“El consumo, un motor que pierde fuerza: el reinado de las compras se siente amenazado”

Hay un motor que mueve la rueda de la economía argentina y que en los últimos años funcionó como el más afinado de los violines, con una melodía que encantó a los consumidores -votantes al fin- y propulsó un buen ritmo de crecimiento. Se trata del consumo, que en 2003 explicaba 66% del crecimiento del producto bruto interno y actualmente es responsable de 72,4 por ciento de ese indicador. Pero de pronto comienza a fallarle un pistón y se hace evidente que ya no podrá sostener el vértigo: mientras que en lo que va de 2011 subió 8,2%, se estima que el año próximo deberá hacerlo a menos de la mitad de esa velocidad.

Es justo en este momento cuando el mecánico, en este caso la presidenta Cristina Kirchner, insiste en mantener el pilar del modelo kirchnerista. En un acto en Berazategui, donde inauguró un parque industrial, pidió el miércoles a los empresarios que ajusten costos para no complicar el consumo. Un día después, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, también se aferró a esa idea y lanzó un paquete de medidas con ese objetivo. Pero, en tiempos en que las condiciones ya no son las mismas que en el pasado reciente, ¿se puede exigir aún más el motor?

Marina Dal Poggetto, del Estudio Bein y Asociados, dice que la posibilidad de impulsar el consumo al ritmo de los últimos años, con una tasa de interés de la mitad de la inflación, no está más. “Eso no significa que el consumo no pueda seguir creciendo, pero lo hará a menor ritmo”, explica la economista, que estima una tasa de 3,5% para 2012. Hace, de todos modos, una distinción entre bienes durables, más sensibles al ciclo económico, y los no durables. “Los primeros exhibirán una desaceleración, pero los otros no creo”, opina.

Hasta ahora hubo dos anclas para sostener una política de consumo febril y una economía con tasas de crecimiento de 8% anual. Uno fue el tipo de cambio estable y otro, los subsidios que plancharon las tarifas de los servicios públicos. Las dos dieron señales de resquebrajamiento en las últimas semanas: la fuga récord de divisas (US$ 18.350 millones en 2011, según el Banco Central) llevó a imponer controles cambiarios, mientras que el recorte de los subsidios evidencia que la capacidad para financiarlos llega a su límite.

Una foto tomada a mediados de este año por la consultora Analytica (sobre la base de datos del Indec) mostraba un país en el que el crédito a través de planes en cuotas con tarjetas crecía 24% anual, el doble que en Brasil; el patentamiento de automóviles, 26% (7% en el principal socio del Mercosur); las ventas en supermercados, 3%, y la facturación en shoppings, 9 por ciento.

La imagen que se prevé para 2012 es otra. Desde la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericana (FIEL), el economista Daniel Artana estima previsible una desaceleración del PBI y del consumo, debido a un peor contexto externo (menor precio de la soja y menor crecimiento en Brasil); un ajuste fiscal procíclico vía aumento de tarifas, y una tasa de interés menos negativa en términos reales.

Si bien los recortes a los subsidios son por ahora más anuncios que otra cosa, sólo se quitó menos del 10% ($ 5000 millones de los 75.000 millones totales), cualquier rebaja afectará el consumo, porque impacta en los ingresos de los usuarios, que destinarán a gas, electricidad y transporte parte de lo que volcaban a sus compras. ¿Se puede evitar ese costo? Dal Poggetto responde que es imposible si la quita se hace de golpe; pero que si se instrumenta gradualmente, se la puede compensar con racionalidad fiscal (tipo de cambio que se mueva poco y un menor gasto público).

Lo que está claro es que, si igual se acicatea el consumo en un escenario como el actual, la consecuencia será más inflación, porque la demanda no hallará, al menos a corto plazo, una oferta que pueda satisfacerla. Para Camilo Tiscornia, de Castiglione & Tiscornia, esto sucede porque, a diferencia de lo que ocurría en los comienzos del kirchnerismo, ya no queda capacidad ociosa en las fábricas. “En este contexto, fomentar mucho crecimiento del gasto interno, del que fuere, redunda en suba de precios”, afirma.

La encrucijada para la Presidenta, que pide que se consuma más (aunque toma medidas que recortan la capacidad de compra), es que, si se apaga el motor consumista, cruje todo el sistema que sustentó el crecimiento. Por ejemplo, una de las cajas que se resentiría sería la de los fideicomisos, que se alimentan del boom del consumo. Un análisis de la Cámara Argentina de Fideicomisos (Cafidap) muestra que en 2003 el monto de valores fiduciarios colocados en el BCRA era de US$ 451 millones, cifra que siguió creciendo (salvo en 2009) hasta alcanzar los US$ 4694 millones actuales.

