Los argentinos “post-corralito”: ¿qué miedos aún persisten en la mente de los consumidores?

Los argentinos "post-corralito": ¿qué miedos aún persisten en la mente de los consumidores?

El 1 de diciembre es una fecha muy particular para los argentinos. Diez años atrás, se tomaba una de las medidas más salvajes que muchos recuerdan con angustia y hasta bronca: el “corralito”.

Se trata de una decisión que alteró profundamente los hábitos del clase media y que aceleró la debacle del 2001.

El “corralito” generó dudas, incertidumbre y desesperación. Aquellos que tenían sus ahorros en los bancos comenzaron a verlos como enemigos y a las entidades financieras les costó años recuperarse de ese desprestigio.

En este contexto, iProfesional.com dialogó con especialistas para conocer cuáles son los rastros que aún se sienten de aquella fecha nefasta, cómo varió la situación a una década de la medida y cuáles son los miedos que permanecen en una clase media que aún tiembla ante cualquier rumor que implique a sus ahorros.

El impacto del temor en las marcas
Los expertos consultados por este medio coinciden en que uno de los principales efectos que tuvo el “corralito” en los compradores argentinos fue el paso generalizado a las segundas marcas.

En este sentido, afirman que se trató de una situación más que excepcional, ya que los consumidores nacionales tienden hoy a evitar resignar sus firmas favoritas, siempre que les sea posible.

Pero, en aquel entonces, Diego Gizzi, integrante del equipo de Nielsen Internacional Solutions, explica que “los miedos en el consumo masivo llevaron a los argentinos a adaptarse a utilizar otro tipo de marcas”.

Siguiendo esta línea, el consultor explica que el pase de las líderes hacia otras firmas se dio principalmente en dos sentidos:

• Hacia las “B Brands” o segundas marcas.
• Apuntando a las marcas blancas o propias de supermercados.

La tendencia de los retailers en ambos casos era muy clara: ofrecer una calidad más baja, pero a un precio también menor.

Según Gizzi, este viraje obligado, a partir de la situación económica, no respetó segmentos sociales.

“Esto ocurrió en todas las clases. Como Argentina sigue siendo un país marquista por excelencia, abandonar a las compañías líderes generó un malestar dentro de los hogares de los consumidores”, explica.

¿Cuándo retomaron la punta las líderes?
Si bien durante los años más duros las segundas marcas y las propias de los súper resultaron una “salvación” a la hora de recorrer las góndolas, el experto señala que su reinado tuvo un final ni bien la economía nacional comenzó a volverse un poco más estable.

En ese momento, los compradores que se habían despedido a regañadientes de sus marcas favoritas tuvieron su tan esperado reencuentro con las número uno.

“Entre el año 2005 y 2006, se consolidó la vuelta de las primeras marcas“, apunta Gizzi.

Y agrega que “por la estabilidad social y económica, la gente empezó a dejar de temer“.

Según el experto, una vez que las número uno retomaron su liderazgo, aquellas que habían sido creadas por los supermercados se vieron forzadas a replantear su estrategia.

Por eso, explica: “Muchos de los retailers intentaron mejorar sus productos propios para poder subirles el precio, pero igualmente hoy no llegan ni al 10% del mercado porque la gente no va a buscarlos”.

Si bien su situación fue complicada, las segundas marcas la pasaron aún peor. De hecho, de acuerdo con Gizzi, las B brands se vieron más perjudicadas que las de los supermercados.

“En 2009 los retailers se plantearon volver a dar fuerza a las segundas marcas. Sin embargo,el consumidor siguió optando por las líderes“, recuerda el especialista.

De hecho, lo curioso es que en ese punto Argentina fue una excepción a nivel internacional.

“El resto del mundo optaba por las marcas propias, pero en el país seguían insistiendo con las primeras“, enfatiza Gizzi.

El reinado del placer y el “hoy por hoy”
Pero, además de los cambios marcarios, los expertos consultados por iProfesional.comaseguran que uno de los efectos de la situación creada por el corralito fue un fuerte vuelco del consumo hacia los productos de uso personal.

“La gente comenzó a adquirir más cosas vinculadas con la satisfacción individual”, señala en este sentido Gizzi.

Una de las explicaciones que dan los especialistas a este fenómeno es que, después del golpe bajo que para muchos había representado el “corralito”, la posibilidad de comprar daba a los argentinos la sensación de que todo aquello por lo que habían tenido que pasar había quedado atrás.

Un consumidor más maduro y advertido
Otra de las lecciones que la crisis de 2001 dejó a los consumidores es un cierto comportamiento de desconfianza o alerta, que los volvió más difíciles de convencer.

En este punto, Gizzi resume que “el comprador maduró después de ese momento. Hoy no es tan fácil de convencer, porque está más capacitado y ya no se deja engañar por la letra chica“.

Por su parte, Emiliano Schwartz de Tomadato coincide y asegura que las características que definen a los consumidores post 2001 son principalmente dos: planificación y racionalidad.

Además, esa “inteligencia” aplicada al consumo va acompañada de una gran afición a los descuentos y promociones.

“Como la gente no quiere resignar marca, prefiere utilizar los artilugios y beneficios antes que dejar de comprar en sus locales favoritos”, resume Schwartz.

Ante este nuevo tipo de consumidor, más advertido y alerta, son dos los jugadores del mercado que se vieron desafiados: las marcas y los bancos.

