVA, baja el costo a $ 4,10. Y si justo hay una promo del 70% en la segunda unidad, el valor cae a $ 3,51. Mientras, en un local de Belgrano, un colchón de resortes cuesta $ 3.080 los viernes y $ 1.540 los sábados. Y en otro de moda masculina, el mismo traje puede salir $ 3.500 para una persona y $ 2.625 para su amigo, por tener otra tarjeta. Un tratamiento de belleza de $ 1.200, finalmente, cae a $ 249 en un sitio de ofertas agrupadas.

Con descuentos cada vez más extendidos, ¿cuál es el precio real de un producto? ¿El de lista o los rebajados? ¿Cómo saber si algo es caro o barato con una inflación del 25% anual y valores que, encima, pueden variar más del 70% con distintas promos? Demasiado complejo para un consumidor que, además, se encuentra con precios casi individuales, algo que hasta le complica charlar con otros sobre dónde y cuándo conviene comprar. Según expertos, ocurre que hoy hay precios muy dispersos, a un punto tal que confunden. Se ha llegado, dicen, a una era del “no precio ”.

“El cliente ya no sabe el precio real de lo que consume. Las promociones, ofertas, liquidaciones, clubes de beneficios, cupones, descuentos con tarjetas y compras agrupadas hacen que el mismo producto tenga un sinfín de precios según cuándo, dónde y cómo se compre. Con precios tan difusos, lo que reina es la confusión ”, explicó el experto en Marketing Gustavo Alonso, director de la consultora Time to Market.

“Estas ‘ayudas’ al consumo diluyeron la noción de precio y su peso al decidir la compra”, agregó Adriana Falcón, socióloga experta en conducta del consumidor. Y explicó que hoy, en cambio, se miran más los descuentos y las cuotas.

“El precio ya no importa tanto si hay formas de pagarlo” , resumió.

El problema es que la inflación y los precios dispersos pueden confundir al cliente y hacerlo decidir mal, advirtió Martín Tetaz, experto en Economía del Comportamiento. Primero, porque la gente suele asumir que conoce “el precio” de algo a partir de pocos casos, que ahora podrían ser poco representativos. Pero, además, por el hábito de creer que lo caro es bueno y lo barato, malo. Esto, según Tetaz, puede traer frustración porque hoy algo bueno puede estar barato por una promoción, y algo malo puede costar caro si acaba de aumentar.

Y el asunto se torna más complejo cuando muchas empresas, para dar mejores descuentos, inflan en exceso sus precios de lista. “Al perderse la noción relativa de los precios, los aumentos cubren las pérdidas con descuentos mayores. Si no hicieran eso, muchas firmas tendrían problemas financieros”, aclaró Federico Iñiguez, profesor de Comercialización de la UADE.

“Aún con efectos indeseables –afirmó Falcón–, el sistema cierra para las empresas, para el Gobierno y para muchos clientes, que así acceden a bienes que de otro modo no podrían comprar. Mientras esta rueda siga girando, el precio en sí seguirá perdiendo importancia en la toma de decisiones”.

Descuentos que ya son costumbre

No hace mucho, las promociones eran la excepción y muchos se avergonzaban de pedirlas. Pero hoy ya son la regla, y hasta un hábito que causa orgullo. “Los descuentos ya forman parte del esquema de consumo y de la percepción de precios”, explicó Federico Iñiguez, experto en Comercialización. “El consumidor hoy puede sentirse bien al aprovechar un descuento. Ahorrar, ahora, también es cool”, agregó el especialista en Marketing Gustavo Alonso. “El consumidor argentino ya se acostumbró. Lejos de avergonzarse, se jacta de usar los beneficios”, explicó Emiliano Schwartz, responsable de Marketing de la consultora Tomadato.Y contó que, en consumo masivo, las promociones más valoradas son la del 70% en en la segunda unidad y los 2 x 1. En una encuesta reciente de CCR, 8 de cada 10 consumidores dijeron que ya eligen los días de compra y los productos según los descuentos.

Clarín

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Emiliano Schwartz

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