“El consumo, las elecciones y por qué esta vez las urnas no modifican los hábitos de la clase media”

El consumo, las elecciones y por qué esta vez las urnas no modifican los hábitos de la clase media

Ya en la recta final hacia las elecciones presidenciales de octubre, tanto los consumidores como las empresas buscan acomodarse al clima político que se vive a nivel nacional.

Y hay algunos indicios que muestran que las actuales circunstancias tienen características muy particulares.

Sucede que, habitualmente, las épocas de elecciones generan una importante baja en la compra de ciertos productos, consecuencia de una actitud más cauta por parte de los argentinos.

Sin embargo, este comportamiento no viene registrándose.

Al respecto, como antesala a lo que sucederá en los próximos meses, cabe mencionar lo ocurrido en las votaciones primarias del 14 de agosto.

En este sentido, la forma en que actuó la sociedad marcó la excepción a la regla.

Tal es así que las cámaras de empresarios aseguraron que el nivel de compras se mantuvo en franco crecimiento.

Además, sostienen que existen grandes expectativas respecto de un fuerte incremento del auge consumista hacia finales de año.

La explicación, según los expertos en el tema, se vincula con la sensación de muchos consumidores de que no habrá grandes alteraciones en el actual modelo económico.

“Generalmente, los actos eleccionarios producen modificaciones en los hábitos de consumo. Ahora no ocurre lo mismo. El ritmo de compras se mantiene estable y hay muy buenas perspectivas para los próximos meses“, señala Vicente Lourenzo, secretario de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME).

“Los argentinos tienen miedo a los cambios de rumbo. Pero, al no sentir eso para estos comicios, no han modificado sus hábitos de compra”, apunta.

Como ejemplo de estas alteraciones, que suelen ser típicas de momentos preelectorales, el directivo repasó lo sucedido en las legislativas de 2009.

Según Lourenzo, en ese año hubo un fuerte descenso del consumo ocasionado, entre otras cosas, por el temor vinculado con dichos comicios.

Otros de los factores que influyeron en ese momento, dice el experto, fue “la mayor incertidumbre que trajo la crisis internacional, que había afectado el crecimiento económico“.

Por el contrario, ahora la situación se presenta bien diferente.

Las urnas y el consumo, versión 2011 
En cuanto a lo que se espera que ocurra de acá a fin de 2011, el miembro de la cámara se muestra optimista: las ventas para el día de la madre fueron muy buenas, crecieron 11% y “estamos previendo una Navidad que explotará comercialmente”.

Esta sensación de tranquilidad que experimentan los argentinos a la hora de “ir de shopping” se refleja en el crecimiento en el nivel de confianza.

De hecho, según Ricardo Manuel Hermelo, director de Opinión Pública de TNS Argentina, “el Indice General de Expectativas Económicas (IGEE) viene creciendo de manera sostenidadesde 2010. A partir de ese año se logró revertir la tendencia observada en los dos períodos anteriores”.

En cuanto a lo que ocurrió en estos meses, el consultor afirma que, en lo que va de 2011, dicho índice muestra un incremento del 18% en relación a los registros del año pasado.

Además, para Hermelo el pronóstico parece ser alentador: “Los valores actuales se sitúan entre los más altos desde 2004, momento en el que comenzamos a realizar este tipo de mediciones”.

Su estimación coincide con otras, como las de la Universidad di Tella y Católica, que van en igual sentido, y que muestran que el humor social se ubica en sus máximos históricos de los últimos años.

Las siguientes infografías dan cuenta de ello:


“Una buena percepción de la economía se traduce naturalmente en una mayor aprobación de la sociedad al Gobierno”, argumenta Hermelo.

Y señala que esta atípica estabilidad en el consumo -previa a las votaciones- marca la antesala de lo que puede suceder en los meses posteriores a octubre.

“En general, luego de una presidencial, la confianza de los consumidores tiende a aumentar, pues se establece una especie de voto de confianza propio de todo nuevo Gobierno”, afirma.

El ladrillo enfatiza su función de refugio
Un sector de la economía que ha experimentado una leve desaceleración, en comparación a años previos, es el de la construcción.

Sin embargo, independientemente del mayor o menor nivel de actividad, o de la cantidad de escrituraciones, el precio del metro cuadrado no para de subir.

En este sentido, y repasando la historia reciente, se observa cómo ha sido la evolución de la cantidad de operaciones en relación a la evolución del precio promedio:

Tal como diera cuenta iProfesional.com esto sucede porque el ladrillo se ha convertido casi en el único canal de “drenaje” de buena parte de las ganancias que se generan en el país.

Tanto los sectores de clase media y alta del sector rural (boom de la soja) como del urbano(boom de consumo) canalizan sus excedentes de dinero en el mercado inmobiliario, lo que no hace más que convalidar la suba de precios.

Los valores pueden parecer exorbitantes, la calidad de la construcción hasta es dudosa en algunos casos. Pero alguien los avala y los paga. Ya sea al costo, bajo fideicomisos o al contado, el dinero está“, afirma Germán Gómez Picasso, director de Reporte Inmobiliario.