Las firmas, porque los compradores se “acostumbraron” a los descuentos y acomodan sus consumos a este tipo de variables, lo cual les genera una presión en la cual, quien no ofrece beneficios, queda “fuera”.

Desconfianza hacia los bancos, pese al esfuerzo de ellos
Pero otra de las características del comprador post corralito es que, a pesar de los 10 años que pasaron, aún desconfía del sistema financiero, al que vio como traidor durante el tan terrible 2001.

“No le creen a los bancos”, arriesga Gizzi.

Y agrega que “la gente ya no confía en ellos como institución. Por eso, el dinero circula tan libremente por la calle”.

En este punto, para el especialista, la ecuación de los consumidores de hoy es clara: “Si guardo el dinero en el banco, no sé si mañana lo tengo. Entonces, consumo”.

Pero, si bien el “boom consumista” se vincula con la actitud de desconfianza de los argentinos hacia el sistema financiero, los bancos también lograron sacar provecho del asunto, y comenzaron a desarrollar estrategias para recuperar sus clientes.

Una de ellas fue la de generar alianzas con los distintos retailers, tanto con las marcas más importantes, como en los distintos supermercados.

Esas alianzas hicieron que hoy la billetera de la mayoría de los argentinos no esté completa sin las tarjetas de los bancos y sus promociones.

El dinero en la calle, lejos del largo plazo
En cuanto al manejo de la economía de los argentinos, Gizzi advierte que el resguardo que hasta hace unos años estaba en el dólar y en la compra de ladrillos, hoy desaparece.

Sobre el tema, iProfesional.com consultó también al economista Fernando Moiguer, quien explicó que una de las secuelas más fuertes del “corralito” en la clase media tiene que ver con la merma de los proyectos económicos a largo plazo.

“Antes la gente tenía proyectos de corto, mediano y largo plazo”, distingue Moiguer.

En cambio, asegura, “hoy se vive el día a día, aunque a mucha gente le es casi imposible comprarse una casa. Es que en el momento del corralito, la gente iba a propiedades o tierras y hoy no tiene esa opción”.

Según Moiguer, lo que ocurre es que, como cada vez es más difícil guardar dinero para los bienes durables, por eso se destina principalmente a tres rubros:

• Viajes.
• Indumentaria.
• Tecnología.

“Por eso, las casas en estos últimos 10 años se reequiparon con tecnología”, afirma el economista.

Otro de los motivos, según él, es que una vez recuperados de los golpes de 2001, los consumidores se lanzaron con fuerza a comprar.

“Después de ese terrible panorama, la mayoría de la gente pensó que jamás iba a volver a la situación en la que había estado”, asevera.

El desempleo, un fantasma lejano
Según los expertos, uno de los principales miedos de los consumidores durante la crisis fue el de la pérdida de su fuente de trabajo.

En este punto, Schwartz explica que “en ese momento, el fantasma más fuerte en la clase media era el desempleo”.

Una vez alejado ese temor, la gente se volcó al consumo de un modo fuerte y cortoplacista.

En cuanto a la situación hoy en día, Gizzi resume: “Mientras que no haya desempleo, la gente está tranquila”.

Los miedos de hoy
Alejado el fantasma del desempleo, los argentinos que optaron en su momento por el consumo, hoy también tienen otros miedos.

Sobre este tema, iProfesional.com consultó a Mariano Lamothe, economista jefe de la consultora Abeceb.

“El principal temor que tienen los argentinos hoy está vinculado con los precios y la inflación. Este tema siempre está latente”, explica.

Según los expertos consultados, otros de los miedos más recientes son aquellos que fueron generados a partir de las recientes medidas económicas.

El tema financiero del dólar y el recorte de los subsidios generaron cierta incertidumbre“, explica Schwartz.

Y agrega que, a pesar de que no se nota un freno abrupto en el consumo, “se advierte una actitud más conservadora en las compras después de las elecciones”.

De hecho, Lamothe explica que “la clase media tiene un poco de temor y empezó a retirar sus dólares”.

Un “manual” bajo el brazo
Pero todos coinciden en que, después de los “golpes” recibidos en 2001, los argentinos vivieron una “lección” y hoy están más cautos.

“El consumidor aprendió y tiene un manual muy fuerte de lo que fue ese momento”,explica Schwartz.

Este manual, explica el experto, está latente aunque, advierte que “aún no hizo falta desempolvarlo”.

Es que, acostumbrado a comprar y a vivir el “hoy por hoy”, ese comptador está dispuesto a muchas cosas, pero no a resignar su consumo.

“Trata de no perder lo que ya ganó: su valiosa capacidad de compra”, resume.

En este punto, coincide Moiguer, quien afirma que “el tema de los subsidios va a afectar, pero la gente va a defender sus hábitos de consumo con uñas y dientes”.

Según el economista, la clase media tiene temor de que esto se acabe y quiere a toda costa que esto se mantenga en el tiempo.

También tiene miedo al futuro, por el hecho de que muchos alquilan”, agrega.

Por eso, concluye: “Antes, el ahorro daba tranquilidad y se pensaba que eso era para siempre. Pero hoy ya no se cree en este concepto. El futuro asegurado, pilar de la clase media de hace 10 años, no existe más”.

IProfesional

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Emiliano Schwartz

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