Archivo para 30 agosto 2010

“Para los súper, los descuentos son clave”

Actualmente, el 50,6% de los clientes de supermercados sostiene que una de las principales razones a la hora de elegir un lugar de compra son los descuentos especiales que les ofrece un banco o una tarjeta en particular. Lo dice un estudio presentado anteayer por The Nielsen Company, en el cierre de las jornadas de la Asociación de Supermercados Unidos (ASU), que da cuenta de la relevancia que ganaron las promociones en la mente del cliente.

Otro testeo, realizado hace unas semanas, incluso mostró que ese tipo de beneficio está tan incorporado en los hábitos de compra de los consumidores que a estos les cuesta discernir sobre su real conveniencia. Le preguntaron a un grupo de clientes qué tipo de promoción prefería. Una que ofrecía un descuento del 70% en la compra de una segunda unidad -lo que implicaba implícitamente una rebaja final del 35% en el par de artículos- u otra que se presentaba como un 2 x 1 tradicional (es decir, con un descuento del 50% en la compra de dos productos). Por amplia mayoría y sin distinción de nivel socioeconómico, la gente eligió la primera opción, sin llegar a entender que así terminaba pagando más.

Lo contó el presidente de la cadena de supermercados Día, Antonio Coto Gutiérrez, para reflejar el grado de desorientación que viven los consumidores argentinos ante la explosión de descuentos y promociones con diferentes medios de pago que enfrenta el negocio supermercadista. “Hoy, el cliente prácticamente debe tener estudios superiores para poder entender todas las promociones que hay en el mercado”, ironizó el empresario.

Pero pese al éxito del recurso que, en 2009, en plena recesión, fue útil para llevar gente a las cadenas e impulsar el consumo, ahora es motivo de preocupación para los supermercadistas por su impacto negativo en el negocio.

Desde Carrefour -la empresa número uno del sector- o La Anónima -que lidera el negocio en la Patagonia-, hasta Josimar y La Genovesa -dos cadenas pyme con presencia en el sur del GBA-, hubo coincidencia entre los empresarios del rubro, pues señalaron que los descuentos con tarjetas se están quedando con la mayor tajada de la rentabilidad de los supermercados. “Hoy, el margen de ganancia del sector no supera el 1 o 1,5%”, explicó Alfredo Coto, presidente de ASU y dueño de la mayor cadena de capitales nacionales.

“Las promociones siempre formaron parte del negocio, pero hoy este tipo de acciones tomaron una magnitud tan importante que son difíciles de eliminar”, admitió Daniel Fernández. Su colega Matías Videla, gerente general del grupo Jumbo Retail (Jumbo, Disco, Vea), señaló que el futuro de las promociones lo definirán los bancos, principales impulsores de estas acciones comerciales. “La respuesta acerca de cuándo se van a terminar llegará del lado de los bancos”, dijo el empresario.

Más allá de las quejas de los supermercados, las cadenas y los bancos son socios en este tipo de acciones y en la mayoría de los casos comparten en partes iguales la inversión.

Por ejemplo, si el descuento que se ofrece a los clientes que paguen con una tarjeta determinada es del 20%, un 10% es aportado por el banco emisor del plástico y la otra mitad, por la cadena. Claro que en el acuerdo entre las dos partes se fija un monto máximo para la inversión del banco. Si se supera esa cifra, porque la afluencia del público es superior a la esperada, todo el descuento pasa a ser absorbido por el supermercado, que en estos casos puntuales termina resignando gran parte de su rentabilidad (en promedio, una cadena opera con un margen bruto de ganancias del 25 por ciento).

Por otro lado, a pesar de la inflación y el ruido político, el proceso de recuperación del consumo no da ningún signo de ceder. De acuerdo con un relevamiento privado, la pequeña desaceleración que se había registrado en el bimestre abril-mayo fue totalmente superada y en los dos últimos meses las ventas de alimentos y del resto de productos que integran la canasta básica volvieron a tener una importante suba.