Fabián Bóveda, director financiero de Garbarino, una de las principales casas de electrodomésticos del país, señaló el jueves en un congreso organizado por Cafidap que los grandes jugadores del mercado de créditos de consumo usan este instrumento para financiarse. En 2011 su empresa efectuó emisiones en fideicomisos por $ 1600 millones; en 2003 habían sido sólo $ 90.000.

Se trata de todo un andamiaje que puede sufrir, si se agudizan las variables que recortan el consumo, como, por ejemplo, el aumento de las tasas de interés, al que, según Nadin Argañaraz, director del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), apelarán los bancos para evitar que los clientes dolaricen sus carteras. “Con rendimientos más altos por tener su dinero en depósitos bancarios, la gente consumirá menos y ahorrará más”, analiza Argañaraz. La tasa Badlar, referencia para depósitos superiores a $ 1 millón, ya escaló del 11 al 19% este año.

La suba de la tasa en pesos hace pensar que difícilmente vuelvan las financiaciones a 24 y 36 meses, que hubo hasta hace poco. La mayor parte de las promociones conjuntas entre bancos e hipermercados o cadenas de electrodomésticos vencen a fin de mes, y no hay expectativas, en las condiciones actuales, de que vuelvan los plazos más largos.

Por el lado de los salarios no se vislumbran perspectivas más halagüeñas, ya que se estima que el año próximo aumentarán en promedio 18%, seis puntos por debajo de 2011. Si ante este freno a los ingresos de los asalariados igual se insiste en fogonear el consumo sin pagar con la moneda de la inflación, lo que aumentarán serán las importaciones.

No parece buen momento para una suba de las compras al exterior, justo en tiempos cuando la cuenta corriente ya está en cero y la gran fuente de financiamiento, que hasta aquí fue la exportación de commodities agroalimentarias, no da signos de mejorar en 2012. “Ante esto, lo que queda es financiar por crédito o ir a un parate”, analiza Dal Poggetto.

Ante esta manta corta (si se tapan los pies, queda al aire la cabeza), economistas consultados sugieren que habría que fomentar la inversión para aumentar la capacidad instalada y, a mediano plazo, incrementar la oferta. Claro que ese “mediano plazo” transcurriría con un consumo más calmo, para dar tiempo a que maduren esas inversiones sin presiones inflacionarias.

“No conviene profundizar el modelo sustentado en el consumo, sino ir hacia un esquema liderado por la inversión”, opina Tiscornia. El camino por seguir, si se elige esa línea, tampoco estaría libre de espinas. Según el economista, los impulsores de la inversión desde 2003 fueron el crecimiento de la economía local, en medio de un mundo que no estaba tan bien, y algunas fortalezas macroeconómicas que exhibía el país; pero hoy esas fortalezas ya no están.

El crédito externo sería una opción para seguir alimentando el motor del consumo, pero sin un acuerdo con el Club de París las posibilidades son escasas. Para peor, el jueves se conoció que, por presión del gobierno de Barack Obama, presidente de los Estados Unidos, el Banco Mundial postergó un desembolso para el país de US$ 80 millones.

72,4% 
Es el porcentaje del crecimiento del producto bruto interno (PBI) que será explicado por el consumo en 2011, según datos elaborados por la consultora Abeceb. Los principales rubros que apuntalan la expansión son electrodomésticos, automóviles y alimentos, bebidas y limpieza.

Los rubros que lideran el boom

El crecimiento de una casa de electrodomésticos quizá sea uno de los indicadores más prácticos para ilustrar el boom del consumo en la última década. Mediante una presentación en un foro sectorial, el ejecutivo de una reconocida firma del rubro detalló cada uno de sus hitos empresariales en la época kirchnerista: fábrica de PC de marca propia, desarrollo de productos de alta tecnología, lanzamiento de la división “viajes”, apertura de fábricas en Tierra del Fuego, un centenar de sucursales y más de medio millar de empleados.

No es para menos. Desde 2002 hasta la actualidad, la venta de electrodomésticos creció 740 por ciento, según un análisis comparativo de la consultora W, fundada y presidida por el analista de consumo Guillermo Olivetto.

Otras que pueden exhibir una gran sonrisa en este período son las automotrices, ya que las ventas de automotores se incrementaron 766% entre 2003 y este año. Con evoluciones más bajas, se encolumna el turismo al exterior, que creció 77%, y alimentos, bebidas, cosmética y limpieza, con una suba de 67 por ciento.

¿Seguirá el viento de cola? Antes de las elecciones presidenciales, la confianza del consumidor daba una pista: según Abeceb.com, estaba en 59,3% en septiembre, su nivel más alto desde 2007. Claro que aún no se conocía la quita de subsidios.

La Nación

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Emiliano Schwartz

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