Así como Picasso, muchos expertos recuerdan que “la plata está“, haciendo alusión a que buena parte de la fuga de capitales (unos u$s70.000 M en los últimos cinco años, si se consideran u$s20.000 M para 2011), luego encontró su destino final en el mercado deviviendas. 

El experto destaca que, por más que la “sensación” o el sentido común tiendan a percibir que los precios actuales no pueden sostenerse y, menos aún, continuar su senda alcista, es necesario “rendirse ante la evidencia“.

“Las cifras nos demuestran que la demanda está estabilizada. Por más que los costos suban de manera abrupta, se siguen encarando nuevos proyectos. Por más que los terrenos estén un 30% o un 40% por encima de los valores que hacen viable el negocio inmobiliario,alguien está pagando las actuales cotizaciones del metro cuadrado aunque, para muchos, esto no resista ninguna lógica“, agrega Picasso.

Así las cosas, las urnas no parecen marcar un freno en cuanto a incremento de valoresy, además, la cercanía de una crisis global mete más presión a la búsqueda de unidades como refugio.

Es que, tal como diera cuenta este medio, cuando una recesión amenaza al mundo, los inversores se deshacen de activos riesgosos e invierten en bonos del tesoro norteamericano.

Contrariamente, en la Argentina se sale de aquello que tenga “olor” a riesgo soberano y se va en busca del “bono ladrillo” libre de riesgo, una especie de “Treasury bond” local.

Una “campaña consumista”
Esta campaña electoral ocurre en un momento particular de la sociedad argentina, en el que están sucediendo fuertes cambios en la pirámide socioeconómica del país.

Resulta llamativo que la tasa de pobreza, según las estimaciones privadas, se ubique en torno del 20% pero, simultáneamente, nueve de cada 10 argentinos afirmen ser “de clase media”, según recientes encuestas.

La interpretación que hacen los sociólogos es que la antigua aspiración de movilidad social ascendente continúa vigente. Aunque no necesariamente ese deseo se exprese por las mismas vías que antes, cuando se priorizaba la educación.

Hoy, en cambio, el consumo es uno de los imperativos y sirve para reafirmar la sensación de progreso personal.

Y el actual modelo económico apunta directamente a ampliar la base de la población con acceso a la compra de bienes durables, lo cual puede ser una pista para explicar el fuerte apoyo electoral del oficialismo.

A modo de ejemplo, para la compra de un auto nuevo -de la categoría base- hoy se requieren 8,8 salarios promedio, según datos de la asociación de concesionarios.

Esto implica un fuerte abaratamiento respecto del inicio del período de Cristina Kirchner, cuando para tener un cero kilómetro había que desembolsar casi 12 remuneraciones.

El consultor Guillermo Oliveto, experto en analizar tendencias de consumo, observa que, en este nuevo contexto, los segmentos de ingresos más bajos son los que apuntan con mayor entusiasmo a la compra de primeras marcas, que son utilizadas como “chapa identificatoria” para mostrar al resto de la sociedad el ascenso en la pirámide.

En tanto, la clase media “típica” adoptó hábitos que siempre han sido característicos de la clase media baja, como por ejemplo, el “patinarse” todo el ingreso y dejar el ahorro en un segundo plano.

Esto, dinamizado por la pérdida del poder adquisitivo en manos de la inflación y por lasmenores posiblidades con las que cuenta para renovar su vivienda.

No obstante, en ambos casos, estos comportamientos resultan funcionales al modelo “K” que busca apuntalar el crecimiento de la economía a partir de la exacerbación del consumo interno.

“Con esta estructura social no hay espacio para ajustes ortodoxos por más que hubiera variables de la economía que lo requieran. Y por eso no vemos propuestas en ese sentido en la campaña electoral”, afirma Oliveto.

En tanto, otra variable importante que explica la continuidad del consumo en un momento de cambio político, es la caída de la tasa de desempleo.

Y este es un punto clave, habida cuenta de que los argentinos confirman en aquellas encuestas que miden el nivel de confianza que están dispuestos (o resignados) a convivir con una alta inflación, siempre que puedan indexar sus salarios.

Prueba de ello es que el “buen humor” social sigue alto, a pesar de la elevada suba de precios.

Pero lo que no aceptarían, bajo ningún punto de vista, es un plan económico alternativoal actual que ponga en riesgo su estabilidad laboral.

El Gobierno lo sabe. Y saca rédito de ello, recordando -siempre que puede- que sus políticas han permitido surfear lo peor de la crisis mundial de 2008/2009 sin que el desempleo se dispare.

Es por eso que, ahora, este nuevo escenario de turbulencia global le juega a su favor, de cara a las urnas.

Así, mientras los argentinos perciban que no habrá un fuerte viraje en materia económica, mientras que “olfateen” que sus puestos de trabajo no corren peligro, no cambiarán sus hábitos de compra.

Y la rueda consumista seguirá girando, pese al contexto electoral.

IProfesional

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Emiliano Schwartz

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