Según el informe presentado por la consultora Nielsen en las jornadas de la Asociación de Supermercados Unidos (ASU), en el periodo junio-julio las ventas medidas en volumen de alimentos, bebidas, artículos de limpieza y tocador tuvieron un alza del 5,4 por ciento. La suba del último bimestre superó al 4,9% que se había registrado en abril y mayo, y se acercó al récord del 6,8% que se había alcanzado en febrero-marzo, que representó el mejor bimestre al menos desde que llegará al país el impacto de la crisis financiera internacional, a fines de 2008.

De acuerdo con los datos presentados por Nielsen durante la jornada final del encuentro supermercadista, la recuperación fue impulsada básicamente por el interior del país, que creció a una tasa el doble de superior que la de Buenos Aires. En la consultora además destacaron la performance alcanzada en el interior de la provincia de Buenos Aires y Córdoba, que acumulan en la primera mitad de 2010 subas del 9,3% y 7,3%, respectivamente, superando ampliamente al alza del 3,2% que tuvieron la Capital Federal y el Gran Buenos Aires.

En Nielsen también precisaron que la recuperación se siente en todas las categorías de productos, aunque destacaron que en algunos rubros los niveles de ventas ya se acercan a los máximos históricos, con lo cual el margen para seguir creciendo se empieza a acotar.

“La mayoría de las categorías ya están recuperadas contra los niveles de 1998, que habían significado un récord en la convertibilidad. Igualmente creemos que todavía hay algunas oportunidades de crecimiento cuando se comparan los datos del consumo en la Argentina con lo que sucede en países vecinos como Brasil y Chile”, precisó Osvaldo del Río, director de The Nielsen Company.

A partir de la comparación con los vecinos, las mejores oportunidades en el mercado local se encuentran en categorías como aceites, cerveza, jabón para la ropa, leche en polvo, pañales y pastas secas, que en todos los casos muestran niveles de consumo per cápita inferiores a los de los mercados de Brasil y Chile.

Del Río, además, advirtió que la otra amenaza para el crecimiento del consumo a nivel local proviene de los problemas que podría enfrentar la oferta para hacer frente a una mayor demanda. “El uso de la capacidad instalada está en niveles cada vez más altos a lo que se suma una posición conservadora de parte del empresariado a la hora de invertir en una ampliación de sus instalaciones”, advirtió el director de Nielsen.

Del informe privado además se desprende que las marcas líderes continúan ganando terreno, acompañando la recuperación del consumo. De hecho en la primera mitad de 2010 ganaron un punto y medio de participación a costa de las líneas de bajo precio y las marcas propias de los supermercados y su peso en el total de las ventas de alimentos superó la línea del 75 por ciento.

La Nación

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“Gasoleros recargados: los argentinos cuidan algunos gastos para darse los gustos”

Gasoleros recargados: los argentinos cuidan algunos gastos para darse los gustos

¿Qué consumen los argentinos en los últimos meses? ¿En qué gastan más y en qué cuidan la economía? ¿Qué prefieren resignar a la hora de administrar el salario? Las incógnitas tienen que ver con un cambio evidente en las preferencias de los consumidores, que saben de crisis como nadie, y cuya capacidad para adaptarse a los nuevos escenarios supera a los consumidores de cualquier país. De acuerdo a los datos de tres consultoras que miden el consumo, Nilsen, CCR y Consultora W, en 2010 el nivel de compras crecerá por encima del 4 por ciento. Después de recurrir a un manual del gasolero, que fue clave para sobrevivir a 2009, este año se vuelven a dar algunos gustitos, aprovechan las promociones con tarjetas de créditos, le corren carrera a la inflación con las 50 cuotas sin interés y aceptan las ofertas de préstamos personales para cambiar el auto o refaccionar el hogar. Las decisiones las realizan teniendo en cuenta un factor clave en los productos que compra o en los servicios que contrata. De acuerdo a un informe de la consultora Neder, en 2010 más personas que en 2009 dicen fijarse en los precios. Sin embargo, más gente que el año pasado opta por  comer afuera, asistir a espectáculos, comprar electrónica y adquirir electrodomésticos. En general, se busca el equilibrio con el objetivo de llegar a fin de mes sin haberse privado de disfrutar el momento. Cambio de hábitos Según explicó Guillermo Oliveto en un encuentro organizado por la Asociación Argentina de Marketing, de la cual es presidente, “el consumidor actual es súper oportunista, busca mantener la misma calidad de consumo que tenía antes de la crisis; por eso las primeras marcas tienen ahora más participación de mercado que en 2008. La gente aprovecha todas las promociones, ofertas y descuentos”. De acuerdo a la investigación de Neder, hay una división entre un 51% de la población que, en los últimos seis meses, compró lo necesario y otro 49% que se divide entre quienes se dieron el gusto y compraron lo justo sin resignar calidad por precio. Estos últimos, forman parte de esa gran cantidad de consumidores que siguen manteniendo e impulsando el crecimiento de ventas de las primeras marcas que, aún en los peores momentos, siguieron estando como prioridad en las compras de supermercados. En cuanto a los rubros elegidos para darse los gustos, Neder revela que comer afuera y la salida a espectáculos ocupan el primer lugar. En estos casos, un 67% y un 64% respectivamente le ganaron a la opción de buscar precios.

Es decir, a la hora de disfrutar un buen momento, la gente elige lo que más le guste o donde mejor se come sin fijarse en cuanto gastará.

Otros dos rubros como la erogación en deportes y viajes fuera del país también están dominados por la búsqueda de calidad, sin fijarse en el valor. Por otro lado, donde sí el precio toma protagonismo es en la compra de productos de limpieza, cuidado personal, alimentos para el hogar, electrodomésticos y ropa. “Hoy la mitad de la gente busca el mejor precio a la hora de comprar bienes o servicios; casi un tercio no resigna calidad, y un quinto dice darse los gustos cuando consume, explicó Silvina Neder, directora de Neder Consultora. “Los rubros que muestran mayores proporciones de personas que no se privan tienen que ver con la recreación, mientras que comprar sólo lo necesario y considerar el precio toma protagonismo en productos del hogar”, agregó. El rubro entretenimiento es el que, además de acaparar la mayor proporción de personas que eligen darse sus gustitos, más crece con relación a 2009. En cuanto a las gratificaciones elegidas, las preferidas son espectáculos, seguidas por comer afuera y la compra de electrónica y electrodomésticos, que también muestran una evolución favorable en el primer semestre del año. Expectativas Junto con la recuperación del consumo, también cambian las expectativas de los argentinos. Estas varían de acuerdo al segmento social. Al contrastar las mismas para 2010, vs. la percepción de la mitad del año transcurrida, para el nivel alto, la realidad supera las expectativas que tenían para el año y para la clase media el panorama es menos duro de lo que esperaban. Por el contrario, la clase baja enfrenta un contexto más difícil:

  • En el segmento alto, a principios de año un 58% declaró que 2010 iba a ser mejor que 2009. Hoy, transcurrido medio año, quienes acuerdan con esto ascienden al 62%.
  • El 23% de la clase media sentía en febrero que la crisis se iba a agravar en 2010. Hoy este porcentaje desciende 3 puntos.
  • Entre aquellos de menores recursos, el 27% pensaba cuando se inició el año que 2010 iba a ser mejor que 2009. A mitad de año esta proporción sólo alcanza el 4 por ciento.

Con estas estimaciones, se espera que el consumo cumpla con las previsiones de crecimiento y cierre un año positivo. Al mismo tiempo, los bancos y tarjetas siguen siendo claves para acompañar la evolución.

IProfesional

A pura “cuota fija”, la clase media ya está endeudada en casi dos salarios

A pura “cuota fija”, la clase media ya está endeudada en casi dos salarios

LCD, cocinas, heladeras, notebooks y hasta 0km. Todo parece estar al alcance de la mano de miles de argentinos, gracias a los plásticos y a los planes de pago en cuotas.

La tentación de aprovechar estas promociones resulta casi irresistible. Y hasta se muestra como un buen “negocio” darse un gustito, en lugar de que el dinero se erosione en manos de la inflación.

La euforia consumista no se detiene. Y esto tiene su correlato en el mayor dinero que se debe pagar a fin de mes.

Así las cosas, el endeudamiento de las familias argentinas ya ha dejado de ir “al trotecito” para acelerar su ritmo y transitar “a todo galope”.

Tal es así que ya supera los registros de los últimos dos años. Y nada indica que vaya a detenerse.

Es verdad que aún sigue siendo bajo, en comparación con lo que sucede en otros lugares del mundo, como en los Estados Unidos. Pero también es cierto que está volviéndose alto en términos históricos, según confirman los expertos del área financiera.

“Paradójicamente, mientras que en otros países la estabilidad es lo que lleva al aumento del crédito, aquí lo que incentiva a la gente a tomar deuda es la alta inflación, por el atractivo que implica la licuación de las cuotas”, destaca Gabriel Martini, analista financiero de la consultora Abeceb.com.

Con este panorama, el pronóstico es que las condiciones están dadas para que el boom de compras en cuotas fijas se extienda, por lo menos, hasta fin de año.

Claro está, “bombeado” desde el propio Gobierno, cuyo objetivo es -y será- el de llenar de dinero los bolsillos de los argentinos, de cara a la contienda electoral.

Suba de asignaciones y del mínimo no imponible, mejoras jubilatorias y acuerdos salariales sin “techo Moyano” ya han sido algunas de las medidas implementadas para que esto suceda.

“El crecimiento de la deuda familiar llegó para quedarse”, resalta Martín Apaz, gerente del departamento de Economía de Deloitte.

¿Cuánto creció la deuda de los hogares argentinos?
Hay muchas maneras de calcular la deuda vinculada al consumo. Una de ellas es comparar la exposición de los hogares al crédito, con la masa salarial.

En este sentido vale decir que en el último año:

  • Los montos prestados a las familias se incrementaron 24% en promedio.
  • Si se consideran las tarjetas de crédito, esa cifra trepó al 38 por ciento.
  • En tanto, el salario se ajustó muy por debajo, un 21%, según INDEC.
  • La deuda total con el sistema bancario asciende a $63.400 millones (tarjetas + préstamos personales + prendarios -sin considerar hipotecas-).
  • El salario medio del sector privado se ubica actualmente en 3.480 pesos.

En este contexto, el promedio de endeudamiento por asalariado asciende a $6.340, considerando un total de 10 millones de personas, que son las que en su gran mayoría están bancarizadas.

Esto arroja, ni más ni menos, una deuda financiera de casi dos sueldos. El mismo nivel que se registraba hace dos años, antes de que la economía ingresara en su fase recesiva, y una cifra superior a la del 2009.

Arden los plásticos
Si la estimación se realiza solamente tomando en cuenta el monto comprometido por tarjetas de crédito, entonces el incremento del nivel de endeudamiento, en relación al ingreso familiar, resulta todavía más pronunciado:

  • Los $22.200 millones que se deben al sistema arrojan un promedio de $2.220 por cada asalariado, que equivale a un 64% de su ingreso.
  • Esta cifra es la más alta registrada desde 2007, es decir, resulta incluso superior a los períodos precrisis, tal como puede apreciarse en el cuadro:

¿Es negocio endeudarse?
Ante la estadística y la proyección de que el fenómeno tiene fuerza como para continuar, la pregunta que surge es si, efectivamente, es tan buen negocio aumentar el nivel de endeudamiento.

Y aquí hay que hacer algunas distinciones:

  1. Quién es el que compra. La financiación en cuotas fijas trae como beneficio el efecto “licuación”. Pero éste no funciona igual para todos. Quien recibe ajustes salariales que logren protegerlo de la suba de precios verá caer más rápidamente el peso de la cuota en relación al ingreso total. Así, la situación es ideal para aquellos que trabajan en sectores bajo convenio y que este año negociaron ajustes por encima del 25 por ciento. Para ellos, un crédito a 24 cuotas, que al inicio se lleva un 10% del salario, al final del préstamo habrá caído a un 6% del ingreso. En cambio, para quienes están fuera de convenio y reciben ajustes menores, el beneficio es mucho más chico.
  2. Qué es lo que se compra. El entorno inflacionario hace que algunos bienes que tradicionalmente se depreciaban rápido hoy no lo hagan tanto. El caso típico es el del automóvil, que puede comprarse a crédito con una razonable expectativa de que pueda ser revendido sin gran pérdida monetaria. Así, se podrá disfrutar del efecto combinado de la “licuación” de la cuota y de un mantenimiento en su precio de reventa. Distinto es el caso de los artículos tecnológicos, cuya depreciación es más acelerada y, probablemente, al cabo de dos años, pueden llegar a costar casi la mitad. Vale decir que, al transcurrir la mitad del plazo de cancelación del préstamo, el valor que se adeuda al banco puede resultar mayor que el de reposición del bien.
  3. Cuánto incide el monto en el ingreso total. Hay un límite que marca hasta dónde es “sano” endeudarse y a partir de cuándo no lo es. ¿Cuál es ese límite? Varía según cada familia, pero el criterio es inmutable: no es negocio tener una relación deuda/salario en la que sólo alcance el dinero para pagar el monto mínimo e ir financiando el resto. En este caso, el costo de ese saldo impago (que puede ir desde un 30% a un 85%, dependiendo la entidad) anula por completo el beneficio del descuento logrado, como así también la ganancia de la cuota fija por su licuación en el tiempo.

Al respecto, Milagros Gismondi, economista del Estudio Ferreres, advierte que la alternativa de financiarse con tarjeta y sólo pagar el saldo mínimo resulta más cara, incluso, que la de tomar un préstamo personal.

El equilibrio entre empleo, gasto y dólar
Proyecciones privadas, como la de la consultora Nielsen, indican que el consumo terminará el año con una variación positiva de 4% en términos reales.

Pero el hecho de que el ritmo de endeudamiento esté creciendo no significa que no haya eventuales amenazas que puedan revertir tal situación.

Dardo Ferrer, director de la Fundación Mercado, destaca que el tema central es la percepción de estabilidad en el empleo. Y atribuye el bajón de ventas de 2009 a la incertidumbre que tuvieron muchos argentinos de perder sus puestos de trabajo.

Si los ingresos no evolucionan como prevén, ahí aparecerán las grietas”, explica Ferrer.

¿Hay posibilidades de que esto ocurra en el corto plazo? No parece un riesgo inminente, pero tampoco se debe descartar, en la medida en que haya gente que siga buscando en el consumo una forma de protegerse contra la inflación.

“El tema a analizar es la capacidad de acceso, porque no se puede consumir todo al mismo tiempo, y entonces aparece una tendencia a endeudarse cada vez más”, advierte Gabriel Caamaño, economista del Estudio Ledesma y Asociados.

Para este analista, un riesgo que se corre es que un abuso en el adelanto de consumo financiado genere un círculo vicioso que pueda terminar licuando la capacidad de pago.

“Hoy el boom de las tarjetas le sirve tanto al usuario como a los bancos, que encuentran la forma de canalizar todo ese dinero que no es tan demandado por el sector empresarial. Por eso incentivan el consumo, ampliando todo el tiempo los límites de compra”, señala Martini, de Abeceb.com.

Aunque es incipiente, hay una tendencia a que los préstamos crezcan más rápido que los depósitos.

Finalmente, no debe perderse de vista uno de los factores fundamentales para que este boom de compras pueda continuar: la estabilidad del tipo de cambio.

“El argentino siempre mira al billete verde. Si está quieto, ante la inflación opta por adelantar consumos”, señala Apaz, de Deloitte.

“Con una suba de precios como piso del 20% y salarios que suben al mismo ritmo, o por encima, el costo de la cuota se va achicando y esto es aprovechado por la gente”, analiza Martini.

Los analistas advierten que maximizar el consumo hoy tiene su contracara y es la de sacrificar el ahorro de mañana.

Pero hacer ese tipo de consideraciones implica pensar a largo plazo. Mientras tanto, los plásticos siguen al rojo vivo.

IProfesional

“Furor por los plásticos: compras con tarjetas de crédito se triplicaron”

Furor por los plásticos: compras con tarjetas de crédito se triplicaron

El consumo de clase media a través de planes de financiamiento tiene larga vida, según coinciden bancos, especialistas en marketing y economistas. Una combinación de inflación, agresivas ofertas bancarias y las expectativas optimistas de las familias respecto al mantenimiento de sus empleos configuran un escenario de relativo bienestar económico que podría explicar buena parte de la recuperación del oficialismo en las encuestas.

Luego de la crisis que golpeó al mundo a fines de 2008 y tuvo su momento más duro durante el primer semestre del año pasado, el consumo privado creció hasta el 7% en lo que va del año, según un informe de la consultora Finsoport. La Asignación Universal por Hijo (AUH) tuvo su rol en ese crecimiento, pero el dato más saliente es que el rebote económico hizo crecer más a las ventas de shoppings –y sus ofertas más hedónicas– que a las de los supermercados, especialzados en artículos de primera necesidad.

Según Finsoport, los artículos de primera necesidad como alimentos y bebidas son menos elásticos, es decir, sus ventas caen menos en tiempo de crisis y suben más lento cuando la economía se recupera. Las compras en shoppings, en cambio, “se incrementan notablemente en las fases expansivas del nivel de actividad”.

Así, las ventas en supermercados crecieron y sintieron un fuerte impulso de la AUH, pero las ventas en shoppings respondieron a “la significativa difusión del financiamiento (y de las promociones asociadas) con tarjetas de crédito”.

“A fines de junio de 2010, circulaban unos 30,7 millones de tarjetas de crédito bancarias y no bancarias, el 11% más que en junio del año pasado”, explicó a PERFIL Marcelo Zárate, CEO de ZonaBancos.com.

El crecimiento del número de plásticos estuvo acompañado por un aumento en los montos financiados. Según datos del Banco Central, entre junio de 2007 y el mes pasado, los préstamos otorgados con tarjeta de crédito saltaron de $ 8.889 millones a $ 21.090 millones; casi se triplicaron. El crecimiento es aún mayor que el avance de la inflación calculada por la menos oficialista de las consultoras privadas.

Los especialistas en consumo saben que aunque la inflación crea escenarios de incertidumbre, es un excelente disparador de compras, al menos por un tiempo. El otro elemento en juego, es que las familias no temen perder sus empleos en un futuro cercano.

“Los argentinos tenemos experiencia suficiente como para llegar a la conclusión de que cualquier tasa fija termina siendo licuada por el tiempo”, afirmó Juan Carlos de La Vega, de la Asociación de Marketing Bancario (AMBA).

“Los compradores que optan por cuotas están seguros de que van a poder pagarlas;no estamos ante consumidores irresponsables que no piensan en el futuro, sino ante compradores hedónicos que si bien no tienen grandes certezas hoy se sienten bien económicamente”, explicó.

“Las expectativas de la gente son que la inflación continúe, lo que es un estímulo al consumo. A su vez, no prevén perder el empleo y eso determina que se animen a las cincuenta cuotas”, explicó Jorge Todesca, titular de Finsoport.

Los bancos a la caza

El momento de auge del consumo en cuotas responde a una agresiva estrategia encarada por los bancos, que compiten por ofrecer financiamiento y promociones.

“Hay un cambio en la naturaleza del financiamiento, ya que ahora es la cuota baja la que atrae la compra, sin que los plazos o las tasas preocupen a los que toman el crédito para el consumo”, apunta Carlos Guerrero, de Kitelab. “Este es un modelo crediticio que antes estaba orientado solamente a los niveles sociales más bajos, y hoy lo utilizan los grandes bancos.”

Juan Carlos de La Vega, de la Asociación de Marketing Bancario, señala que “los bancos tienen un exceso de liquidez que los obliga a salir a prestar de una manera cada vez más competitiva”.

Según el consultor, el nivel de endeudamiento de las familias todavía es pequeño, por lo que a los bancos les queda tela para cortar.

“Las entidades están aprendiendo a manejar niveles de endeudamiento cada vez mayores entre sus clientes, y maximizan la oferta y los límites financiables para aquellos clientes que dan seguridad de repago”, dijo De la Vega.

“Los bancarizados tiene la capacidad de endeudarse mucho más para sostener su consumo”, aseguró el especialista.

Diario Perfil

“Entre cuotas fijas y dólar quieto, la clase media armó su propia bicicleta financiera”

Entre cuotas fijas y dólar quieto, la clase media armó su propia bicicleta financiera

Federico es un empleado que cobra un sueldo de $4.000. Es decir, el equivalente a unos 1.000 dólares. Su perfil es más bien conservador. Desde hace tiempo mantiene como objetivo el de ahorrar el 20% de su sueldo, es decir unos $800, para así ir haciéndose de unos u$s200 al mes. Siente que -frente a una inflación del 25%- comprar dólares resulta un “excelente negocio”. Y no quiere perdérselo.

En cambio Ana, su pareja, se entusiasma con los avisos de 50 cuotas para adquirir electrodomésticos. Entiende que -frente a la actual suba de precios- los planes en cuotas son el “negocio perfecto” para renovar sus artículos del hogar. Y tampoco quiere perdérselo.

Calculadora en mano –y tarjeta de crédito en la otra- hace la cuenta y observa que “ese par de cositas” a las que le puso el ojo cuestan unos $9.600. Y está convencida de que el momento actual resulta ideal para dar el gran paso.

¿Dolarización o consumo? Esa es la cuestión que los lleva a mantener una larga conversación para saber qué conviene hacer. Finalmente, llegan a un acuerdo:

  • Ana hará la parte del negocio “en pesos”: destinará unos $400 (u$s100) para pagar sus gustitos a 24 cuotas, para que la inflación vaya diluyendo ese pago en el tiempo y ganar dinero con ese mecanismo.
  • Federico hará la parte del negocio “en dólares”: destinará unos $400 para comprar uno u$s100 al mes, esperando que, en algún momento, se produzca un ajuste en la cotización.

Al igual que Federico y Ana, miles de argentinos se encuentran a diario con el dilema de comprar a precios congelados o ahorrar. Sin embargo, los datos que arroja la realidad económica actual están indicando que se ha generado una “armoniosa” tercera opción.

Sucede que, históricamente, cuando aumentaba el nivel de consumo se reducía la cantidad de dólares que los argentinos atesoraban en el colchón. Y, viceversa, cuando bajaba la fuga de capitales el ritmo de compras de bienes y servicios volvía a incrementarse.

El contexto actual le ha dado a la clase media una tercera variante.

Y ha generado una suerte de “bicicleta financiera” por la cual busca aprovechar los planes en cuotas extendidas -para licuar los pagos mensuales– a la vez de comprar dólares para cubrirse de un futuro ajuste.

Licuación y cobertura resultan ser las palabras que llevan a una combinación de ganancias en pesos y protección en dólares que gran parte de la sociedad busca capitalizar.

¿Por qué pagar de contado un bien, cuyo precio se puede congelar en el tiempo, cuando parte de los ingresos puede encontrar su destino en el billete verde?, parece ser el razonamiento de buena parte de la clase media.

Se da una combinación de factores que hace que para la gente resulte una opción lógica el ahorro en moneda dura y el consumo en pesos, que se van a ir licuando por la inflación”, observa Gabriel Martini, analista financiero de la consultora Abeceb.

Los datos de la economía constituyen un fiel reflejo de lo que está ocurriendo: la fuga de capitales continúa latente (totalizó entre u$s5.500 M y u$s7.000 M en el primer semestre, a razón de u$s1.000 mensuales, aproximadamente) con altibajos de un mes a otro. Al respecto, algunas proyecciones privadas dan cuenta de una baja en julio.

En tanto, esa salida no estuvo acompañada por una merma en el consumo. Por el contrario, el ritmo general de compras no cesa y también en estos seis primeros meses se incrementó, nada más y nada menos que un 6 por ciento.

¿Cómo se explica que las familias vayan paulatinamente volviendo a ahorrar en dólares mientras, simultáneamente, suben su nivel de consumo?

Al respecto, no es menor la influencia del shock de liquidez provocado por los aumentos nominales de salarios, que entraron en vigencia en los últimos meses.

“Quienes ahora tienen una mayor cantidad de pesos pueden, sin modificar el porcentaje del ingreso familiar que se destina al ahorro, demandar mayor cantidad de dólares y también aumentar su consumo”, señala Luciano Cohan, economista jefe de la consultora Analytica.

La bicicleta versión clase media
Para el ejemplo en cuestión, y a la hora de sacar cuentas de rendimientos, Federico prevé que la inflación se mantendrá en 25% anual el próximo año y que su salario se incrementará un 20% (tal como sucedió en este 2010). Asimismo estima que el dólar se moverá al alza en torno del 10%, en línea con lo que ya anticipan las consultoras
privadas.

Así las cosas, con su remuneración creciendo por encima de la cotización de la divisa, con un 10% de su salario podrá ir comprando progresivamente más billetes verdes, empezando en u$s100 hasta llegar a u$s 119, justo cuando Ana termine de pagar la cuota 24.

En tanto, esa cuota que deben afrontar por el electrodoméstico, que el primer mes equivalía al 10% del salario, al final del camino representará tan solo un 6,9 por ciento.

¿Cómo llegan a la famosa cuota 24?

  • Pudiendo ahorrar unos 2.629 dólares con el 10% del ingreso a lo largo de dos años.
  • Habiendo licuado la compra de esos $9.600 que, de representar 2,4 salarios (en la cuota 1), se habrá reducido a 1,6 (en la cuota 24).

Federico y Ana están contentos. El negocio en pesos y en dólares está consumado.

Ahora tienen los artículos del hogar que necesitaban y lograron guardar billetes como resguardo.Y, “de yapa”, consiguieron un regalito: el salario ajustado frente a la cuota constante les permitió que hayan quedado “liberados” unos $2.016 que podrán usar para darse otros gustitos. O que pueden transformarse en dólares, con lo cual podrían comprarse u$s438.

¿Usted cree que lo de Federico y Ana representa un caso aislado? Todo lo contrario, es una“bicicleta” de la que ya disfrutan muchos argentinos. No es exactamente la que se utiliza en la city porteña para hacer un negocio de tasas en el tiempo, pero sí reviste el carácter de rentabilidad y resguardo.

Es que el contexto actual lo permite (cuota fija, dólar subiendo menos que la inflación y subas salariales proyectadas por encima del repunte del billete).

¿Cuánto durará el actual contexto dólar+consumo?

Los analistas creen que puede extenderse durante algunos meses, porque la fuerte entrada de divisas proveniente de la exportación agrícola garantizaría un flujo lo suficientemente grande como para financiar tanto el consumo como la compra de billetes del sector privado.

“Está cambiando la estacionalidad del ingreso de divisas. La cosecha de este año es muy superior a las anteriores y, además, los productores no están liquidando todo en un período corto, como hacían antes, sino que van haciéndose de stock y vendiendo de a poco, en la medida en que el precio les resulta atractivo”, señala Joaquín Berro Madero, analista de Ieral.

Para Madero, la liquidación de dólares seguirá en un ritmo fuerte por lo menos durante un trimestre más.

En tanto, Eric Ritondale, analista de Econviews, la consultora que dirige Miguel Kiguel, señala que, a pesar de la baja de julio, la dolarización irá cobrando mayor protagonismo en los próximos meses.

“Es hora de que se corrija la cotización de la divisa estadounidense. Creo que el Banco Central irá convalidando un precio más elevado”, afirma Ritondale.

En general los analistas hacen referencia a un mayor protagonismo de la compra de divisas frente al consumo –a mediano plazo– por la protección que realizan los argentinos en épocas preelectorales.

“Esto que vemos hoy se parece a una reactivación de tipo ‘one shot’, porque alcanza su límite rápidamente. Después que la gente compró el LCD y cambió el lavarropas, ya no puede seguir sumando electrodomésticos. No se sostiene una economía con ventas de LCD”, afirma Cohan.

Pero además advierte sobre las “facturas” que el actual boom puede pasarle a la economía en el futuro: “Esta situación de alto consumo y compra de dólares, con alta inflación y baja inversión no resulta gratis. Alguien la está pagando, y es la gente que tiene pesos, el que pone en plazos fijos o el que necesita capital circulante para producir. En resumen, se sacrifica ahorro de mañana”.

Pero mientras eso no ocurra, los fondos fiscales seguirán bombeando el consumo, mientras el Banco Central festeja su récord de reservas.

IProfesional


Autor

Emiliano Schwartz

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